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miércoles, 21 de diciembre de 2011

¡He vuelto!

Sí, porque si me descuido se me juntan las vacaciones del 2011 con las del 2012 en el blog. No, no alarmarse aún. No tengo ni fechas ni destino pensado ya. Es sólo una forma de hablar.

Últimamente me había centrado tanto en mis viajes y en vaguear que me he dejado sin contar cosas de vital importancia para mí. Otras no son tan importantes, pero quizás también habría hablado de ellas en su momento. A lo que voy es que parece que he estado desaparecida los últimos meses y no, no he estado desaparecida, sólo un poquito ausente.

Hay ciertas cosas que ocurren a lo largo de nuestra existencia que nos cambia la vida de manera radical e irreversible. En mi caso esa cosa tiene nombre propio. Es, para mí, imposible describir lo que sentí hace dos meses cuando Iker nació y le cogí en brazos por primera vez con ¿cuánto? ¿diez, quince, veinte minutos de vida? De verdad. Imposible describirlo. Después de ese momento es como si Iker hubiera formado parte de mi vida desde siempre. Como si ya no pudiera haber un mundo sin él.

Realmente si se piensa con detenimiento es algo ilógico que sea tan imprescindible si lo único que ha hecho en estos dos meses ha sido dormir, comer y manchar pañales. Pero da igual. La lógica no debe entender de bebés. No puede saber de todo... Yo, por ejemplo, ahora mismo podría decir que estoy locamente enamorada de él sólo por el hecho de existir. Se escapa a la razón. Lo sé. Pero es lo que hay.

Ahora ya todos sabéis porqué he estado un poquito ausente estos meses. He estado vaga, sí. Me he dedicado a los viajes, también. Pero sobre todo, por encima de todas las cosas, ha sido porque he querido y sigo queriendo pasar mis ratos libres con mi sobrinito que no habla, que no sabe jugar, que llora cuando tiene hambre y que duerme cuando está cansado. Me entretiene mirarle y así, sin hacer nada ninguno de los dos, se me pasan las horas volando.

martes, 20 de diciembre de 2011

Turquía - Día 9

Viernes, 24 de septiembre de 2011


Nos levantamos a las tres de la madrugada porque tenemos que coger el avión de las siete. Por fin ha vuelto el agua así que nos duchamos en condiciones y desayunamos (porque aunque sean las tres de la mañana hay que desayunar. No soy persona si no desayuno antes de salir de casa) Terminamos la maleta y bajamos a la calle. Fatih ha bajado a despedirnos (¡¡a las tres de la mañana!!) y a comprobar que no tenemos ningún problema, ni nos falta nada. Su amigo nos lleva en el mismo coche grande a los cuatro.

Estambul está durmiendo en estos momentos y da gusto pasar por sus calles libres de tráfico y ruido. Llegamos de noche y nos marchamos de noche. Parece que queremos pasar desapercibidos, que lo hacemos todo a escondidas para que nadie nos vea. La ciudad duerme pero las luces no. Hay luz en las mezquitas que vemos a lo lejos, hay luz en las calles y hay luz en los edificios. Estambul es muy bonita de noche.

Una vez en el aeropuerto pagamos el coche y entramos por dos controles. En el segundo hay una chica, creo recordar que venezolana, que tiene problemas con su billete porque no tiene visado para pasar por España y su vuelo aterriza en Madrid. Como no habla inglés ni turco el guardia nos viene a pedir que hagamos de traductores. Le explicamos a la chica lo que ocurre pero no parece demasiado nerviosa ni preocupada. Yo en su caso estaría bastante histérica. Al final se la llevan a no sabemos donde.

Hemos facturado las maletas y hemos pasado a la zona de tiendas. Cada uno quiere hacer una cosa diferente así que después de gastar los TL que nos quedan nos separamos durante un rato. Unos van a la puerta de embarque, otros a mirar una u otra tienda. Hay que hacer tiempo hasta entrar en el avión.

Después de esperar un buen rato en la sala de embarque, donde aparece otra vez la chica venezolana lista para volar, por fin nos ponemos en marcha. La ventanilla le toca a Santi así que yo voy entre él y un chico turco que nada más verme me saluda con una sonrisa y un "hola". Sólo con eso pienso que habla español perfectamente, pero no. Más tarde me doy cuenta de que no habla ni papa de español. No hace más que tomar notas en un cuaderno y jugar con una agenda electrónica que tiene. El chico parece simpático pero sólo habla a través de sonrisas. Yo estoy leyendo mi libro y cuando lo suelto me acerca la agenda para que vea lo que hay escrito: coger equipaje. Le pregunto si habla inglés y me dice que sí, pero luego en la práctica sólo lo chapurrea. Después de un buen rato de traducir en su agenda me entero de que quiere que le acompañe a recoger su maleta porque le da miedo perderse en Barajas. Le digo que sí, que no hay problema. Más tarde le pregunta a la azafata a que altura estamos volando (en inglés y enseñándole la traducción en español en su agenda) La azafata le dice que lo va a preguntar al capitán y que ahora le dice. Después de un rato le trae un posavasos con la altura en pies y en metros. El chico está súper emocionado con su viaje y se nota. Todo le hace ilusión.

Nosotros cuatro, mientras tanto no hablamos demasiado. Javi y Ana van medio dormidos, igual que Santi, y yo leo mi libro cuando no estoy con el chico turco. En un momento dado haciendo-no-sé-qué con el boli se le destinta y se pone perdidas las manos. Le doy un pañuelo de papel para que se limpie pero no consigue limpiar mucho. En ese momento nos traen el desayuno. Me gusta que den de comer en los aviones. Siempre es lo mismo (y si no es lo mismo siempre sabe igual) pero por lo menos te mantienes entretenido un rato.

