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miércoles, 18 de diciembre de 2013

Chile - envidia cochina

Quien más quien menos ha sentido envidia alguna vez.
 
Yo no me considero envidiosa pero sí hay ciertas cosas en las que pienso y digo:
 
- Siento envidia... Pero de la sana, ¿eh?
 
Me pasa cuando voy por la calle, sobre todo en Chile, y veo a parejas mostrando su amor en público, haciéndose arrumacos y pasando del resto del mundo (digo sobre todo en Chile porque en España la gente no da tantas muestras de cariño en público)
 
Me pasa cuando voy a casa de alguien y veo que tienen una cocina en condiciones mientras que yo aún estoy ahorrando para la mía.
 
Me pasa cuando veo que la gente coge un avión para irse a la otra parte del mundo mientras yo me quedo en la oficina.
 
Y me pasa cuando veo a chicas monísimas por la calle con ropa súper chula y sé que a mí no me quedaría igual.
 
Pero lo que siento cuando llega la primera no lo puedo calificar sino de envidia cochina.
 

No lo puedo evitar, me encantan los zapatos. El problema viene cuando voy a comprar y pido mi número. Siempre me contestan lo mismo:
 
- No. Esa talla no la trabajamos.
 
Calzo un 42, pero como casi nunca hay esa talla de mujer la mayoría de veces tengo que comprar un 41 grande. No siempre es fácil. De hecho hay muchos sitios en los que la talla más grande es la 40 y ahí si que es imposible.
 
Cuando llegué a Chile traje un par de sandalias negras que pensaba que me iban a hacer un apaño mientras hiciera calor pero le metí tanta caña que en menos de un mes se me empezaron a romper en la suela. Con el frío quedaron guardadas en el armario y hace un mes volví a sacarlas. Estaban un poco rajadas pero me sacaban de un apuro. Comencé a mirar en las tiendas de vez en cuando pero no encontraba nada que me valiera: unas me dejan el talón fuera y otras los dedos rozando el suelo.
 
He mirado todas las zapaterías que hay de mi casa al trabajo (que no son pocas) y también en el centro comercial y no sólo no he encontrado nada sino que además me miran como si fuera un extraterrestre confesando ser un extraterrestre. Y es aquí cuando llega la envidia cochina. La ENVIDIA con mayúsculas porque todas las mujeres, jóvenes y niñas llevan sandalias bonitas, de su talla, y pueden combinarlas con su ropa mientras yo trato de comprar siempre un color neutro como el negro o el marrón para poder combinarlo con el mayor número de prendas posible. Veo a chicas probándose cincuenta pares del 38 para terminar diciendo:
 
-No sé, no me convencen...
 
Las mataría en ese mismo momento.
 
El otro día, me di cuenta de que me iba fijando en los pies de las chicas y pensando:
 
-Ojalá hubiera talla para mí. Qué suerte tiene esa chica de que le valgan las sandalias...
 
Y fue cuando me di cuenta del sentimiento tremendo y terrible que nacía en mí. La envidia como nunca la había sentido. La envidia cochina.
 
Y, ¿sabéis qué? No me importa reconocerlo. Me dais envidia todas vosotras, mujeres que tenéis como mayor preocupación que todos los modelos que os habéis probado os gustan y no podéis decidiros por cual os gusta más.
 
Ya está, ya lo he dicho. Seguro que hoy voy a dormir mucho más tranquila, aunque eso sí, todavía sin sandalias...

lunes, 16 de diciembre de 2013

Chile - besos

Me gusta mucho la costumbre de dar un único beso a modo de saludo como hacen en Chile. Los primeros días aquí siempre me dejaban colgando en el segundo pero me acostumbré bastante rápido y ahora ya siempre saludo de la misma manera... siempre que sean chilenos, claro.
 
Lo bueno que tiene dar un solo beso es que se distingue perfectamente cuando estás saludando a un conocido y cuando a un amigo. En el primero de los casos sueltas el beso y a otra cosa mariposa, pero cuando es un amigo, alguien de confianza, en definitiva, alguien a quien tienes cariño, le das un beso y después un abracito. Es mucho más bonito que los dos besos que damos en España. Para mí por lo menos es así. De hecho antes de venir a Chile me acostumbré a dar un único beso. A mis amigas les llevaba a los demonios pero para mí darles dos besos me resultaba bastante impersonal (aunque entiendo que es la costumbre en España)
 
El problema viene cuando te encuentras con españoles y es que a veces, cuando estamos "en familia", las costumbres vuelven a nosotros sin que nos demos cuenta y es entonces cuando uno suelta un solo beso y el otro va buscando el segundo. Se generan más situaciones "embarazosas" con el tema de los besos entre españoles que entre españoles y chilenos.
 
En la parte opuesta están los besos de porque sí y con esos no puedo. Es tan fácil dar un único beso que la gente muchas veces lo regala como si nada y eso tampoco me parece. Todos los días lo veo mientras espero el ascensor en el trabajo, un montón de gente arremolinada esperando a que llegue para poder subir y según van llegando más personas localizan a las caras conocidas, se acercan a ellas, les sueltan el beso y no hablan de nada. No sé vosotros, pero yo lo veo una situación de lo más incómoda. Si tienes confianza para darle un beso de buenos días también la tienes que tener para preguntar qué tal estás o si me apuras para comentar el tiempo, ¿no? Pues no. Aquí he visto grupos de hasta cinco y seis personas chocando entre ellos para darse el beso de buenos días y no hablar en todo el tiempo restante. Diría que ni siquiera se miran los unos a los otros.
 
Lo mejor, para simplificar las cosas, es que te digan cómo hacerlo, como en un bar español al que he ido un par de veces donde está bien claro:

 
Sí, la que hace la foto es una servidora :)

viernes, 13 de diciembre de 2013

Pinchín y... Pinchina

Hace mucho, mucho tiempo que no escribo en el blog. Ya no digo publicar, porque publicar publico de vez en cuando pero casi siempre fotos y eso no es lo mismo que escribir así que hoy me voy a poner a ello.

Poco antes de venir a Chile mis compañeros me dieron un regalo muy especial que me hizo mucha ilusión: un cactus de tela en una maceta al que bautizamos con el nombre de Pinchina (sin duda era una fémina) La idea era traerme a Pinchina a Chile para no echar tanto de menos a Pinchín pero era demasiado grande y mi maleta demasiado pequeña así que se tuvo que quedar en Madrid muy a mi pesar.

Muchos diréis que un cactus de tela no es gran cosa, pero yo muchas veces me he acordado de Pinchina y hoy os la quiero presentar.

No diréis que no es bonita, ¿eh?
 
El otro día hablé con Gon después de mucho tiempo y la verdad es que me hizo mucha ilusión volver a escuchar su voz y tener nuestras típicas conversaciones de que si esto está bien y que si esto va de aquella manera. Lo normal, vaya. Al final le pregunté por Pinchín, claro, y me dijo que no había quien enderezara a ese cactus. Se ha torcido y no hay nada que hacer, además con lo cabezón que es creo que es una tarea casi imposible.
 
No creo que en Navidad pueda ver a Pinchín, pero Gon me mandó una foto para que pudiera ver cómo evoluciona y la verdad es que está bien grande (claro, ya son muchos años los que tiene)
 
Como sé que os interesa mucho todo lo que le pase a Pinchín os voy a dejar su última foto para que veais cómo ha cambiado en estos años. Está bien alto, ¿eh?
 
¿Cómo le veis?