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miércoles, 29 de diciembre de 2010

La bomba no es "la bomba"

El 1 de septiembre os comuniqué que me había comprado una bomba de baño, y sólo una semana después os tuve que decir que no había podido utilizarla cuando y donde yo quería.

Os pongo en situación por si habéis llegado hace poco y no queréis leer todo lo que os propongo en los enlaces (os entiendo). Un día, paseando por la Vaguada me llamó la atención una tienda de éstas de jabones y chorradas varias para el cuerpo, la cara y, se supone, también el espíritu. Entré y me compré un par de cosas (inútiles las dos, por qué no decirlo, porque una piedra de azucar verde (¿?) que te deja los muslos rojos de tanto frotar para quitarte la celulitis no parece un gran invento. Sobre todo porque cuando terminas con ella (o ella contigo, mejor dicho) sigues teniendo la misma, o más, celulitis que al principio) Entré y compré un par de cosas, decía, y busqué una ocasión especial para utilizarlas. Bueno, mejor dicho, para utilizarla, porque lo que más me apetecía usar era la bomba de baño. La piedra de azúcar la utilicé desde el primer día.

La bomba intenté utilizarla el fin de semana de la boda de mi amiga Cristina pero fue un fracaso absoluto. El motivo: no había bañera en la habitación. Así las cosas me decidí a esperar otro gran momento de soledad para tirar la bomba al agua y éste llegó en el mes de noviembre. El 24 de noviembre para ser más exactos. Tuve una feria de bolsa en Barcelona (algún día quizá cuente a qué me dedico) y pasé una noche en un hotel bastante chulo con una cama enorme y una bañera también bastante grande. Por supuesto la bomba viajó conmigo hasta Barcelona así que una vez en la habitación puse el agua de la bañera caliente, puse el tapón, esperé a que se llenase hasta la mitad o un poco más, me puse una bebida caliente con el kettle que había en la habitación, bajé las luces del baño, me quité la ropa, me metí dentro de la bañera, dejé caer la bomba al agua y, finalmente, esperé. Y esperé. Y esperé. Y esperé. Esperé hasta que la bomba se hubo deshecho por completo y entonces pensé: "¿Qué %&$}"@ tenía que hacer la cosa ésta?" Porque claro, yo compré la bomba y me ilusioné con la bomba, pero realmente en ningún momento me paré a pensar qué esperaba yo de ella. Ahora sé que no sabía qué esperar de ella y, aún ahora después de haberme dado el baño más chapucero de mi vida y haberme llevado uno de los chascos más grandes de las últimas semanas, sigo sin saberlo. Sólo sé que me decepcionó. Y mucho. No me relajó más de lo que me hubiera relajado un baño de agua caliente con jabón. Después de unos minutos opté por levantarme y meterme debajo del chorro del agua caliente, ducharme como Dios manda y meterme en la cama hasta el día siguiente.

Una ducha caliente y una cama cómoda. Eso es todo lo que necesitaba para relajarme y desconectar... Y yo, sin saberlo.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Un buen regalo

Hay algo que hago entre dos y tres veces al año. Sí, ya sé. Para algunas cosas dos o tres veces serían pocas veces; pero para otras serían una barbaridad. Sin embargo para lo que me refiero hoy, tres veces al año está bien. No es ni mucho, ni poco. Es exactamente la cantidad justa.

Muchas veces no sabemos qué regalar a la gente y creo que eso es porque siempre vamos a lo material. Conozco personas que serían las más felices del mundo con un paquete lleno de abrazos para canjear cuando ellos prefieran, pero yo me empeño en buscar cosas materiales. Otra cosa importante es que hay cosas que se pueden regalar de manera anónima. Es decir, a gente desconocida. Pero, ¿por qué regalar a gente desconocida? Y lo más importante ¿qué puedo yo regalar a un desconocido? Pues bien, hay veces que no es necesario conocer a la persona que va a recibir el regalo para saber que le va a gustar, y eso es, ni más ni menos, porque le estás regalando algo tan vital que sin ello no podría vivir.

Yo he donado sangre desde que cumplí los 18 años. Unas veces con más frecuencia y otras con menos, pero creo que he ido todos los años desde entonces. Los últimos cinco o seis años siempre he ido acompañada de Santi, que por motivos personales se convirtió en asiduo, y, de vez en cuando, también de otras personas. Cuando pasan los tres o cuatro meses desde la última donación lo comentamos como quien no quiere la cosa: "Tenemos que ir a donar" "Vale" Y ya está. Normalmente lo que hacemos es aprovechar las tardes de domingo que no hacemos nada para ir al hospital y donar. Así también salimos de casa.

La semana pasada estuvimos en el Ramón y Cajal y vi un folleto que llamó mi atención. Entre otras cosas ponía que podías ver el nivel de reservas de sangre de la Comunidad de Madrid a través de la página web www.madrid.org/donarsangre. No lo he mirado hasta hoy y me he encontrado con esto:


Lo cierto es que podía ser peor, pero tampoco es como para lanzar cohetes.

Yo desde aquí quiero animar a todo el que se lo esté pensando o dude por algún motivo. No quita mucho tiempo. No cuesta dinero. Dan un refresco y algo de comer. Y sobre todo, tienes la sensación de estar ayudando a otras personas. En estas fechas que estamos no se me ocurre ningún regalo mejor que poder hacer a un desconocido.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Pastillas contra el dolor ajeno

El otro día llegó a mi correo del trabajo una campaña de MSF (Médicos Sin Fronteras) que se llevará a cabo durante un año completo. El nombre de la campaña me llamó la atención y la idea, una vez que me enteré de cual era la finalidad, me pareció buena.

Pastillas contra el dolor ajeno

MSF ha puesto a la venta en farmacias a lo largo y ancho de España unas pastillas de caramelo de menta sin azúcar. Estas son las pastillas contra el dolor ajeno. Nosotros tenemos la facilidad de conseguir medicamentos para cada una de las dolencias que tenemos, sin embargo hay gente que se muere por enfermedades que tienen cura sólo porque no tienen acceso a ellos. En la imagen de abajo podéis ver ejemplos de enfermedades que afectan a miles de personas.
Las pastillas se venden de seis en seis y cuestan 1€ en las farmacias. Yo aún no las he comprado, pero cuando las vea me haré con unas seguro. Todo sea por poner nuestro granito de arena y, además, que un euro de vez en cuando a nosotros no nos supone nada.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Egipto Mágico - Día 8

Día 8, viernes 19 de noviembre de 2010

Hoy es nuestro último día en Egipto y vamos a dedicarlo a las pirámides. Mara y Silvia han dejado una nota diciendo que irán más tarde así que cuando terminamos de desayunar nos vamos a por un taxi todos menos Potter que quiere disfrutar de la piscina del hotel y se queda durmiendo un rato más.

Llegamos a las taquillas antes de que abran. Pensamos en colar los carnets de alberguista de nuevo, pero nos entra el canguelo y decidimos pagar la entrada completa. La taquilla es un caos de egipcios que quieren entrar también y no hay nadie que guarde cola. Como podemos nos metemos hasta llegar a la ventanilla y Javi y Santi intentan comprar las entradas. El carnet de Santi sí es de estudiante y el hombre le dice que como no es el oficial que no se lo coge. Le damos las 300 Libras Egipcias que pagan la entrada completa de cada uno y, en un arrebato de solidaridad para con nosotros, el hombre nos da los tickets de estudiantes, nos devuelve 100 LE y se mete las otras 50 LE en el bolsillo. Todos salimos ganando así que nos metemos para adentro y rezamos para que nadie nos pida el carnet de alberguista (digo, ¡el carnet de estudiante!).

Vamos directamente a ver la Esfinge y ¡muy bien que hacemos! porque cuando llegamos no hay nadie. Nos hacemos las fotos que no nos hicimos el otro día y disfrutamos de unos minutos de tranquilidad. Cuando vamos a salir del recinto de la Esfinge nos encontramos con el futuro marido de Ana que se quiere hacer miles de fotos con ella. Está –el futuro marido, digo– con un grupo de amigos. Nos persiguen durante una parte del camino hasta que le dicen que se quieren hacer fotos con ella y damos el alto para que pueda fotografiarse con ellos hasta que su futuro marido le pide, después de hacerse varias fotos juntos, una foto dándole la mano y después entrelazando los dedos. Sandra y yo nos meamos de la risa mientras le decimos que se acaba de casar y que lo ha hecho sin invitar a nuestros padres y demás familia. A todo esto Javi está ejerciendo de maestro de ceremonias disparando todas las fotos que le pide el recién estrenado esposo de su novia, con cara de pocos amigos y diciendo: She is mine. She is mine. Surrealista todo, vaya.

Después nos acercamos a la primera de las pirámides y entramos a ver una tumba que hay dentro. Es una pirámide pequeñita, pero es exactamente lo mismo que la de Micerinos que vimos el otro día y por la que pagamos por entrar. A ésta entramos gratis. Después nos dirigimos a unas dunas desde donde se ve todo el recinto sin turistas, ni coches por medio. Es increíble cómo nos dejamos llevar en estos tipos de viajes donde te lo dan todo hecho y nos conformamos con lo que nos enseñan. El otro día con Aiman subimos en coche hasta el mirador, nos hicimos sitio casi a empujones para poder sacar un par de fotos medio decentes sin gente de fondo y después nos marchamos a la siguiente excursión. Hoy estamos solos y podemos hacer lo que queramos; y lo que queremos hacer es ir andando a través del desierto hasta alcanzar las dunas solitarias y silenciosas que son testigo mudo de lo que ocurre en una de las maravillas del mundo. Cuando llegamos nos encontramos con una vista que poca gente ha visto. El silencio me impresiona bastante, solo estamos nosotros y nuestras voces, y de vez en cuando una caravana de camellos con turistas. Prácticamente gastamos lo que nos queda de memoria en las cámaras haciendo cientos de fotos iguales y seguro que después no borraremos ninguna porque todas tendrán algo que la haga diferente a la anterior y a la posterior. Algo que la haga especial.


