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sábado, 27 de noviembre de 2010

Egipto Mágico - Día 5

Día 5 - Martes, 16 de noviembre de 2010

Nos levantamos otra vez temprano. Hoy es el último día que iremos de la mano de un guía porque no hemos contratado las excursiones de El Cairo. Veremos a Aiman en las pirámides y después cada uno se irá por su camino.

Desayunamos en el buffet del hotel y nos damos cuenta tarde de que tendríamos que haber bajado antes para poder comer todo lo que queremos comer. En el barco no hemos comido demasiado bien así que cuando vemos el desayuno del hotel, en el que hay para elegir más cosas de las que somos capaces de comer, nos arrepentimos de no haber madrugado más.

Hemos quedado con Mustafá a las 8:00 para que nos deje con Aiman. De los 18 que comenzamos en el grupo sólo quedamos 8. Nosotros seis, Silvia y Mara. Hace medio día que no vemos a Aiman, pero parece que hayan pasado días enteros. Llegamos a la puerta del recinto de las pirámides bastante pronto, pero aún así hay bastante gente ya. Entramos con el minibús y hacemos dos paradas. En la primera tenemos una buena vista de Kefrén y nos hinchamos a hacer fotos.


Además aprovechamos para entrar al interior de Micerinos ya que no hay demasiada gente. Potter y Ana se quedan fuera pero los demás entramos sin pensarlo. Dentro no se puede hacer fotos por lo que no puedo enseñarlo, pero se trata de un pasillo, algunos dirán que estrecho, con el techo bajo –hay que ir agachado todo el tiempo- y con una inclinación importante hacia abajo. El suelo son tablas de madera con topes alargados a modo de escalón. Gracias a estos últimos no estamos hablando de un tobogán porque ¡joder cómo resbala la madera! Aunque cuando estamos bajando no hacemos más que pensar en la subida, nos sorprendemos al darnos cuenta de que subir es mucho más fácil y ¡cómodo! que bajar.

Subimos con el minibús hasta llegar a un mirador desde donde se ven las tres pirámides pero no estamos demasiado tiempo. Vamos a ver la Esfinge y nos encontramos con unas niñas pequeñas que se quieren fotografiar con nosotras. Estamos tan acostumbrados a que nos pidan dinero por hacerse fotos con nosotros que les digo que no, que no tengo dinero para darles. Aiman me dice que no quieren dinero, que sólo quieren salir en las fotos así que al final posamos todas juntas. En la foto de la derecha podéis ver a las cinco niñas. Todas eran preciosas pero la pequeña que va de naranja superaba a las demás con creces.

Cuando terminamos la visita volvemos al minibús y nos llevan a una tienda de papiros para que veamos cómo se hacen. Después de la tienda de perfumes ésta es la siguiente encerrona. Nos explican el proceso para conseguir el papel tal y como lo conocemos y después nos venden papiros auténticos. Creo que todos compramos alguno. A la salida nos despedimos de Aiman. Hemos intentado tantearle para que se quedara con nosotros el resto de los días, pero nos dice que no puede trabajar fuera de la agencia así que nos despedimos de él. Le dice al conductor del minibús que nos deje en un cruce concreto que hay de camino al hotel para que podamos coger un taxi hacia Saqqara. Cuando se va nuestro minibús sentimos por un momento sensación de desamparo, pero nos ponemos las pilas rápido para que no se nos echen encima todos los taxistas. Conseguimos encontrar a un taxista que habla inglés y negociamos el precio para ir y volver a Saqqara y que además nos lleve por dentro del recinto. Paramos otro taxi que no habla nada ni de inglés ni de español y conseguimos que entre los dos lleguen a un acuerdo. Se supone que el que habla inglés le ha dicho cual es el precio que vamos a pagar y al otro le parece bien así que nos dividimos entre los dos taxis (Potter, Mara, Silvia y yo en uno y Santi, Javi, Ana y Sandra en el otro). Después de un camino de media hora en el que pensamos más de una vez que es posible que nos quedemos tirados con el coche, llegamos a Saqqara. A mí personalmente no me llama mucho la atención, pero la experiencia del taxi y de llegar nosotros solos hasta allí sí me ha gustado así que me quedo con eso. En Saqqara entramos en otra tumba y esta vez entramos todos. Mario ya había estado y les dijo a Ana y a Potter que no agobiaba demasiado así que se animó a entrar. A la vuelta volvemos a dividirnos en los taxis y nos vamos directamente al hotel. Cuando llegamos nos toca discutir con el taxista que no habla inglés porque quiere que le paguemos lo que marca el taximetro. Le decimos al otro que le explique que el trata era pagarle el precio acordado pero se lava las manos diciendo que cada uno cobra de una manera. Él aceptará lo que hemos pactado, pero dice que el otro quiere lo que marca el taximetro. Realmente no es dinero para nosotros, porque allí las libras valen muy poco, pero me jode que nos haya engañado. La mayoría está de acuerdo en que el taxista que habla inglés venga a buscarnos también mañana, y le decimos que vuelva pero yo no estoy nada de acuerdo porque creo que ha sido él quien tiene la culpa del "malentendido". Como estamos en una democracia, gana la mayoría.

