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viernes, 1 de diciembre de 2006

"La Brujita Gari", "Ingo y Drago", "Nano y Esmeralda" y otros libros de antaño

Recuerdo un día cuando era pequeña que mis padres llegaron a casa con un libro morado claro que tenía una niña de pelo rizado pintada en la portada. Era "la Brujita Gari" y fue mi libro preferido durante muchos años igual que "Ingo y Drago" lo fue de mi hermana Ana y "Nano y Esmeralda" de mi hermana Sandra.

No se la cantidad de veces que llegué a leer esos libros durante mi infancia, y tampoco creo que sea importante, pero el caso es que recuerdo casi en su totalidad el contenido de los tres.

Un día de la semana pasada hice el camino de vuelta a casa en el metro con mi compañera Cristina (cosa rara porque siempre voy en bus), y como otras muchas veces nuestro tema de conversación fueron los libros. Los que nos han gustado, los que nos queremos leer, los que NO nos queremos leer, los que sí recomendaríamos a cualquier persona y los que no recomendaríamos a nadie.

Paradójicamente, el libro que no recomendaría a nadie es uno de mis libros preferidos. Lo descubrí hace unos años en la boblioteca de mi barrio y años después de leerlo repetí para ponerme en antecedentes antes de leer la segunda parte. El libro habla de mitología griega, pero no es el tema lo que me atrae (que también), sino la manera de relatarla.

Hace unas semanas (ya demasiadas o por lo menos a mi se me está haciendo eterno) me apunté a la autoescuela. Es algo que si bien tenía pensado hacer desde hacía mucho tiempo, nunca me lo había planteado en el plan "mañana me apunto". De todos modos es justo decir que si por mi fuera ahora mismo seguiría sin estar apuntada, y es que fue la decisión de mi hermana la que me hizo decidirme a mí también.

Muy a mi pesar decidí dejar la lectura mientras no me sacara el teórico. De esta manera tendría todos los días algo así como una hora y media para hacer test o estudiar el libro de la autoescuela en el metro o en el autobus. He perdido la cuenta de las semanas que han pasado, aunque fácil que sean unas 6 ó 7, y cada vez que entro en un transporte público miro con envidia a toda esa gente que no tiene nada mejor que hacer que leer un libro. Más de una vez he estado tentada en casa con empezar un libro y leerlo a poquitos para quitarme el mono, pero sé que esa no es la solución y que por mucho que me cueste, tengo que dejar la lectura aparcada hasta que apruebe el teórico. ¿La recompensa por aprobarlo? Pues pasar a las clases prácticas o, ¿qué creías?

martes, 14 de noviembre de 2006

"La Foto"

Hace ya tiempo que comenté la idea de encontrar una foto que mereciera la pena colgar (que a mí me mereciera la pena, mejor dicho) y por fin la he encontrado.

Se que es fácil encontrar fotos mejores que ésta que voy a poner, pero después de lo que me costó conseguirla no me queda otra que ponerla. Al final le cogí cariño al bicho...



La historia de este simpático Emú es simplemente que me piqué con él porque quería conseguir "La Foto" y pasé cerca de 20 minutos haciéndole fotos. Se suponía que la tenía (o la iba a tener) justo cuando hice esta foto, pero el bicho intentó picotear mi cámara (o mi mano, no lo se muy seguro) y ese es el motivo de que haya salido movida. Porque si no me quito a lo mejor ahora tendría un par de dedos menos. El caso es que el jugarme la vida en el intento de conseguir esta foto ha hecho que la aprecie más de lo que seguramente habría que apreciarla, pero es lo que hay.

martes, 26 de septiembre de 2006

Gestion del Tiempo

No se si le pasará a todo el mundo o si yo seré rara por esto, pero he descubierto un curiosa relación inversamente proporcional entre el tiempo libre disponible y las ganas de hacer cosas, y es que por lo menos yo, cuanto más tiempo libre tengo, siento menos ganas de hacer las cosas.

