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lunes, 29 de marzo de 2010

Domingo de resurrección


Pues eso, cuidadito todo el mundo estos días con el coche, que lo de la resurrección se guarda nada más que para unos pocos...

¡Buenas vacaciones a todos!

jueves, 25 de marzo de 2010

Estrategias para viajar en autobus

Hoy viniendo de una reunión me he visto en una situación que de vez en cuando se da en los autobuses. Entras y tienes la suerte de que no va muy lleno por lo que te puedes permitir el lujo de buscar el sitio que más te guste. Empiezas a andar por el pasillo descartando posibilidades no sabes muy bien porqué. Llegas a la mitad del vehículo y empiezas a ponerte nerviosa porque ves que al final te vas a quedar con el peor de los sitios. Uno lo descartas porque está en el pasillo, el otro porque un señor ha puesto su maletín encima y por no hacérselo quitar, y otro porque sí o porque no te ha dado tiempo a reaccionar y te lo has pasado de largo. Al final ves uno y te diriges hacia él. "¿Por qué éste?" piensas cuando ya te estás sentando y no hay vuelta atrás "¡Si está en el pasillo (que no querías) y hay un señor muy grande sentado justo al lado y su pierna va a chocar con tu cadera!" Y así pasa, que te sientas en el mejor sitio que has encontrado y te encuentras más atado que si fueras en un coche con dos cinturones de seguridad puestos. Bien encajada entre el señor y el final del asiento. Le miras de reojo (tú sabes que también te está mirando de reojo), sacas tu libro, juntas los codos para no utilizar su brazo de reposabrazos y ves que él tiene la misma postura que tú. Es decir: ridícula. Estudio las alternativas que tengo por encima del libro y cuando veo otro asiento libre (los había a patadas) recojo mis cosas y me dirijo al nuevo sitio. Uno bien amplio, para mí sola y que va de espaldas. Visto lo visto ir de espaldas no es tan malo.

Normalmente cuando estoy en un tansporte público trato de elegir bien dónde me siento. Si puedo elegir prefiero al lado de un chico que de una chica porque las mujeres tenemos caderas y yo sola ya voy servida, por lo que si coincido con otra chica con las mismas caderas que yo lo más fácil es que nos terminemos molestando por estar demasiado cerca. Por supuesto si es un señor o una señora un poco grande también procuro buscar otro sitio para estar más cómoda. Esta regla, la del señor o señora grande, tiene una excepción, y es cuando hace frío y yo no voy suficientemente abrigada. No es que me arrime a la gente o me abrace a ellos, pero el calor humano es el calor humano y quieras o no, lo sientes cuando vas sentada junto a otra persona.

Hoy entre unas cosas y otras he ido hilando recuerdos de otras veces que me ha pasado lo mismo y me he terminado acordando de un día que por poco no me linchan en un autobús. No recuerdo qué época del año era, pero en la calle hacía más o menos buena temperatura. El autobusero llevaba el aire acondicionado a 10 grados y claro, yo que soy friolera, fui a decirle que por favor subiera la temperatura un poco porque hacía mucho frío. Me dijo que lo llevaba a no sé cuántos grados pero que lo que veíamos los pasajeros eran varios grados menos. Le dije que aún así hacía frío y me dijo de malos modos que lo único que podía hacer era quitar el aire. Y yo toda chula le dije: "Pues quítelo" Realmente a mí me daba igual. Para mí mejor claro estaba. Le di las gracias y me dirigí a mi sitio al final del autobús...

...Cuando llegué a mi sitio (como mucho 10 segundos más tarde) empecé a notar mucho calor y vi cómo la gente se estaba quitando la ropa. Primero una cazadora de entretiempo, después una chaquetita. Unos minutos más tarde estábamos todos dándole cuerda al abanico y en manga corta ¡y porque no teníamos el bikini puesto! Porque si lo llegamos a tener nos habríamos quitado toda la ropa. Sólo faltaba el chiringuito sirviendo cañas y el rumor de las olas para que la sensanción de torrarse al sol fuera completa. ¡Qué cabrón el tío! Dice que quitó el aire acondicionado, pero estoy segura de que no sólo lo quitó, sino que además puso la calefacción. El viaje se me hizo eterno, pero no porque tuviera calor (que también) sino porque todo el mundo me miraba de reojo con cara de pocos amigos. Así que nada, ahora cuando tengo que coger el autobús procuro ir siempre abrigada para no tener que pedir favores a los autobuseros. Nunca se sabe qué as se puede estar guardando en la manga.

jueves, 4 de marzo de 2010

Un Cosmopolitan, por favor.

Somos cuatro y hay seis o siete cócteles diferentes como mucho. Como no podía ser de otra manera cada una queremos uno distinto: Cosmopolitan, Tequila Pasión, Mojito y Piña colada. La poca experiencia que tienen en el local con la realización de cócteles hace que el proceso se demore y que, como consecuencia, la primera de nosotras se lo beba sola y la última también. Por descontado la segunda y la tercera tampoco beben acompañadas. Realmente nos da igual beber juntas o no. Lo importante es que nos hemos reunidos para celebrar algo y que nos estamos echando unas risas. Risas provocadas en gran medida por los cócteles que unas ya se han tomado, otras lo están tomando y otras lo están esperando aún.

El camarero, que además de ser camarero es un amigo/conocido de la adolescencia, ha tenido que acabar de nosotras hasta la coronilla y las bromas se suceden mientras prepara los cócteles.
- Seguro que está pensando: "Me voy a cagar en el que pensó en servir cócteles en Club" -dice una.
- O: "Anda que no podían haber pedido todas el mismo cóctel" -añade otra.
- "Este la próxima vez que nos vea con intenciones de entrar va a salir a echar el cierre en nuestras narices y nos va a dejar fuera"

Realmente no creo que haya pensado nada de eso. Bueno, o quizás sí. No lo sé. El más listo sin duda ha sido mi cuñado que ha ido a lo fácil y rápido y ha pedido una cerveza. Ni medio minuto ha tardado en empezar a beber.