Por fin llegamos a Barajas. Bajamos del avión y el chico turco viene con nosotros. Estamos en la T4 satélite que, para quien no lo sepa, es la que más lejos está de todo. Pasamos por el control de pasaportes y me quedo a esperar al chico turco que se ha quedado en otra cola. Está un poco nervioso porque ha quedado con una amiga suya y no consigue localizarla desde su móvil (que parece que ha dejado de funcionar) así que le pregunto si su amiga tiene móvil español y como me dice que sí le dejo el mío para que la llame. La verdad es que el chico me ha caído bien y me da pena que vaya con susto por Madrid así que intento que se sienta lo más a gusto posible aquí. Se le nota agradecido. A la salida nos despedimos de él (su amiga está en la puerta esperando) A nosotros también nos han venido a buscar así que después de un rato de charla nos separamos y nos vamos cada uno para un lado.

Hoy no nos han pasado grandes cosas pero el viaje ha sido ameno. Eso sí, estamos derrotados, exhaustos, muertos de cansancio. No hago otra cosa que pensar que hoy tengo una cena-fiesta familiar. Si aguanto hasta las 23:30 será un milagro…

sábado, 10 de diciembre de 2011

Turquía - Día 8

Jueves, 23 de septiembre de 2011

Hoy ponemos toda la carne en el asador y decidimos levantarnos a las 6:45 de la mañana (o madrugá, mejor dicho) para ir a la isla grande. Hemos echado cuentas y coger el primer barco que sale hacia allí es lo mejor. Cada uno se gestiona el tiempo como mejor estima, primero ducha o primero desayuno. Parece que hay poca agua y el último se queda a medio duchar. Suerte que tenemos agua en un cazo y se puede aclarar a cantarazos.

El barco que tenemos que coger hoy no sale del puerto que conocemos así que salimos con tiempo por si nos perdemos. Por cierto, menos mal que nos hemos levantado pronto porque si no… ¡¡No habríamos tenido que esperar 40 minutos!! Bufff, seguro que si hubiéramos madrugado menos nos habríamos perdido, así que mejor no quejarnos.

De camino al puerto pasamos por la plaza principal donde hay un montón de policías y una zona acordonada. Más concretamente una parada de autobús. Alguien se ha dejado una mochila debajo del asiento y se piensa que puede ser una bomba (ya os adelanto que si había bomba no estalló. Más que nada porque no quiero que os despistéis de la historia de hoy pensando si explota o no explota. Nada más, ya sigo…)

Una vez en el puerto compramos los jetones en la máquina. La foto que puse ayer de las fichas (jetones) es de hoy, así que vuelvo a ponerla. Después pasamos por el torno para ir cogiendo buen sitio para entrar una vez que llegue el barco.


El trayecto hasta la isla grande es de una hora aproximadamente y lo hacemos fuera, con un poco de fresco, pero con unas vistas muy bonitas. Merece la pena pasar un poco de frío. A estas horas no estamos muy charlatanes así que me pongo un poco de musiquita. Es un viajecito agradable.

Cuando llegamos a la isla grande nos damos cuenta de que es un lugar hecho por y para el turismo. Es una isla pequeña donde no hay coches y los únicos transportes que existen son calesas y bicicletas. Contaminación cero. La isla tiene un encanto especial, quizás por este motivo.

Damos una vuelta por los alrededores del puerto. Vemos que la mayoría de gente va directamente a la cola de las calesas pero nosotros queremos ir a cambiar dinero primero, cosa que no se nos da muy bien. Lo intentamos en una oficina de correos y nos dicen que tienen un mínimo para poder cambiar.

Decidimos ir a buscar una calesa para ver la isla y preguntamos precios. Es inútil, todos tienen la misma lista de precios y no hay forma de regatear así que cogemos una calesa por 60TL. Es de los pocos transportes que nos quedaban por coger en Turquía. La isla parece sacada de una película de la época victoriana. No hay ni un coche, las casas son todas enormes y por lo general bonitas, y las calesas y los caballos se ven por todos lados como único medio de transporte (a parte de las bicis que son una pequeña tortura teniendo en cuenta las cuestas que hay por toda la isla). La vista, según vamos subiendo, se hace cada vez más bonita con el mar de fondo y los bosques. Es un sitio de desconexión total. Bueno, total o casi total, porque los jefes son capaces de contactar vía teléfono con nosotros…

Hacemos una parada técnica de 10 minutos al pie de un pequeño monasterio. El cochero nos deja 10 minutos libres antes de volver, a no ser, eso sí, que queramos pagar por un rato de libertad en lo alto de la isla. Contamos el dinero que nos queda y vemos que podemos pagar otros 30 TL así que le decimos que sí. Que vamos a subir hasta arriba. Es un pequeño paseo, todo el tiempo cuesta arriba pero que no es pesado de hacer. Además como tenemos una temperatura agradable lo hacemos encantados. Nos quedamos un rato paseando allí y haciendo fotos al paisaje y a un gatito que anda por allí con su mamá.

Después emprendemos la cuesta abajo donde nos cruzamos con un simpático gatito con ojos de distinto color.

Cuando llegamos abajo nuestro calesero nos está esperando para reanudar la marcha.

Queremos ir a una playa, pero no hace tan bueno como para bañarnos así que cuando llegamos le decimos que preferimos continuar con el paseo. Al llegar al puerto de nuevo le pagamos lo acordado y volvemos a buscar un sitio donde cambiar dinero.


En el establecimiento que está justo al lado de la oficina de correos tampoco tenemos suerte y al final, después de dar varias vueltas por la isla, Javi y Ana se deciden a sacar dinero de un cajero para pasar el día. Estamos todos pelados. Es el último día y las cuentas que hicimos al salir de Madrid se nos han quedado justas, justas.


En la foto de arriba podéis ver lo animados que son los perros y gatos de Turquía. Están tirados por cualquier sitio sin importar si son carreteras o parques.

Buscamos un sitio para comer. Hemos visto un sitio donde hay pollos asados pero cuando nos ponemos en la cola vemos que los pollos están aún casi crudos. Es decir, tendríamos que esperar un buen rato para poder comer así que nos vamos a otro restaurante en el que vemos que también hay pollo asado. Todos comemos lo mismo. Pollo seco con pan (para pasarlo bien en caso de emergencia, en fin) De sabor está rico pero es necesario tener una bebida cerca para evitar sustos y malos ratos.