Empecé a tener conciencia de este fenómeno cuando empecé a trabajar hace varios años. Trabajé en una tienda PRÉNATAL de lunes a sábado durante todo el verano. Aproveché el "descanso" entre clases para sacarme un dinerillo, y me di cuenta de que, aunque estando en el trabajo más de ocho horas, siempre encontraba tiempo para hacer otras cosas, y sin embargo cuando estaba en casa tranquilamente sin hacer nada creía que no me daría tiempo a hacer nada. "¿Quedar en el centro y después ir a casa de mi amiga? Uy! que va! no me da tiempo". Sin embargo cuando tengo parte de mi tiempo ocupado, -siempre con trabajo- encuentro tiempo para hacer de todo, y pienso incluso, que me sobra.

Otro ejemplo. El año pasado estaba trabajando en RODILLA, y no contenta con mis horas de trabajo, esta vez de lunes a domingo, decidí apuntarme no a uno, sino a dos cursos de marketing. Uno por las tardes después del trabajo todos los días, y otro a distancia, apañándome como podía para ir a entregar las evaluaciones y hacer los test con el ordenador.

Supongo que el motivo de que me pase esto es que, al pensar que tengo todo el tiempo del mundo porque no tengo obligaciones en ese momento, vagueo y pienso que si no lo hago hoy, puedo hacerlo mañana, o pasado mañana o quizás la semana que viene porque ¡qué pereza hacerlo el viernes, que ya es casi fin de semana!. Diría incluso que nos da pereza (bueno hablo en primera persona del plural pero me refiero a mí misma) salir de casa. Eso de vestirnos, peinarnos, perfumarnos y demás cosas que solemos hacer antes de salir de casa no lo hacemos para salir 5 minutos a la calle si podemos evitarlo. Sin embargo, una vez que hemos hecho todo eso y hemos conseguido cruzar la línea que separa la casa del mundo exterior, es decir, el portal, vemos las cosas de otra manera y volvemos a pensar que tenemos tiempo para hacer un montón de cosas.

Hace mucho tiempo leí una frase que se me quedó grabada y que he utilizado muchas veces desde entonces, y ha sido precisamente esa frase la que me ha dado la idea para escribir esto hoy.

No se si he convencido a alguien con mi teoría o si hay alguien que esté de acuerdo conmigo. Yo, después de escribir y leer varias veces todo lo que he escrito, empiezo a no saber muy bien que estoy diciendo, y lo único que tengo claro es que sigo pensando que la famosa frase que tanto me gustó en su día sigue teniendo tanto sentido para mí como la primera vez que la ví. Y es que, si quieres hacer algo encontrarás la manera; si no quieres hacer nada, encontrarás la excusa.

Y eso es tan cierto como que 2+2 son 4.

lunes, 11 de septiembre de 2006

¡Lo se! ... falta la foto

Hace un año más o menos volvía una noche de trabajar. Normalmente tenía turno de mañana, pero el último mes me pusieron turno de tarde y me tocaba cerrar todos los días la tienda con dos o tres compañeros más, así que haciendo un cálculo rápido y teniendo en cuenta los horarios que tenía la tienda, eran más o menos las 12 de la noche cuando cogí la calle Santiago de Compostela camino de mi casa. Para aquellos que no saben donde vivo diré que según coges esa calle no tienes más que continuar recto cosa de 900 metros y llegas a la puerta del portal. Bueno, pues yo había cogido la recta que me llevaba a casa y me encontré completamente sola en la calle. Era finales de septiembre, empezaba a refrescar por las noches y una ligera bruma aparecía entre las copas de los árboles y las bombillas de las farolas. Lo único que veía cuando miraba al final de la calle eran un montón de árboles a ambos lados envueltos en las luces de las farolas que, con la bruma, parecían haberse difuminado. En ese momento quise tener un cámara digital para poder inmortalizar una imagen que nunca he vuelto a ver.

