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domingo, 20 de noviembre de 2011

Turquía - pequeño descanso en el diario de viaje

Como parece que me he quedado un poco atascada con el diario de viaje de Turquía, voy a intentar darle un poco de vida al blog hasta que tenga tiempo para continuar. De verdad que no es todo vaguería. Cada uno de los post de viajes me lleva varias horas escribirlo, elegir las fotos -modificar el tamaño y el peso-, y sobre todo, lo más importante, pelearme con blogger para que no cambie los saltos de línea, las negritas y los enlaces -cuando lo haya-.

Me quedan tres días de Turquía y seguro que en breve volveré con fuerzas para terminarlo, pero entre el trabajo, las clases extraescolares y mi sobrino -con el que se me cae la baba sin remedio- no encuentro el tiempo necesario para hacerlo en condiciones en estos momentos. Es algo que quiero que quede bien, no que quede chapucero y para eso necesito relajación, tranquilidad y una hora seguida con el ordenador para poner en orden las ideas del proximo post.

Una vez hecho eso lo demás vendrá rodado...

domingo, 13 de noviembre de 2011

Turquía - Día 6

Miércoles, 21 de septiembre de 2011

Hoy vamos a ir al Bósforo así que nuestra idea es madrugar para poder aprovechar el día. Nos levantamos a las 8:20. Como ayer hicimos compra hoy podemos desayunar en casa. Tenemos tostadas y cereales.

Después de desayunar echamos cuentas para ver cuánto dinero nos queda y cuánto tenemos que cambiar (porque sí, los cálculos que hicimos en Madrid no fueron del todo exactos y nos estamos quedando sin efectivo en moneda local)

Después de arreglarnos y medio recoger la casa nos vamos a la calle principal otra vez. Tenemos que recorrerla entera para volver al puerto, pero antes casi de empezar vemos un local de cambio de moneda y no nos lo pensamos. Entramos a cambiar.

Cuando llegamos al puerto compramos los billetes para el Bósforo. Lo hemos hecho de tal modo que nos de tiempo de ir, dar una vuelta por allí y volver suficientemente temprano como para dar una vuelta por Estambul de noche. La ida la haremos más o menos a la hora de la comida. Hemos cogido embutido (del de Ana) y vamos a comprar pan antes de coger el barco así podremos comer un bocadillo y aprovechar todo el tiempo que estemos allí paseando y viendo cosas.

Antes de coger el barco tenemos tiempo libre, por así decir, y decidimos ir al palacio Topkapi. Ayer habíamos decidido no ir, pero nos hablaron bien de él y como tenemos tiempo...

Nos ponemos en la cola después de subir hasta las taquillas. Hay un harén, que no vamos a visitar, que nos han dicho que es muy recomendable. Desgraciadamente no tenemos tiempo suficiente. Tenemos poco tiempo para comprar las entradas y hacer la visita. Ana me dice que los tres españoles jóvenes que vimos ayer en la cola de la mezquita de Santa Sofía están en otra cola y están a punto de ser atendidos. A mí no me importa colarme pero a Ana le da vergüenza pedírselo. Justo cuando me voy a dirigir a ellos para pedírselo veo que nuestra cola avanza bastanta más deprisa que la suya. De hecho nosotros estamos casi en la taquilla ya y ellos no se han movido aún. Decido abortar la operación "colarnos por todo el morro" y esperar nuestro turno. Ellos también nos han visto pero se hacen un poco los longuis y más cuando ven que hemos llegado después que ellos y que ya hemos comprado las entradas.