Lo más divertido de la comida es ver cómo un montón de perros y gatos hacen guardia al lado de nuestra mesa por si les cae algo de comida (que ya os digo yo que sí. Espero no haber sido culpable de la muerte de algún animalito por no haberles ofrecido también bebida)

Los perros se quedan en el jardín todo el tiempo, pero los gatos se atreven a saltar la barrera que separa el jardín del restaurante e incluso se enredan por tu pies mirándote con cara de pena para que les des algo. Como muestra podéis ver la foto del gato que se sentó entre Ana y yo.


Después de comer nos compramos un helado mientras hacemos tiempo para coger el barco de vuelta. Todos soñamos con un barco grande como el que nos ha traído hasta aquí y tenemos intención de coger buen sitio para disfrutar del paisaje con tranquilidad. Pero una cosa es lo que queremos y otra lo que ocurre realmente. Cuando entramos, en un barco más pequeño, nos encontramos con lo sitios chulos ocupados así que nos tenemos que conformar con un lateral en el exterior. El sitio no estaría mal del todo si no fuera porque está petado de gente y no podemos casi movernos en nuestros sitios. Una pena, teniendo en cuenta que podría haber sido un viaje muy chulo. Tenemos unos adolescentes coñazo especialmente molestos que gritan y se tumban unos encima de otros incordiando al resto del pasaje. Estamos deseando llegar a tierra firme. Mientras tanto nos entretenemos viendo como la gente compra roscas de pan para dar de comer a las gaviotas que cogen los trozos al vuelo.

Ana y Javi quieren mirar algo más en el bazar así que cuando llegamos cogemos un tranvía que nos deja al lado. Sin embargo no compramos gran cosa y nos volvemos pronto a casa ya por nuestro camino de siempre. Puerto, puente, torre Galata, Día%, calle principal y casa.

Ana quiere comprar unos pañuelos para el cuello y nos quedamos mirándolos en la calle principal mientras los chicos se van a casa para imprimir las tarjetas de embarque y pagar la casa. Vamos de tienda en tienda y al final compramos dos. Volvemos a casa recorriendo por última vez el camino iluminado.

Si está así en septiembre, ¿cómo estará en Navidad? Dicen que las luces fomentan las compras. Quizás sea verdad y merezca la pena tenerlas todo el año igual que en Estambul.

En casa seguimos sin agua así que cuando llegamos preparamos la cena y nos acostamos sin fregar los platos y sin ducharnos.

Mañana será otro día y espero que ya haya agua porque nos espera un viaje de cinco horas antes de llegar a Madrid.

Volvemos a cambiar las camas porque anoche no dormimos especialmente bien ninguno. Quizás sea que nos hemos hecho a la cama que originariamente cogimos. Hoy dormiremos sólo 4 horas así que no nos demoramos mucho a la hora de meternos en la cama. Como decía, mañana será otro día… y ese mañana hoy está más cerca de llegar que otros días. Ponemos el despertador a las 3:00.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Turquía - Día 7

Miércoles, 22 de septiembre de 2011

Como ya va siendo costumbre nos levantamos temprano para estar de vacaciones. Nos damos una ducha, desayunamos y nos vamos.

La excursión de hoy es a Eyüp y es una excursión que hay que hacer en barco. Me gustan los barcos. De camino al puerto nos compramos un zumo de naranja recién exprimido en la calle principal que se me ha antojado desde antes de salir de casa.

Los españoles que conocimos en la Torre Galata nos dijeron dónde está el muelle desde el que sale el barco a Eyüp. Hay que dar una vuelta enorme pero vamos con tiempo de sobra así que no pasa nada por andar un poco más. Sacamos los billetes para el barco que no son otra cosa que unas fichas para pasar un torno. No hay ficha, no hay paso, así de simple. Cada ficha, es decir, el viaje a Eyüp, cuesta 2TL (0,80€)


El barco hace varias paradas pero la nuestra es la última así que no nos preocupamos mucho por cuándo bajar. Nos han recomendado que subamos a lo alto del cementerio para poder ver Eyüp desde arriba y ese es nuestro primer destino.

Comenzamos a andar y vemos que hay un teleférico que nos sube hasta el mirador. Desde que hemos llegado a Turquía hemos montado en mini bus, autobús, barco y coche privado. Para no dejar de probar medios de transporte turcos decidimos coger el teleférico por 2TL. Como véis el transporte en Turquía es más barato que en España. Mucho más barato. No hay cola para subir así que en cuanto llegan las cabinas nos montamos. Entramos con una pareja más.

La foto que veis se la he robado a Javi y Ana. Espero que no se molesten...

Cuando llegamos vemos que las vistas merecen la pena. Quizás no tanto como había imaginado pero lo cierto es que no están nada mal.


Después de unos minutos de dar vueltas sobre nosotros mismos y de hacer fotos decidimos sentarnos a tomar un refrigerio y unas patatas en unas mesas que están llenas de turistas y rodeadas de gatos. En Turquía hay gatos por todos lados.

Al bajar del barco hemos visto uno de los típicos puestos ambulantes de roscas. Son muy parecidos a los de las mazorcas de maíz pero venden roscas de pan en lugar de mazorcas. Vemos que aquí arriba también las venden así que compramos dos para compartir y un refresco cada uno. Cuando acabamos las roscas seguimos con hambre así que compramos también una bolsa pequeña de patatas fritas para compartir. La historia de cómo y cuánto tardamos en vaciar la bolsa mejor no la cuento para no parecer demasiados ridículos.

Mientras estamos sentados en la terraza oímos cómo llaman a la oración las distintas mezquitas. Cada una llama a sus fieles con cánticos diferentes y termina siendo un poco caótico. Menos mal que Santi empieza a tomárselo con buen humor...

Pagamos las bebidas y nos vamos a pasear por Eyüp. La bajada la hacemos a pie por un camino muy bien señalizado. Vamos, que es una línea recta que va hacia abajo. No tiene pérdida.


Durante la bajada vemos lápidas bonitas (para ser lo que son) y otras que están muy mal conservadas. Una pena.