A partir de esa noche fueron muchos los momentos que deseé tener una cámara digital para poder llevarla siempre conmigo, y poder hacer tantas fotos como el pasar de los días me ofreciera.

Después de éso vino lo del blog.

Empecé a leer el blog de un amigo y me picó el gusanillo. Me empeñé en tener mi propio blog, y desde entonces imaginé que siempre tendría la foto más original para acompañar los textos, pero después de ocho post todavía no he encontrado esa foto super original que pueda quedar bien con el texto.

Este año en mi cumpleaños el regalo estrella, a parte de la heladera que no pude quedarme, fue una cámara de fotos digital que saca unas fotos estupendas y que ni me había imaginado que me regalarían - y lo digo sin ningún deje de ironía en el tono, ¿eh?-.
Desde ese día he procurado llevarla siempre conmigo, pero cada vez que veo algo digno de fotografiar resulta que me la he dejado en casa. Que veo el cartel de un anuncio que llama mi atención en la marquesina de un autobus, me dejo la cámara en casa. Que me encuentro en medio de una tormenta en el centro de Madrid con un montón de rayos cruzando la ciudad, no tengo la cámara. Que me encuentro en el autobus con un atardecer que deja todo lo que había en primer plano en sombra, me encuentro otra vez sin mi cámara cerca.

Así que así sigo, persiguiendo esa foto imposible que me hará cumplir el deseo de juntar un buen post y una buena foto. No se cuanto tardaré en conseguirla, pero se que tarde o temprano lo haré. Muy posiblemente no será una gran foto para el resto del mundo, pero si la cuelgo será porque sí que lo es para mí.

viernes, 1 de septiembre de 2006

Historia de un secuestro

Una cosa que me gusta mucho hacer es escribir cosas. Cosas que siempre creo que quiero que la gente lea una vez se terminen, pero que luego rara vez muestro a la gente por dos "problemas". El primero de estos problemas es que terminan siendo demasiado personales como para que lo lea todo el mundo; el segundo es que no siempre que tengo tiempo para escribir tengo también la inspiración. Más bien suele ser al revés, y cuando se me ocurren cien mil temas sobre los que escribir no tengo a mano ni un solo trozo de papel en el que escribir las ideas principales.

Y si tengo el trozo de papel, no tengo con que escribir en él.

Tengo en mi casa muchos fragmentos de historias que he empezado a escribir y que, después de releerlos un par de veces he decidido que no valía la pena continuar con ellos porque no valían nada. Pero también tengo historias que leo una y otra vez y que considero que no están tan mal. Que me gustan, vaya. Y son precisamente ésas las que una vez terminadas quedaron demasiado personales como para que alguna vez las lean otras personas.

A principios de esta semana me llegó la noticia de un concurso de novela a través de un cliente que quería incluirla en su página web y me dio por pensar que podía intentarlo. La verdad es que me piqué bastante y durante varios días me vinieron a la cabeza posibles capítulos para "mi novela". Empecé a darle forma y a pensar en personajes. La trama y un final impactante iban de un lado a otro de mi cabeza. ¿Por qué no intentarlo? Se a ciencia cierta que no voy a ganar, y en ese caso no habrá más problemas porque van a destruir todas las que no resulten ganadoras, pero... ¿y si gano? Si no lo intento nunca sabré que no había ganado. Además por 12.000 € bien merece la pena intentarlo.

Por ahora lo único que tengo son las ganas de empezar a escribir y cuatro meses justos para terminar algo decente.