El palacio a mí, personalmente, no me merece la pena. Quizás con más tiempo y menos gente... La gente. Son fundamentales para que yo disfrute, o no, de un lugar. En el palacio Topkapi hay demasiada gente haciendo colas tanto dentro como fuera. Estamos algo así como tres cuartos de hora dentro antes de salir por patas para coger el barco y antes de irnos hacemos una última cola. Efectivamente, la cola del baño. Como en todos lados la de las chicas es mucho más larga que la de los chicos, pero como la señora que limpia los servicios se encarga también del tráfico la cosa se agiliza mucho. Tiene un aseo para mujeres dentro del baño de hombres y cada vez que se queda libre hace pasar a la siguiente mujer. Los hombres miran con curiosidad pero no parecen molestos. La mujer parece divertida con las caras de la gente.

A la salida del palacio nos compramos una mazorca de maíz que nos deja los dientes negros. ¡Qué se le va a hacer! y de camino al barco entramos a una tienda a comprar pan, agua y coca cola para el camino de ida.

Esperamos un rato, pero entramos bastante rápido al barco. Nos sentamos en un lateral (el de las vistas feas parece ser) y empezamos a hacer la comida. Repartimos el pan entre los cuatro y nos vamos pasando el embutido. Los "yo quiero lomo y salchichón", los "yo también" y los "yo prefiero chorizo y lo que sobre..." se oyen durante un rato hasta que terminamos de hacer los bocatas. Cuando ya hemos terminado comenzamos a comer. Yo estoy en una esquina, Ana está a continuación, después Santi y por último Javi. Dicho de otro modo, podemos decir que somos una ecuación capicúa. Atención: tonto-listo-listo-tonto. Cuando miro a Ana veo que en su bocata se distinguen tres colores claramente, a saber, beige del pan, rosado del salchichón y beige del pan otra vez. Cuando vuelvo la cabeza y miro el mío veo todo beige con una fina línea de color rojo chorizo en el centro. Pero es que cuando miro a Santi... Bueno, eso ya es por demás... Javi y yo hemos hecho los primos pero a base de bien. A continuación vivimos una situación de lo más surrealista. Ana tiene un ataque de risa que le dura un buen rato (cada vez que ve su bocadillo o el de Santi que parecen bocatas de solomillo) Javi y Santi parecen no darse mucha cuenta de lo que pasa. Al final Javi y yo rellenamos nuestros bocatas con las sobra para igual el asunto.

Os dejo la secuencias de fotos. A mí me hacen mucha gracia pero no sé si le harán gracia a todo el mundo...

Después del atracón de comida que nos hemos dado nos comemos unas galletas que hemos comprado para postre.

Nosotras nos hemos quedado más o menos bien, pero los chicos se han quedado silbando. Eso sí, el agua con la que llevamos cargando buena parte del día está casi intacta.

Cuando atracamos en el puerto atravesamos un montón de restaurantes donde hacen pescado en el momento, heladerías con un montón de variedad o locales donde venden kebab. Los pasamos todos de largo para subir al castillo y ver las vistas desde lo alto donde se ve la parte asiática y la europea.

Subimos hasta unas ruinas que son el punto más alto para hacer allí las fotos. Hace bastante viento y Ana decide bajarse ella sola sin avisar a nadie mientras nosotros investigamos un poco qué hay detrás de una valla que está abierta por un lateral. Sólo hay plantas, árboles y poco más, así que no estamos mucho tiempo. El primero en irse es Javi. Cuando Santi y yo volvemos al lugar donde habíamos dejado a Ana no hay ni rastro de ella ni tampoco de Javi. No hay muchos lugares a los que hayan podido ir, pero si empezamos a bajar por donde hemos subido y ellos han ido a inspeccionar por otro lado, será difícil que nos encontremos...

Decidimos deshacer el camino andado y después de un rato les encontramos muy acaramelados en una cuesta. Según parece Javi está enfadado con ella por haberse ido sin avisar, pero Ana le está haciendo chantaje emocional y parece que va ganando ella.

Nos hacemos varias fotos y después de un rato volvemos hacia el puerto. Nos compramos un helado (a mí se me ha antojado comprar un helado de pistacho y al final veo que me voy sin probarlo) y poco después subimos al barco de nuevo. Los ánimos no son los mismos del viaje de ida.