Subimos a dejar las cosas a la habitación y después comemos en un italiano que está dentro del hotel. Comemos bastante bien, por cierto. Mara y Silvia se van a comer a un sitio típico que está cerca y quedamos en vernos más tarde. Después de comer subimos a cambiarnos de ropa con la intención de bajar a la piscina un rato. Me pongo el bikini y la chilaba encima y llego justo para ver los últimos rayos de sol ponerse. Hace frío y nos metemos al hall del hotel. Volvemos a subir a la habitación, nos duchamos, nos cambiamos de ropa y volvemos a bajar al hall. Buscamos un taxi para los ocho (de ahora en adelante cafetera) y después de cerrar el precio en 25LE vamos a ver la zona de las pirámides de noche.

Esta mañana Aiman nos ha dicho que desde el Pizza Hut que hay enfrente de las pirámides se puede ver el espectáculo de luz y sonido, y que si además coges sitio en la terraza puedes oirlo también. Mara, Silvia y Ana suben para ver si hay sitio en la terraza y cuando vuelven nos dicen que no se ve absolutamente nada porque han colocado un cartel, con su correspondiente foco, justo enfrente de la ventana del Pizza Hut. Además hay que pagar un plus por estar en la terraza. Damos una vuelta para ver las tiendas pero como no vemos nada para comprar y el hambre comienza a hacer acto de presencia nos metemos a cenar al Pizza Hut. Eso sí, nada de terraza.

Llegamos en cafetera al hotel (más concretamente la que se ve en la foto) y Santi nos regala una de las mejores anécdotas del viaje cuando va a sacar dinero del cajero. Es una situación bastante graciosa si la vives en primera persona, pero contada me temo que no hará tanta gracia. El caso es que la pantalla del cajero es táctil y no parece ser muy sensible al tacto, por lo que Santi se lía a dar toquecitos para que le coja la opción que quiere marcar. Cuando al aparato le da por reaccionar va pasando de pantalla en pantalla cogiendo siempre como opción válida la que está en el sitio en el que Santi ha estado insistiendo con los toquecitos hasta que llega a la última que dice: Procesando. Ya no hay vuelta atrás y no sabemos a ciencia cierta si ha sacado 3 € ó 3.000€ porque casi no nos ha dado tiempo de verlo. Lo más curioso es que ha sacado la cantidad justa que había calculado que quería sacar. Eso sí. Lo ha hecho en un tiempo récord.

Después de un buen rato de risas en el hall del hotel subimos a la terraza para tratar de ver las pirámides iluminadas. Ayer por la noche, antes de que nos trajeran el sandwich más malo del mundo a la habitación, Santi y yo subimos para verlas, pero estaban completamente a oscuras y era imposible encontrarlas. Hoy las hemos podido ver un poco.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Egipto Mágico - Día 4