Sólo espero que, al final, no quede algo demasiado personal.

martes, 8 de agosto de 2006

Shiddarta

Hay temporadas que parece que tenemos mejor suerte que otras en las cosas que hacemos. Se puede incluso hablar de malas rachas en las cuales afirmamos que "nos ha mirado un tuerto" o, de buenas rachas en las que sin duda hablamos de "tocar madera" cuando se recuerda que todo, de un tiempo a esa parte ha ido bien y no queremos romper dicha racha. Creo, además, que creyendo o no en la suerte (ya sea buena o mala) todo el mundo ha dicho alguna vez alguna de las dos frases. Es más, la gente que cree que las cosas son como son y que no suceden movidas por una fuerza extraña como puede ser la Suerte tiende a declarar: "Yo no creo en la suerte, pero últimamente parece que me ha mirado un tuerto".

Si dijese que yo soy de las que utiliza siempre esta última frase, podría salir un post más o menos graciosillo contando todas las anécdotas que han ido surgiendo de mi mala suerte. Pero es que yo soy más escéptica que todo eso. Yo soy de las que dice: "no creo en esto, pero..." .

Escribiendo esto ahora mismo me he dado cuenta que tengo un gran dilema. Según lo que he escrito unas líneas más arriba, si no creo en la Suerte es porque creo que las cosas son como son, y entiendo que si las cosas son como son es porque tienen que ser así, y si tienen que ser así es porque tienen escrito en el Destino que ha de ser así. Y aquí viene mi gran dilema, porque yo no creo en el Destino. Hace poco más de un año un amigo me dijo que había empezado a creer en él y que las cosas que hacía o dejaba de hacer las hacía o las dejaba de hacer por algo. Que estaba escrito y que si lo había hecho (dicho, cantado, cambiado...) había sido por ese algo. No me convenció, posiblemente porque no me convenía convencerme en ese momento, pero es algo a lo que aún hoy le doy vueltas. ¿Se puede cambiar el Destino? o mejor dicho, ¿Hay algún Destino escrito para cada persona? (ahora sí), en caso afirmativo, ¿se podrá cambiar?. Yo creo que sí.

Para mí es algo tan sencillo como que cada persona decide cual es su Destino. Cada uno de nosotros vamos edificando nuestro propio Destino con las decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida. Porque si nos sentásemos toda la vida a esperar a que el Destino llamara a la puerta y nos dijera:

- "vamos, que tienes que irte a vivir al extranjero por motivos de trabajo", o
- "he decidido que te cases en dos meses" (por poner ejemplos),


nos moriríamos todos de la pena esperando.

Por eso en lugar de sentarnos todos a esperar nos movemos y vamos por donde más nos place decidiendo si nuestro destino está por el camino de la derecha o por el de la izquierda, si está cerca de esa persona que te quiere con locura o si por el contrario está justo en el lado opuesto, si está en la carta que no te atreviste a enviar, o está en el puesto de trabajo que aceptaste.

Yo lo acepté y en mi opinión cambié mi destino al hacerlo.

Podía haber seguido vendiendo ropa o sandwiches, pero decidí tirar para otro lado. Quizás mi Destino era este, no lo se, pero volver a exponer los por qués de ese quizás sería empezar otra vez y esto sería como el cuento de nunca acabar.

El caso y aunque no tenga mucho que ver, es que el motivo de escribir sobre este tema del Destino ha venido porque quería hablar de la Suerte -que bien pensado no se si tiene algo que ver un tema con otro-, y si quería hablar de la Suerte no era por otro motivo que el que ahora tenga un Buda de la Suerte que me regaló el otro día mi compañera Arancha. No sé si los Budas de la Suerte tienen que tener nombre o no, pero yo "bauticé" al mío con el nombre de Shiddarta.

No se gran cosa de la historia del Píncipe Shiddarta, pero hace unos años leí un libro sobre él y hubo dos cosas que se me quedaron grabadas. La primera, es que este Príncipe es Buda; y la segunda que tenía una "amante" (con la que no llegó a tener relaciones de ningún tipo) que se llamaba Narayani. Y puesto que ese es el nombre con el que firmo todos los post y ha dado la casualidad de que ahora tengo a mi Príncipe Shiddarta cerca, he creido conveniente explicarlo para todo aquel que esté interesado en saberlo.

