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martes, 30 de diciembre de 2008

De lágrima fácil

Sí, sé que muchas veces puedes reaccionar de un modo que no habrías imaginado ante una situación concreta, pero por lo general todos nos hacemos una idea de cómo lo vamos a hacer.

Tardé varios años en ver Love Actually después de su estreno y me gustó bastante. Después he vuelto a verla varias veces y cada vez que lo he hecho me ha gustado un poquito más hasta el punto de que se ha convertido en una de mis películas preferidas. Me gustan las historias, los personajes, la banda sonora. Todo. Sin embargo, casi siempre al pensar en esa película, me viene a la mente la imagen de la última escena, cuando están a punto de salir los créditos. En esa escena salen imágenes de gente reencontrándose con otra gente en la Terminal del aeropuerto. Una madre con su niña, padres con sus hijos, mujeres con sus maridos, amigos, novios, etc. Pues bien yo sé cómo voy a reaccionar cuando veo esa imagen… siempre con lagrimillas en los ojos. Es algo que no puedo evitar, esa escena me encanta y me emociona como pocas cosas.

El día 24 de diciembre sin embargo, me di cuenta que no es un mérito exclusivo de la película sino de la situación en sí. Pusieron en el telediario del mediodía un reportaje de personas anónimas que esperaban a sus seres queridos en el aeropuerto, y si no acabé llorando a moco tendido fue porque me encontraba rodeada de toda la familia y me dio corte. Había una mamá con su bebé recién nacido que estaba esperando a su marido que todavía no conocía a su hija. Gente que debía de estar estudiando o trabajando fuera se abrazaba a su gente como si tuvieran miedo de soltarlos y que desaparecieran.

Quizá suene cursi, pero me gusta ver esas escenas en las que todo es bonito y rebosa felicidad. De vez en cuando apetece olvidarse de todo lo malo que ocurre en el día a día y abandonarse a una noticia del telediario.

Sí, sé que muchas veces puedes reaccionar de un modo que no habrías imaginado ante una situación concreta...

lunes, 15 de diciembre de 2008

Cierra los ojos y huele a tu alrededor

Es curioso cómo muchas veces un olor nos transporta desde el lugar en el que nos encontramos a otro muy lejano en el tiempo, a un recuerdo o a una sensación. Recuerdo olores de mi infancia que no he vuelto a oler desde entonces y no soy capaz de recordar uno que he olido hace diez minutos. ¿Por qué? Pues porque este último olor no me ha aportado absolutamente nada.

Hoy he entrado en crisol a echar un vistazo a los libros y nada más cruzar la puerta he aterrizado directamente en otro año, en otro lugar y con otras personas. Había un señor mayor a mi izquierda y no me avergüenzo de confesar que el minuto y medio que hemos coincidido en la tienda antes de que se marchara, le he perseguido allá a donde ha ido. ¿Era un señor mayor de estos que tienen un punto sexy y que parece atractivo a todas las chicas? No, para nada. Más bien era un viejecillo con gafas de pasta dura y que a mí me ha parecido entrañable. Olía igual que mi abuelo y me ha recordado a él. Hace ya años que mi abuelo murió, pero me acuerdo de él bastante a menudo. Hoy he olido la colonia de mi abuelo durante un rato, y ha sido gracias a esa colonia que he recordado otras muchas cosas como su manera de coger la cuchara para comer la sopa, su manera de achucharnos a mis hermanas y a mí o su calva llena de pequeñas pecas. Por un momento me ha parecido que podía ver todas esas imágenes.

Recuerdo un día que no pude dejar de mirar a un señor que iba en el metro porque se le parecía mucho. Pasé un buen rato mirándole hasta que me di cuenta de que estaba siendo un poco descarada y el hombre me pareció que estaba un poco mosca. Pero no lo podía evitar. Cada poco la vista se me iba hacia la cara de aquel hombre, que ahora me miraba a mí, esperando que le mirase. Al igual que me pasó el otro día en crisol, no me importó que se me notara que le estaba mirando.

Pero volviendo al tema de los olores es curioso cómo sólo por el olor puedes en la actualidad identificar en qué tienda de ropa estás, en qué discoteca o en el coche de quién. Puedes pasar años sin oler algo en concreto pero eso no significa que lo hayas olvidado o que lo vayas a olvidar. ¡Que va! Basta con oler algo que sea similar para que te evoque distintos recuerdos o te transporte a épocas pasadas.