El resto de la mañana la pasamos paseando. Al entrar en la mezquita Eyup Sultan Camii nos encontramos con un entierro que pasa por delante. Yo entro un momento pero no me muevo de la puerta (que quede claro que el muerto ha pasado de largo la mezquita. Sólo ha pasado por delante, si no no habría entrado). Los demás esperan fuera. A la salida del recinto nos encontramos con una imagen que nos deja un poco sorprendidos. Una señora está repartiendo azucarillos en la puerta. No sabemos si está relacionado con el entierro o si es por otra cosa. Me acuerdo de Selma y estoy segura de que ella nos lo habría explicado.

Buscamos un sitio para comer pero Javi y Santi siguen rechazando todos los sitios si sale alguien a ofrecer el menú. Al final nos sentamos en una pequeña terraza donde comemos un plato de kebab. Pasamos un rato agradable. La comida está rica pero al final se me hace un poco pesada. Noto la carne un poco pastosa y me termina cansando.

Después de comer volvemos a pasar por la plaza y después de ir al baño público (1TL) y de lavarnos las manos con agua de colonia de limón nos dirigimos al barco de nuevo.

La tarde la vamos a pasar en el gran bazar y, quizás si nos convence el aspecto exterior, también en un hamam o, lo que es lo mismo, en unos baños turcos. Yo he de reconocer que a ratos me apetece y a ratos no me apetece. A ver en qué queda al final la tentativa de los baños porque realmente no hay nada claro.

En el gran bazar pasamos un buen rato dando vueltas de un lado a otro. Javi quiere comprar polos y pasa toda la tarde regateando con unos y otros. Yo no tengo intención de comprar nada pero mirar miro. Y me siento tentada de comprar ciertas cosas de utilidad nula o casi nula para mí. Menos mal que al final me dejo llevar por el sentido común y no compro nada inútil.

El gran bazar son más de 4.000 tiendas bajo techo en Estambul. Realmente vale la pena visitarlo pero, a no ser que quieras comprar un montón de cosas, no es como para pasar el día entero allí dentro. Es entretenido, hay teterías, tienen cosas chulas, ropa, complementos, pero una vez visto un pasillo están vistos todos. Nosotros damos vueltas durante más tiempo del que nos gustaría porque estamos buscando algo concreto, pero creo que si no hubiera sido así nos habríamos ido antes. Yo me compro un cuaderno de cuero que en un futuro espero que me sea de utilidad para algún proyecto bonito.

Cuando salimos del bazar buscamos el hamam. Damos alguna vuelta pero al final lo encontramos. En la puerta discutimos sobre qué hacer. ¿Entramos o no entramos? La entrada es un poco cara con lo que esperábamos encontrar pero también es cierto que no vamos a tener muchas más oportunidades de estar en un auténtico baño turco. Quizás nuestro problema es que estamos un poco condicionados por lo que hemos leído en internet. Que si masajistas que te dan azotes en el culo para que te des la vuelta en el masaje, que si la gente va desnuda... No sé. Después de un (buen) rato en la entrada leyendo y viendo en postales lo que nos vamos a encontrar dentro decidimos entrar. Chicas por un lado y chicos por otro, claro. Y voy a decir, casi mejor. No sé si ellos piensan lo mismo pero nosotras no habríamos hecho lo que hicimos estando rodeadas de chicos mirando.

Una vez que pagas tu entrada te separas de los chicos. Vas por una puerta que te dirige a una sala más amplia y luminosa, como si fuera el patio de una corrala, donde hay sillones y una barra de bar para tomar zumos o refrescos. Subes por unas escaleras para llegar a las taquillas donde te dan una bolsita con unas braguitas negras y una toalla de cuadros. Y digo toalla por darle un nombre relacionado con el baño porque parece un trapo de cocina gigante. Eso sí, está limpio. También te dan zapatillas de baño. Una vez que te has cambiado tienes que bajar por la misma escalera y entrar por una de las puertas que hay en la sala.

Yo no sé lo que hay en un baño turco y me llama mucho la atención. Es una sala bastante amplia con una piedra gigante en el centro donde tienes que buscar un hueco para poder tirar tu trapo-toalla y tumbarte a sudar como un pollo. Es decir es una sauna gigante. Nosotras encontramos un trocito de suelo en el centro de la habitación y al tumbarnos vemos que hay una bóveda con pequeñas ventanas con forma de estrella. Hace calor y empezamos a sudar en seguida. La verdad es que Ana y yo pasamos un rato agradable charlando y disfrutando de la intimidad. Al menos yo. Mirando alrededor te das cuenta que las chicas, sólo por ser chicas, no necesitamos ropa para estar cómodas entre nosotras y es que, a pesar de que nos han dado la toalla para llevarla a modo de túnica alrededor del cuerpo ninguna la usa. En las fotos que os pongo a continuación no se ve nada de esto porque están sacadas de su página web, pero la realidad no tiene nada que ver con ellas. Lo cierto es que todas las chicas vamos desnudas excepto por las braguitas negras. Si queréis, podéis ver más fotos oficiales aquí.

La primera foto es de una de las piscinas (los chicos dicen que ellos no tenían) Hay dos. Una pequeña con el agua casi hirviendo y otra más grande (la de la foto) con agua caliente pero soportable. La segunda foto es de uno de los apartados que hay en los que puedes refrescarte con agua fresca y/o templada.

Ana y yo pasamos un buen rato tiradas en la piedra que hemos visto nada más entrar pero llega un momento que nos cuesta manentenernos ahí así que decidimos ir a por un poco de agua para tirarnos por encima. La habitación principal es redonda y tiene varias estancias en las que encuentras varias fuentes con agua fría y caliente. También hay recipientes como el que se ve en la foto para poder coger el agua y echártela por encima. Realmente el cuerpo te pide agua fría, muy fría. No entendemos porqué hay un grifo también con agua caliente. Después de eso vamos a las piscinas. La pequeña está muy caliente y no aguanto nada más que un rato muy corto. Ana no llega a entrar. La otra piscina tiene una temperatura más agradable y nos quedamos en remojo durante varios minutos hablando con unas chicas españolas.

Dentro del haman puedes moverte por donde quieras y el tiempo que quieras. Nosotras hemos quedado con los chicos así que llegada la hora nos tenemos que ir pero salimos de la sala ya duchadas. Nos hemos lavado el cuerpo de arriba a abajo después de haber sudado durante una hora y lo mismo hemos hecho con el pelo. Salimos a la calle relucientes...

