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domingo, 29 de enero de 2012

Paz estelar

Hace muchos años, cuando en el mundo no existía nada y la oscuridad más absoluta lo envolvía todo, la Luna era la protagonista todo el tiempo y eso le encantaba. Se veía reflejada en mares y ríos y, tan coqueta como era, no permitió que nadie iluminara su alrededor para no tener competencia.

Un día que se despistó mirándose en el reflejo que un río le devolvía, que no vamos a engañarnos, era precioso, apareció de pronto una bola de fuego gigante que le cambió la vida para siempre. Dijo que se llamaba Sol y que había llegado para dar luz al mundo.

-Tú lo que quieres es quitarme mi sitio y no voy a permitirlo.- Dijo la Luna ofendida.

-Quizás este sitio haya sido tuyo hasta ahora, pero a partir de ahora pienso luchar por él. A mí también me gusta y yo también lo quiero sólo para mí. -Contestó el Sol.

Y así cada uno comenzó a pelear por el mismo sitio. Pasaron mucho tiempo discutiendo y peleando. Horas, días y creo que incluso semanas. El alboroto que formaron fue tal que las estrellas lo escucharon y, curiosas como eran, se fueron acercando al Sol y a la Luna para ver qué estaba ocurriendo. Las estrellas que al principio eran meras espectadoras de un lamentable y triste espectáculo, decidieron proponerles una solución.

-¿Y si cada uno se queda con el sitio la mitad del día y el otro con la otra mitad? -dijo una de las estrellas con su voz chillona.

-Eso, así no tendríais que discutir todo el día y los dos estaríais contentos. Seríais los protagonistas absolutos medio día.

La Luna y el Sol, que hacía tiempo que se habían dado cuenta de que pelearse era una tontería cuando podían ser amigos en lugar de enemigos, al principio se hicieron los duros, pero después de escuchar a las estrellas durante un rato más, accedieron a hacer las paces.

-Nosotras, -decía otra estrella,- viviremos aquí todo el tiempo, pero sólo seremos visibles cuando salga la Luna. Así ninguno de los dos estará solito nunca.

-De acuerdo entonces. -Dijo el Sol.- Me parece perfecto. No sé cómo hemos podido llegar a pelearnos tanto.

-Sí, es verdad. Lo mejor para todos es que vivamos en paz.- Dijo la Luna.

Y así, habiendo hecho las paces, cada uno se marchó hacia un lado, separándose para siempre la Luna y el Sol y contándose sus cosas a través de sus amigas comunes, las estrellas.
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Nunca antes se me había ocurrido escribir relatos infantiles, pero mi amiga Cristina (Lakristy para los amigos) trabaja en una guardería y hoy a las 19:30 se ha acordado de que tenía que encargarse de llevar un cuento mañana a clase con motivo del Día de la Paz. No penséis que se olvida de sus niños o que no le pone interés a lo que hace, ¿eh? porque para nada es así. No he visto a nadie dedicar tanto tiempo al trabajo en sus horas de fin de semana. Pero hoy se le ha ido el santo al cielo y se ha olvidado.

El caso es que no ha encontrado nada y me he decidido a hacer yo uno, que vale, quizás no sea el mejor del mundo, pero al menos es algo. Tampoco sé si lo usará o no lo usará, pero ya que lo he terminado me he dicho, ¿por qué no compartirlo? Así que aquí lo tenéis. Un cuento que, con motivo del Día de la Paz, quizás a alguno le haga recapacitar.

viernes, 27 de enero de 2012

Los lunes son criminales

Y ahora también... los domingos.

Desde hace muchos años los lunes son un día especial para mí. Sí, empieza la semana y no es cosa fácil, lo sé, pero al final del día tengo mi ratito de relax sentada en el sillón y jugando a ser parte de un laboratorio criminalístico.