Volvemos andando a paso lento hundiendo los pies en la arena. Nos habríamos quedado más tiempo pero tenemos que llegar antes de las 12:00 al hotel para hacer el check out y aún tenemos que hacer la maleta. Salimos del recinto, por cierto que nadie nos ha pedido las entradas ni el carnet de estudiantes… ¡Menos mal!, y buscamos un taxi. Paramos uno que no quiere llevarnos porque somos cinco y sólo tiene cuatro plazas libres, pero otro que está cerca nos dice que sí. Además cuando le preguntamos cuánto nos costará ir al hotel nos dice que 10 LE. Nos quedan 15, que es el máximo que pensábamos pagar por el viaje, así que cuando llegamos al hotel le damos las 15 LE y se va más contento que unas pascuas. Seguro que ha pensado que no sabemos cómo va esto del regateo y que ha pillado a los turistas pardillos.

Hacemos el equipaje y bajamos a dejar la maleta en la consigna. Nos hemos puesto todos el bañador porque vamos a dedicar el resto del día a no hacer nada en el hotel y en la piscina. Me tumbo en la hierba al solecito y me dejo llevar a cualquier verano en el que sientes cómo el sol te calienta y te llena de algo que podría ser energía. Después de la paliza de estos días, no me viene nada mal. Me he bajado el libro pero no lo he abierto aún. Prefiero escuchar música con los ojos cerrados.

Comemos un poco de manera regulera en un restaurante del hotel. La comida y el trato no son lo mejor, pero la verdad es que comer en una terraza, en bikini y con el pelo mojado en pleno mes de noviembre no tiene precio, así que compensa un poco todo lo demás. A la hora de pagar nos ponen problemas porque no les funciona el datáfono y nos tiramos más de media hora discutiendo con unos y otros para conseguir pagar. Bueno, mejor dicho, se tiran más de media hora, porque yo no estoy en el follón. Cuando conseguimos pagar recogemos nuestras cosas y nos juntamos con Mara y Silvia en el vestíbulo. Ellas también han estado en las pirámides, pero han ido más tarde porque Mara no ha pasado muy buena noche y casi no ha dormido, así que se han levantado más tarde, han hecho el chek out y después se han marchado sin tener que mirar la hora de vuelta.

Esperamos todos juntos a que vengan a buscarnos para llevarnos al aeropuerto mientras terminamos de contarnos nuestro día. Mara sigue un poco pachucha y sólo tiene ganas de llegar a su casa. Por fin vienen a buscarnos en una mini furgoneta, muy nueva y completamente equipada. Nos da mucha pena ver cómo meten nuestras maletas dentro pero ya no hay nada que hacer. Ha llegado la hora de partir.

Ya es de noche, aunque son las 17:30. Montamos en la furgoneta y tomamos rumbo al aeropuerto. Hablamos a ratos y a ratos vamos callados. ¿Ya he dicho que nos da pena? Si miro hacia atrás veo a Mara y a Silvia y detrás todas nuestras maletas apiladas unas encima de otras. El trayecto es bastante más largo de lo que yo pensaba pero no me importa que se alargue un poco más para que el viaje no se acabe aún. De pronto suena una explosión en la parte trasera, en el interior de la furgoneta. Cuando miro hacia atrás veo cómo un humo espeso comienza a subir por encima de las maletas. Mara y Silvia se han lanzado hacia adelante y están por encima de mi asiento y el asiento de Ana. Las cuatro hemos empezado a gritar: "¡¡Humo!! ¡¡Humoooo!!" El coche va perdiendo velocidad mientras lo llevan hacia la derecha para poder salir a la carretera sin peligro. No dejamos de mirar hacia atrás y en un momento dado vemos entre el humo algo rojo que parecen llamas por lo que empezamos a gritar: "¡¡Fuego!! ¡¡Fuegooo!! ¡¡Pare!! ¡¡Pare!!!!" El humo ocupa toda la parte trasera y comienza a llegar a la parte delantera. Es muy incómodo y empezamos a toser. La furgoneta está parada y estamos saliendo todos más o menos en orden. Yo soy la última persona en salir a la calle y tengo la sensación de haberme intóxicado con el humo. El representante del viaje y el conductor abren el maletero y sacan el foco de todo el jaleo: un extintor que ha reventado y al que ya no le queda nada dentro. Lo que nos hemos tragado ha sido el polvo que se utiliza para pagar los incendios y lo que nos parecían llamas no era otra cosa que las luces rojas de freno mezcladas con el polvo. Cuando nos damos cuenta de lo que ha pasado nos entra la risa nerviosa a todos y por supuesto, respiramos tranquilos. Retomamos el viaje y llegamos al aeropuerto sin más incidentes.

Cuando facturo mi maleta me doy cuenta de que no he guardado mi kit de manicura en la maleta, pero para mi sorpresa no me lo hacen tirar en el control. Acaban de parar a una señora que llevaba varios perfumes y no tenía dinero suficiente para sobornar a los guardias (tal cual) Al final la dejan pasar, pero la pobre ha sudado la gota gorda para poder atravesar el control. A otros chicos les han quitado las pinzas para el carbón que viene con la cachimba, pero la cachimba, que es de cristal y se puede utilizar como arma si se rompe, se la dejan. No entiendo nada.

Por fin entramos en el avión. Estoy demasiado cansada como para leer o hablar, pero no lo suficientemente cómoda como para dormir, así que me paso las cinco horas del viaje en un incómodo duermevela mientras escucho música. Llegamos a Madrid más dormidos que despiertos. Esperamos a que salgan nuestras maletas. Las primeras en cogerlas son Mara y Silvia. Ellas pasan el fin de semana en casa de la hermana de Silvia (ay!! espero no confudirme) y se tienen que ir ya porque las están esperando. Se despiden con dos besos y un abrazo y se marchan a casa. Unos minutos después nos empezamos a despedir también nosotros. Santi y yo nos vamos por un lado y Sandra, Potter, Javi y Ana por otro. ¿Os he dicho ya que me da mucha pena?

domingo, 12 de diciembre de 2010

Egipto Mágico - Día 7

Día 7, jueves 18 de noviembre de 2010

Volvemos a madrugar por iniciativa propia. Esto empieza a convertirse en mala costumbre. Bajamos a desayunar pronto otra vez para poder ponernos las botas sin agobios. Hemos quedado con el taxista de anoche en la puerta de otro hotel así que tenemos que andar unos minutos antes de verle. Intentamos cerrar lo que nos parece un precio justo para él y para nosotros, pero él nos dice que es muy poco y nos dice que no. Le damos las gracias por haber venido y continuamos recto por la misma calle buscando otro taxi. Encontramos uno unos pasos más allá y cerramos a la primera el precio que le proponíamos al otro taxista, de lo que deducimos que el primero nos quería timar.

Hoy tenemos también un día completito. Empezamos por ir a la Ciudad de los Muertos. Sí, ya lo sé, con ese nombre nadie en su sano juicio querría ir, ¿verdad? Se trata de un barrio muy pobre, donde la gente que no tiene dinero ha "edificado" sus viviendas sobre un cementerio. Esto quiere decir que el suelo que pisan en sus casas son las tumbas de personas enterradas allí mucho tiempo atrás. Es un lugar curioso, pero no nos sentimos demasiado cómodos por lo que no nos quedamos demasiado.

Bueno, mejor empecemos por el principio. Nos metemos los seis en el coche (Mara y Silvia han decidido pasar el día entero con otro taxista por lo que hoy nos hemos separado) y cogemos rumbo a la Ciudad de los Muertos. De camino Fathi, el taxista, le dice a Potter que lea los comentarios que le han dejado otros usuarios españoles en un cuaderno y no le deja que pare de leer. Cada vez que termina un comentario le dice: "Más, más". Y Potter sigue leyendo.

Como he dicho hace un momento la Ciudad de los Muertos no nos gusta demasiado y salimos bastante rápido en dirección a la Ciudadela. Fathi nos ha estado amenizando el viaje casi todo el tiempo, pero ahora se pone bastante borde porque quiere que le paguemos antes de llegar porque piensa que no le vamos a pagar. Quedamos en que cuando pare el coche le dejaremos el dinero en el asiento (para que no le pille la policia llevando gente porque realmente él no tiene un taxi, sino un coche particular).

Para entrar en la Ciudadela hay que pagar y pasar por un control. El edificio más impresionante de todos los que encontramos dentro es la Mezquita de Alabastro donde tenemos que desacalzarnos para poder entrar. Hoy está un poco nublado y la temperatura es la ideal para estar al aire libre. Dentro de la mezquita también se está muy bien. Damos una vuelta por el patio, por el interior de la mezquita y volvemos a salir después de haber hecho algunas fotos. Una vez fuera nos acercamos a un mirador desde donde se ve El Cairo en todo su esplendor. Es una imagen que merece la pena. Edificios, mezquitas, carreteras... y todo, absolutamente del mismo color. No parece que exista otro color que no sea el arena. Bueno, para ampliar un poco el abanico diré que El Cairo visto desde la Ciudadela presenta colores que van de la gama de los grises a la gama de los arena. Impresionante también lo grande que es; entre el polvo que hay procedente del desierto, y la polución de los coches no conseguimos ver dónde acaba.

Paseamos por la Ciudadela un rato más y nos encontramos con gente que otra vez quiere hacerse fotos con nosotros. Sandra y Potter se dan un pico en un acto instintivo y los niños y niñas se quedan tan alucinados que un policia se acerca para echarles de allí y regañarles. Otros niños se nos acercan poco después para hablar con nosotras y otros policias les echan de allí a gritos. Cogen a uno del brazo y se lo llevan casi a rastras para que no nos molesten. Nos quedamos un poco alucinadas porque no estaban haciendo nada malo. Sólo querían hacerse una foto.