Día 4 - Lunes, 15 de noviembre de 2010

Hoy es el último día en el barco. Salimos por la mañana temprano como no puede ser de otro modo. Las maletas se quedan en la puerta porque ya no podemos volver a nuestros camarotes después de la excursión. Un minibús nos espera en la puerta del barco para llevarnos de un lado a otro. La primera visita que realizamos es al Valle de los Reyes donde vemos tres tumbas. Maite y Mario, una pareja de Lérida con la que hemos coincidido en todas las excursiones, le han dicho a Ana en qué sitios podrá entrar en el Cairo sin agobiarse mucho porque tiene claustrofobia, igual que Mario. En el Valle de los Reyes sólo hay una tumba que puede agobiar un poco, pero aún así Mario y Ana se deciden a entrar. Para llegar a esta tumba tenemos que subir por unas escaleras que parecen salir de la propia montaña. Una vez arriba hay una entrada con escaleras hacia abajo que lleva al interior de la tumba. Para que Ana no se agobie mucho decidimos dejarla hueco en la escalera tanto por delante como por detrás. En el interior hace mucho calor, pero no es nada que un buen abanico no pueda solucionar.

Seguimos la visita por el Valle de los Reyes viendo el templo Al-Deir Al-Bahari. Después de un rato de explicaciones a pleno sol, Aiman (en la foto de la derecha con carpeta naranja) nos da tiempo libre para las fotos. Creo que de los días que llevo aquí (aunque parezca que llevamos semanas, sólo llevamos días) hoy es el más caluroso de todos. Nos hacemos las fotos de rigor y cotilleamos por el templo antes de volver al trenecito que nos llevará a nuestro minibús. Paramos a comprar agua y coca-cola y por poco no nos llevamos el aplauso del grupo por llegar tarde.

El minibús nos deja en la orilla del río, donde cogemos una “patera” que nos acerca al templo de Karnak. Es un complejo muy grande lleno de unas columnas muy impresionantes y un par de obeliscos. La atracción principal es en un escarabajo gigante (el más grande encontrado hasta el momento) al que hay que pedirle un deseo y dar siete vueltas a su alrededor para que se cumpla. Después de hacer el ritual completo a Santi se le ocurre la feliz idea de hacer la conga alrededor del escarabajo. Silvia y Mara están de acuerdo con él al 100%, Potter se niega en rotundo y los demás nos mostramos de acuerdo pero con reservas. Comenzamos a hacer la conga, canción incluida, y después de la primera vuelta una señora nos regaña por no mostrar respeto. Lo cierto es que razón no le falta –la canción ha sido demasiado para mí también- pero ya está hecho y hay que apechugar.

A estas horas estamos bastante reventados. El calor es bastante intenso, hemos madrugado mucho y estamos cansados. La parte final de la excursión no la disfrutamos demasiado a causa del agotamiento. El último templo que visitamos es muy bonito también, pero lo vemos demasiado rápido por eso de que cuanto antes lo veamos antes nos vamos. En esos momentos lo que queremos es irnos a descansar.

La última parada la hacemos en una perfumería. Una pequeña encerrona para que compráramos perfumes, pero como nos metieron en una habitación bien iluminada, con aire acondicionado y con un refresco no nos importó demasiado.

De vuelta en el barco comemos en el buffet y nos hacemos con una de las habitaciones de cortesía que nos ofrecen. La 117 ó 116, no recuerdo bien. Nos duchamos y nos cambiamos de ropa todos en un tiempo record. Sandra y yo nos pasamos a recoger nuestras compras del día anterior a la tienda de Carlos. Está de resaca según nos cuentan las niñas de Málaga así que pagamos y nos marchamos sin mucho demorarnos. Como decía Aída, hoy no tiene el chichi farolillos.

Nos sentamos en el bar con Maite y Mario a charlar mientras esperamos a que nos vengan a buscar para ir al aeropuerto. Nosotros seis, Silvia y Mara volamos en un rato a El Cairo, pero Maite y Mario se van en dirección completamente opuesta. Nos despedimos de ellos cuando vienen a recogerles y nos quedamos los ocho hablando de lo que nos espera los próximos días. A nosotros vienen a buscarnos poco después. Un señor la mar de estresado nos acompaña en autobús al aeropuerto y nos ayuda a la hora de sacar los billetes. Yo voy tranquila, pero hay quien piensa que nuestras maletas no van a llegar ni de coña a El Cairo.