Al principio éramos tres las que nos sentábamos en el sillón después de cenar para ver la serie, pero Sandra se independizó y se marchó a su casa a verla. Yo intenté que viniera los lunes a dormir a casa para continuar siendo tres, pero no coló. Nos quedamos mi madre y yo, y al final nos hicimos a la nueva situación. Dos personas, dos sillones. Parece que está claro, ¿no? Pues habría sido lo lógico, sí, sin embargo durante mucho tiempo nos quedamos las dos en el sofá grande con una silla delante nuestro para subir las piernas y una mantita tapándonos, a mí desde lo pies hasta el cuello y a mi madre desde los tobillos hasta el cuello. No nos pondremos nunca de acuerdo en los calcetines. Ella necesita regular su temperatura destapándolos y yo al revés. Eso no cambia... Lo de la manta tampoco cambia. Necesitamos estar tapadas para ver la tele. Si no no la vemos igual... Qué se le va a hacer...

Pero sobre todo, lo que más nos gusta, con lo que más difrutamos en los 45 minutos que dura cada capítulo es critcando. Sobre todo a Horatio Caine de CSI Miami. Él solo puede acabar con un grupo de 30 mafiosos, o hacer una redada y detener a 15 traficantes que se esconden en un garage a las afueras de la ciudad. Luego están los chicos de CSI NY que, para nuestro gusto, son los más guapos y los que más trabajan e investigan dentro del laboratorio. Así es más ameno. Y por último está CSI Las Vegas que desde que se marchó el prota ya no es lo mismo. Ahora tenemos a Morfeo de Matrix de súper-mega-maravilloso criminólogo en prácticas que es más listo que ningún otro que lleva trabajando en el departamento varios años. No nos ha gustado nada el cambio.

Ahora, por si no tuviéramos suficiente con dos asesinatos a la semana, el ritual se lleva a cabo también los domingos por la noche que han puesto los nuevos capítulos de Bones. Y allá que vamos otra vez las dos, enfundadas en nuestras mantitas, tiradas cada una en un sillón, jugando a ser más listas que ninguno y tratando de averiguar quién es el malo. Y, oye, algunas veces, bastantes de hecho, acertamos de lleno. Otras no, pero ¡bah! ¿Qué más da? Ni que nos pagaran por ello...

Otra parte del ritual es que mi madre se quede dormida a mitad de capítulo y cuando se despierte me pregunte cosas que han contado hace un buen rato o haga algún comentario del tipo: "para mí que el hermano es el malo" y yo tengo que decirle: "pero mamá, si le han matado hace un rato" o "Sí, ha confesado hace un rato y ahora están buscando al cómplice". Estas conversaciones no las tenemos siempre, pero que se duerma viendo alguno de los capítulos no falla.

últimamente mi padre también se queda con nosotras viendo el primer capítulo -para el segundo ya está casi dormido- pero no sé si tiene algo de ritual. No siempre se queda a ver el capítulo y cuando lo hace no siempre lo ve entero...

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A mí lo que me gusta es la sensación de saber que, al llegar el lunes a casa después de mi clase de aerobic y de trabajar todo el día, voy a tener mi ratito de relax. Mis dos horitas para difrutar de estar en casa, tirada en el sillón, sin hacer nada. Sólo estando ahí.

Y vosotros ¿qué? ¿Cuándo tenéis vuestro ratito de relax?

domingo, 15 de enero de 2012

Pues si que han tardado en darse cuenta, ¿no?

Creo que alguna vez ya he comentado que los jueves hacemos noche de chicas en el Jazzman, un pub de mi barrio, porque al tener la tarjeta de socio y ser chica te invitan a la primera consumición. Traducción: todos los jueves mis amigas y yo quedamos en el Jazzman para tomarnos una copita por la cara y echarnos unas risas.

Cuando nos enteramos de esta oferta comenzamos a ir pero no de manera continua. Digamos que antes nos llamábamos para quedar y ahora sólo nos llamamos si no podemos asistir a nuestra cita. Se ha convertido en un ritual; una parte de nuestra rutina semanal.