Salimos de la Ciudadela para visitar el barrio islámico. Nos han recomendado que bajemos en coche, pero nosotros preferimos ir andando. Bajamos por la muralla que rodea la Ciudadela y llegamos a la primera de las mezquitas. A estas alturas del día y del viaje las fuerzas empiezan a flojear y estamos todos bastante cansados. Encontramos la calle que nos va a subir hasta el barrio islámico y la cogemos sin dudarlo un momento. Es, para que os hagáis una idea, una calle que si la encontráramos en alguna ciudad de España decidiríamos, sin lugar a dudas, rodear la ciudad entera antes que atravesarla. Al principio encontramos una especie de parque de atracciones para niños pequeños con bastante gente, pero al poco de empezar a subir nos encontramos con que somos los únicos que vamos por la calle. En un momento dado pasamos por delante de un grupo de hombres que están sentados en la calle, hablando y fumando en cachimba. Cuando pasamos por delante escuchamos que nos dicen algo pero todos les ignoramos y seguimos con nuestro camino calle arriba. Lo cierto es que, a pesar de que el trato de la gente hasta el momento ha sido increíble y no hemos tenido problemas de ningún tipo con nadie, nos mostramos muy desconfiados ante ellos. Nos damos cuenta de que estamos perdidos, además de agotados y decidimos volver sobre nuestros pasos para buscar el camino desde abajo del todo. Volvemos sobre nuestros pasos y volvemos a pasar por delante del grupo de hombres que vuelven a decirnos cosas. Volvemos a pasar de ellos sin apenas mirarles. Estamos perdidos y tengo la sensación de que el hombre que está hablando con nosotros quiere contarnos algo que nos interesa. Doy el alto y les digo que porqué no preguntamos al hombre. Me acerco a él y le pregunto por las mezquitas, y con una sonrisa me dice que sí, que sabe por dónde tenemos que ir. No es ni hacia arriba ni hacia abajo. Tenemos que coger la calle que gira justo donde están ellos. Cuando ya estamos los seis alrededor del hombre les pregunta a los niños cuántos camellos quieren por mí. Yo declino la oferta con una sonrisa y comienzo a andar para no darle oportunidad a mis cuñados de regatear con el hombre. Si me descuido me quedo allí a cambio de unos pocos camellos.

Seguimos cansados y de bajón, pero por lo menos estamos en la calle que tenemos que estar. Compramos unas coca colas y algo de agua para tratar de animarnos un poco y lo cierto es que es un gran acierto. Al poco de reponer líquidos nos encontramos todos mucho mejor. Vemos varias mezquitas a lo largo de toda la calle, pero después de un rato estamos ya deseando llegar a algún lugar donde haya algo más de civilización y, sobre todo, algo diferente que ver. Ya hemos visto muchas mezquitas por hoy. Andamos pensando que ojalá nos encontremos con un McDonalds de camino, pero no tenemos suerte.

Después de un buen rato en el barrio islámico salimos a una gran calle donde nos encontramos con todos los turistas (en todo el tiempo que ha durado la bajada por el barrio islámico sólo nos hemos cruzado con dos occidentales). Cruzamos para ver la entrada al mercado y decidimos entrar en una última mezquita antes de buscar un sitio para comer. En ésta nos hacen cubrirnos los hombros, los brazos y la cabeza a todas las mujeres. Sandra entra envuelta en miles de pañuelos y con un cabreo creciente, para evitar que le pongan una túnica de las que tienen allí a saber desde cuándo.

Cuando salimos entramos al bazar para comer. Nos sentamos en una terraza que no tiene muy mala pinta pero justo cuando estamos mirando la carta una española que estaba sentada al lado y que ha tomado algo ahí nos dice que si estamos a tiempo nos vayamos a otro sitio. Nos levantamos con las mismas y nos vamos a buscar otro lugar. Paseamos por el mercado arriba y abajo y al final encontramos un sitio que parece estar bien para comer. Es ya un poco tarde y la señorita que nos tiene que dar mesa nos dice que imposible, que tardará horas en darnos una. Cogemos una nosotros mismos a los dos minutos de estar allí y no parece que le siente muy bien a la mujer. Comemos con unos batidos de frutas (error que cometemos sin darnos cuenta porque muchas veces los mezclan con agua) y sobre todo, descansamos. No veíamos el momento de poder sentarnos y abandonarnos en un sillón, silla o lo que fuera. Es un descanso muy merecido el de hoy. Comemos tranquilamente.

Salimos del restaurante y vamos al final del recinto del mercado. Seguimos yendo por sitios por los que no pasa casi ningún occidental y la gente nos mira con la misma curiosidad con que les miramos nosotros a ellos. Vamos por calles que en España no consideraríamos tales y nos damos cuenta todos, sin necesidad de comentarlo con los demás, de lo afortunados que somos de tener lo que tenemos y de vivir como vivimos. La situación de la gente que vemos es muy precaria y los lugares que ellos llaman su hogar no pasarían ninguna inspección de sanidad e higiene en España.

En el vídeo que pongo a continuación se pueden ver algunas calles por las que pasamos.

Una vez terminado nuestro paseo llegamos ¡por fin! al mercado. Damos vueltas arriba y abajo admirando todo lo que venden. Lo cierto es que me gusta todo lo que veo, pero no hay nada tan tan llamativo como para comprarlo para mí o para hacer algún regalo, así que paso la tarde mirando escaparates y tenderetes como si fuera un niño pequeño en cortylandia pero sin gastar un sólo céntimo. Sin embargo, aunque sé que no voy a consumir, me resisto a marcharme y voy calle arriba y calle abajo varias veces. Me habría quedado en este sitio sin pensarlo. Me encanta el ambiente, la gente, los colores de las tiendas, los productos. En definitiva, me encanta el mercado.


Volvemos al restaurante por la tarde para merendar un batido y fumar en cachimba. Cuando salimos volvemos a cotillear por el mercado, pero ya nos hemos decidido a salir y vamos directos a la salida para buscar un taxi. Intentamos parar una cafetera para ir los seis juntos, pero no lo conseguimos así que cogemos dos taxis otra vez. Como vamos a ir a cenar a un restaurante que está en la calle del hotel Le Meridien le decimos a los dos taxistas que nos dejen allí. Cuando salimos del coche y pagamos a los taxistas lo que habíamos acordado, aparece el taxista de ayer, el que nos llevó a las pirámides por la noche y que después desapareció como por arte de magia. Viene preguntando si le recordamos y nos dice que se puso malo y se tuvo que ir. No sabemos si es verdad o mentira y se fue a llevar a otros que le pagaban más que nosotros, pero lo justo es que paguemos el viaje que hicimos con él y le damos el dinero.

Vamos andando hasta el restaurante que está a solo unos minutos y nos sentamos a cenar. Hay, dentro del restaurante, un par de gatos paseándose por debajo de las mesas. Después de un par de minutos tenemos la certeza de que tienen alguna pulga o cualquier otro bicho que nos pueda picar porque Javi y yo comenzamos a sentir fuertes picores en las piernas. Los demás no sienten nada porque llevan pantalón largo, pero Javi y yo nos ponemos a rabiar con los picores. Me salen distintos granitos que cada vez me pican más. Cenamos más o menos bien, pero Javi y yo estamos deseando salir de allí cuanto antes.

Cuando llegamos al hotel le dejamos una nota a Mara y a Silvia en la puerta diciendo que mañana nos iremos a las 8:00 a las pirámides por si quieren venir con nosotras. Pensábamos que las veríamos por la noche, pero cuando llegamos al hotel ellas aún no han llegado.

Es nuestra última noche en Egipto y sentimos cierta pena. Está siendo un viaje increible hasta el momento y no queremos que termine a pesar del cansancio. Mañana repetiremos con las pirámides y después pondremos punto y final al viaje tirándonos a tomar el sol en la piscina y no haciendo nada. Así cogeremos el avión relajaditos. Pero eso será mañana.

La foto de la izquierda es la vista que tenemos Santi y yo desde nuestra habitación. Todos los días me he asomado para ver las pirámides por la mañana y por la noche, sólo por comprobar que seguían ahí. Hoy es la última vez que las veré desde la habitación de noche y me da penita...

sábado, 4 de diciembre de 2010

Egipto Mágico - Día 6

Día 6, Miércoles 17 de noviembre de 2010

Si ayer Santi puso la nota de humor antes de irnos a la cama con el asunto del cajero, no podía empezar de otra manera que haciendo lo mismo al levantarnos. Bajamos a desayunar bien temprano para poder comer a gusto todo lo que queremos comer y que no se nos eche el tiempo encima como ayer. Santi se organiza como cada mañana llenando la mesa con lo que va a comer y a beber de modo que no tenga que volver a levantarse una vez que haya empezado a desayunar. Los demás cogemos lo que nos apetece en un primer momento y nos levantamos después varias veces para seguir cogiendo cosas según nos apetezca en ese momento. Potter, Sandra y yo estamos sentados y Javi y Ana están haciendo su segundo viaje. Mientras, Santi sigue dando vueltas por la sala eligiendo su menú. Viene, deja lo que trae en las manos y se vuelve a marchar a por más cosas. En uno de sus viajes a la mesa trae en una de sus manos una taza de café -o té- con platito incluido y en la otra un montón de cereales mojados en leche pegados a su piel, además de un bol de leche con cereales casi vacío. Llega muy serio y mientras deja el bol medio vacío en la mesa dice -"estos son todos los cerales que voy a comer hoy". Le miramos con los ojos como platos pero no nos atrevemos a decir nada. Se limpia y mientras, nos cuenta que le ha tirado el contenido del bol a una china que se ha chocado con él. Él no se ha manchado, pero creo que la china ha quedado de dulce. Sacamos otro tema de conversación y cuando se vuelve a marchar nos entra el ataque de risa que hemos estado aguantando. Cuando nos vamos a ir vemos que hay una alfombra llena de granos de arroz inflado. Sandra está muerta de risa -"parece que vayan a dar de comer a los pollos aquí dentro" me dice.

Salimos a la calle y esperamos durante un rato al taxista con el que habíamos quedado ayer (aquel que a mí no me gustó) pero como no aparece tenemos que coger otros dos. Yo me alegro.

Nuestro destino de esta mañana es el Museo de El Cairo y volvemos a dividirnos: Potter, Mara, Silvia y Santi en uno; y Ana, Sandra, Javi y una servidora en el otro.