Después de todo hay quien dice que todo tiempo pasado fue mejor…

lunes, 24 de noviembre de 2008

¡Siempre me gustó esta foto!

Hay fotos que no sabes muy bien porqué pero tienen mucho significado a pesar de que no muestran apenas nada. Esta sin duda es una de esas fotos; y es que es verla y venirme a la mente decenas de recuerdos.

Y eso que como digo no tiene apenas nada.

viernes, 31 de octubre de 2008

Un vagón para mi sola


Entrar en un medio de transporte vacío en el que nadie ni nada te moleste, muchas veces se convierte en algo completamente imposible. Sin embargo que te ocurra justo cuando estás llegando a tu casa después de unas mini vacaciones, en las que te has pateado una ciudad de arriba a abajo y sientes que ya no puedes mover un músculo más, es un lujo que no se puede desaprovechar. E incluso muchas veces piensas que te gustaría que tu parada estuviera un poco más lejos para poder disfrutar de la situación más tiempo. Esto fue lo que me ocurrió hace unas semanas cuando, volviendo de Córdoba, cogí el cercanías en Atocha para volver a mi casa.
Ojala fuera siempre así...

sábado, 18 de octubre de 2008

martes, 7 de octubre de 2008

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Nasikafu McNight

Venía de hacer una entrevista hace cosa de un par de meses cuando Manuel me paró por la calle y me “convenció” para que apadrinara un/-a niño/-a.

La cosa no fue: apadrina un niño y yo contestar: ¡vale!

No. Me costó cosa de media hora conversando con él –agradable conversación por cierto-. Quedé en que me lo pensaría y al día siguiente le diría algo. Se lo podría haber dicho en el momento porque ya estaba convencida de hacerlo, pero también es verdad que podría haber cambiado de opinión o me podría haber arrepentido.

Yo llevaba tiempo queriendo apadrinar pero la vez que más en serio me lo propuse una estúpida me quitó la idea de la cabeza. Fui a pedir información (quería saber a dónde iría a parar mi dinero, entre otras cosas) y me dijo que no me daba el folleto que le pedía con información porque sólo era para la gente que se mostraba realmente interesada. Debe ser que ir a preguntarle en mitad de la calle en lugar de que sea ella la que se me acerque no debe ser mostrar mucho interés.

Hace unas semanas me llegó la carta con la ficha de Nasikafu. Desde el momento que la vi supe que no era sólo una foto, un nombre, una fecha y un nº de referencia. No sé cómo explicarlo, pero me entraron ganas de ir a buscarla y traerla conmigo a casa. No sé qué esperaba ver cuando apadriné a Nasikafu, pero me chocó encontrarme con una carita tan guapa y a la vez tan seria. Un niño es niño en todas las partes del mundo y según mi visión del “mundo infantil” debería ser feliz y disfrutar de su niñez como lo hicieron mis hermanas, mis amigos y yo misma.

Para quien no lo sepa apadrinar a un niño no significa que el dinero que se da por ese niño vaya a parar directamente a su bolsillo, sino que es un dinero que se utiliza para cuidar a toda la comunidad. En mi caso está destinado al Proyecto Neno en Malaui.
Después de leer toda la información que me enviaron junto con la ficha de Nasikafu me paré a pensar en lo injusta que es la vida para algunas personas. Y lo egoístas que podemos ser otras. Yo, por ejemplo, he estado preocupada estas últimas semanas porque no tenía zapatos para la boda de mi hermana. Nasikafu probablemente no tenga ni siquiera un par de recambio -si es que tiene alguno porque en la foto sale descalza-.

No quiero aburriros con datos así que sólo pondré tres a modo de ejemplo para que os hagáis una idea de cómo se vive allí.

. ----- La esperanza de vida al nacer es de 40 años nada más.

. ----- El 43% de la población vive sin acceso a agua potable.

. ----- El 41% de la población vive con menos de 1$ diarios.