El jueves pasado nos juntamos cuatro pero una llegó un poco más tarde. Total que fui a la barra, pedí tres tintos de verano (que a nosotras nos da igual la estación del año en la que estemos que casi siempre lo pedimos) y le ofreci las tarjetas de socio para que se "cobrase" de ahí. Cuando vi la cara del chico me di cuenta de que pasaba algo malo y no me equivoqué. Han quitado las noches de chicas (Ohhhhhhh, qué pena) O para ser honestos las habían cambiado. Ahora no te invitan a la primera consumición, sino a la segunda. Es decir, tienes que pagar una siempre. Pagas la consumición y te dan una tarjeta que puedes canjear cualquier otro día. Es decir ahora en la noche de chicas pagaremos un jueves sí y un jueves no, porque no nos engañemos, nosotras vamos allí nada más que un rato y casi nunca nos animamos a tomar un segundo "loquesea".

Nosotras, que sabemos que con nuestro grupo no hacen negocio a no ser que venga alguno de los chicos y ni aún así, porque si vienen los chicos es porque es un día especial y entonces también vienen más chicas con la tarjeta de socio, pero bueno, eso da igual ahora que me voy mucho por las ramas y al final no lo cuento... Con nuestro grupo no hacen negocio, decía, y más de una vez hemos comentado que lo lógico sería asegurar una consumición y después regalar la otra (lo que han hecho ahora vaya) pero no, ellos seguían regalando: primero cualquier cosa, después quitaron los cócteles que tanto me gustan, y por último una selección de cervezas de importación que tanto gustan a Cris.

Pero el día tenía que llegar, era obvio, y el 2012 nos ha traido una triste noticia. El día D ha llegado.

A mí me dio la risa cuando volví a por el dinero a "nuestra" mesa y les explicaba a Yrene y a Ana lo que había pasado, sin embargo ninguna se preguntó por qué, sino más bien por qué no lo habían hecho antes.

No voy a negar que jugué con la idea de no decírselo a Cris, que aún no había llegado, para ver la cara que ponía cuando se lo dijera el camarero, pero al final, cuando la vimos entrar por la puerta, decidimos decírselo.

-Pues si que han tardado en darse cuenta de que perdían dinero, ¿no? -fue todo lo que dijo...

miércoles, 11 de enero de 2012

Regalos de Reyes 2012: el pijama

Este año pedí para Reyes un pijama feo, es decir, un pijama que fuera calentito y cómodo, que no me quedase corto ni en las mangas ni en las piernas y que me tapara bien la tripa y los riñones. Un pijama con esas características no tiene por más que ser feo. No puede cumplir con las particularidades que he expresado hace un momento y además ser bonito. No es compatible. Sin embargo los Reyes, que como todo el mundo sabe son Magos, se han apañado muy bien y han encontrado el pijama tal cual lo describí excepto por lo de ser feo.

No sé si fue el año pasado o el anterior, llegó a mi casa un pijama blanco con corazones azules y con dibujos de Snoopy. Era perfecto. Tenía el largo perfecto y calentaba lo justo para estar cómoda. Pero como todos sabemos todo lo bueno tiene un final, y poco a poco el pijama fue cambiando; las mangas empezaron a acortarse y las piernas hicieron un tanto de lo mismo. Cuando me quise dar cuenta parecía Gulliver en un pijama de liliputiense. El largo del pantalón me llegaba poco más a bajo de las rodillas y las mangas se quedaron en francesas. Estaba hecha un cromo, la verdad.

El otro día cuando abrí el regalo de los Reyes casi me pongo a llorar de la emoción. El pijama era calentito calentito y además largo. Justo lo que yo había pedido. Me moría por estrenarlo.

El día D fue la noche del domingo al lunes. Me metí en la cama y me dormí bastante rápido. Sin embargo a media noche (exactamente a las 4:51 de la madrugá) me desperté de golpe, sudando como un pollo y con un agobio importante. Algo no iba bien. Di vueltas para un lado y para otro y nada, no conseguía dormirme. Retiré una mantita con la que suelo dormir en invierno, pero seguía igual. Al final tuve que aceptar la evidencia. El pijama daba demasiado calor así que me quité el pantalón y traté de conciliar el sueño de nuevo. Tardé un rato, pero al final me quedé dormida de nuevo. La noche siguiente sin embargo ya aprendí de la noche anterior y no me eché la mantita y ¿sabéis qué? Que pasé calor igualmente pero no tanto y que después de todo pasé una noche agradable. Así que la solución es usar el pijama y no utilizar mantas extras.