A la salida compramos unos zumos naturales para recuperar líquidos y Javi se compra un kebab en el mismo sitio en el que cenamos ayer. Volvemos caminando hacia casa. Pasamos por el puerto primero y después por las callejuelas que nos llevan a Torre Galata y a nuestro Día% de confianza. Siempre hacemos el mismo recorrido.

Pasar por el puerto sin lluvia de noche es bastante bonito. Se ve la ciudad iluminada mires donde mires.

Después compramos la cena para la noche y volvemos cargados hasta casa. Los chicos se van a hablar con Fatih y yo le digo a Ana que podemos ir subiendo para ducharnos y hacer la cena mientras ellos hablan con Fatih y éste les explica la excursión de mañana. A Ana no le parece bien que seamos nosotras las que subamos todas las bolsas pero yo estoy obcecada con el tema cena y digo que no nos cuesta nada subirlas. Cuando estamos a medio camino me doy cuenta de lo que Ana quería decir. Hemos subido cargadas como mulas y los chicos subirán después con las manos en los bolsillos.

Hoy vamos a cambiar las camas y comentamos también la posibilidad de cambiar de pareja en caso necesario para la última noche.
Mañana es nuestro último día en Turquía y hemos decidido madrugar mucho más que de costumbre. De verdad esto no son vacaciones...

domingo, 20 de noviembre de 2011

Turquía - pequeño descanso en el diario de viaje

Como parece que me he quedado un poco atascada con el diario de viaje de Turquía, voy a intentar darle un poco de vida al blog hasta que tenga tiempo para continuar. De verdad que no es todo vaguería. Cada uno de los post de viajes me lleva varias horas escribirlo, elegir las fotos -modificar el tamaño y el peso-, y sobre todo, lo más importante, pelearme con blogger para que no cambie los saltos de línea, las negritas y los enlaces -cuando lo haya-.

Me quedan tres días de Turquía y seguro que en breve volveré con fuerzas para terminarlo, pero entre el trabajo, las clases extraescolares y mi sobrino -con el que se me cae la baba sin remedio- no encuentro el tiempo necesario para hacerlo en condiciones en estos momentos. Es algo que quiero que quede bien, no que quede chapucero y para eso necesito relajación, tranquilidad y una hora seguida con el ordenador para poner en orden las ideas del proximo post.

Una vez hecho eso lo demás vendrá rodado...

domingo, 13 de noviembre de 2011

Turquía - Día 6

Miércoles, 21 de septiembre de 2011

Hoy vamos a ir al Bósforo así que nuestra idea es madrugar para poder aprovechar el día. Nos levantamos a las 8:20. Como ayer hicimos compra hoy podemos desayunar en casa. Tenemos tostadas y cereales.

Después de desayunar echamos cuentas para ver cuánto dinero nos queda y cuánto tenemos que cambiar (porque sí, los cálculos que hicimos en Madrid no fueron del todo exactos y nos estamos quedando sin efectivo en moneda local)

Después de arreglarnos y medio recoger la casa nos vamos a la calle principal otra vez. Tenemos que recorrerla entera para volver al puerto, pero antes casi de empezar vemos un local de cambio de moneda y no nos lo pensamos. Entramos a cambiar.

Cuando llegamos al puerto compramos los billetes para el Bósforo. Lo hemos hecho de tal modo que nos de tiempo de ir, dar una vuelta por allí y volver suficientemente temprano como para dar una vuelta por Estambul de noche. La ida la haremos más o menos a la hora de la comida. Hemos cogido embutido (del de Ana) y vamos a comprar pan antes de coger el barco así podremos comer un bocadillo y aprovechar todo el tiempo que estemos allí paseando y viendo cosas.

Antes de coger el barco tenemos tiempo libre, por así decir, y decidimos ir al palacio Topkapi. Ayer habíamos decidido no ir, pero nos hablaron bien de él y como tenemos tiempo...

Nos ponemos en la cola después de subir hasta las taquillas. Hay un harén, que no vamos a visitar, que nos han dicho que es muy recomendable. Desgraciadamente no tenemos tiempo suficiente. Tenemos poco tiempo para comprar las entradas y hacer la visita. Ana me dice que los tres españoles jóvenes que vimos ayer en la cola de la mezquita de Santa Sofía están en otra cola y están a punto de ser atendidos. A mí no me importa colarme pero a Ana le da vergüenza pedírselo. Justo cuando me voy a dirigir a ellos para pedírselo veo que nuestra cola avanza bastanta más deprisa que la suya. De hecho nosotros estamos casi en la taquilla ya y ellos no se han movido aún. Decido abortar la operación "colarnos por todo el morro" y esperar nuestro turno. Ellos también nos han visto pero se hacen un poco los longuis y más cuando ven que hemos llegado después que ellos y que ya hemos comprado las entradas.

El palacio a mí, personalmente, no me merece la pena. Quizás con más tiempo y menos gente... La gente. Son fundamentales para que yo disfrute, o no, de un lugar. En el palacio Topkapi hay demasiada gente haciendo colas tanto dentro como fuera. Estamos algo así como tres cuartos de hora dentro antes de salir por patas para coger el barco y antes de irnos hacemos una última cola. Efectivamente, la cola del baño. Como en todos lados la de las chicas es mucho más larga que la de los chicos, pero como la señora que limpia los servicios se encarga también del tráfico la cosa se agiliza mucho. Tiene un aseo para mujeres dentro del baño de hombres y cada vez que se queda libre hace pasar a la siguiente mujer. Los hombres miran con curiosidad pero no parecen molestos. La mujer parece divertida con las caras de la gente.

A la salida del palacio nos compramos una mazorca de maíz que nos deja los dientes negros. ¡Qué se le va a hacer! y de camino al barco entramos a una tienda a comprar pan, agua y coca cola para el camino de ida.

