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jueves, 31 de mayo de 2012

Postales

Mi pared del trabajo está llena de postales que voy comprando en mis viajes. Hoy he puesto la última. Una de Tazones, un pueblo de Asturias. Las demás son, por orden, de Edimburgo, San Sebatián, Roma, París, Barcelona, Tanzania (Kilimanjaro), Egipto, Tanzania (safari) y Turquía. En los últimos años he viajado más, pero no siempre he comprado postales. El caso es que cuando tengo esos días en el trabajo que estoy harta de todo y de todos (especialmente de los clientes, por qué no decirlo) miro mi pared durante unos segundos y me evado buscando alguna anécdota que me ocurrió en tal o cual sitio. Miro el Kilimanjaro y pienso que qué bien estaría pasando frío allí arriba cuando en aquel momento pensé que iba a perder algún dedo del pie del frío que sentía, o miro Edimburgo y pienso en todo lo que he hecho allí en las tres veces que he estado y me entra morriña, o miro la cara de un camello que me mira sonriente desde Egipto y pienso que me gustaría estar allí a pesar de la primavera árabe.


Viajar es algo que me tomo muy en serio, creo que ya nos quemamos suficiente a lo largo del año con todo lo que nos rodea como para pasarnos las vacaciones comiéndonos la cabeza con más problemas. Hace falta desconectar. Salir. Cambiar de aires. Y no estoy hablando de viajes como el de Tanzania. No. Aunque mientras me lo pueda permitir seguiré haciendo este tipo de viajes. Este año no será ese año por motivos obvios, pero tampoco me voy a quedar en casa –ni en la mía ni en la de mis padres- pasando el verano entero. Quizás tarde más en amueblar la cocina o en poner un baño bonito o muebles en las habitaciones, pero lo que tengo claro es que no me quiero quedar sin vacaciones así que algo haré. No me preguntéis el qué porque no lo sé, pero algo haré seguro. Ya os contaré cuando decida cuál será la próxima postal que pegaré en mi pared.

Y vosotros, ¿ya tenéis destino para este año?

sábado, 26 de mayo de 2012

¿Decisiones tomadas con calma? No ¡gracias! (Parte 2)

Vuelve un momento después con un señor con barba y con cara de buena persona que me dice que le acompañe y yo le sigo con los nervios desquiciados. Antes de sentarnos me dice que no me puede coger el cheque porque he llegado tarde pero que vamos a mirar si el piso aún está libre para que pueda volver mañana a reservarlo. Lo miramos y efectivamente está libre.

-¿Me puedes decir también el valor exacto del cheque? No estoy segura de que sea el que traigo.

Me lo dice y es exactamente la cantidad que traigo.

El hombre de barba y cara de buena persona se pone a mirar la información del piso que quiero comprar y me dice con una sonrisa:

-Pues te llevas una casa bien bonita.

-Bueno, eso sí no llega antes otra persona con el cheque mañana por la mañana.

Le dedico una sonrisa nerviosa (más que nerviosa, histérica) y me doy cuenta al momento de que esa sonrisa le ablanda porque mirándome muy fijamente me dice:

-Espera aquí un momento.

Se levanta y se marcha.

Al poco llega mi padre que estaba fuera aparcando el coche. Le cuento lo que se ha perdido hasta ahora.

-No te preocupes. Si hay que hacer noche en la puerta para estar aquí los primeros, pues se hace noche. Esa casa es para ti.

El hombre se ha reunido en la puerta de un despacho con dos o tres personas más y discuten algo. Les veo a todos desde donde estoy sentada. De pronto se da la vuelta y viene hacia nosotros.

-Lo único que siento es que hayas tenido que esperar tanto tiempo ahí fuera.

No lo puedo evitar. Rompo a llorar como una niña pequeña. Veo que el hombre está sonriendo mientras me mira emocionado y escucho a mi padre llorar a mi lado también.

-Porque… estás ahí fuera desde antes de la una y media, ¿verdad? No nos habíamos dado cuenta de que todavía había gente esperando para entregar un cheque.

Le digo que sí con la cabeza.

-¿Por qué lloras Estefanía?