Nos da el bajón y Santi y Ana terminan los dos dormidos, tumbados en los mullidos asientos del interior del barco. Son casi como una cama. Javi está encantado con su plano y se pasa un buen rato mirándolo. Al final me dice que ha trazado una ruta que podemos hacer cuando lleguemos. Cuando se la contamos a Santi y Ana no parecen muy emocionados, pero aún así la llevamos a cabo.

Primero entramos en la mezquita de Yeni Camii de noche (camii = mezquita así que no sé si se puede decir como lo he dicho yo) De los cuatro soy la que más tiempo pasa dentro porque los demás opinan que es demasiado personal para la gente que está rezando como para entrar a estas horas que está casi vacía. Yo no soy de la misma opinión. Mi intención no es ofender a nadie ni provocar así que no veo nada de malo en mi visita; sólo quiero ver y sentir. No sé qué, pero es un templo y se supone que en estos lugares es donde te encuentras contigo mismo. Es posible que no me haya encontrado ni conmigo ni con nadie más, pero soy curiosa y quiero ver lo que hacen. Si molestara prohibirían el paso, ¿no?

La foto que pongo a continuación me gusta mucho. Vista en grande está un poco borrosa, pero en este tamaño queda bien.

A la salida atravesamos un mercado de especias. Nuestra meta final es llegar a la mezquita Süleimaniye, que es la más grande, y el mercado es uno de los muchos caminos que llevan a ella. Me paro a hacer algunos fotos, y al tomar la que veis a continuación, me hacen partícipe de alguna broma y me envían un chico para que se haga una foto conmigo.

El chico posa en plan interesante y quedamos en que mañana cuando pase por allí le compraré algo. En principio no tengo pensado volver, pero eso él no lo sabe...

Callejeamos durante un rato por unas calles un tanto oscuras y no muy concurridas. Menos mal que la idea no ha sido mía porque si no habrían dicho que sólo a mí se me ocurre hacer esas cosas. Por fin llegamos a un camino que parece que desemboca en la mezquita y lo seguimos. Desde fuera se ve preciosa ilumiada. Por dentro... por dentro seguro que es preciosa también pero no conseguimos entrar porque cuando llegamos están llamando a la oración y la están cerrando al público.

Quizás no se vea muy bien, pero a lo largo de toda la fachada hay grifos (especie de fuentes) colocadas para las abluciones. Antes de entrar a rezar llevan a cabo una ceremonia de purificación del cuerpo a través del agua. Yo lo he visto hacer en los pies, pero no sé si se hace en otras partes del cuerpo. Estas purificaciones tienen lugar en las inmediaciones de los lugares sagrados dedicados a la oración.

Nos vamos porque no podemos entrar, pero antes de salir del recinto se pone a llover y decidimos refugiarnos debajo de un arco hasta que escampe. Estamos cansados y los ánimos están un poco por los suelos pero seguimos andando cuando para la lluvia. Pasamos por una calle comercial que da a parar a la zona de las mezquitas en la que estuvimos ayer. De paso Javi aprovecha para regatear con algunos comerciantes algunos polos de Adidas y Lacoste. Después de un rato al final no compra nada.

Buscamos un sitio para cenar. Es hora de reponer fuerzas, pero entramos en la dinámica de "donde tú quieras" y "me parece bien todo" con cada restaurante que vemos y con cada propuesta que hacemos. Al final compramos un kebab cada uno a un señor muy simpático. Es el más rico que he comido hasta el momento. Con diferencia.

Intentamos hacer fotos de las mezquitas de noche, pero no salen especialmente bien. Cuando ya nos vamos a ir encienden la fuente así que tenemos que repetir todas las fotos con la fuente encendida.

Con esta foto pasa lo mismo que con la de la mezquita, en grande pierde mucho, pero pequeña se ve bonita...