El vuelo es muy bueno. Tranquilo. Veo las pirámides por primera vez desde el aire pero son tan pequeñas que no me impresionan demasiado. Eso sí, alucino con el tamaño de la ciudad. Es de noche, por lo que lo único que se ve es la ciudad iluminada. Tanto mejor. Más bonito.

Cuando aterrizamos nos está esperando Mustafá para llevarnos al hotel. Mustafá es un chico jovencito, muy elegante, que nos deja en el hotel y dice que vendrá a buscarnos al día siguiente a las 8 de la mañana para dejarnos de nuevo con Aiman, que no ha podido volar con nosotros, para ver las pirámides. Nos llevan de nuevo a los ocho en un minibús hasta el hotel. Llegamos con ganas de comernos el mundo, pero cuando ponemos los pies en el hotel nos da el bajón y lo único que nos comemos es un sándwich, malo con avaricia para más señas, del servicio de habitaciones mientras vemos Destino: España en la 1 internacional. Nos damos una ducha rápida y nos metemos en la cama. No recuerdo el momento en que pongo la cabeza en la almohada.

martes, 23 de noviembre de 2010

Egipto Mágico - Día 3

Día 3 - Domingo, 14 de noviembre de 2010

Hemos dormido algo así como seis horas. Llevamos sólo un día haciendo excursiones y parece que llevemos una semana entera. Nos levantamos temprano para poder visitar el templo de Edfú a primera hora y poder llegar antes a nuestro destino de hoy. Aiman se curra la explicación del templo utilizándonos a la gente del crucero como protagonistas de la historia de Horus y Seth, los dioses del bien y del mal. Después tenemos tiempo libre para cotillear el templo y hacer fotos.

Algo que me llama mucho la atención es que, según la historia, los cristianos que llegaron después de que el templo fuera construido quisieron eliminar las imágenes religiosas (según ellos paganas) de la manera más absurda. Primero destruyeron sus caras para que no les pudieran mirar, más tarde decidieron que destruirían los pies para que las imágenes no pudieran andar y atraparles, y por último destruyeron sus manos por miedo a que pudiesen agarrarles y hacerles daño. El resultado de tanta ignorancia podéis verlo en la foto de la derecha.

A la salida del templo nos pasamos por alto el mercado por miedo a que nos atosiguen. La experiencia de anoche nos ha dejado muy marcados a todos y no nos sentimos con fuerzas de repetirlo por ahora. Llegamos casi corriendo al autobús y cogemos sitio mientras esperamos a los estadounidenses que llegan tarde. Siguiendo con la costumbre de aplaudir a los más tardones decidimos que los americanos se tienen que llevar una ovación cuando suban al autobús. Como ya nos conocen de la noche anterior reciben los aplausos divertidos y con resignación.

Cuando llegamos al barco nos enseñan una muestra de las pulseras, colgantes y demás abalorios que vende Carlos -estoy segura al 120% de que no es su verdadero nombre- en la tienda del barco. Casi todos queremos un recuerdo de Egipto y teniendo en cuenta la experiencia de anoche no queremos arriesgarnos a comprarlo fuera. Nos sale más caro que en la calle, pero a mí no me importa. Los demás prefieren no pensar en ello. Sandra, Mara, Silvia y yo nos tiramos un buen rato negociando los precios con Carlos hasta que cada una cosigue su "precio especial" Cuando terminamos subimos a cubierta y nos tiramos en las tumbonas a no hacer nada durante un rato. Intento bañarme en la piscina un rato, pero la temperatura del agua parece una broma de mal gusto y no aguanto mucho dentro.

Después de comer tenemos que pasar la esclusa, lo que provoca que nos retrasemos mucho en nuestro viaje. Aquí dos cosas llaman mi atención: una, otra vez los niños que les ves que hacen cualquier cosa por una moneda o por algún regalo (en la foto de la izquierda se les ve en el agua al lado de nuestro barco pidiéndonos a los turistas). Y dos, el funcionamiento de la esclusa. Nunca había visto cómo funcionaba y me pareció muy curioso (Otro día intentaré subir los vídeos porque hoy lo he intentado y no me lo permite)

Después de pasar la esclusa nos tumbamos para disfrutar de los últimos rayos de sol del día y merendamos en cubierta. Aiman nos comenta la posibilidad de hacer una excursión nocturna por Luxor y nos apuntamos todos. La excursión incluye desplazamiento hasta el centro, paseo en calesa por un mercado y té y cachimba en una tetería. El paseo en calesa es de lo mejor que he visto hasta ahora. No me arrepiento para nada de haber cogido la excursión (a pesar de que nos han timado con el precio) porque gracias al paseo vemos Egipto en estado puro. Sus gentes, sus miserias y su forma de vivir.