El proyecto en el que colaboro se abrió en el 2006. Quizás no haya sido suficiente tiempo para que las cosas empiecen a funcionar bien. Sólo espero que con el paso del tiempo los datos que os he mencionado vayan cambiando hasta igualarse con los nuestros; a ver si de esta manera mi niña aprende a sonreír.


viernes, 5 de septiembre de 2008

Carpe Diem -hoy más que nunca-

2008. Normalmente no acostumbro a recordar las cosas por el año en que sucedieron. De hecho soy bastante desastrosa para recordar las fechas. Sin embargo este año, el 2008, no puede pasar desapercibido. No puedo dejarlo en el olvido y no recordar todo lo que ha pasado y está pasando dentro de sus 365 días.

La frase más oída a principios de 2008 en mi casa fue "¡qué mierda de año, joder!" y la hemos repetido casi cada mes. La primera vez que la dijimos fue el 15 de enero, cuando mi familia había asistido ya a tres entierros. La última es posible que todavía esté por decirse viendo el ritmo que llevamos.

El final del año pasado fue bastante bueno. Mi hermana Sandra y mi cuñado anunciaron que se casaban y nos ilusionamos con la idea de preparar la boda. Desde entonces la celebración se ha visto amenazada dos veces hasta que finalmente se ha suspendido.
El día 15 de enero dudaron qué hacer con la boda. Habíamos perdido a un familiar muy cercano y todos estábamos terriblemente tristes, conmocionados y dolidos. La boda siguió adelante. Quedaban ocho meses para que se celebrara.
En junio enfermó la madre del novio. Y se volvió a dudar qué hacer. Finalmente se recuperó y se siguió adelante con la boda una vez más. Ya en agosto a sólo una semana de la boda se anuló definitivamente.

La Muerte, que es caprichosa y no espera por nadie, no hizo excepciones porque hubiera una boda programada.

Y es así que, a base de golpes, terminas por darte cuenta de que la vida es para vivirla y no para dejar pasar el tiempo pensando que otro momento será mejor que el que acabamos de dejar pasar.

Hoy más que nunca recomiendo a todo el mundo que tenga como máxima, la famosa frase "Carpe Diem".

viernes, 1 de agosto de 2008

Salvando caracoles

Desde hace unos meses mis padres y mi tía han vuelto al pueblo para plantar, cuidar y mimar el huerto que pusieron en marcha el año pasado. Mi madre suele venir cabreada con mi padre porque mientras ella y mi tía están dándole un repaso a la huerta y poniéndola a punto mi padre se dedica a buscar y cazar caracoles. Eso sí, no se le escapa ni uno.

Todos coincidimos en que no pueden estar en el huerto porque arrasan con todo lo que hay plantado, pero la inciativa de mi padre de guardarlos para después cocinarlos en casa sólo le atrae a él.

Tres veces ha traido caracoles en lo que va de verano, y sólo una conseguí salvarlos y devolverlos a algo parecido a su habitat natural. Los llevé al jardín que está detrás de mi edificio. Qué feliz me sentí cuando los vi alli, libres de la cazuela y comiendo un poco de lechuga que les había bajado. Luego me dio por pensar que si les iba bien a esos pobres caracoles era muy posible que se empezaran a reproducir y arrasaran el jardín entero. No dormí durante dos noches. No me he atrevido a volve al lugar donde los liberé por si está todo destruido y me ve alguien merodear por allí con cara de culpable.

Si yo fuera mi padre dejaría de traer caracoles a casa. Aunque sólo fuera por no escucharnos todo el día diciendo "pobre caracoles", "ellos nunca lo harían" y cosas por el estilo.

Yo pensé que la gente me entendería en mi lucha contra mi padre y su interés en comerse los caracoles, que era una causa justa "luchar" por los pobres bichos...

El primer día nada más llegar al trabajo le dije a mi compañero:
- Mi padre ha traido caracoles a casa
A lo que él me contestó:
- ¿Ah sí? ¿Y cómo los ha cocinado?

Eso me pasa por desahogarme con un cocinero.

viernes, 20 de junio de 2008

¡Y la cabra!

Almanzor La cabra que nos persiguió y nos "acorraló"


Hacía meses que no veía a mis ex de la agencia y justo tuve que quedar con ellas la noche antes de subir hasta aquí. Dormí dos horas, pero mereció la pena tanto quedarme por la noche con ellas, como subir casi hasta arriba al día siguiente.