Si no estabas interesado siento que te hayas aburrido,... pero ¿quién sabe? A lo mejor estaba escrito en tu Destino que esto pasara, o, ¿ahora piensas que podías haberlo evitado si no hubieras seguido leyendo cuando has empezado a aburrirte?

viernes, 28 de julio de 2006

Presente, Futuro y Pasado

Cuando estaba en el último año de instituto no tenía ni idea de qué quería hacer una vez que terminara. La única carrera que me gustaba era la de publicidad, pero me hacía falta una nota muy alta en la selectividad para compensar la nota del instituto que no era gran cosa. Estaba hecha un mar de líos a causa de este tema cuando mi profesor de Historia me dijo un día que debería estudiar marketing porque supe vender una idea que tuvimos en clase y que, como delegada del curso, me tocó exponer. Eso me dio que pensar y decidí que eso del márketing (de lo que no sabía absolutamente nada) iba a ser mi fututo. Porque,... ¿Por qué no iba a serlo?

Las prácticas en empresa que hice después del curso académico, las hice en American Express Viajes y, para que os hagais una idea de lo que hice allí, fue como si hubiera trabajado de grabadora de datos. Por lo menos me pagaron las comidas y el transporte que no es poco.

Después de cinco años de trabajar en varios sitios, cada uno diferente al otro, decidí hacer lo que había querido hacer desde que tuve claro lo que quería que fuera mi futuro; porque el futuro a punto ha estado de convertirse en pasado. Decidí que si no lo intentaba ahora no lo intentaría nunca, así que acepté el único puesto que me ofrecieron en una empresa de marketing directo...

...y ¡aquí estoy! dos meses después aprendiendo todo lo que soy capaz de aprender y teniendo la sensación de que me hacen falta por lo menos una docena más como estos para saber una mínima parte de lo que tengo que saber. Cada día llego a mi casa sabiendo hacer algo nuevo y, a la vez ilusionada con la idea de que al día siguiente será igual.

Llevo una semana con los temas de mi compañero porque él está de vacaciones y, sinceramente, me encuentro estúpida preguntándole a la gente qué les tengo que mandar hacer. Pero aunque me vea tonta también así estoy aprendiendo.

Lo que me ha llevado a escribir este post fue el terrible día que tuve ayer, y es que pasé la mañana de reunión en reunión, sin poder hablar ni una palabra y escuchando cosas que se escapaban, con mucho, de mi entendimiento. Me aburrí soberanamente casi todo el tiempo y tuve la sensación de estar en un sitio que para nada era lo que yo había querido que fuera mi futuro. Me pregunté varias veces durante la última reunión si eso era lo que yo realmente quería y durante un momento llegué a la conclusión de que no.
Después en la oficina terminando lo que tenía pendiente y lo que realmente yo considero mi trabajo ahora mismo, me sentí algo más cómoda y me di cuenta de que no puedo renunciar a lo que he querido desde hace seis años sólo porque un día me sienta fuera de lugar en una reunión. Es verdad que me agobié bastante durante la mañana, pero también lo es que ese no es motivo para plantearme lo que estoy haciendo. No me arrepiento de haber solicitado unas prácticas en las que no me pagan nada más que 39 euros por trabajar como mínimo 8 horas al día y, aunque sé que durante los próximos meses seguirá siendo así, ahora mismo no lo cambiaría por casi nada. Porque sé que en el futuro me alegraré de haber invertido este tiempo en conseguir que el futuro no se convirtiera en tiempo pasado.

miércoles, 12 de julio de 2006

¡¡Y me lo queria perder!!

Es curioso como el Tiempo se las apaña siempre para salirse con la suya.