-No me lo creo

-Mira, vamos a hacer una cosa.

Levanta el teléfono y le dice a alguien que reserve el piso tal que está en tal calle, mi casa, para que aparezca reflejado en internet.

-¿Ves Estefanía? Ya no te lo quita nadie. La casa es tuya.

El hombre de barba y cara de buena persona me mira con una sonrisa y tengo la sensación de que darme el piso le ha alegrado el día. Su sonrisa es sincera y también sus palabras.

Hablamos durante un momento mientras me prepara el documento que tengo que firmar. En ese momento me llama Ana, mi hermana pequeña:

-¿Lo has reservado? Si no es así te lo acaban de quitar.

-Sí, es para mí. La reserva la he hecho yo.

Después de colgar seguimos con la firma del documento. Yo tengo una sonrisa de oreja a oreja y de vez en cuando me caen lágrimas como si fuera un grifo abierto. ¡Qué momento más emocionante! El hombre me dice que por favor deje de llorar porque se lo voy a pegar y se va a poner a llorar él también. Y me fijo y tiene los ojos vidriosos. Lo dice en serio.

-Ya han pasado unos minutos. Vamos a mirar si han reservado el piso ya en internet para que te quedes tranquila.

-Sí. No hace falta que lo mires. Mi hermana me ha llamado hace un momento para decirme que ya está reservado.

Otra vez más le veo emocionado y sonríe porque no le llega la voz para decir lo que quiere decir.

Cuando nos despedimos le ofrece la mano a mi padre y para despedirse de mí se levanta, da la vuelta a la mesa y me dice:

-Estefanía, a ti te voy a dar dos besos porque me has encantado y te lo mereces. Además, me recuerdas a mi hija Lorena.

Papá y yo salimos de allí en una nube justo cuando llama Sandra. Le digo que lo hemos conseguido y se pone a chillar y a llorar. Como ninguna podemos hablar colgamos rápido.

A mamá se lo quiero decir en persona así que vamos a casa de mi abuela para darle la noticia. A todo esto papá está malito y mamá le ha llamado varias veces y no le ha localizado. Mi hermana no le quiere coger el teléfono para no estropear la noticia y yo tampoco porque sé que me voy a poner a llorar así que la pobre está toda preocupada por papá cuando la vemos por fin.

Y poco más. Esta es la historia que demuestra que hay veces que es mejor no pensar las decisiones que se toman. Ha pasado un mes, todo sigue adelante y yo aún lo estoy asumiendo…

Nota: la siguiente noticia que subieron en la página de la EMVS unas horas después fue que se había ampliado el horario de recepción de cheques ¡hasta las 17:00 horas! Se dieron cuenta de que no era fácil para la gente hacer todo en una mañana y tampoco perder varios días de trabajar para hacer gestiones.

martes, 22 de mayo de 2012

¿Decisiones tomadas con calma? No, ¡gracias! (Parte 1)

Viernes, 20 de abril de 2012 / 15h

-Mira Fani, en la página de la EMVS han sacado un listado de pisos en Vallecas. Igual te interesa alguno.

Anabel, compañera de trabajo, sabe que esa zona me gusta porque mis hermanas viven allí.

-Ah, pues sí, muchas gracias. Ahora mismo lo miro.

Así empezó todo. Los miramos juntas y nos pareció interesante así que nos pedimos las dos la mañana del siguiente lunes para ir a informarnos. En principio sólo había que ir y reservar el piso. Demasiado fácil para ser real. Quedamos en hablar el domingo por si íbamos juntas o si por el contrario cada una iría por su cuenta.

Domingo, 22 de abril de 2012 / última hora de la tarde

-Anabel, ¿qué vas a hacer mañana? ¿Vas sola o acompañada?

-Pues creo que al final no voy a ir. He estado en IFEMA, que había una feria este fin de semana, y me han dicho que para reservar la casa hay que llevar un cheque por el valor de la entrada…

La conversación se alargó durante un buen rato y al final toda la ilusión que había depositado en comprarme un piso se desvaneció de un plumazo. Los requisitos eran complicados. No valía con llegar y decir “¡Me lo pido!”

