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viernes, 1 de diciembre de 2006

"La Brujita Gari", "Ingo y Drago", "Nano y Esmeralda" y otros libros de antaño

Recuerdo un día cuando era pequeña que mis padres llegaron a casa con un libro morado claro que tenía una niña de pelo rizado pintada en la portada. Era "la Brujita Gari" y fue mi libro preferido durante muchos años igual que "Ingo y Drago" lo fue de mi hermana Ana y "Nano y Esmeralda" de mi hermana Sandra.

No se la cantidad de veces que llegué a leer esos libros durante mi infancia, y tampoco creo que sea importante, pero el caso es que recuerdo casi en su totalidad el contenido de los tres.

Un día de la semana pasada hice el camino de vuelta a casa en el metro con mi compañera Cristina (cosa rara porque siempre voy en bus), y como otras muchas veces nuestro tema de conversación fueron los libros. Los que nos han gustado, los que nos queremos leer, los que NO nos queremos leer, los que sí recomendaríamos a cualquier persona y los que no recomendaríamos a nadie.

Paradójicamente, el libro que no recomendaría a nadie es uno de mis libros preferidos. Lo descubrí hace unos años en la boblioteca de mi barrio y años después de leerlo repetí para ponerme en antecedentes antes de leer la segunda parte. El libro habla de mitología griega, pero no es el tema lo que me atrae (que también), sino la manera de relatarla.

Hace unas semanas (ya demasiadas o por lo menos a mi se me está haciendo eterno) me apunté a la autoescuela. Es algo que si bien tenía pensado hacer desde hacía mucho tiempo, nunca me lo había planteado en el plan "mañana me apunto". De todos modos es justo decir que si por mi fuera ahora mismo seguiría sin estar apuntada, y es que fue la decisión de mi hermana la que me hizo decidirme a mí también.

Muy a mi pesar decidí dejar la lectura mientras no me sacara el teórico. De esta manera tendría todos los días algo así como una hora y media para hacer test o estudiar el libro de la autoescuela en el metro o en el autobus. He perdido la cuenta de las semanas que han pasado, aunque fácil que sean unas 6 ó 7, y cada vez que entro en un transporte público miro con envidia a toda esa gente que no tiene nada mejor que hacer que leer un libro. Más de una vez he estado tentada en casa con empezar un libro y leerlo a poquitos para quitarme el mono, pero sé que esa no es la solución y que por mucho que me cueste, tengo que dejar la lectura aparcada hasta que apruebe el teórico. ¿La recompensa por aprobarlo? Pues pasar a las clases prácticas o, ¿qué creías?