Llegados a este punto quizás sea conveniente contar que los conductores de El Cairo en general y los taxistas en particular, tienen una forma de conducir bastante temeraria. En otras palabras: impera la ley de la selva. No hay prioridad a la hora de llegar a un cruce, ni se guían por las líneas pintadas en el suelo. Ellos van por donde quieren y como quieren. Llevamos solo un día en El Cairo, pero ya nos hemos acostumbrado a esta forma de conducir y no tenemos miedo. De hecho yo tengo una extraña sensación de seguridad a pesar de no llevar el cinturón de seguridad puesto (es difícil encontrarlo en muchos taxis). Nuestro taxi no está mal del todo, pero es un poco viejito. La ventanilla se sube y se bajo a mano y a Javi le toca varias veces darle a la manivela. Además según parece está bastante fuerte (o Javi muy flojo aunque no creo que sea su culpa) y tiene que hacer un pequeño esfuerzo para subirla y bajarla cada vez. Mis hermanas y yo, que vamos atrás con la risa tonta, decidimos que si le animamos quizás suba la ventanilla con menos problemas así comenzamos a dar palmas y a decir: "Javi, Javi, Javi" El taxista se suma a nuestras palmas y todas rezamos porque se de prisa en subir la ventanilla para que el hombre vuelva a coger el volante.

Llegamos al Museo bastante antes de que abran. Nos ponemos a la cola y decidimos que todos somos estudiantes para pagar menos dinero. Hay quien tiene un carnet de la universidad del siglo pasado, y quien tiene un carnet de la biblioteca del barrio. Sin embargo los más osados sacamos la entrada con el carnet de alberguista (¡toma ya!). En la entrada cada vez hay más gente y empieza a ser agobiante. Cuando abren nos separamos un poco, pero me quedo blanca cuando a los que van delante les piden el carnet de estudiante. Saco mi carnet de alberguista como si fuera una placa de policia que de acceso a cualquier lugar y se lo entrego junto con mi DNI para que vea la foto. Cuando paso por el arco de seguridad me tiembla todo el cuerpo. Nada más entrar vamos a ver el tesoro de Tutankhamon y para mí es por lo único que vale la pena entrar al Museo. Lo demás está todo desordenado. Parece un almacén con cosas por medio. Sin explicaciones de ningún tipo de si estás viendo una tumba de hace siglos o un trozo de muro que se cayó hace unos años y que nadie se molestó en arreglar. Si volviera a El Cairo no volvería al Museo.

Cuando salimos después de un rato dando vueltas por el almacén que es el Museo, caminamos por las calles en busca de cosas interesantes para ver, pero como es fiesta está todo cerrado y decidimos irnos al barrio copto. Decidimos ir en metro y buscamos la estación más cercana. El precio del billete es irrisorio y aún así creemos que es más bajo y que nos han timado. Llegamos al andén y vemos que hay vagones de chicas solamente. Como somos un grupo mixto decidimos ir todos juntos en un vagón, pero cuando llega el metro y vemos cómo van de llenos los vagones, y cómo nos miran los chicos que hay dentro, decidimos correr y coger uno de mujeres. Potter corre detrás nuestra porque no sabe a dónde vamos y por un momento pensamos que se queda fuera y que nos vamos sin él. En el último momento reacciona y salta dentro del vagón que está al lado del nuestro.

La experiencia de viajar en el vagón de mujeres es de las que más me ha gustado hasta ahora pero no sé explicar porqué. Todas las mujeres y niñas nos miran como si estuvieran de visita en el zoo y fuéramos la atracción principal. Nos miran fijamente, sin importarles que nos estemos dando cuenta de que somos observadas, sonríen al vernos y algunas hasta intentan entablar conversación. "What's your name?" es su pregunta preferida y nos la hacen a todas. Una por una. Cada vez que una de nosotras dice su nombre se empiezan a descojonar de risa y pasan a preguntar a la siguiente: "What's your name?" Cuando se bajan las niñas que nos estaban preguntando los nombres me doy cuenta de que todo el vagón tiene la cabeza vuelta hacia nosotras. ¡Y nosotras escondiéndonos para mirar a las mujeres que van con velo!! Pues de eso nada. ¡Se acabó! Ellas nos miran y yo aprovecho para hacer lo mismo. Como no saben español para preguntar lo que quieren saber de nosotras, se limitan a mirar y a sonreír cuando las pillamos mirando.

Salimos del metro justo en la entrada del barrio copto y empezamos nuestro tour de la mañana. Lo cierto es que ver iglesias no es lo que más me llama la atención en estos momento, pero es lo que toca hoy. Damos un paseo agradable por el barrio y nos encontramos con gente que se quiere fotografiar con nosotros de nuevo. El primer niño que me lo pide se lleva una negativa bien rotunda porque pensaba que quería cobrarme por la foto. Es lo que tiene no hablar el mismo idioma. Poco después Sandra me dice que he sido un poco seca y me hace ver que le he entendido mal. Me siento fatal. Seguimos paseando y nos "hacemos amigos" de un grupo de chicas y de chicos (por separado ellas y ellos) y nos hacemos fotos con todos. Pasamos un rato muy divertido mientras "hablamos" con un matrimonio y sus hijas que quieren fotos con nosotros. Después de un rato el marido dice que quiere fotos él solo con cada una de nosotras. A estas alturas está claro que estamos en una gran parte de los facebook de los egipcios pero no nos importa demasiado. El grupo de chicos se pone a hablar de fútbol con Potter, Santi y Javi y al final Potter se lleva dos besos de uno de los chicos. Hasta el momento es el único que se ha llevado dos besos puestos.

Nos sentamos a comer en una terraza que creo que no pasaría los controles de higiene españoles. Estamos rodeados de gatos por todas partes y se pasean por alrededor de nuestra mesa mientras esperamos la comida. Nuestra idea es sentarnos, comer y seguir camino, pero tardan tanto que nos empieza a entrar el bajón y cuando terminamos de comer perdemos dos unidades. Silvia y Mara deciden ir al hotel a descansar. Nos separamos a la salida del barrio copto. Ellas cogen un taxi y nosotros damos una vuelta por la orilla del Nilo. Nos metemos en pleno centro y enseguida nos damos cuenta de que somos los únicos occidentales que andamos por allí. Nos miran con curiosidad y en un momento dado parece que unos chicos nos están siguiendo, pero si realmente lo hacían fue por la novedad, no porque quisieran hacernos algo. Después del paseo nos decidimos a coger un taxi pero no encontramos ninguna cafetera en la que entremos todos por lo que nos decidimos por viajar tres en cada coche. En el primero vamos Sandra, Santi y yo. Javi, Potter y Ana se supone que cogerán otro en breve porque hay muchos y hay unos chicos jóvenes nogociando por nosotros. No nos piden dinero, sólo quieren ayudarnos. Según cuentan después han parado varios taxis antes de encontrar uno adecuado para ellos. Llegamos al hotel y esperamos en la recepción a que llegue el otro taxi. Tardan demasiado y Sandra empieza a impacientarse un poco. Santi dice no estar preocupado pero después confesará que un poco inquieto sí que estaba. Yo soy la única que está tranquila entonces. Llegan después de un buen rato y nos cuentan que su taxi les ha llevado a un hotel que está en otro lado de la ciudad. En nuestro taxi pasamos un buen rato a costa del taxista. No habla español ni inglés. Nada más entrar en el taxi se pone a hablar por teléfono con alguien y después de un rato de conversación le pasa el teléfono a Santi (que va de copiloto) para que negocie con la persona que está al otro lado. Santi le cuenta a donde vamos y le devuelve el teléfono. Al momento el taxista le devuelve el teléfono para que negocie el precio. Todo esto sin perder la sonrisa. En la foto se puede ver al taxista hablando por teléfono. Al final llegamos a un acuerdo de camino al hotel.

Subimos a ducharnos y salimos a buscar un taxi para llegar a las pirámides. Vamos a ver el espectáculo de luces y sonido que hoy es en español. Negociamos con el taxista ida y vuelta por 55LE y nos metemos en la cafetera. Sacamos las entradas y esperamos a que dé la hora de entrar. Hace bastante fresco y el espectáculo dura una hora. Antes de empezar Javi me dice que si voy a hacer a algún video que se lo diga para no tenerlos repetidos. El problema es que los vídeos están prohibidos, así que se produce una situación un tanto absurda cuando me dice a gritos (teníamos más gente entre nosotros) que si voy a hacer un vídeo que no diga "vídeo. Dí mejor, ¡COLIFLOR!" me dice en un castellano alto y claro delante de todo el público hispanohablante. El espectáculo al principio es bonito. Iluminan las pirámides y la esfinge, pero empiezan a contar la historia de las tres pirámides como si fuera un teatro y se empiza a hacer aburrido. ¡Ojalá se hubiera estropeado el sonido! Se puede sacar alguna foto bonita, pero para mí no merece la pena pagar por verlo.

Cuando salimos vamos a buscar nuestra cafetera y no la encontramos. Nos encontramos con el taxista de ayer y nos dice que por 25LE nos lleva y que además puede quedarse todo el día siguiente con nosotros por un módico precio. Le decimos que habíamos quedado con el otro taxista y que vamos a esperarle. Cuando después de 10 minutos no aparece nuestra cafetera decidimos irnos con éste. Quedamos con él para la mañana siguiente por si Mara y Silvia no han encontrado un taxi pero no le prometemos que vayamos a ir con él.

Cenamos algo rápido en un bar del hotel. Mara y Silvia aparecen un poco antes de irnos a la habitación. Nos dicen que ellas van a ir con un taxista que han conocido a través de unas chicas que han conocido en el viaje y que si queremos puede contratar a un amigo suyo. Resulta que su amigo es al que hemos dicho que venga mañana por la mañana. Decidimos que mañana queremos ir por libre nosotros seis y Mara y Silvia que quieren ir con el taxista todo el día, así que mañana en principio no hemos quedado.

Llevamos mucho levantados y estamos que nos caemos. Nos vamos a la cama que hay que descansar.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Egipto Mágico - Día 5

Día 5 - Martes, 16 de noviembre de 2010

Nos levantamos otra vez temprano. Hoy es el último día que iremos de la mano de un guía porque no hemos contratado las excursiones de El Cairo. Veremos a Aiman en las pirámides y después cada uno se irá por su camino.