Si estás haciendo algo (cualquier cosa) que te gusta, te entretiene o te mantiene ocupado, se las ingenia para pasar a toda velocidad y, o bien dejarte a medias con lo que estás haciendo, o bien dejarte jodido porque se acabó muy pronto. Sin embargo cuando ocurre lo contrario y estás sufriendo, o aburrido, o simplemente parado sin hacer nada se vuelve a poner en tu contra y pasa más despacio de lo que hubiera pasado si hubieses estado disfrutando.

Es así que, a lo largo del día de hoy, me ha parecido varias veces ver el reloj de mi ordenador ir para atrás. Es más si me hacen jurar ahora mismo que hace 10 minutos era la misma hora que ahora mismo, creo que juraría.

El lunes estuve 9 horas en el trabajo, 10 si contamos la hora de la comida que también la paso en la oficina, y me fuí porque se iba todo el mundo, porque trabajo, lo que se dice trabajo, tenía para un par de horas todavía. Al día siguiente, el martes, tuve la sensación de no hacer nada y a la vez de hacer mucho. Estuve en una presentación por la mañana en la puerta del sol con compañeros de trabajo y con Esperanza Aguirre dando la charla. Después del acto nos quedamos en el cocktel dos compañeras más y yo, viendo pasar al personal con las bandejas y tomando un combinado de ginebra con limón que entraba que era una maravilla. Tomé dos porque nadie más bebió más de eso, pero hubiera tomado una bandeja entera.
A lo que vamos, después de la presentación en la puerta del sol, fui a la tienda "Rosa Negra" para buscar unas latas en las que poder esconder regalos para una campaña de la agencia con los socios VIP de otra empresa, y después me quedé en la oficina terminando lo que no había hecho la tarde anterior.

Hice un poco de todo y, aunque no lo creais, todo relacionado con el trabajo. Lo que pasó es que tanto el lunes (que estuve ocupada con varias cosas del trabajo), como el martes (que estuve también ocupada con cosas del trabajo y al mismo tiempo entretenida) el tiempo pasó a una velocidad tal que ni siquiera lo vi pasar mientras que hoy, lo único que he visto con regularidad ha sido el reloj del ordenador.

Y creo que está roto porque hace mucho que no se mueve.

martes, 11 de julio de 2006

¿Feliz Cumpleaños?

Hace un par de meses o tres, escribí un email a una amiga mía intentando hacerle sentir mejor porque estaba un poco de bajón por asuntos varios. Uno de esos asuntos era su cumpleaños.
Podría decirse que yo estaba también de bajón cuando lo escribí, y además por los mismos motivos, pero cómo ella no me veía y no podía saberlo, hizo caso de lo que estaba escrito que es lo que pensaba que yo creía.

La verdad es que a mi no me gusta normalmente cumplir años y tampoco hacer una fiesta en "mi honor". Mucha gente cree que me gusta llamar la atención, pero nada más lejos de la realidad, prefiero mil veces pasar desapercibida a que todo el mundo tenga que estar pendiente de mí.
Este año el día de mi cumpleaños podría decirse que fue uno de los cumpleaños más felices, sobre todo si lo comparo con el del año pasado, que obviamente es el que mejor recuerdo. En el e-mail que escribí a mi amiga intentaba convencerla de que cumplir 25 años está muy bien y yo que estaba casi más agobiada que ella llegué a creérmelo y gracias a eso pasé un buen día.

Ahora 20 días después (más o menos) he vuelto a pensar que da igual qué edad se cumpla y que igual que el año pasado el día de mi cumpleaños me pilló en un mal día éste me pilló de buenas. En ningún sitio está escrito que el día del cumpleaños de uno se tenga que ser más feliz que durante los otros 364 días del año (365 si es bisiesto) y así fue que justo este año el 25 de junio me levanté de buen humor.

