¿Qué buscas?

domingo, 31 de mayo de 2015

Un año

Chile. Hace un año.
 
Recibir un mensaje a las 19:29 procedente de España no es lo normal teniendo en cuenta la diferencia horaria. Cuando veo que el mensaje es de mi cuñado sé que sólo puede significar una cosa: voy a ser tía por segunda vez.
 
Después de pasar por monitores y de cruzar varios mensajes con mi cuñado mandan a Sandra a casa diciendo que es una falsa alarma. Mi bañera a medio preparar se termina de llenar y me meto en el agua caliente para relajarme. No me creo que sea una falsa alarma. Algo me dice que de esta noche no pasa. Cuando salgo de la bañera me pongo a cenar mientras veo una película pero nada más empezar llega un mensaje de Ana, mi hermana pequeña, que se ha quedado cuidando de Iker mientras mis dos cuñados y Sandra se van corriendo al hospital. Estamos muy contentas y nos llamamos por skype para que me cuente cómo ha sido todo. Después de un rato colgamos pero quedamos en volver a hablar cuando sepamos más cosas. Unos minutos después llega la primera foto de Víctor y luego la segunda y más tarde la tercera. Ha sido uno de los partos más rápidos que me han contado. Tanto que a punto ha estado de nacer en el coche. Volvemos a llamarnos Ana y yo. Seguimos contentas, muy contentas y, sobre todo, emocionadas. Las dos estamos hechas un mar de lágrimas dulces, nada de saladas en algo tan bonito, y casi no articulamos palabra. Sólo hipamos y decimos:
 
-¡Qué bonito es!
 
Patagonia argentina. Hace un año y tres meses.
 
Después de varios días perdida en la Patagonia chilena he pasado al lado argentino para ver el Perito Moreno. Paseando por Calafate me encuentro con un pingüino de peluche chiquitito y lo compro para Víctor. Es lo primero que compro pensando en él y me emociona hacerlo. No estar presente durante el embarazo me hace estar menos implicada que con Íker y el pingüino me hace ver que estar cerca o lejos no me hace ser más o menos tía.
 
Madrid. Hace un año y cinco meses.
 
Después de las vacaciones de Navidad en Madrid me vuelvo a Chile. Estaré seis meses más antes de volver definitivamente y eso implica no estar presente cuando nazca Víctor. Estoy en la puerta de casa de Sandra, despidiéndome de ellos porque no pueden ir mañana a despedirme al aeropuerto. La abrazo y le beso la barriga, no muy grande aún, en la que duerme el peque. Sé que no la veré embarazada más y me da mucha pena todo lo que me voy a perder. Nos despedimos con lágrimas saladas como no puede ser de otra manera.
 
Madrid. Hace once meses.
 
Aterrizo en Madrid y voy directa a casa de Sandra y Javi. Muero por ver a Íker y por conocer a Víctor. El salón está oscuro porque el peque duerme allí en ese momento y entro a tientas. Me acerco al cuco y Sandra me dice que puedo cogerle aunque esté dormido. Esa es la primera vez que le tengo en brazos.
 
A partir de ese día el verano entero es para ellos. Y el otoño. Y el invierno. Y la primavera. Veremos qué nos trae el verano aunque dudo mucho que las cosas cambien.
 
Hoy.
 
Hoy hace un año de aquella noche en la que tus tías lloraban y reían a la vez mientras se comunicaban por ordenador. Un año desde que mamá saliera corriendo de casa con papá y con el tito y se dedicaran a cambiar de coche antes de llegar al hospital. Un año desde que los abuelitos tuvieran otro nieto detrás del que correr. Y un año ya desde que Íker se convirtiera en hermano mayor ¡con lo duro y difícil que es eso!
 
Tú has pasado de ser un pequeño bebé de pelo oscuro a un querubín de rizos rubios y ojos negros que corre de un lado para otro desde que diste tus primeros pasos hace a penas una semana. Llegaste con prisa y con prisa parece que vas haciendo las cosas. Te haces grande y verte crecer día a día es un gran regalo.
 
Y hablando de regalos, uno de los míos es esta entrada. Desde hace casi cuatro años Íker tiene su propia etiqueta en el blog y ya va siendo hora de que tú tengas también la tuya.
 
Te quiero mucho peque. ¡Feliz cumpleaños!