Nos acostamos otra vez tarde sabiendo que mañana tenemos que madrugar de nuevo. A este ritmo no sé si llegaré al viernes que viene.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Egipto Mágico - Día 2

Día 2 - Sábado, 13 de noviembre de 2010

No sé si es por la presión de saber que tenía sólo dos horas para dormir, pero el caso es que no duermo nada. El teléfono suena a la 1:45 en punto y me levanto para comenzar el día. Vamos al bar para tomar café y/o té con pastas -aunque las pastas se han debido de quedar dormidas porque no aparecen- y para recoger una bolsa con un pequeño piscolabis para el desayuno. Son las 2:30 y estamos todos en la recepción menos Mara y Silvia así que nos ponemos de acuerdo en aplaudirlas cuando lleguen por eso de ir rompiendo un poco el hielo y así lo hacemos cuando llegan. Parecen cortadas pero no les sienta mal.

Nos dicen que podemos coger las almohadas de nuestra habitación para dormir en el autobús, pero a mí, personalmente, no me sirve de nada. Son almohadas grandes y mullidas y si tratas de ponerlas detrás del cuello acabas con una inclinación de cabeza tal que parece que le estés haciendo una reverencia al Papa y a los reyes al mismo tiempo. Al final la mayoría de gente acabamos abrazados a la almohada y usándola de manta para no resfriarnos con el aire acondicionado del bus.

Vemos amanecer de camino a Abú Simbel y le metemos mano a la bolsa del piscolabis para hacer algo de tiempo. El desayuno -o como queráis llamarlo- se compone de unos bollitos tipo medias noches rellenos con jamón -o algo así porque jamón lo que se dice jamón no es. Eso seguro-. Un zumo de guava -más malo que el hambre- y un plátano.

Llegamos a Abú Simbel sobre las 7 de la mañana -quizás un poco más tarde-. Aiman nos explica la historia de Ramsés II y después nos deja tiempo libre para hacer fotos y visitar los templos. Por dentro es bonito, pero no es comparable al exterior.

Estamos en el desierto y tenemos alrededor de 35 grados; eso sí, dentro del templo la temperatura sube varios grados. Un gran acierto haber traido abanicos.

Sobre las nueve de la mañana cogemos el autobús de nuevo para visitar una presa, que a mí personalmente no me dice nada, y también el obelisco inacabado. Ambas excursiones son completamente prescindibles bajo mi punto de vista.

Después nos dirigimos a unas motoras que nos acercan al poblado Nubio. Durante el trayecto un niño nubio nos canta varias canciones y nos da plátanos que comemos encantados. Aquí es donde empiezo a tener conciencia de la situación de los niños egipcios que trabajan para sacar algo de dinero, ya sea con la venta de productos típicos realizados a mano (en teoría) o pidiendo directamente dinero bajo cuerda. En este caso el niño de doce años que nos acompaña en la motora, nos ameniza con canciones y bailes y nos vende la mercancía que trae preparada en una bolsa. Yo, como soy una presa fácil para esto de las compras, caigo y compro dos figuritas de madera: un elefante y un hipopótamo.

La parte final del trayecto la hacemos en camello todos menos Ana y Potter que parecen no tener mucha confianza en los animalitos. Acabo con las manos cansadas de sujetarme a la silla del camello pero contenta por la experiencia.

En el trayecto en camello me hacen mi segunda proposición de matrimonio, la cual rechazo con amabilidad. Ya conté ayer que los ojos azules les llaman la atención mucho. Pues bien, gracias a ellos he tenido más propuestas que en toda mi vida.