Desayunamos en el buffet del hotel y nos damos cuenta tarde de que tendríamos que haber bajado antes para poder comer todo lo que queremos comer. En el barco no hemos comido demasiado bien así que cuando vemos el desayuno del hotel, en el que hay para elegir más cosas de las que somos capaces de comer, nos arrepentimos de no haber madrugado más.

Hemos quedado con Mustafá a las 8:00 para que nos deje con Aiman. De los 18 que comenzamos en el grupo sólo quedamos 8. Nosotros seis, Silvia y Mara. Hace medio día que no vemos a Aiman, pero parece que hayan pasado días enteros. Llegamos a la puerta del recinto de las pirámides bastante pronto, pero aún así hay bastante gente ya. Entramos con el minibús y hacemos dos paradas. En la primera tenemos una buena vista de Kefrén y nos hinchamos a hacer fotos.


Además aprovechamos para entrar al interior de Micerinos ya que no hay demasiada gente. Potter y Ana se quedan fuera pero los demás entramos sin pensarlo. Dentro no se puede hacer fotos por lo que no puedo enseñarlo, pero se trata de un pasillo, algunos dirán que estrecho, con el techo bajo –hay que ir agachado todo el tiempo- y con una inclinación importante hacia abajo. El suelo son tablas de madera con topes alargados a modo de escalón. Gracias a estos últimos no estamos hablando de un tobogán porque ¡joder cómo resbala la madera! Aunque cuando estamos bajando no hacemos más que pensar en la subida, nos sorprendemos al darnos cuenta de que subir es mucho más fácil y ¡cómodo! que bajar.

Subimos con el minibús hasta llegar a un mirador desde donde se ven las tres pirámides pero no estamos demasiado tiempo. Vamos a ver la Esfinge y nos encontramos con unas niñas pequeñas que se quieren fotografiar con nosotras. Estamos tan acostumbrados a que nos pidan dinero por hacerse fotos con nosotros que les digo que no, que no tengo dinero para darles. Aiman me dice que no quieren dinero, que sólo quieren salir en las fotos así que al final posamos todas juntas. En la foto de la derecha podéis ver a las cinco niñas. Todas eran preciosas pero la pequeña que va de naranja superaba a las demás con creces.

Cuando terminamos la visita volvemos al minibús y nos llevan a una tienda de papiros para que veamos cómo se hacen. Después de la tienda de perfumes ésta es la siguiente encerrona. Nos explican el proceso para conseguir el papel tal y como lo conocemos y después nos venden papiros auténticos. Creo que todos compramos alguno. A la salida nos despedimos de Aiman. Hemos intentado tantearle para que se quedara con nosotros el resto de los días, pero nos dice que no puede trabajar fuera de la agencia así que nos despedimos de él. Le dice al conductor del minibús que nos deje en un cruce concreto que hay de camino al hotel para que podamos coger un taxi hacia Saqqara. Cuando se va nuestro minibús sentimos por un momento sensación de desamparo, pero nos ponemos las pilas rápido para que no se nos echen encima todos los taxistas. Conseguimos encontrar a un taxista que habla inglés y negociamos el precio para ir y volver a Saqqara y que además nos lleve por dentro del recinto. Paramos otro taxi que no habla nada ni de inglés ni de español y conseguimos que entre los dos lleguen a un acuerdo. Se supone que el que habla inglés le ha dicho cual es el precio que vamos a pagar y al otro le parece bien así que nos dividimos entre los dos taxis (Potter, Mara, Silvia y yo en uno y Santi, Javi, Ana y Sandra en el otro). Después de un camino de media hora en el que pensamos más de una vez que es posible que nos quedemos tirados con el coche, llegamos a Saqqara. A mí personalmente no me llama mucho la atención, pero la experiencia del taxi y de llegar nosotros solos hasta allí sí me ha gustado así que me quedo con eso. En Saqqara entramos en otra tumba y esta vez entramos todos. Mario ya había estado y les dijo a Ana y a Potter que no agobiaba demasiado así que se animó a entrar. A la vuelta volvemos a dividirnos en los taxis y nos vamos directamente al hotel. Cuando llegamos nos toca discutir con el taxista que no habla inglés porque quiere que le paguemos lo que marca el taximetro. Le decimos al otro que le explique que el trata era pagarle el precio acordado pero se lava las manos diciendo que cada uno cobra de una manera. Él aceptará lo que hemos pactado, pero dice que el otro quiere lo que marca el taximetro. Realmente no es dinero para nosotros, porque allí las libras valen muy poco, pero me jode que nos haya engañado. La mayoría está de acuerdo en que el taxista que habla inglés venga a buscarnos también mañana, y le decimos que vuelva pero yo no estoy nada de acuerdo porque creo que ha sido él quien tiene la culpa del "malentendido". Como estamos en una democracia, gana la mayoría.

Subimos a dejar las cosas a la habitación y después comemos en un italiano que está dentro del hotel. Comemos bastante bien, por cierto. Mara y Silvia se van a comer a un sitio típico que está cerca y quedamos en vernos más tarde. Después de comer subimos a cambiarnos de ropa con la intención de bajar a la piscina un rato. Me pongo el bikini y la chilaba encima y llego justo para ver los últimos rayos de sol ponerse. Hace frío y nos metemos al hall del hotel. Volvemos a subir a la habitación, nos duchamos, nos cambiamos de ropa y volvemos a bajar al hall. Buscamos un taxi para los ocho (de ahora en adelante cafetera) y después de cerrar el precio en 25LE vamos a ver la zona de las pirámides de noche.

Esta mañana Aiman nos ha dicho que desde el Pizza Hut que hay enfrente de las pirámides se puede ver el espectáculo de luz y sonido, y que si además coges sitio en la terraza puedes oirlo también. Mara, Silvia y Ana suben para ver si hay sitio en la terraza y cuando vuelven nos dicen que no se ve absolutamente nada porque han colocado un cartel, con su correspondiente foco, justo enfrente de la ventana del Pizza Hut. Además hay que pagar un plus por estar en la terraza. Damos una vuelta para ver las tiendas pero como no vemos nada para comprar y el hambre comienza a hacer acto de presencia nos metemos a cenar al Pizza Hut. Eso sí, nada de terraza.

Llegamos en cafetera al hotel (más concretamente la que se ve en la foto) y Santi nos regala una de las mejores anécdotas del viaje cuando va a sacar dinero del cajero. Es una situación bastante graciosa si la vives en primera persona, pero contada me temo que no hará tanta gracia. El caso es que la pantalla del cajero es táctil y no parece ser muy sensible al tacto, por lo que Santi se lía a dar toquecitos para que le coja la opción que quiere marcar. Cuando al aparato le da por reaccionar va pasando de pantalla en pantalla cogiendo siempre como opción válida la que está en el sitio en el que Santi ha estado insistiendo con los toquecitos hasta que llega a la última que dice: Procesando. Ya no hay vuelta atrás y no sabemos a ciencia cierta si ha sacado 3 € ó 3.000€ porque casi no nos ha dado tiempo de verlo. Lo más curioso es que ha sacado la cantidad justa que había calculado que quería sacar. Eso sí. Lo ha hecho en un tiempo récord.

Después de un buen rato de risas en el hall del hotel subimos a la terraza para tratar de ver las pirámides iluminadas. Ayer por la noche, antes de que nos trajeran el sandwich más malo del mundo a la habitación, Santi y yo subimos para verlas, pero estaban completamente a oscuras y era imposible encontrarlas. Hoy las hemos podido ver un poco.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Egipto Mágico - Día 4

Día 4 - Lunes, 15 de noviembre de 2010

Hoy es el último día en el barco. Salimos por la mañana temprano como no puede ser de otro modo. Las maletas se quedan en la puerta porque ya no podemos volver a nuestros camarotes después de la excursión. Un minibús nos espera en la puerta del barco para llevarnos de un lado a otro. La primera visita que realizamos es al Valle de los Reyes donde vemos tres tumbas. Maite y Mario, una pareja de Lérida con la que hemos coincidido en todas las excursiones, le han dicho a Ana en qué sitios podrá entrar en el Cairo sin agobiarse mucho porque tiene claustrofobia, igual que Mario. En el Valle de los Reyes sólo hay una tumba que puede agobiar un poco, pero aún así Mario y Ana se deciden a entrar. Para llegar a esta tumba tenemos que subir por unas escaleras que parecen salir de la propia montaña. Una vez arriba hay una entrada con escaleras hacia abajo que lleva al interior de la tumba. Para que Ana no se agobie mucho decidimos dejarla hueco en la escalera tanto por delante como por detrás. En el interior hace mucho calor, pero no es nada que un buen abanico no pueda solucionar.

Seguimos la visita por el Valle de los Reyes viendo el templo Al-Deir Al-Bahari. Después de un rato de explicaciones a pleno sol, Aiman (en la foto de la derecha con carpeta naranja) nos da tiempo libre para las fotos. Creo que de los días que llevo aquí (aunque parezca que llevamos semanas, sólo llevamos días) hoy es el más caluroso de todos. Nos hacemos las fotos de rigor y cotilleamos por el templo antes de volver al trenecito que nos llevará a nuestro minibús. Paramos a comprar agua y coca-cola y por poco no nos llevamos el aplauso del grupo por llegar tarde.

El minibús nos deja en la orilla del río, donde cogemos una “patera” que nos acerca al templo de Karnak. Es un complejo muy grande lleno de unas columnas muy impresionantes y un par de obeliscos. La atracción principal es en un escarabajo gigante (el más grande encontrado hasta el momento) al que hay que pedirle un deseo y dar siete vueltas a su alrededor para que se cumpla. Después de hacer el ritual completo a Santi se le ocurre la feliz idea de hacer la conga alrededor del escarabajo. Silvia y Mara están de acuerdo con él al 100%, Potter se niega en rotundo y los demás nos mostramos de acuerdo pero con reservas. Comenzamos a hacer la conga, canción incluida, y después de la primera vuelta una señora nos regaña por no mostrar respeto. Lo cierto es que razón no le falta –la canción ha sido demasiado para mí también- pero ya está hecho y hay que apechugar.