Esperamos un rato, pero entramos bastante rápido al barco. Nos sentamos en un lateral (el de las vistas feas parece ser) y empezamos a hacer la comida. Repartimos el pan entre los cuatro y nos vamos pasando el embutido. Los "yo quiero lomo y salchichón", los "yo también" y los "yo prefiero chorizo y lo que sobre..." se oyen durante un rato hasta que terminamos de hacer los bocatas. Cuando ya hemos terminado comenzamos a comer. Yo estoy en una esquina, Ana está a continuación, después Santi y por último Javi. Dicho de otro modo, podemos decir que somos una ecuación capicúa. Atención: tonto-listo-listo-tonto. Cuando miro a Ana veo que en su bocata se distinguen tres colores claramente, a saber, beige del pan, rosado del salchichón y beige del pan otra vez. Cuando vuelvo la cabeza y miro el mío veo todo beige con una fina línea de color rojo chorizo en el centro. Pero es que cuando miro a Santi... Bueno, eso ya es por demás... Javi y yo hemos hecho los primos pero a base de bien. A continuación vivimos una situación de lo más surrealista. Ana tiene un ataque de risa que le dura un buen rato (cada vez que ve su bocadillo o el de Santi que parecen bocatas de solomillo) Javi y Santi parecen no darse mucha cuenta de lo que pasa. Al final Javi y yo rellenamos nuestros bocatas con las sobra para igual el asunto.

Os dejo la secuencias de fotos. A mí me hacen mucha gracia pero no sé si le harán gracia a todo el mundo...

Después del atracón de comida que nos hemos dado nos comemos unas galletas que hemos comprado para postre.

Nosotras nos hemos quedado más o menos bien, pero los chicos se han quedado silbando. Eso sí, el agua con la que llevamos cargando buena parte del día está casi intacta.

Cuando atracamos en el puerto atravesamos un montón de restaurantes donde hacen pescado en el momento, heladerías con un montón de variedad o locales donde venden kebab. Los pasamos todos de largo para subir al castillo y ver las vistas desde lo alto donde se ve la parte asiática y la europea.

Subimos hasta unas ruinas que son el punto más alto para hacer allí las fotos. Hace bastante viento y Ana decide bajarse ella sola sin avisar a nadie mientras nosotros investigamos un poco qué hay detrás de una valla que está abierta por un lateral. Sólo hay plantas, árboles y poco más, así que no estamos mucho tiempo. El primero en irse es Javi. Cuando Santi y yo volvemos al lugar donde habíamos dejado a Ana no hay ni rastro de ella ni tampoco de Javi. No hay muchos lugares a los que hayan podido ir, pero si empezamos a bajar por donde hemos subido y ellos han ido a inspeccionar por otro lado, será difícil que nos encontremos...

Decidimos deshacer el camino andado y después de un rato les encontramos muy acaramelados en una cuesta. Según parece Javi está enfadado con ella por haberse ido sin avisar, pero Ana le está haciendo chantaje emocional y parece que va ganando ella.

Nos hacemos varias fotos y después de un rato volvemos hacia el puerto. Nos compramos un helado (a mí se me ha antojado comprar un helado de pistacho y al final veo que me voy sin probarlo) y poco después subimos al barco de nuevo. Los ánimos no son los mismos del viaje de ida.

Nos da el bajón y Santi y Ana terminan los dos dormidos, tumbados en los mullidos asientos del interior del barco. Son casi como una cama. Javi está encantado con su plano y se pasa un buen rato mirándolo. Al final me dice que ha trazado una ruta que podemos hacer cuando lleguemos. Cuando se la contamos a Santi y Ana no parecen muy emocionados, pero aún así la llevamos a cabo.

Primero entramos en la mezquita de Yeni Camii de noche (camii = mezquita así que no sé si se puede decir como lo he dicho yo) De los cuatro soy la que más tiempo pasa dentro porque los demás opinan que es demasiado personal para la gente que está rezando como para entrar a estas horas que está casi vacía. Yo no soy de la misma opinión. Mi intención no es ofender a nadie ni provocar así que no veo nada de malo en mi visita; sólo quiero ver y sentir. No sé qué, pero es un templo y se supone que en estos lugares es donde te encuentras contigo mismo. Es posible que no me haya encontrado ni conmigo ni con nadie más, pero soy curiosa y quiero ver lo que hacen. Si molestara prohibirían el paso, ¿no?

La foto que pongo a continuación me gusta mucho. Vista en grande está un poco borrosa, pero en este tamaño queda bien.

A la salida atravesamos un mercado de especias. Nuestra meta final es llegar a la mezquita Süleimaniye, que es la más grande, y el mercado es uno de los muchos caminos que llevan a ella. Me paro a hacer algunos fotos, y al tomar la que veis a continuación, me hacen partícipe de alguna broma y me envían un chico para que se haga una foto conmigo.

El chico posa en plan interesante y quedamos en que mañana cuando pase por allí le compraré algo. En principio no tengo pensado volver, pero eso él no lo sabe...

Callejeamos durante un rato por unas calles un tanto oscuras y no muy concurridas. Menos mal que la idea no ha sido mía porque si no habrían dicho que sólo a mí se me ocurre hacer esas cosas. Por fin llegamos a un camino que parece que desemboca en la mezquita y lo seguimos. Desde fuera se ve preciosa ilumiada. Por dentro... por dentro seguro que es preciosa también pero no conseguimos entrar porque cuando llegamos están llamando a la oración y la están cerrando al público.

Quizás no se vea muy bien, pero a lo largo de toda la fachada hay grifos (especie de fuentes) colocadas para las abluciones. Antes de entrar a rezar llevan a cabo una ceremonia de purificación del cuerpo a través del agua. Yo lo he visto hacer en los pies, pero no sé si se hace en otras partes del cuerpo. Estas purificaciones tienen lugar en las inmediaciones de los lugares sagrados dedicados a la oración.

Nos vamos porque no podemos entrar, pero antes de salir del recinto se pone a llover y decidimos refugiarnos debajo de un arco hasta que escampe. Estamos cansados y los ánimos están un poco por los suelos pero seguimos andando cuando para la lluvia. Pasamos por una calle comercial que da a parar a la zona de las mezquitas en la que estuvimos ayer. De paso Javi aprovecha para regatear con algunos comerciantes algunos polos de Adidas y Lacoste. Después de un rato al final no compra nada.