Una vez en el poblado nos enseñan el patio de una casa nubia, sus mascotas -varios cocodrilos y una tortuguita-, nos hacemos un tatuaje de henna, nos invitan a té y nos dan la posibilidad de coger un cocodrilo. Ni que decir tiene que yo quiero cogerlo.

A estas horas ya no sabemos cuántos días llevamos en Egipto. Nos parece llevar por lo menos tres días, pero sólo llevamos horas. Muy intensas, pero sólo horas. Son las tres de la tarde, llevamos más de doce horas levantados y sin parar de hacer cosas y las fuerzas comienzan a flaquear. En la motora no hacemos más que pensar en la comida y en las tres horas de descanso que nos van a dar antes de bajar en el siguiente puerto.

Comemos solos porque el resto del barco no ha hecho la excursión y ya ha comido; después subimos a cubierta para ver la puesta de sol. A las cinco nos dan la merienda: té y/o café con bollo.

Poco más tarde llegamos a un nuevo puerto y bajamos para ver el templo de Kom Ombo de noche. Después de un rato de explicaciones varias Aiman nos da tiempo libre para hacer fotos y dar una vuelta por la zona.

Esta noche tenemos una fiesta de disfraces en el barco y vamos a los puestos del puerto para comprar las chilabas. Regateamos los precios tal como nos han dicho que hagamos, pero los vendedores se ponen bastante agresivos a la hora de vender y nos cuesta un buen rato cerrar el trato. No me gusta la experiencia del regateo y agradezco entrar de nuevo en el barco. Tengo mi chilaba pero he pasado un mal rato bastante importante y pienso que si tuviera que hacerlo de nuevo compraría el disfraz en el barco, con mucha menos presión y seguramente más barato.

Nos cambiamos para la cena y nos damos cuenta de que somos los únicos disfrazados. Cuando la gente nos ve comienza a animarse y poco a poco se van disfrazando. Después de la cena nos juntan a todos los grupos en el bar y empezamos la fiesta. Estamos españoles por un lado y estadounidenses por otro, pero pasados los primeros momentos de la fiesta nos juntamos todos. Los españoles, que básicamente éramos nosotros seis y las niñas malagueñas, decidimos que la fiesta termine a eso de las once de la noche. Llevamos 21 horas levantados y consideramos que va siendo hora de irse a dormir. Mañana nos espera un día tranquilo, pero lo comenzamos madrugando otra vez por lo que no podemos demorarnos mucho para acostarnos. Los demás no sé, pero yo no veo el momento de meterme en la cama.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Egipto Mágico - Día 1

Día 1 - Viernes, 12 de noviembre de 2010

Me levanto a las 6:45, lo que significan 15 minutos más de sueño que si fuera a ir a trabajar. El avión sale a las 11:25, pero mis compañeros de viaje se han empeñado en salir tres horas antes de casa. Pues nada, ¡qué se le va a hacer!. Sandra, Javi (Potter) y Ana suben a casa mientras termino de desayunar. Cierro la maleta con las últimas cosas pendientes dentro y bajamos al coche. Javi aparece en la calle y Santi un poco después por las escaleras que dan a nuestro aparcamiento. Llegamos al aeropuerto, nos presentamos en el mostrador y nos dan los billetes de avión para los tres vuelos que vamos a realizar durante la semana de viaje junto con el itinerario y una mini guía de Egipto.

Facturamos, pasamos el control de la policía y nos sentamos a esperar. Lo único bueno que tiene haber madrugado tanto es que por fin podemos hablar del viaje a Egipto. Llevamos semanas sin coincidir todos juntos y aprovechamos para organizar el plan de viaje. Apuntamos números de teléfono de distintos taxistas "de confianza" de El Cairo y también el de un taxista que nos lleve a Abú Simbel al día siguiente. Se puede ir con excursión organizada pero es mucho más caro. Al final, después de una hora de charla no decidimos gran cosa y quedamos en que cuando lleguemos a Egipto veremos qué hacemos.

Tenemos un vuelo muy bueno hasta Aswan, a donde llegamos completamente de noche. Allí nos está esperando el representante de la agencia que nos ayuda con los visados. Pasamos sin problemas por el control de policía y yo consigo mi primer sello en mi pasaporte. Espero que no sea el último.