Para estar en casa (yo estoy siempre en pijama) es una delicia porque yo, que soy muy friolera, me paseo por los pasillos con batas, albornoces y jerseys gordos de lana y con este pijama no siempre hace falta echarse algo por encima. Por ahora sólo lo he hecho en mi noche CSI, en la que siempre tengo que estar tapada con una mantita fina. Me encantan los lunes con CSI, pero esa es otra historia que contaré en otro momento.

En resumen, el pijama por ahora es lo que yo andaba buscando. Veremos en qué queda después del primer lavado… Todo sea que pase a formar parte del cajón de los pijamas de mi mami, que como es más pequeñita le quedan como un guante.

lunes, 9 de enero de 2012

Primer post del año

Hoy voy a hacer una entrada un poco variada, y es que a pesar de haber dicho en el post anterior que había vuelto, lo cierto es que me he quedado a medio camino y no sólo no he escrito nada, sino que además no se me ha ocurrido qué escribir.

El otro día fue Reyes, los primeros de Iker, y aunque no se entera de nada porque es muy peque aún, lo celebramos por todo lo alto. Y no, no lo hicimos solo por él. Nosotros lo hacemos siempre de la misma forma, es decir,

- Desayuno en mi casa con Javi y Ana. Por supuesto con mis padres también. La tradición manda y hacemos chocolate para todos. El roscón es lo más típico, pero como a Ana no le gusta lo cambia por churros y porras que en ocasiones traen de la calle y en ocasiones hacemos en casa de los congelados. Los dos están ricos. También como manda la tradición yo como un churrito (o dos) y después roscón (si es con fruta escarchada mejor que mejor)

- Después Ana y Javi se van a comer a casa de los padres de Javi y mis padres y yo nos quedamos en casa haciendo nuestras cosas y mirando los paquetes que los Reyes han dejado en nuestros zapatos cada vez que pasamos por el salón. Os dejo un par de fotos para que os hagáis una idea de cómo queda la habitación principal de mi casa.


¿No os parece entrañable la foto de los zapatos de Iker?

- Sandra y Javi vienen a comer a casa.

- Vemos la peli navideña de turno (que creo recordar que los dos últimos años ha sido Rataouille)

- Y por último Javi y Ana vuelven a casa para abrir los regalos (¡por fin!)

Supongo que no hacemos cosas muy diferentes al resto de personas, pero para mí es un día especial. Un momento importante. Me gustan los Reyes Magos.

Por otro lado para que vengan los Reyes tiene que pasar algo muy importante que es cambiar de año unos días antes. Y ¿qué hacemos cuando cambia el año? Efectivamente, lo habéis adivinado: los propósitos de año nuevo.

Yo este año tengo dos que creo y espero que sean fáciles de cumplir:

- Dejar de comerme las uñas. El año pasado me lo propuse también y lo conseguí durante bastante tiempo, pero en diciembre no sé qué pasó que me comí las uñas como si no hubiera un mañana. Increíble, de verdad. Si en algún momento me hago con una cámara con buen zoom os enseñaré cómo están en estos momentos.

- Entrar en el vestido de la boda de mi hermana Sandra. El mío digo, no en el de mi hermana, claro, que por ahora no tengo intención de vestirme de blanco… El caso es que tengo una boda en mayo y quiero llevar ese vestido. Pero para llevar ese vestido tengo que perder varios kilos. ¿Cuántos? Ni idea. Me iré probando el vestido cada mes hasta que me quede perfecto. Entonces diré, ¡propósito cumplido! Luego querré mantenerme, pero eso ya es otra cosa…

Y vosotros ¿qué? ¿Cómo os organizáis en Reyes? Y ¿qué propósitos tenéis para el año nuevo?