Lunes, 23 de abril de 2012 / 08:00 / Día del libro

Estoy camino de la EMVS pensando que voy a pedir información (por eso de que he pedido la mañana de vacaciones y no tengo nada mejor que hacer) y después me iré a mirar libros, que hoy es el día del libro y hay un 10% de descuento.

La oficina de la EMVS abre a las 9:00 y yo llego a las 9:05. Tardan más o menos una hora en atenderme y cuando lo hacen no me dicen nada más que:

-¿Qué quieres? (no de malas, ¡eh! La chica es muy amable)

- Información sobre los pisos que aparecen en la página web.

-Pues que no te puedo decir más de lo que hay en la página. Está muy bien explicado ahí.

-Ya, pero me han contado que hay que adelantar el dinero y… bla, bla, bla

Le cuento todo lo que me contó Anabel durante un rato y me dice que sí, que es tal cual me lo han contado

-Ya, pero entonces, ¿cuál es el siguiente paso? Yo tengo el dinero de la entrada. ¿Qué tengo que hacer ahora?

-Tendrías que ir al banco que lleva la hipoteca de ese piso y que te aseguren que te van a dar la hipoteca. Más que nada porque el cheque que nos entregues es a fondo perdido. No te lo vamos a devolver si no te dan la hipoteca.

El banco al que tengo que ir está justo al lado de la casa de mis hermanas. Llamo a Sandra que sigue de baja por maternidad y le pido que me acompañe.  En el tren camino de su casa pienso que después de ir al banco aún me queda algo de tiempo para ir a la fnac que está al lado de mi trabajo a mirar libros. 

Cuando llego a su casa le cuento un poco sobre la marcha lo que me han dicho, cogemos a Iker y nos vamos volando al banco con las últimas nóminas impresas. Una vez en el banco me dicen que sí, que no ve que vayan a ponerme pegas a la hora de firmar la hipoteca después.

Entonces… ¡Ay madre! ¡¡El siguiente paso es llevar un cheque por el valor de la entrada y ya está hecho!!

Cogemos el coche de nuevo para ir a la EMVS y preguntamos el importe exacto del cheque. Me lo apuntan en un post it y me voy. En el coche me doy cuenta de que he perdido el post it. ¿¿¡¡Cómo he podido perderlo en los 10 metros que hay de la ofincia de la EMVS al coche!!?? Llamo a mi hermana Ana y le pido que me calcule el 4% del valor de la entrada. Creo que eso es lo que me han dicho antes. Sí, estoy segura. Casi segura.

-¿Papá? Oye papá tengo que ir a por el cheque a mi banco. ¿Me acompañas? Sí, vamos Sandra, Iker y yo camino de casa ya. ¿Cómo que no te llevas bien con la chica del banco? Entonces no vengas. Bueno, vale, como quieras…

Llegamos a mi banco a las 13:00 más o menos. A esta hora he estado dos veces en la EMVS (en palos de la frontera) una en el banco de la hipoteca (en Vallecas) y otra en mi barrio que es el punto de partida (Herrera Oria). Todo en cuatro horas.

Llevo el bebé en brazos y entro en el banco como un elefante en una cacharrería y mirando para todos lados.

-¿Sí? ¿qué quieres?

-Un cheque.

-¿Un cheque?

- Sí.

Me tranquilizo y le explico todo con calma. Llega mi padre y según parece no es la chica con la que se lleva mal. Me da el cheque después de asegurarnos de que está todo correcto y nos vamos corriendo otra vez. Mi hermana le da el relevo a mi padre que me lleva de vuelta a la EMVS (por tercera vez) y ella se lleva a Iker a comer a casa. Cierran a las 14:00 y son las 13:30 cuando estamos de camino. Tenemos que llegar como sea.

A las 13:45 entro por la puerta de la EMVS. Le digo a la chica que tengo un cheque para hacer una reserva y… me mira espantada. Me ha visto allí toda la mañana y ahora me tiene que dar una mala noticia. Lo veo en su cara…

-La recepción de cheques es hasta las 13:30

-No me digas eso. He corrido todo lo que he podido. He estado aquí tres veces... No he podido hacer las cosas más rápido.