Una vez fuera del aeropuerto, subimos a un autobús en el que nos está esperando un guía que nos explica las excursiones que podemos hacer esos días y que nos dice qué frases no quiere oír durante las excursiones. A saber, "Qué sueño", "Qué calor", "Quiero echarme la siesta" y "Estoy cansado". Cuando llegamos a nuestro barco nos deja en manos de Aiman, nuestro guía para los próximos días.

Antes de ir a nuestros camarotes vamos al bar con Aiman para que nos explique todo con más detalle. Ahí conocemos a Mara y a Silvia, dos niñas de Málaga con las que pasaremos momentos muy divertidos. El barco nos invita a una bebida típica (¿¡Cómo es posible que ya me haya olvidado de su nombre!?) y Aiman nos pregunta si queremos la excursión de Abú Simbel del día siguiente. Tenemos que pensarlo (más que nada queremos intentarlo por nuestra cuenta para no pagar el dineral que cuesta la excursión organizada) y quedamos en decírselo a la hora de la cena. Cada uno va a su camarote para dejar las cosas y en unos minutos nos reunimos de nuevo en la recepción del barco. Salimos los seis con la idea de buscar un hotel donde contratar el viaje más barato pero el tiempo se nos echa encima y decidimos que nos cobren el plus de pardillo en esta excursión (así es como llamamos a los gastos imprevistos en los viajes que hemos organizado otras veces. Por un lado o por otro siempre lo pagamos).

Después de la cena en el buffet del barco volvemos al bar para pagar la excursión. Mara y Silvia ya lo han cogido también así que las veremos también mañana. Se despiden de nosotros hasta dentro de unas horas y nosotros subimos a la cubierta para ver Aswan de noche desde el Nilo.

Santi, Javi y yo decidimos que es pronto para irse a la cama y nos vamos a pasear por el mercado de Aswan. Es el primer contacto directo con los egipcios y estamos encantados. Todo nos llama la atención a nosotros y a todos llamamos la atención nosotros, en especial una servidora. Hombres y mujeres no se cortan a la hora de mirar mis ojos azules, mi camiseta "escotada" y mi pelo (más claro que el suyo). Entramos en el mercado donde hay todo tipo de productos y donde nos ofrecen todo lo que tienen. Rechazamos todo con una sonrisa y deshacemos el camino andado para volver al barco. Son las 23:00 horas o quizás un poco más tarde y a la 1:45 nos tenemos que levantar para ir a Abú Simbel.

Santi que es el más arriesgado se lava los dientes con el agua del grifo; yo, que quiero evitar enfermedades lo hago con agua mineral. Nos metemos en la cama y tratamos de dormir un rato.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Egipto Mágico y lavado de cara del blog

Es posible que el viaje a Egipto y pensar en todo lo que quiero escribir sobre lo que he visto y vivido en una semana me haya hecho ponerme las pilas con el blog que tan abandonado tenía últimamente. Llevaba tiempo queriendo cambiar el aspecto del blog y hacerlo un poco más atractivo para la gente que pasáis por aquí a leerlo, pero nunca me decidía a hacerlo sobre todo por miedo a perder ciertas cosas que perdí cuando hice el cambio en el blog que tengo de libros. No quería que me ocurriera lo mismo con éste. El caso es que hoy me he liado la manta a la cabeza y me he puesto manos a la obra. ¡¡Ahora sólo espero que os guste!!

Egipto mágico es el nombre del paquete turístico que cogimos para conocer Egipto y lo cierto es que mágico es una palabra que lo describe bastante bien.

Llevábamos mucho tiempo hablando de hacer un viaje a Egipto pero nadie parecía decirlo demasiado en serio. Todos teníamos claro cuándo hacerlo, pero el tiempo empezó a echarse encima y no se había decidido nada por lo que todos, en nuestro interior, pensamos que ya no se haría el viaje este año. La verdad es que todos hicimos bastantes malabares con nuestros días de vacaciones para poder coincidir y finalmente conseguimos cerrar la fecha del 12 al 19 de noviembre.

