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viernes, 25 de diciembre de 2009

Tradiciones familiares navideñas

Todo empieza cuando me armo de valor y saco el árbol del armario para montarlo casi siempre sola para dar una sorpresa a los que vienen de la calle. Nótese que la palabra sorpresa va en cursiva, y es que a mi madre eso de tener el árbol puesto no es que le haga demasiada ilusión (también es verdad que la mayoría de las veces es a ella a quien le toca quitarlo después)

Como para otra mucha gente el verdadero pistoletazo de salida llega el día del sorteo de la loteria de Navidad el 22 de diciembre cuando a partir de las 12 de la mañana nos decimos que lo importante es tener salud y esas cosas; que el dinero realmente no importa. El 23 es un día de transición y el 24 es el día que comienza con todas las tradiciones navideñas (fuera de poner el árbol, por supuesto)

- Por la mañana o por la tarde bajamos con los amigos a tomar unas sidras y felicitarnos la Navidad. Mera excusa para juntarnos todos.

- Después de comer cortamos los turrones, polvorones, almendras y piñones y los dejamos listos para sacarlos después de cenar.

- Cenamos rollitos de primavera de primero y piña con zumo de naranja y pasteles de postre.

- Escuchamos la recopilación de villancicos rocieros de fondo mientras cenamos.

- Escuchamos las críticas de mi prima por haber puesto un año más los villancicos :-)

- Mi abuela canta el villancico de: "El día que yo nací le oí decir a mi abuela: si esta chica tiene suerte, vivirá hasta que se muera. Ande, ande, ande, la marimorena..."

- Mi abuela canta el villancico de: "El día que murió mi abuela a mí no me dejó nada y a mi hermana la dejó... asomada a la ventana. Ande, ande, ande, la marimorena..."

Para mí son estas cosas las que hacen del día 24 un día especial. Nada de nacimientos, misas y esas cosas, que ¡ojo! eso no quiere decir que no respete al que piense de otro modo. Simplemente digo que para mí una nochebuena sin rollitos de primavera y pasteles no es una nochebuena.

Feliz Navidad a todos

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Danza del vientre los miércoles por la noche

Cuando te decides a hacer algo sin mucho sentido lo haces, casi siempre, sin pensar. Yo lo hice por ejemplo cuando a final de este verano me apunté a clases de danza del vientre los miércoles por la noche. Vi el folleto que me metieron en el buzón, llamé a la escuela nada más llegar a casa para pedir información y unos días después estaba allí en persona para pagar los 15 € que cuesta cada mes. Realmente nunca llegué a creerme que iba a hacerlo, sin embargo por culpa de no pensar las cosas me planté en la escuela y pagué el primer mes, un mes y una semana antes de que comenzara la primera clase. Todo iba bien hasta que una semana antes empecé a pensar en lo que ir a clase conllevaba. Estaba tranquilamente en casa después de cenar, con el pijama puesto y pensando: "la semana que viene a estas horas tendré que salir de casa para ir a clase. Puff, ¡qué pereza!"

Por fin llegó el gran día y mi ánimo era cualquiera menos el de ir a clase de danza del vientre, a las diez de la noche, con un montón de chicas que no conocía de nada y a unos veinte minutos de mi casa andando. ¿Realmente pensais que podía pedir algo más? Pues sí, porque como dice una de las leyes de Murphy: si algo puede salir mal, saldrá mal. Y a mí esta máxima, como a otra mucha gente, se me suele cumplir. Así que la lluvia decidió hacer acto de presencia todo el día y toda la noche. Por suerte mi padre me llevó y me fue a buscar ese primer día por lo que no me resultó tan horrible.

Lo que fue la clase ya es otra cosa. Básicamente no nos enterábamos de nada ni mis compañeras ni yo, pero aún así decidí volver miércoles tras miércoles y darle una oportunidad. Total, peor que el ánimo que llevaba el primer día no podía ser. Han pasado más de dos meses desde entonces y sigo sin dar pie con bola aunque para mí eso es lo de menos. Voy porque me lo paso bien con mis compañeras, porque hago algo de ejercicio (aunque solo sea por el que hago entre ir y venir) y porque mientras trato de coordinar los brazos y las piernas para hacer algo parecido a un paso de baile me resulta muy fácil desconectar del resto de cosas que tengo en la cabeza.

Cuando volví de clase el segundo y el tercer día pensé que menos mal que hay veces que no pienso las cosas porque, sin duda, es cuando mejor salen.