Después de dos semanas llegó la celabración con los amigos. Celebración junto con mi hermana Sandra que también cumple en junio y en la que juntamos a los amig@s después de varias semanas sin estar tod@s junt@s. Sinceramente me hacía falta una cura de buen rollo como la que me llevé el otro día en la piscina (la celebración fue allí) y me hicieron cambiar de idea con respecto a lo de celebrar mi cumpleaños.

martes, 13 de junio de 2006

Mas problemas con el blog

Pensaba que esto del blog iba a ser más sencillo pero, o soy muy tonta, o estaba completamente equivocada. En principio he intentado quitar los links y mi perfil y no soy capaz ni de una cosa ni de otra. Después no me deja cambiar el color de las letras del título, que sí, se que es una tontería y que no lleva a ningún sitio, pero me jode no poder hacerlo como a mi me gustaría.

En fin, supongo que tampoco es para dramatizar, más se perdió en la guerra.

Mejor cambiemos de tema.

Cuando empecé la beca me dijeron que para ir haciéndome con los clientes de la agencia mirase sus páginas web e investigase por ellas.Pues bien, en una de ellas descubrí un blog. Me dijeron que me hiciese uno y lo hice más como una obligación que como un hobby, pero el caso es que me decidí a escribir sobre mi experiencia en el Camino de Santiago y terminó por gustarme bastante (hasta el momento más que este que no se muy bien por qué camino llevarle).

Hace dos días recibí un sms de Carlos en el que decía que ya había llegado a Santiago y me dio mucha envidia. A Carlos le conocí en Roncesvalles e iba dispuesto a llegar a la última etapa y, puesto que el domingo recibí su sms, obviamente lo ha conseguido. Una de las tardes que coincidimos en el mismo pueblo me dijo que por qué no me iba con él hasta Santiago puesto que no tenía trabajo en ese momento. Le dije que no, pero en mi interior me lo pensé hasta el día de marcharnos porque veía una gran oportunidad de libertad en su propuesta y, sino hubiera tenido otra gran oportunidad, esta vez de trabajo, esperándome en Madrid, posiblemente hubiera seguido unos días más con él. No creo que hubiese llegado hasta el final, pero al menos habría pasado unos días más fuera de casa.

Quizás hable de este viaje más adelante. Pero sólo quizás.

lunes, 12 de junio de 2006

Aburrimiento + Aburrimiento

Llevo tiempo queriendo crear un blog pero por unas cosas o por otras nunca me he decidido a hacerlo.
Ahora por motivos de trabajo, o de no trabajo como se prefiera, he pensado que podía ser un buen momento; y es que después de tres semanas trabajando de becaria en una empresa nueva (entiéndase nueva para mi) sigo teniendo muchos huecos libres de actividad laboral; es decir, que me aburro.

Cuando terminé de leer el blog de un amigo por enésima vez y después de haber leído también los blogs que mejor pinta parecía que tenían de sus links pensé que también yo podía tener uno. ¡Qué ingenua soy algunas veces! Entré en la misma página en la que mi amigo había hecho su blog y me dispuse (¡tonta de mi!) a ponerle nombre a mi blog. Lo tenía pensado desde hacía tiempo. Pues bien, para empezar el nombre de usuario que elegí ya estaba cogido, así que tuve que cambiarlo. Cuando quise ponerle nombre al blog no hubo problema, pero cuando quise elegir la dirección me las vi y me las deseé para conseguirlo. No se si alguien habrá conseguido poner el nombre que quería desde un principio, pero lo que es a mi me ha costado Dios y ayuda porque digo yo, ¿¡Cuántas probabilidades hay de que alguien quiera hacer coincidir los nombres "fani" "narayani" y "pasabaporaqui" para formar una dirección? Pues parece ser que bastantes.

El caso y a lo que viene que hoy tenga un blog y ayer no es que en el trabajo, aunque ya voy haciendo alguna cosita de vez en cuando, me paso la mayor parte del día mirando a las musarañas y, como ya he dicho hace un momento, aburrida, y es que ya sabeis que "cuando el diablo no tiene nada que hacer, con el rabo mata moscas". Pues eso, que aburrimiento+aburrimiento=blog