Vuelve a llover y decidmos marcharnos. Para evitar momentos muy penosos no alargaré mucho este momento. Estamos empapados de pies a cabeza, y esto que digo es literal, y andamos por inercia. Llevamos todo el día fuera de casa y el cansancio nos ha bajado de golpe. Cuando llegamos al puente decidimos pasarlo por debajo en lugar de seguir mojándonos. El interior es agradable. Tiene alguna tienda y luego todo restaurantes. Es una gran galería llena de sitios para cenar. Sitios elegantes y sitios no tan elegantes. Todos preguntándote si quieres cenar e invitándote a sentarte. Yo intento contestar amablemente a todo el mundo diciendo que ya hemos cenado y que nos vamos a casa ya. Los demás como dice Aída, no tienen el chichi pá farolillos y ni siquiera contestan a las invitaciones. Un camarero muy amable al vernos tan mojados me pregunta por donde vivimos y cuando se lo digo me explica cómo y dónde coger el tranvía. Al final no lo cogemos pero se lo agradezco mucho igualmente.

Cuando llegamos a la calle principal deja de llover, pero da igual. Estamos calados y el suelo está lleno de charcos. Tardamos más de una hora en llegar a casa y cuando lo hacemos quedamos entre nosotros en que si mañana nos pasa lo mismo con la lluvia, cogeremos un taxi de vuelta.

Nos duchamos y nos vamos a dormir. Es pronto, sí, pero nos merecemos un descanso...

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Turquía - Día 5

Martes, 20 de septiembre de 2011

Hoy se nos da realmente mal en el autobús para desayunar. Después de la última parada aún es muy temprano, pero aún así nos reparten café y té. Nosotros no cogemos pensando que más tarde ofrecerán de nuevo, pero la realidad es que estamos a un ratillo de llegar a Estambul y no vuelve a pasar el azafato.

Ana comenta que ha pasado miedo con el conductor y entonces yo me doy cuenta de que no era sólo una sensación mía sino que era verdad que el hombre se creía una mezcla de Carlos Sáinz y Fernando Alonso.

Cuando llegamos a la estación no sabemos muy bien a dónde tenemos que ir. Sabemos que van a ir a buscarnos, pero no sabemos ni quién ni dónde nos espera. Al final vemos a unos españoles que van con un señor que tiene un autobús mediano y nos vamos con ellos. Nos montamos y le pedimos al señor que nos deje en Taksim Square que es la zona en la que nos alojamos nosotros. El hombre nos dice que sí como a los locos pero no tenemos ninguna seguridad de que lo haga. Después de varias paradas parece que el hombre sí que va a pasar por allí. Hay dos españoles que tienen que buscar alojamiento para una semana porque no han buscado nada desde España y no saben muy bien en qué zona bajarse. Les decimos que nuestra zona está bastante bien de precio y muy céntrica y deciden venir con nosotros.

Después de temer por nuestra vida al bajar del bus (si hay cuatro carriles bajamos en el tercero y tenemos que coger las maletas cuando pasan coches y otros autobuses por ambos lados) y poner el pie en la acera, nos despedimos de los españoles y nos vamos a nuestro apartamento, a ver si con algo de suerte podemos entrar ya y ducharnos antes de salir. Obviamente no es así, pero nos da igual. Nos lavamos rápido en la oficina y nos cambiamos de ropa. Estamos contentos porque nos han llevado a nuestra zona en el bus. Nos hemos ahorrado un poco de dinero y mucho tiempo.

Vamos a desayunar a un sitio un poco pijo pero por lo menos nos aseguramos de que desayunamos en condiciones. Café, chocolate en mi caso, un bollo, una muffin de chocolate en mi caso, y zumito de naranja.

Javi, que no sabemos muy bien porqué se ha pedido un bollo con pasas cuando no le gustan las pasas, no parece muy convencido con su desayuno una vez que lo tiene delante y prueba la comida, pero los demás lo disfrutamos mucho.