A estas horas estamos bastante reventados. El calor es bastante intenso, hemos madrugado mucho y estamos cansados. La parte final de la excursión no la disfrutamos demasiado a causa del agotamiento. El último templo que visitamos es muy bonito también, pero lo vemos demasiado rápido por eso de que cuanto antes lo veamos antes nos vamos. En esos momentos lo que queremos es irnos a descansar.

La última parada la hacemos en una perfumería. Una pequeña encerrona para que compráramos perfumes, pero como nos metieron en una habitación bien iluminada, con aire acondicionado y con un refresco no nos importó demasiado.

De vuelta en el barco comemos en el buffet y nos hacemos con una de las habitaciones de cortesía que nos ofrecen. La 117 ó 116, no recuerdo bien. Nos duchamos y nos cambiamos de ropa todos en un tiempo record. Sandra y yo nos pasamos a recoger nuestras compras del día anterior a la tienda de Carlos. Está de resaca según nos cuentan las niñas de Málaga así que pagamos y nos marchamos sin mucho demorarnos. Como decía Aída, hoy no tiene el chichi farolillos.

Nos sentamos en el bar con Maite y Mario a charlar mientras esperamos a que nos vengan a buscar para ir al aeropuerto. Nosotros seis, Silvia y Mara volamos en un rato a El Cairo, pero Maite y Mario se van en dirección completamente opuesta. Nos despedimos de ellos cuando vienen a recogerles y nos quedamos los ocho hablando de lo que nos espera los próximos días. A nosotros vienen a buscarnos poco después. Un señor la mar de estresado nos acompaña en autobús al aeropuerto y nos ayuda a la hora de sacar los billetes. Yo voy tranquila, pero hay quien piensa que nuestras maletas no van a llegar ni de coña a El Cairo.

El vuelo es muy bueno. Tranquilo. Veo las pirámides por primera vez desde el aire pero son tan pequeñas que no me impresionan demasiado. Eso sí, alucino con el tamaño de la ciudad. Es de noche, por lo que lo único que se ve es la ciudad iluminada. Tanto mejor. Más bonito.

Cuando aterrizamos nos está esperando Mustafá para llevarnos al hotel. Mustafá es un chico jovencito, muy elegante, que nos deja en el hotel y dice que vendrá a buscarnos al día siguiente a las 8 de la mañana para dejarnos de nuevo con Aiman, que no ha podido volar con nosotros, para ver las pirámides. Nos llevan de nuevo a los ocho en un minibús hasta el hotel. Llegamos con ganas de comernos el mundo, pero cuando ponemos los pies en el hotel nos da el bajón y lo único que nos comemos es un sándwich, malo con avaricia para más señas, del servicio de habitaciones mientras vemos Destino: España en la 1 internacional. Nos damos una ducha rápida y nos metemos en la cama. No recuerdo el momento en que pongo la cabeza en la almohada.

martes, 23 de noviembre de 2010

Egipto Mágico - Día 3

Día 3 - Domingo, 14 de noviembre de 2010

Hemos dormido algo así como seis horas. Llevamos sólo un día haciendo excursiones y parece que llevemos una semana entera. Nos levantamos temprano para poder visitar el templo de Edfú a primera hora y poder llegar antes a nuestro destino de hoy. Aiman se curra la explicación del templo utilizándonos a la gente del crucero como protagonistas de la historia de Horus y Seth, los dioses del bien y del mal. Después tenemos tiempo libre para cotillear el templo y hacer fotos.

Algo que me llama mucho la atención es que, según la historia, los cristianos que llegaron después de que el templo fuera construido quisieron eliminar las imágenes religiosas (según ellos paganas) de la manera más absurda. Primero destruyeron sus caras para que no les pudieran mirar, más tarde decidieron que destruirían los pies para que las imágenes no pudieran andar y atraparles, y por último destruyeron sus manos por miedo a que pudiesen agarrarles y hacerles daño. El resultado de tanta ignorancia podéis verlo en la foto de la derecha.

A la salida del templo nos pasamos por alto el mercado por miedo a que nos atosiguen. La experiencia de anoche nos ha dejado muy marcados a todos y no nos sentimos con fuerzas de repetirlo por ahora. Llegamos casi corriendo al autobús y cogemos sitio mientras esperamos a los estadounidenses que llegan tarde. Siguiendo con la costumbre de aplaudir a los más tardones decidimos que los americanos se tienen que llevar una ovación cuando suban al autobús. Como ya nos conocen de la noche anterior reciben los aplausos divertidos y con resignación.

Cuando llegamos al barco nos enseñan una muestra de las pulseras, colgantes y demás abalorios que vende Carlos -estoy segura al 120% de que no es su verdadero nombre- en la tienda del barco. Casi todos queremos un recuerdo de Egipto y teniendo en cuenta la experiencia de anoche no queremos arriesgarnos a comprarlo fuera. Nos sale más caro que en la calle, pero a mí no me importa. Los demás prefieren no pensar en ello. Sandra, Mara, Silvia y yo nos tiramos un buen rato negociando los precios con Carlos hasta que cada una cosigue su "precio especial" Cuando terminamos subimos a cubierta y nos tiramos en las tumbonas a no hacer nada durante un rato. Intento bañarme en la piscina un rato, pero la temperatura del agua parece una broma de mal gusto y no aguanto mucho dentro.

Después de comer tenemos que pasar la esclusa, lo que provoca que nos retrasemos mucho en nuestro viaje. Aquí dos cosas llaman mi atención: una, otra vez los niños que les ves que hacen cualquier cosa por una moneda o por algún regalo (en la foto de la izquierda se les ve en el agua al lado de nuestro barco pidiéndonos a los turistas). Y dos, el funcionamiento de la esclusa. Nunca había visto cómo funcionaba y me pareció muy curioso (Otro día intentaré subir los vídeos porque hoy lo he intentado y no me lo permite)

Después de pasar la esclusa nos tumbamos para disfrutar de los últimos rayos de sol del día y merendamos en cubierta. Aiman nos comenta la posibilidad de hacer una excursión nocturna por Luxor y nos apuntamos todos. La excursión incluye desplazamiento hasta el centro, paseo en calesa por un mercado y té y cachimba en una tetería. El paseo en calesa es de lo mejor que he visto hasta ahora. No me arrepiento para nada de haber cogido la excursión (a pesar de que nos han timado con el precio) porque gracias al paseo vemos Egipto en estado puro. Sus gentes, sus miserias y su forma de vivir.

Nos acostamos otra vez tarde sabiendo que mañana tenemos que madrugar de nuevo. A este ritmo no sé si llegaré al viernes que viene.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Egipto Mágico - Día 2

Día 2 - Sábado, 13 de noviembre de 2010

No sé si es por la presión de saber que tenía sólo dos horas para dormir, pero el caso es que no duermo nada. El teléfono suena a la 1:45 en punto y me levanto para comenzar el día. Vamos al bar para tomar café y/o té con pastas -aunque las pastas se han debido de quedar dormidas porque no aparecen- y para recoger una bolsa con un pequeño piscolabis para el desayuno. Son las 2:30 y estamos todos en la recepción menos Mara y Silvia así que nos ponemos de acuerdo en aplaudirlas cuando lleguen por eso de ir rompiendo un poco el hielo y así lo hacemos cuando llegan. Parecen cortadas pero no les sienta mal.

Nos dicen que podemos coger las almohadas de nuestra habitación para dormir en el autobús, pero a mí, personalmente, no me sirve de nada. Son almohadas grandes y mullidas y si tratas de ponerlas detrás del cuello acabas con una inclinación de cabeza tal que parece que le estés haciendo una reverencia al Papa y a los reyes al mismo tiempo. Al final la mayoría de gente acabamos abrazados a la almohada y usándola de manta para no resfriarnos con el aire acondicionado del bus.

Vemos amanecer de camino a Abú Simbel y le metemos mano a la bolsa del piscolabis para hacer algo de tiempo. El desayuno -o como queráis llamarlo- se compone de unos bollitos tipo medias noches rellenos con jamón -o algo así porque jamón lo que se dice jamón no es. Eso seguro-. Un zumo de guava -más malo que el hambre- y un plátano.

Llegamos a Abú Simbel sobre las 7 de la mañana -quizás un poco más tarde-. Aiman nos explica la historia de Ramsés II y después nos deja tiempo libre para hacer fotos y visitar los templos. Por dentro es bonito, pero no es comparable al exterior.

Estamos en el desierto y tenemos alrededor de 35 grados; eso sí, dentro del templo la temperatura sube varios grados. Un gran acierto haber traido abanicos.

Sobre las nueve de la mañana cogemos el autobús de nuevo para visitar una presa, que a mí personalmente no me dice nada, y también el obelisco inacabado. Ambas excursiones son completamente prescindibles bajo mi punto de vista.

Después nos dirigimos a unas motoras que nos acercan al poblado Nubio. Durante el trayecto un niño nubio nos canta varias canciones y nos da plátanos que comemos encantados. Aquí es donde empiezo a tener conciencia de la situación de los niños egipcios que trabajan para sacar algo de dinero, ya sea con la venta de productos típicos realizados a mano (en teoría) o pidiendo directamente dinero bajo cuerda. En este caso el niño de doce años que nos acompaña en la motora, nos ameniza con canciones y bailes y nos vende la mercancía que trae preparada en una bolsa. Yo, como soy una presa fácil para esto de las compras, caigo y compro dos figuritas de madera: un elefante y un hipopótamo.

La parte final del trayecto la hacemos en camello todos menos Ana y Potter que parecen no tener mucha confianza en los animalitos. Acabo con las manos cansadas de sujetarme a la silla del camello pero contenta por la experiencia.

En el trayecto en camello me hacen mi segunda proposición de matrimonio, la cual rechazo con amabilidad. Ya conté ayer que los ojos azules les llaman la atención mucho. Pues bien, gracias a ellos he tenido más propuestas que en toda mi vida.

Una vez en el poblado nos enseñan el patio de una casa nubia, sus mascotas -varios cocodrilos y una tortuguita-, nos hacemos un tatuaje de henna, nos invitan a té y nos dan la posibilidad de coger un cocodrilo. Ni que decir tiene que yo quiero cogerlo.