Buscamos un sitio para cenar. Es hora de reponer fuerzas, pero entramos en la dinámica de "donde tú quieras" y "me parece bien todo" con cada restaurante que vemos y con cada propuesta que hacemos. Al final compramos un kebab cada uno a un señor muy simpático. Es el más rico que he comido hasta el momento. Con diferencia.

Intentamos hacer fotos de las mezquitas de noche, pero no salen especialmente bien. Cuando ya nos vamos a ir encienden la fuente así que tenemos que repetir todas las fotos con la fuente encendida.

Con esta foto pasa lo mismo que con la de la mezquita, en grande pierde mucho, pero pequeña se ve bonita...

Vuelve a llover y decidmos marcharnos. Para evitar momentos muy penosos no alargaré mucho este momento. Estamos empapados de pies a cabeza, y esto que digo es literal, y andamos por inercia. Llevamos todo el día fuera de casa y el cansancio nos ha bajado de golpe. Cuando llegamos al puente decidimos pasarlo por debajo en lugar de seguir mojándonos. El interior es agradable. Tiene alguna tienda y luego todo restaurantes. Es una gran galería llena de sitios para cenar. Sitios elegantes y sitios no tan elegantes. Todos preguntándote si quieres cenar e invitándote a sentarte. Yo intento contestar amablemente a todo el mundo diciendo que ya hemos cenado y que nos vamos a casa ya. Los demás como dice Aída, no tienen el chichi pá farolillos y ni siquiera contestan a las invitaciones. Un camarero muy amable al vernos tan mojados me pregunta por donde vivimos y cuando se lo digo me explica cómo y dónde coger el tranvía. Al final no lo cogemos pero se lo agradezco mucho igualmente.

Cuando llegamos a la calle principal deja de llover, pero da igual. Estamos calados y el suelo está lleno de charcos. Tardamos más de una hora en llegar a casa y cuando lo hacemos quedamos entre nosotros en que si mañana nos pasa lo mismo con la lluvia, cogeremos un taxi de vuelta.

Nos duchamos y nos vamos a dormir. Es pronto, sí, pero nos merecemos un descanso...

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Turquía - Día 5

Martes, 20 de septiembre de 2011

Hoy se nos da realmente mal en el autobús para desayunar. Después de la última parada aún es muy temprano, pero aún así nos reparten café y té. Nosotros no cogemos pensando que más tarde ofrecerán de nuevo, pero la realidad es que estamos a un ratillo de llegar a Estambul y no vuelve a pasar el azafato.

Ana comenta que ha pasado miedo con el conductor y entonces yo me doy cuenta de que no era sólo una sensación mía sino que era verdad que el hombre se creía una mezcla de Carlos Sáinz y Fernando Alonso.

Cuando llegamos a la estación no sabemos muy bien a dónde tenemos que ir. Sabemos que van a ir a buscarnos, pero no sabemos ni quién ni dónde nos espera. Al final vemos a unos españoles que van con un señor que tiene un autobús mediano y nos vamos con ellos. Nos montamos y le pedimos al señor que nos deje en Taksim Square que es la zona en la que nos alojamos nosotros. El hombre nos dice que sí como a los locos pero no tenemos ninguna seguridad de que lo haga. Después de varias paradas parece que el hombre sí que va a pasar por allí. Hay dos españoles que tienen que buscar alojamiento para una semana porque no han buscado nada desde España y no saben muy bien en qué zona bajarse. Les decimos que nuestra zona está bastante bien de precio y muy céntrica y deciden venir con nosotros.

Después de temer por nuestra vida al bajar del bus (si hay cuatro carriles bajamos en el tercero y tenemos que coger las maletas cuando pasan coches y otros autobuses por ambos lados) y poner el pie en la acera, nos despedimos de los españoles y nos vamos a nuestro apartamento, a ver si con algo de suerte podemos entrar ya y ducharnos antes de salir. Obviamente no es así, pero nos da igual. Nos lavamos rápido en la oficina y nos cambiamos de ropa. Estamos contentos porque nos han llevado a nuestra zona en el bus. Nos hemos ahorrado un poco de dinero y mucho tiempo.

Vamos a desayunar a un sitio un poco pijo pero por lo menos nos aseguramos de que desayunamos en condiciones. Café, chocolate en mi caso, un bollo, una muffin de chocolate en mi caso, y zumito de naranja.

Javi, que no sabemos muy bien porqué se ha pedido un bollo con pasas cuando no le gustan las pasas, no parece muy convencido con su desayuno una vez que lo tiene delante y prueba la comida, pero los demás lo disfrutamos mucho.

Nos llama la atención la cantidad de empelados que hay en el local, lo cual me parece genial, claro, pero la mayoría tiene pinta de no tener mucho trabajo. Hay un chico al lado de nuestra mesa casi todo el tiempo y en un momento dado uno de nosotros se da cuenta de que no hay servilletas. Miramos a un lado y a otro y acto seguido aparece el chico con servilletas para todos. A eso le llamo yo un buen servicio.

Después del desayuno bajamos al puerto por Torre Galata. Ana ya parece estar bien, pero aún así decidimos subir por la tarde para ver la puesta de sol así que la pasamos de largo.

El puerto está lleno de pesacadores a ambos lados del puente. No sé muy bien hasta que punto estarán buenos los pescados que salgan de ahí con tanto barco pasando y contaminando el agua, pero el caso es que está lleno de gente pescando.

Continuamos nuestro camino hasta llegar a una oficina de información turística. No sé muy bien cómo explicar el comportamiento de la mujer que nos atiende, sólo sé que si llego a estar en España le habría pedido el libro de reclamaciones para que no pudiera trabajar nunca más de cara al público. Para empezar está casi tumbada en su silla y no se mueve cuando le vamos a preguntar. Nos contesta borde y con dos palabras y cuando le insistimos en un tema concreto nos vuelve a contestar mal. Decidimos marcharnos porque allí no hay nada que hacer.

Hemos decidido no entrar en el Palacio Topkapi, pero como está al lado de las mezquitas más importantes pasamos a verlo por fuera.