He de reconocer que el hecho de llevar gran parte del viaje organizado hizo que no mirase absolutamente nada antes de salir de Madrid sobre lo que iba a ver en Egipto. Y ya que me estoy sincerando es justo decir también que una vez allí tampoco he mirado gran cosa y me he dejado llevar por mis amigos de un lado a otro. Eso sí, no se me ha ocurrido quejarme en ningún momento de las decisiones tomadas. Bueno, a lo que voy que ya empiezo a irme por las ramas. No habíamos organizado nada del viaje y aún así creo que no ha podido salir mejor de lo que ha salido.

Mi idea cuando escribí el último post antes de las vacaciones era contar a la vuelta todo sobre el viaje en un solo post, pero el primer día me dí cuenta de que no sería posible hacerlo de una sola vez así que me he decidido a hacerlo a post por día. Es lo menos que se merece un viaje como este.
Os dejo con unas fotos elegidas al azar de mi cámara que espero que os sirvan para abrir boca porque os espera una buena tanda de lectura sobre Egipto.

martes, 9 de noviembre de 2010

Cerrado por vacaciones (otra vez)

Sí, ya sé que hasta dentro de tres días no cogeré la maleta y me iré lejos, muy lejos de Madrid, pero debido a mi falta de inspiración en estas últimas semanas he decidio colgar el cartel de cerrado por vacaciones y dejar de pensar en el blog durante un tiempo (espero que no demasiado) y ver si a la vuelta la inspiración me está esperando detrás de la puerta de mi habitación, sentada en la cama y tamborileando con los dedos sobre la mesilla.


Mi destino esta vez: Egipto
Fechas del viaje: del 12 al 19 de noviembre
Itinerario: crucero por el Nilo y estancia en el Cairo
Ganas: todas
Maleta: sin hacer

sábado, 6 de noviembre de 2010

Erase una vez... un email

Hace unas semanas recibí un correo electrónico a la dirección de mi blog de libros. No era la primera vez que recibía emails en esa cuenta, y espero que no fuese la última, pero me pareció suficientemente original como para mencionarlo en un post.

El email era de un chico que había llegado a Once_upon_a_time... (mi blog de libros) por casualidad y que cotilleando de una entrada a otra llegó hasta Pasaba por aquí (este mi blog personal). Me contó de qué manera había llegado la primera vez y que le había gustado lo que había leído. Cuando me quise dar cuenta estaba leyendo sobre su vida, los viajes que había hecho y sobre los libros que había leído. Y, ¿por qué? Os estareis preguntando. Pues por algo tan simple como que me quería compensar por haber curioseado cosas sobre mi vida y veía justo que también yo supiera algo sobre la suya. Ni más ni menos.

Lo cierto es que el email de Jesús, que así se llama el chico del email, me hizo mucha ilusión. Durante un par de días nos cruzamos varios emails en los que me decía que había seguido leyendo el blog a la par que añadía sus propios comentarios sobre lo que había leído.

Sin embargo con sus emails Jesús consiguió algo más que recordarme algunas historias pasadas hace mucho tiempo y que, todo sea dicho de paso, me gustó revivir; consiguió que me parase a pensar qué son para mí los blogs y qué quiero hacer con ellos.

Sé que hay gente que los lee, pero la mayoría son personas que pasan de puntillas, sin hacer ruido, sin dejar un comentario y, por eso, porque no dejan ningún tipo de rastro o huella, yo continúo escribiendo como si lo hiciera para mí sola. Sin embargo, cuando veo que hay gente que comenta, que se molesta en dar su opinión o en enviar un email como el que mandó Jesús me doy cuenta de que no puedo escribir cualquier cosa que me venga a la cabeza porque sí. No. Tengo que escribir para mí, eso está claro, pero también para que la gente lea lo que escribo y, en la medida de lo posible, que disfrute haciéndolo.

Pues bien, una vez que llegué a esa conclusión me encontré con un gran problema, y es que todo lo que se me ocurría escribir me parecía insuficiente para el blog. Quería escribir algo bueno, algo que gustara pero no conseguía dar con el tema idóneo, así que después de un tiempo pensando y publicando algunos post sin mucho arte me he decidido a escribir de nuevo lo primero que se me viniera a la cabeza. Así, porque sí.