A estas horas ya no sabemos cuántos días llevamos en Egipto. Nos parece llevar por lo menos tres días, pero sólo llevamos horas. Muy intensas, pero sólo horas. Son las tres de la tarde, llevamos más de doce horas levantados y sin parar de hacer cosas y las fuerzas comienzan a flaquear. En la motora no hacemos más que pensar en la comida y en las tres horas de descanso que nos van a dar antes de bajar en el siguiente puerto.

Comemos solos porque el resto del barco no ha hecho la excursión y ya ha comido; después subimos a cubierta para ver la puesta de sol. A las cinco nos dan la merienda: té y/o café con bollo.

Poco más tarde llegamos a un nuevo puerto y bajamos para ver el templo de Kom Ombo de noche. Después de un rato de explicaciones varias Aiman nos da tiempo libre para hacer fotos y dar una vuelta por la zona.

Esta noche tenemos una fiesta de disfraces en el barco y vamos a los puestos del puerto para comprar las chilabas. Regateamos los precios tal como nos han dicho que hagamos, pero los vendedores se ponen bastante agresivos a la hora de vender y nos cuesta un buen rato cerrar el trato. No me gusta la experiencia del regateo y agradezco entrar de nuevo en el barco. Tengo mi chilaba pero he pasado un mal rato bastante importante y pienso que si tuviera que hacerlo de nuevo compraría el disfraz en el barco, con mucha menos presión y seguramente más barato.

Nos cambiamos para la cena y nos damos cuenta de que somos los únicos disfrazados. Cuando la gente nos ve comienza a animarse y poco a poco se van disfrazando. Después de la cena nos juntan a todos los grupos en el bar y empezamos la fiesta. Estamos españoles por un lado y estadounidenses por otro, pero pasados los primeros momentos de la fiesta nos juntamos todos. Los españoles, que básicamente éramos nosotros seis y las niñas malagueñas, decidimos que la fiesta termine a eso de las once de la noche. Llevamos 21 horas levantados y consideramos que va siendo hora de irse a dormir. Mañana nos espera un día tranquilo, pero lo comenzamos madrugando otra vez por lo que no podemos demorarnos mucho para acostarnos. Los demás no sé, pero yo no veo el momento de meterme en la cama.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Egipto Mágico - Día 1

Día 1 - Viernes, 12 de noviembre de 2010

Me levanto a las 6:45, lo que significan 15 minutos más de sueño que si fuera a ir a trabajar. El avión sale a las 11:25, pero mis compañeros de viaje se han empeñado en salir tres horas antes de casa. Pues nada, ¡qué se le va a hacer!. Sandra, Javi (Potter) y Ana suben a casa mientras termino de desayunar. Cierro la maleta con las últimas cosas pendientes dentro y bajamos al coche. Javi aparece en la calle y Santi un poco después por las escaleras que dan a nuestro aparcamiento. Llegamos al aeropuerto, nos presentamos en el mostrador y nos dan los billetes de avión para los tres vuelos que vamos a realizar durante la semana de viaje junto con el itinerario y una mini guía de Egipto.

Facturamos, pasamos el control de la policía y nos sentamos a esperar. Lo único bueno que tiene haber madrugado tanto es que por fin podemos hablar del viaje a Egipto. Llevamos semanas sin coincidir todos juntos y aprovechamos para organizar el plan de viaje. Apuntamos números de teléfono de distintos taxistas "de confianza" de El Cairo y también el de un taxista que nos lleve a Abú Simbel al día siguiente. Se puede ir con excursión organizada pero es mucho más caro. Al final, después de una hora de charla no decidimos gran cosa y quedamos en que cuando lleguemos a Egipto veremos qué hacemos.

Tenemos un vuelo muy bueno hasta Aswan, a donde llegamos completamente de noche. Allí nos está esperando el representante de la agencia que nos ayuda con los visados. Pasamos sin problemas por el control de policía y yo consigo mi primer sello en mi pasaporte. Espero que no sea el último.

Una vez fuera del aeropuerto, subimos a un autobús en el que nos está esperando un guía que nos explica las excursiones que podemos hacer esos días y que nos dice qué frases no quiere oír durante las excursiones. A saber, "Qué sueño", "Qué calor", "Quiero echarme la siesta" y "Estoy cansado". Cuando llegamos a nuestro barco nos deja en manos de Aiman, nuestro guía para los próximos días.

Antes de ir a nuestros camarotes vamos al bar con Aiman para que nos explique todo con más detalle. Ahí conocemos a Mara y a Silvia, dos niñas de Málaga con las que pasaremos momentos muy divertidos. El barco nos invita a una bebida típica (¿¡Cómo es posible que ya me haya olvidado de su nombre!?) y Aiman nos pregunta si queremos la excursión de Abú Simbel del día siguiente. Tenemos que pensarlo (más que nada queremos intentarlo por nuestra cuenta para no pagar el dineral que cuesta la excursión organizada) y quedamos en decírselo a la hora de la cena. Cada uno va a su camarote para dejar las cosas y en unos minutos nos reunimos de nuevo en la recepción del barco. Salimos los seis con la idea de buscar un hotel donde contratar el viaje más barato pero el tiempo se nos echa encima y decidimos que nos cobren el plus de pardillo en esta excursión (así es como llamamos a los gastos imprevistos en los viajes que hemos organizado otras veces. Por un lado o por otro siempre lo pagamos).

Después de la cena en el buffet del barco volvemos al bar para pagar la excursión. Mara y Silvia ya lo han cogido también así que las veremos también mañana. Se despiden de nosotros hasta dentro de unas horas y nosotros subimos a la cubierta para ver Aswan de noche desde el Nilo.

Santi, Javi y yo decidimos que es pronto para irse a la cama y nos vamos a pasear por el mercado de Aswan. Es el primer contacto directo con los egipcios y estamos encantados. Todo nos llama la atención a nosotros y a todos llamamos la atención nosotros, en especial una servidora. Hombres y mujeres no se cortan a la hora de mirar mis ojos azules, mi camiseta "escotada" y mi pelo (más claro que el suyo). Entramos en el mercado donde hay todo tipo de productos y donde nos ofrecen todo lo que tienen. Rechazamos todo con una sonrisa y deshacemos el camino andado para volver al barco. Son las 23:00 horas o quizás un poco más tarde y a la 1:45 nos tenemos que levantar para ir a Abú Simbel.

Santi que es el más arriesgado se lava los dientes con el agua del grifo; yo, que quiero evitar enfermedades lo hago con agua mineral. Nos metemos en la cama y tratamos de dormir un rato.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Egipto Mágico y lavado de cara del blog

Es posible que el viaje a Egipto y pensar en todo lo que quiero escribir sobre lo que he visto y vivido en una semana me haya hecho ponerme las pilas con el blog que tan abandonado tenía últimamente. Llevaba tiempo queriendo cambiar el aspecto del blog y hacerlo un poco más atractivo para la gente que pasáis por aquí a leerlo, pero nunca me decidía a hacerlo sobre todo por miedo a perder ciertas cosas que perdí cuando hice el cambio en el blog que tengo de libros. No quería que me ocurriera lo mismo con éste. El caso es que hoy me he liado la manta a la cabeza y me he puesto manos a la obra. ¡¡Ahora sólo espero que os guste!!

Egipto mágico es el nombre del paquete turístico que cogimos para conocer Egipto y lo cierto es que mágico es una palabra que lo describe bastante bien.

Llevábamos mucho tiempo hablando de hacer un viaje a Egipto pero nadie parecía decirlo demasiado en serio. Todos teníamos claro cuándo hacerlo, pero el tiempo empezó a echarse encima y no se había decidido nada por lo que todos, en nuestro interior, pensamos que ya no se haría el viaje este año. La verdad es que todos hicimos bastantes malabares con nuestros días de vacaciones para poder coincidir y finalmente conseguimos cerrar la fecha del 12 al 19 de noviembre.

He de reconocer que el hecho de llevar gran parte del viaje organizado hizo que no mirase absolutamente nada antes de salir de Madrid sobre lo que iba a ver en Egipto. Y ya que me estoy sincerando es justo decir también que una vez allí tampoco he mirado gran cosa y me he dejado llevar por mis amigos de un lado a otro. Eso sí, no se me ha ocurrido quejarme en ningún momento de las decisiones tomadas. Bueno, a lo que voy que ya empiezo a irme por las ramas. No habíamos organizado nada del viaje y aún así creo que no ha podido salir mejor de lo que ha salido.

Mi idea cuando escribí el último post antes de las vacaciones era contar a la vuelta todo sobre el viaje en un solo post, pero el primer día me dí cuenta de que no sería posible hacerlo de una sola vez así que me he decidido a hacerlo a post por día. Es lo menos que se merece un viaje como este.
Os dejo con unas fotos elegidas al azar de mi cámara que espero que os sirvan para abrir boca porque os espera una buena tanda de lectura sobre Egipto.

martes, 9 de noviembre de 2010

Cerrado por vacaciones (otra vez)

Sí, ya sé que hasta dentro de tres días no cogeré la maleta y me iré lejos, muy lejos de Madrid, pero debido a mi falta de inspiración en estas últimas semanas he decidio colgar el cartel de cerrado por vacaciones y dejar de pensar en el blog durante un tiempo (espero que no demasiado) y ver si a la vuelta la inspiración me está esperando detrás de la puerta de mi habitación, sentada en la cama y tamborileando con los dedos sobre la mesilla.


Mi destino esta vez: Egipto
Fechas del viaje: del 12 al 19 de noviembre
Itinerario: crucero por el Nilo y estancia en el Cairo
Ganas: todas
Maleta: sin hacer

sábado, 6 de noviembre de 2010

Erase una vez... un email

Hace unas semanas recibí un correo electrónico a la dirección de mi blog de libros. No era la primera vez que recibía emails en esa cuenta, y espero que no fuese la última, pero me pareció suficientemente original como para mencionarlo en un post.