Nos ponemos un rato en la cola para la Mezquita de Santa Sofía pero hay tanta gente que decidimos entrar mejor en la Mezquita Azul que parece más bonita. Llegamos justo para que nos digan que no se puede entrar por ahí y que hay que dar la vuelta así que vamos a hacer cola al otro lado. Yo bajo a uno de los baños (ya sabéis, 1 TL para entrar) y cuando subo me encuentro con que los demás han estado discutiendo con el guía del grupo 6. Parece ser que nosotros estábamos primero pero el guía ha dicho que no, que nos hemos colado así que al final ha pasado al grupo entero (unas 30 personas) delante. Mejor no discutir... Después de unos 20 minutos en la cola parece que nos va a tocar el turno. Estamos justo en la puerta, ya descalzos y preparando el pañuelo para la cabeza cuando el guía del grupo 6 empieza a meterles prisa para que entren. En cuanto entra el último nos cierran las puertas (con candado incluido) en las narices. Nos dicen que han cerrado y que si queremos podemos volver por la tarde.

Volvemos a la mezquita de Santa Sofía. No hay mucha cola así que esperamos. Nos encontramos con unos españoles de mediana edad delante nuestra y con tres chicos jóvenes también españoles detrás. Los de atrás son un poco raros así que damos conversación a los mayores. Una vez dentro nos dispersamos para ver cada uno lo que quiere. Es bonita, pero a mí no me merece la pena pagar por entrar. Tampoco el tiempo de espera. Pero ya está hecho así que no hay que darle más vueltas.

Cuando salimos ya empezamos a notar el cansancio. Queremos ir a las cisternas, que nos han dicho los españoles que están muy bien y merecen la pena, pero también queremos comer y descansar un rato. Al final optamos por visitar las cisternas primero y comer después. Eso sí, antes de entrar vamos a por algo para beber. En Egipto también nos dio el bajón antes de comer y una Coca Cola lo arregló todo. Hoy repetimos la jugada y vuelve a salirnos bien.

No sabía muy bien qué iba a encontrarme en las cisternas y he de decir que me sorprendieron gratamente. Me pareció un sitio muy bonito y con mucho encanto. Habría quitado al resto de turistas para que fuera perfecto, pero bueno, tampoco está mal así...

Después de esta visita (que se alarga porque intentamos sacar buenas fotos en la oscuridad con nuestras cámaras de aficionados) salimos a la calle a buscar un sitio donde comer. Creo que todos coincidimos en que queremos un sitio en el que sentarnos y poder descansar un rato.

Subimos y bajamos la calle para, al final, quedarnos en el primero que hemos visto. De este restaurante nos gustan dos cosas: la primera que tiene la carta en español, y la segunda que no salen a ofrecerte la carta. El resto de restaurantes sí lo han hecho, y aunque a Ana y a mí nos da igual, a los chicos eso les echa para atrás.

El sitio está muy bien. Es una especie de patio medio cerrado en la calle, con árboles y sombrillas.

La comida está muy rica, y aunque ha salido un poco más cara de lo que habíamos pensado, nos ha merecido la pena. Ana y yo tomamos pasta y Javi y Santi carne.

Después de la comida y de descansar durante un ratillo volvemos a la Mezquita Azul para verla por dentro. Pensábamos que abría a las 16:30 y casi nos quedamos fuera porque vuelve a cerrar a esa hora. Entramos y casi al momento nos hacen salir porque es la hora de la oración. Tenemos tiempo de verla por encima y de sacarle una fotillo. Pero lo poco que veo me ha gustado más que la de Santa Sofía.

Tomamos el camino de vuelta hasta llegar a Torre Galata de nuevo. Subimos para ver el atardecer pero es demasiado pronto y no vemos mucho de la puesta de sol. Arriba coincidimos con una pareja de españoles (sí, estamos en todos lados) y Santi se pasa un buen rato hablando con ellos. Javi y Ana se bajan ya de puro aburrimiento (y también porque Ana tiene resentida la espalda después de todo el día de pie y andando) y nos esperan abajo.

Ahora tenemos que hacer la compra porque no tenemos ni cena para hoy ni desayuno para mañana así que vamos a buscar un Día% (hay un montón y no es broma aunque lo pueda parecer. A mí por lo menos me parecía de coña) Javi dice que sabe por dónde ir. Yo creo que tenemos que ir por el lado contrario pero Javi dice que no. Está tan convencido que me convence a mí también. ¡ERROR! Damos la vuelta a la manzana para volver al mismo sitio y entrar en el supermercado.

De cena no se nos ocurre otra cosa que comprar mazorcas de maíz. Están bien de precio y las hemos visto en tantos puestos en la calle que nos hemos quedado con las ganas. Ni idea de cómo hacerlas, claro. En principio las compramos y luego ya veremos...

De vuelta por la calle principal nos encontramos con una manifestación de gente (no muy multitudinaria) y un poco más adelante con los policías antidisturbios preparados para "entrar en batalla" en caso necesario. No pude por más que sacar la foto que hay a continuación. Justo delante de la formación de policías hay un hombre tocando un órgano. Creo que este señor nunca ha tenido las espaldas mejor cubiertas...

Cuando llegamos a casa estamos reventados. ¡Menos mal que Fathi nos ha llevado las maletas a la habitación! Nos damos una ducha y empiezo a hacer las mazorcas. Me apetece probar el experimento a ver qué tal sale.

Primero hay que lmpiarlas. Le quito las hojas que la envuelve y los pelillos que salen de dentro. Nunca había visto una mazorca así. Me gusta cómo son. Le echo mantequilla porque no hay aceite, y las pongo en la sartén durante un buen rato. Al final no salen mal y se pueden incluso comer.

Nuestra cena consiste en maíz y salchichas. Y de postre leche con cereales. Quizás no sea una cena recomendada pero a nosotros no sabe a gloria. Bueno, en honor a la verdad es la cena de Javi, Santi y mía. Ana se ha comprado unos yogures y es lo que cena.

Después de cenar montamos de nuevo la habitación con el colchón en el suelo y al final nos acostamos sobre las 22:15. Hay que tener en cuenta que anoche no dormimos demasiado en el bus y que nos hemos dado una buena paliza. Nos merecemos un descanso.