¡Si se puede repetir, que cuenten conmigo!

viernes, 6 de junio de 2008

John Grisham y la pena de muerte

Hace dos o tres días volvía del trabajo en el autobús leyendo El Proyecto Williamson. Como siempre subí en la primera parada y no había nadie más a mi lado. Una o dos paradas después entraron unos señores con sus respectivas. Supe que iban juntos porque uno le hizo un gesto al otro para que se sentara enfrente de él. Por lo demás no lo habría sabido nunca porque no llegaron a cruzar una sola palabra. Poco antes de mi parada el hombre que iba a mi lado se me acercó en el asiento y me dijo —que aproveche—. Yo le miré de pronto sin saber si me hablaba a mí o no. Él me sonrió y me dijo —hija, que afición—. Ya supe que se refería a mí y a mi libro. Le dije que estaba en un punto muy interesante y él me dijo —Enhorabuena por tu afición—. No sé muy bien por qué. Tampoco le di más vueltas. Volví a la lectura y me olvidé del señor. Poco después me di cuenta de que el hombre tenía parte de razón. El libro me ha enganchado de tal manera que, no sólo ese día, sino cada vez que lo abría, me quedaba embobada leyendo.
Creo que acabo de terminar el libro que más me ha impactado de todos los que he leído en mi vida. Puede que porque contara una historia real. Puede que fuera por el tema que trataba. El caso es que hay pocos libros que me hagan llorar en algún punto de la lectura y éste me ha tenido todo el tiempo con el corazón en un puño.

¿Habéis leído alguna vez a John Grisham? En 2005 cayó en mis manos El Jurado. Lo leí y me gustó mucho a pesar de no entender gran parte de la jerga que se utiliza en el libro. El autor es abogado y es normal que utilice vocabulario jurídico. Ejerció durante años hasta que le dio por escribir novelas. Desde entonces le ha ido tan bien que no ha vuelto a ejercer (hasta donde yo sé). Tres años después leí El Cliente y me ocurrió más de lo mismo. Mucha intriga. Demasiados personajes. Bastante jerga. Y todo para realizar un libro que también me gustó muchísimo. El Proyecto Williamson cayó en mis manos hace unos días por pura casualidad. Lo había visto hacía unas semanas en una tienda. No me llamó especialmente la atención, pero un día en la biblioteca, a cinco minutos del cierre, me decidí a sacar un libro porque no me apetecía leer ninguno de los que tenía en casa sin leer. Me dirigí a un pasillo al azar y aparecí delante de la estantería de John Grisham. Como hacía poco que había leído El Cliente me paré para ver si había alguno que me entrase por los ojos. Y ahí estaba él. El Proyecto Williamson. Lo cogí, leí otra vez el resumen del final y me fui a casa con el libro debajo del brazo.

No voy a contar demasiado del libro. Basta con leer la sinopsis para saber no sólo de qué va, sino también cómo acaba. Dos personas, Ron Williamson y Dennis Fritz, fueron acusadas de asesinato y juzgadas en 1988. El primero fue condenado a muerte. El segundo a cadena perpetua. El primero, protagonista del libro por así decir, estaba completamente desequilibrado mentalmente, pero era muy inteligente. El segundo también era inteligente, pero se mantenía en sus cabales como podía.

Un día antes de que se iniciara el juicio contra Ron Williamson el juez Jones quiso saber si entendía la importancia de las acusaciones y se mantuvo la siguiente conversación:

Quiero ver cómo se encuentra para su comparecencia de mañana y asegurarme de que no provocará ninguna alteración del orden. ¿Comprende mi preocupación?
—Mientras no empiecen a decirme que he matado a alguien…
—¿Acaso cree eso?
—Pues sí lo creo. Y no me parece nada bien.
El juez Jones sabía que Ron había sido un destacado deportista y decidió utilizar la analogía de una contienda deportiva:
Un juicio es como un partido de fútbol. Cada bando tiene la oportunidad de atacar y defender, y nadie puede oponerse a que cada bando tenga sus oportunidades. Son las reglas del juego. Un juicio es igual.
—Sí
—repuso Ron—,
pero yo soy el balón que recibe los puntapiés.

A lo mejor después de leer el libro tiene mucho más significado que sin leerlo, pero las respuestas de Ron me encantaron. Sobre todo tratándose, como se trataba, de un enfermo mental.

viernes, 25 de abril de 2008

Sí, fui a ver a los Backstreet Boys... ¿Y qué?