El email era de un chico que había llegado a Once_upon_a_time... (mi blog de libros) por casualidad y que cotilleando de una entrada a otra llegó hasta Pasaba por aquí (este mi blog personal). Me contó de qué manera había llegado la primera vez y que le había gustado lo que había leído. Cuando me quise dar cuenta estaba leyendo sobre su vida, los viajes que había hecho y sobre los libros que había leído. Y, ¿por qué? Os estareis preguntando. Pues por algo tan simple como que me quería compensar por haber curioseado cosas sobre mi vida y veía justo que también yo supiera algo sobre la suya. Ni más ni menos.

Lo cierto es que el email de Jesús, que así se llama el chico del email, me hizo mucha ilusión. Durante un par de días nos cruzamos varios emails en los que me decía que había seguido leyendo el blog a la par que añadía sus propios comentarios sobre lo que había leído.

Sin embargo con sus emails Jesús consiguió algo más que recordarme algunas historias pasadas hace mucho tiempo y que, todo sea dicho de paso, me gustó revivir; consiguió que me parase a pensar qué son para mí los blogs y qué quiero hacer con ellos.

Sé que hay gente que los lee, pero la mayoría son personas que pasan de puntillas, sin hacer ruido, sin dejar un comentario y, por eso, porque no dejan ningún tipo de rastro o huella, yo continúo escribiendo como si lo hiciera para mí sola. Sin embargo, cuando veo que hay gente que comenta, que se molesta en dar su opinión o en enviar un email como el que mandó Jesús me doy cuenta de que no puedo escribir cualquier cosa que me venga a la cabeza porque sí. No. Tengo que escribir para mí, eso está claro, pero también para que la gente lea lo que escribo y, en la medida de lo posible, que disfrute haciéndolo.

Pues bien, una vez que llegué a esa conclusión me encontré con un gran problema, y es que todo lo que se me ocurría escribir me parecía insuficiente para el blog. Quería escribir algo bueno, algo que gustara pero no conseguía dar con el tema idóneo, así que después de un tiempo pensando y publicando algunos post sin mucho arte me he decidido a escribir de nuevo lo primero que se me viniera a la cabeza. Así, porque sí.

martes, 26 de octubre de 2010

Ha muerto el pulpo Paul

Y según parece el mundo del fútbol está de luto. Que digo el mundo del fútbol, el mundo en general está de luto. Lo pone en internet: la gente está triste. No importa que Haití esté sufriendo una epidemia de cólera. Haití no ganó una copa del mundo de fútbol. No importa que ayer mataran a una chica en un atraco a un banco en lo que ha podido ser un disparo accidental. Ella no le dio el pase a Iniesta en la final. No importa que más de 100 personas hayan perdido la vida en Indonesia y 500 más estén desaparecidas debido a un tsunami. Lo que importa es que el pulpo Paul, el pulpo que le dio la victoria a España en el Mundial de fútbol de Sudáfrica, ha muerto. Pues mira, ¿qué queréis que os diga? No me importa. Y no me parece noticia. No es justo que algo así tenga miles de páginas en internet solo unas horas después de haber muerto el dichoso pulpo y me haya costado encontrar la noticia del tsunami de Indonesia. Sólo dos páginas hablan de el tsunami, así que lo repito a ver si de esta manera creo conciencia...

No es justo.

domingo, 24 de octubre de 2010

Estoy de domingo

Hace días que quiero sentarme a escribir un post, pero todas las ideas buenas que se me ocurren se me olvidan cuando llego a casa y me siento delante del ordenador.

Hoy, pensando en esos temas que tengo pendientes, me he dado cuenta de que no me apetece escribir sobre ellos ahora. Hoy lo que me apetece es escribir sobre nada en concreto; sobre lo primero que se me venga a la cabeza.

El problema es que no me viene nada.

Será que mis neuronas están de domingo.

Porque claro me pongo a pensar en los temas que tenía pensados y, egoístamente, prefiero no tocarlos para no ponerme triste, y para evitar pensar en situaciones como la muerte (y la vida si lo miramos desde el lado un poco más optimista) o problemas sociales como es el bullying (acoso escolar).

Prefiero pensar en cosas más alegres como mis próximas vacaciones en Egipto y todo lo que voy a ver por allí, o en el día que pasamos ayer por el centro de Madrid solo porque mi hermana vio que hacía buen día. Sí, creo que me decantaré por esta última historia.

Para la gente que no me conozca recién levantada, creo que es importante que sepa que puedo ser bastante borde si alguien interrumpe mi desayuno. Me gusta desayunar sola y si hay gente prefiero que no me hable. No quiero conversaciones a esas horas de la mañana. Siempre puede haber excepciones, claro, y algún día puedo levantarme de buen humor, pero por lo general cuando estoy en casa me gusta que sea así. Ayer, cuando estaba a punto de desayunar (completamente sola), me llegó un sms de mi hermana mayor: Stas despierta? Aquí he de decir que la culpa fue mía por coger el teléfono en ese momento y llamarla para ver qué quería. Cogí el teléfono y le dije, con esa amabilidad que me caracteriza por las mañanas:

-¿Es importante? Porque estoy a punto de desayunar.
-No, sólo que he visto que hace muy buen día y que podíamos ir de tapas por el centro para comer.

Un minuto después ya estabamos tramando quien llamaba a quien de nuestros amigos para quedar todos juntos. (Emperatriz, ¡¡te debo unas cañas en el barrio!!)

Quedamos sobre las 14:20 en el centro y comenzamos nuestro particular tour del tinto de verano con limón, el cual, todo sea dicho de paso, cogimos con ganas, así que no es dificil adivinar que tres bares después estábamos casi cantando el Asturias patria querida abrazadas unas a otras (no estamos muy acostumbradas a beber) mientras mis cuñados nos miraban con cara de no se las puede sacar de casa. Sobre las 18:00 de la tarde nos sentamos en la Plaza de Oriente para tomar un heladito y cuando parecía que la tarde estaba muriendo mi cuñado le dijo a mi hermana pequeña:

-Deberíamos irnos ya si queremos ir al Factory.
-Ah! vale, pues vamos todo al factory-. dijo mi hermana mayor.

Sin saber muy bien cómo, nos encontramos los seis metidos en el cercanías, camino de casa de mi hermana para coger el coche e ir de compras a Getafe. Después de las compras estábamos todos deseando llegar a nuestras respectivas casas, pero mi hermana mayor (supongo que ya todo el mundo ha entendido que mi hermana mayor, también llamada Sandra, es una lianta de mucho cuidado) nos invitó a quedarnos en su casa a cenar. Nos obligó a jugar al Súper Mario en la Wii antes y después de cenar y luego nos puso unas fotos mientras nos tomábamos unas copas.

Cuando nos despedimos le dije:

-Hazte a la idea de que mañana no tienes hermana o de que va a estar todo el día durmiendo, como prefieras. Pero ¡¡no me llames!!

Ahora, cuando llame, a ver si me acuerdo de darle las gracias por el día de ayer.

¡Feliz domingo a todos!

domingo, 10 de octubre de 2010

El indomable Will Hunting

Hace 12 años que El indomable Will Hunting se estrenó en el cine y fue entonces cuando la vi por primera vez. Me encantó una escena en la que salían Matt Damon y Robin Williams hablando de cómo este último había conocido a la que después fue su esposa. Esa escena, vista por primera vez y en pantalla grande me puso los pelos de punta. Quizás sea una exagerada, no lo sé, pero el caso es que la recordé durante años. Creo que después de aquella primera vez sólo había vuelto a verla una vez más. Ayer, que tuve una gran sesión de cine en casa, me vi varias películas y entre todas ellas estaba ésta. Y mira tú, que a pesar de que la escena que he comentado hace un momento se quedó grabada a fuego en mi memoria, la escena que esperaba con ansia fue otra muy diferente.

Estaba el protagonista en un bar de la universidad con sus amigos. Él es un chico problemático a más no poder, pero extremadamente inteligente. Sus amigos son problemáticos también y con pocos estudios, con lo que se puede decir que les saca cierta ventaja, aunque no haga alarde de ello. Estaba, decíamos, en un bar de la universidad al que habían ido a ligar y uno de sus amigos entró a dos chicas. Cuando estaba hablando con ellas se acerca el típico chulito de las películas americanas para tratar de ridiculizarle delante de todo el mundo y es cuando tiene lugar la conversación que tanto me gustó y que pongo a continuación por escrito.

Chulito-Pues en eso te equivocas porque Wood subestima drásticamente el impacto de la sociedad...
Will Hunting-Wood subestima drasticamente el impacto de las desigualdades sociales basadas en la riqueza, especialmente la riqueza heredada. Eso lo has sacado de Vickers. El condado de Essex. Página 98, ¿verdad?. Yo también lo he leído. ¿Ibas a plagiar el libro entero o tienes ideas propias... acerca de este asunto? ¿Vas en ese plan? ¿Entras en un bar y sueltas de memoria un párrafo haciendo creer a todo el mundo que es de cosecha propia? ¿Te montas esa historia para impresionar a unas chicas y avergonzar a mi amigo? Lo más triste de todo es que dentro de 50 años empezarás a pensar por ti mismo y te darás cuenta de que sólo hay dos verdades en la vida. Una: que los pedantes sobran. Y dos: que has tirado cien mil pavos en una puta educación que te habría costado un par de dólares por los retrasos en la biblioteca pública.
CH-Sí, pero yo tendré un título. Y tú servirás patatas fritas a mis hijos cuando paremos a comer algo antes de ir a esquiar.
WH- Ja, ja, ja. Es posible, pero yo seré una persona de verdad... Y si eso te supone un problema, podemos salir a la calle y... solucionarlo.
CH- No qué va, ningún problema. Tranquilo.
WH-¿Seguro?
CH- Sí.
WH- Bien.
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He pensado que quizás os haríais mejor a la idea si podías ver el vídeo, así que aquí os dejo el fragmento. Yo recomiendo la película entera, por supuesto, pero eso ya va en gustos.




Como apunte final, sólo quiero comentar que Robin Williams se llevó el Oscar al mejor actor secundario por este papel. Un papel dramático que parecía que no le iba a pegar mucho y que sin embargo, bordó.

La película también tiene el Oscar al mejor guión original.

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