Nos llama la atención la cantidad de empelados que hay en el local, lo cual me parece genial, claro, pero la mayoría tiene pinta de no tener mucho trabajo. Hay un chico al lado de nuestra mesa casi todo el tiempo y en un momento dado uno de nosotros se da cuenta de que no hay servilletas. Miramos a un lado y a otro y acto seguido aparece el chico con servilletas para todos. A eso le llamo yo un buen servicio.

Después del desayuno bajamos al puerto por Torre Galata. Ana ya parece estar bien, pero aún así decidimos subir por la tarde para ver la puesta de sol así que la pasamos de largo.

El puerto está lleno de pesacadores a ambos lados del puente. No sé muy bien hasta que punto estarán buenos los pescados que salgan de ahí con tanto barco pasando y contaminando el agua, pero el caso es que está lleno de gente pescando.

Continuamos nuestro camino hasta llegar a una oficina de información turística. No sé muy bien cómo explicar el comportamiento de la mujer que nos atiende, sólo sé que si llego a estar en España le habría pedido el libro de reclamaciones para que no pudiera trabajar nunca más de cara al público. Para empezar está casi tumbada en su silla y no se mueve cuando le vamos a preguntar. Nos contesta borde y con dos palabras y cuando le insistimos en un tema concreto nos vuelve a contestar mal. Decidimos marcharnos porque allí no hay nada que hacer.

Hemos decidido no entrar en el Palacio Topkapi, pero como está al lado de las mezquitas más importantes pasamos a verlo por fuera.

Nos ponemos un rato en la cola para la Mezquita de Santa Sofía pero hay tanta gente que decidimos entrar mejor en la Mezquita Azul que parece más bonita. Llegamos justo para que nos digan que no se puede entrar por ahí y que hay que dar la vuelta así que vamos a hacer cola al otro lado. Yo bajo a uno de los baños (ya sabéis, 1 TL para entrar) y cuando subo me encuentro con que los demás han estado discutiendo con el guía del grupo 6. Parece ser que nosotros estábamos primero pero el guía ha dicho que no, que nos hemos colado así que al final ha pasado al grupo entero (unas 30 personas) delante. Mejor no discutir... Después de unos 20 minutos en la cola parece que nos va a tocar el turno. Estamos justo en la puerta, ya descalzos y preparando el pañuelo para la cabeza cuando el guía del grupo 6 empieza a meterles prisa para que entren. En cuanto entra el último nos cierran las puertas (con candado incluido) en las narices. Nos dicen que han cerrado y que si queremos podemos volver por la tarde.

Volvemos a la mezquita de Santa Sofía. No hay mucha cola así que esperamos. Nos encontramos con unos españoles de mediana edad delante nuestra y con tres chicos jóvenes también españoles detrás. Los de atrás son un poco raros así que damos conversación a los mayores. Una vez dentro nos dispersamos para ver cada uno lo que quiere. Es bonita, pero a mí no me merece la pena pagar por entrar. Tampoco el tiempo de espera. Pero ya está hecho así que no hay que darle más vueltas.

Cuando salimos ya empezamos a notar el cansancio. Queremos ir a las cisternas, que nos han dicho los españoles que están muy bien y merecen la pena, pero también queremos comer y descansar un rato. Al final optamos por visitar las cisternas primero y comer después. Eso sí, antes de entrar vamos a por algo para beber. En Egipto también nos dio el bajón antes de comer y una Coca Cola lo arregló todo. Hoy repetimos la jugada y vuelve a salirnos bien.

No sabía muy bien qué iba a encontrarme en las cisternas y he de decir que me sorprendieron gratamente. Me pareció un sitio muy bonito y con mucho encanto. Habría quitado al resto de turistas para que fuera perfecto, pero bueno, tampoco está mal así...