He perdido la cuenta de cuanto tiempo hace que sigo a los Backstreet Boys. Pero más de diez años seguro.
De pequeña no era la típica niña histérica. De hecho me avergonzaba cuando la gente se enteraba de que me gustaban los BSB y me metían en el mismo saco que a esas niñas que se desmayaban sólo de pensar que les iban a ver en concierto. No, yo era quizá de las pocas que no se dejaba la garganta en los conciertos gritando estupideces.

Posiblemente fuera una fan atípica, pero es lo que era.

Desde entonces les he visto varias veces en concierto y nunca antes había visto lo que vi el otro día en el Palacio: grupos de chicas por todos lados, sí; pero también grupos de chicos, personas de mi edad y más mayores que yo (hombres y mujeres), pero sobre todo me llamó la atención los medios de comunicación. Por primera vez no han tratado a las fans como quinceañeras histéricas, sino como personas que disfrutaron de un gran concierto. De hecho cambiaron el termino "las fans" por "los fans" y hablaron del grupo con respeto en lugar de con insultos camuflados en parrafadas de irónia y sarcasmo.

Supongo que la mayoría de personas que estábamos en el concierto del otro día éramos fans que hemos crecido -y madurado- a la vez que el grupo, pero que sin embargo seguimos siendo igual que siempre. Excepto quizás, porque hace diez o doce años nuestros padres venían a buscarnos con el coche al final del concierto y que ahora cogemos nuestros propios coches para volver a casa.

Madrid, miércoles 23 de abril de 2008, Palacio de los deportes de la Comunidad de Madrid. Backstreet Boys en Concierto.

Me gustó mucho el concierto aunque se me hizo muy corto. En mi opinión se podía haber alargado un poco más, pero no me defraudó en absoluto. Ahora tengo 26 años. Hace 9 años que fui a su primer concierto (me quedé sin entradas para el primero que hicieron en Madrid unos años antes) y estoy segura que volveré a verles cuando se decidan a pasar por Madrid otra vez, sin descartar viajar a otra ciudad en el -improbable- caso de que no paren en mi ciudad en la próxima gira. Porque si bien no soy de las histéricas, sí que sigo siendo "una" fan.

martes, 8 de abril de 2008

La suerte está echada

Y he aquí los dos carteles que he presentado al concurso de carteles del Festival Internacional do Mundo Celta de Ortigueira.

Ahora sólo falta esperar.




viernes, 28 de marzo de 2008

lunes, 17 de marzo de 2008

Móvil al volante

No hace ni cinco minutos he llamado a un número de móvil para hablar con un alumno. Me lo ha cogido y a los pocos segundos de estar hablando con él me ha dicho que iba conduciendo y que no podía apuntar un número que tenía que darle. Le estaba diciendo que le llamaba más tarde para hablar más tranquilos cuando se ha puesto a gritar tacos y me ha dicho: “¡me acaban de dar un golpe!”. Acto seguido se ha cortado la comunicación. Vamos, que me ha colgado. Normal por otro lado, claro.
Ahora tengo que volver a llamarle porque si no lo hago no puedo cerrar el curso pero, sinceramente, me da miedo. ¿Me culpará del golpe? Desde luego tengo bien claro que si lo hace es por no culparse a él mismo. ¿Querrá hablar conmigo? Si está enfadadísimo, como supongo que está, ni me cogerá el teléfono aunque nunca se sabe…
Yo por lo pronto me estoy planteando dejar la llamada para mañana. Seguro que estará más tranquilo.

miércoles, 12 de marzo de 2008

San MP3

Ya estamos con la excusa de siempre. Me encantaría poder escribir a menudo en el blog pero no siempre puedo hacerlo. Ya sea por falta de tiempo o por falta de inspiración. Sea como fuere, el caso es que llevo desde diciembre sin poner una sola palabra y ya empiezo a sentirme un poco culpable.