Me mira con cara de pena:

-Espera un momento…

sábado, 5 de mayo de 2012

Otra vez el primer día

Hacía mucho tiempo que no pensaba en aquel primer día. De hecho es posible que nunca haya pensado en él. Ya no lo sé.

Como ya os anuncié estuve en Asturias este puente pasado y como pronostiqué nos ha llovido bastante más de lo que me habría gustado. Aún así el viaje ha estado muy bien.

Uno de los sitios que yo quería visitar, aunque ya lo conocía, era Lastres, el pueblo de la serie Doctor Mateo. No sé por qué, pero tiene algo especial. Algo que me llama mucho la atención y que tira de mí. He de confesar que hasta vi algunas casas medio derruidas y en venta con tanto encanto que a punto estuve de llamar para preguntar el precio. Pero, ¿qué estoy diciendo? ¡Si hasta cogí el teléfono en alguna foto! Sé que no voy a llamar pero saber que los tengo me hace sentir un poquito más cerca de Lastres. En fin... tonterías.

Otro sitio que teníamos que visitar sí o sí era El Catalín, un restaurante en mitad de una montañita con vistas al mar y a un pueblo llamado Tazones. Hace seis años comimos allí por casualidad y teníamos clarísimo que queríamos repetir. No sé si la experiencia de la vez pasada fue magnífica o la de esta un desastre, pero lo cierto es que no era como lo recordaba. La comida estaba rica, claro (en Asturias no se cocina mal) pero creo que habíamos idealizado un poco el sitio.

Nos sentaron en una mesa al fondo del restaurante y después de un rato vinieron a tomarnos nota una camarera (que interpretamos era nueva) y una señora que parecía la dueña del cotarro. Muy agradables las dos, eso sí.

Según fueron pasando los minutos no nos quedó ninguna duda de que la chica era nueva. ¿Que digo nueva? ¡Nuevísima! Nos trajo a la mesa una ensalada que no era nuestra, más tarde se la llevó y trató de ponerla en todas las mesas que estaban a nuestro alrededor hasta que dio con la mesa que la había pedido, no supo decirnos si los platos que traía eran para compartir o para una sola persona. En fin, un desastre. Pero lo peor no es que se equivocara, no. Lo peor fue ver la cara de sufrimiento y de "me quiero morir" que tuvo la chica todo el tiempo. Decir que estaba agobiada es poco, y eso que las mesas más grandes que eran la nuestra y la de nuestros vecinos de al lado fuimos muy pacientes y tolerantes con sus descuidos.

Ver a la chica tan agobiada me hizo acordarme del primer día de trabajo de otra chica hace mucho tiempo: el mío. Estuve trabajando en Rodilla un año y medio y recuerdo que el primer día yo también pensé que quería morirme. De hecho recuerdo como si fuera ahora mismo estar limpiando una bandeja verde y pensar: "Fani, aguanta hasta que acabe tu turno que mañana ya no tienes por qué volver. Eso es. Lo dejo y ya está". Pero no lo dejé. No tenía motivos. El trabajo era duro, sí, y también cansado, pero no era como para no volver. Por supuesto que al principio no tienes ni idea de nada. No conoces la carta, no sabes responder las dudas de los clientes y cuando te bloqueas ya no hay vuelta atrás y no consigues dar ni una, pero si te dan la oportunidad de aprender tanto jefes como compañeros y clientes, terminas aprendiendo.

Por lo que pude ver los clientes todos fuimos amables con ella y las expresiones: "tranquila", "no te agobies" y "no te preocupes" se repitieron varias veces. La jefa también parecía paciente y desde donde estaba sentada vi como varias veces se paraba con ella para explicarle cosas. Viendo como está el trabajo en estos tiempos espero quer le hayan dado una segunda oportunidad y no haya perdido el empleo.

Yo no dejé Rodilla en aquel momento; volví durante muchos días más y no me arrepiento de mi decisión. Aprendí mucho allí, sobre todo a superarme a mí misma en muchos sentidos, y a tomar decisiones. Vamos, en una palabra: espabilé. Creo que a la camarera le hace falta el trabajo del restaurante para espabilar también. Por eso espero que le den la oportunidad...