Después de esta visita (que se alarga porque intentamos sacar buenas fotos en la oscuridad con nuestras cámaras de aficionados) salimos a la calle a buscar un sitio donde comer. Creo que todos coincidimos en que queremos un sitio en el que sentarnos y poder descansar un rato.

Subimos y bajamos la calle para, al final, quedarnos en el primero que hemos visto. De este restaurante nos gustan dos cosas: la primera que tiene la carta en español, y la segunda que no salen a ofrecerte la carta. El resto de restaurantes sí lo han hecho, y aunque a Ana y a mí nos da igual, a los chicos eso les echa para atrás.

El sitio está muy bien. Es una especie de patio medio cerrado en la calle, con árboles y sombrillas.

La comida está muy rica, y aunque ha salido un poco más cara de lo que habíamos pensado, nos ha merecido la pena. Ana y yo tomamos pasta y Javi y Santi carne.

Después de la comida y de descansar durante un ratillo volvemos a la Mezquita Azul para verla por dentro. Pensábamos que abría a las 16:30 y casi nos quedamos fuera porque vuelve a cerrar a esa hora. Entramos y casi al momento nos hacen salir porque es la hora de la oración. Tenemos tiempo de verla por encima y de sacarle una fotillo. Pero lo poco que veo me ha gustado más que la de Santa Sofía.

Tomamos el camino de vuelta hasta llegar a Torre Galata de nuevo. Subimos para ver el atardecer pero es demasiado pronto y no vemos mucho de la puesta de sol. Arriba coincidimos con una pareja de españoles (sí, estamos en todos lados) y Santi se pasa un buen rato hablando con ellos. Javi y Ana se bajan ya de puro aburrimiento (y también porque Ana tiene resentida la espalda después de todo el día de pie y andando) y nos esperan abajo.

Ahora tenemos que hacer la compra porque no tenemos ni cena para hoy ni desayuno para mañana así que vamos a buscar un Día% (hay un montón y no es broma aunque lo pueda parecer. A mí por lo menos me parecía de coña) Javi dice que sabe por dónde ir. Yo creo que tenemos que ir por el lado contrario pero Javi dice que no. Está tan convencido que me convence a mí también. ¡ERROR! Damos la vuelta a la manzana para volver al mismo sitio y entrar en el supermercado.

De cena no se nos ocurre otra cosa que comprar mazorcas de maíz. Están bien de precio y las hemos visto en tantos puestos en la calle que nos hemos quedado con las ganas. Ni idea de cómo hacerlas, claro. En principio las compramos y luego ya veremos...

De vuelta por la calle principal nos encontramos con una manifestación de gente (no muy multitudinaria) y un poco más adelante con los policías antidisturbios preparados para "entrar en batalla" en caso necesario. No pude por más que sacar la foto que hay a continuación. Justo delante de la formación de policías hay un hombre tocando un órgano. Creo que este señor nunca ha tenido las espaldas mejor cubiertas...

Cuando llegamos a casa estamos reventados. ¡Menos mal que Fathi nos ha llevado las maletas a la habitación! Nos damos una ducha y empiezo a hacer las mazorcas. Me apetece probar el experimento a ver qué tal sale.

Primero hay que lmpiarlas. Le quito las hojas que la envuelve y los pelillos que salen de dentro. Nunca había visto una mazorca así. Me gusta cómo son. Le echo mantequilla porque no hay aceite, y las pongo en la sartén durante un buen rato. Al final no salen mal y se pueden incluso comer.

Nuestra cena consiste en maíz y salchichas. Y de postre leche con cereales. Quizás no sea una cena recomendada pero a nosotros no sabe a gloria. Bueno, en honor a la verdad es la cena de Javi, Santi y mía. Ana se ha comprado unos yogures y es lo que cena.

Después de cenar montamos de nuevo la habitación con el colchón en el suelo y al final nos acostamos sobre las 22:15. Hay que tener en cuenta que anoche no dormimos demasiado en el bus y que nos hemos dado una buena paliza. Nos merecemos un descanso.