Hace unos meses cuando volvía de trabajar en el autobús, coincidí con dos chicos que no dejaron de cotorrear en todo el camino. Yo estaba leyendo cuando entraron y como se sentaron detrás de mí no pude verles hasta que no bajaron. Según sus voces y su conversación habría dicho que ninguno de los dos contaba con más de 20 años – y ya me parecía tirar por lo alto –. Hablaban de cosas de trabajo primero y de asuntos más personales después, y no es que yo estuviera interesada en su conversación ni mucho menos, pero con el tono de voz que tenían era imposible no prestar atención. Es más, diría que estuve obligada a escuchar una conversación que para nada me interesaba y que me impidió seguir con la lectura de mi libro. Fui completamente incapaz de concentrarme en lo que estaba leyendo y decidí, después de leer varias veces las mismas frases sin enterarme de lo que significaban, dejarlo para otro momento. Pensé, una vez que hube cerrado el libro, que esto no me volvería a pasar nunca más si podía evitarlo. Porque,… ¿podía evitarlo?

Sí. Podía.

Y de hecho lo hice. Un día, antes de salir de casa, me acordé de que tenía el MP3 muerto de risa en casa y decidí meterlo en el bolso. Aquí tengo que hacer un receso y explicar que hay temporadas que puedo estar todo el día con el MP3 puesto, y hay otras que ni lo llevo ni lo echo de menos. Esa temporada fue una de las que lo llevaba puesto hasta en el trabajo – lo utilizaba para concentrarme en la redacción de ciertos informes –. Pues bien, me acordé del MP3 que había abandonado hacía unas semanas y lo guardé en el bolso con la absoluta certeza de que tarde o temprano me sería de gran ayuda.

Yo volvía a estar en el autobús camino de mi casa y subió un niño con su abuela. No recuerdo muy bien de qué hablaban, pero sí tengo claro que me importunaban lo suficiente como para no poder concentrarme en el libro. Otra vez la misma canción. Me acordé del MP3 y me lo puse sabiéndole mi salvador. El niño ya no existía y tampoco su abuela. Ni el ruido del tráfico ni el motor del autobús. Sólo estábamos mi libro y yo, y de vez en cuando, la música que salía por los auriculares. Desde ese día me propuse llevarlo siempre encima, aunque no siempre lo he hecho.

Ayer volvía del trabajo en el autobús y un trío de niñas-adolescentes entró y vino a sentarse justo enfrente mío. Las describiría como niñas pijas de papá y mamá un poco atontadas. Nada más entrar lo que más me llamó la atención fue que olían a alcohol bastante. Era martes a las 21:15. No está mal para venir de botellón. Supe enseguida que tendría que hacer uso de mis auriculares. No obstante, decidí esperar por si me equivocaba en mis deducciones. Las escuché durante unos minutos y después de no poder concentrarme otra vez en lo que estaba leyendo, quizá condicionada por la opinión que ya me había formado de las tres niñas, me puse la música. Para entonces ya me había fijado en varias cosas de mis compañeras de viaje. La primera, que la chica que estaba justo enfrente mío iba vestida como si fuera una noche de verano con un top de tirantes y sin sujetador (llamaba bastante la atención) También vestía una chaquetita abierta de estas que se llaman de entretiempo. Es decir, la chica iba monísima pero se tendría que estar pasmando de frío. La segunda, fue que tanto la chica sin sujetador como sus compañeras estaban más morenas que la mayoría de gente en verano en el mes de marzo. Y la última cosa que llamó mi atención fue que no eran tan escandalosas como yo había creído en un primer momento. Quizás me dejé influenciar por el aspecto de niñas que tenían pensando que sería igual que un gallinero ir con ellas, sobre todo teniendo en cuenta que iban un poco achispadas. La conversación que llevaban me desconcentraba, pero no era tan exagerada como la de los dos chicos que entraron hace varios meses y que me hicieron cerrar el libro porque no llevaba MP3. Por cierto, que estos chicos al final resultaron tener cerca de 30 años, si no los pasaban, y puede que fuera lo que más me chocó cuando bajaron del autobús aquel día.

Ayer es cierto que me puse la música para no escucharlas, pero no porque me molestaran en exceso, sino porque su conversación no me interesaba para nada. Mi instinto falló está vez.

Y dicho esto, y aunque no tenga nada que ver, prometo no volver a poner por escrito que hace mucho tiempo que no escribo. Hay cosas que son bastante obvias y que huelga decirlas, y si se conocen los meses del año en correcto orden, ésta es una de ellas.