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martes, 12 de julio de 2016

Aprendamos de los niños

Si algo he aprendido de mis sobrinos en estos algo más de cuatro años, es que son pequeñas personas sin corromper. Lo veo en Iker y en Víctor: está en nuestra naturaleza ser solidarios con los que nos rodean, ser generosos y compartir las mejores cosas con la gente que queremos o, incluso, con la gente que no conocemos y que lo necesita. Y no me refiero sólo a cosas materiales, sino a "simples" experiencias también.

Y nosotros, los mayores, ¿qué hacemos? Queremos "manipularles" y conseguir que hagan las cosas bien; es decir, a "nuestra manera". A la manera que nos enseñaron que era la correcta. Y no, no nos damos cuenta de que los niños no necesitan aprender de nosotros, sino que somos nosotros los que tenemos que recordar gracias a los más pequeños -estoy segura de que un día lo supimos- cómo tenemos que comportarnos.

Más de una vez he visto niños dándonos lecciones de vida. Me viene a la cabeza un experimento de la ONG Acción Contra el Hambre en el que dejaban a dos niños en una habitación con la merienda y cuando se la iban a comer se daban cuenta de que sólo uno de ellos tenía bocadillo. ¿Sabéis qué hicieron? Efectivamente. Todos compartieron la comida.


Otro ejemplo que recuerdo a menudo es el del niño que tuvo que mediar entre el árbitro y su entrenador de fútbol porque ambos estaban discutiendo. Para el niño la discusión no merecía la pena y con su gesto espero que consiguiera que se le cayera la cara de vergüenza a los dos implicados.


Ayer fue la final de la Eurocopa y hoy un vídeo grabado después del partido se ha hecho viral. Seguro que habéis visto las imágenes, pero si no es así os dejo la secuencia y el vídeo más abajo.

Para mí la imagen de la Eurocopa podrían ser muchas: la selección de Islandia celebrando la derrota, Ronaldo levantando la copa o las aficiones juntas celebrando la fiesta del fútbol. Sin embargo yo me quedo con el niño portugués cogiendo la mano del seguidor francés cuando éste ni siquiera ha visto que está frente a él.


Francia perdió el campeonato, pero estoy segura de que este chico aprendió una lección que se llama deportividad y solidaridad. Su gesto, una vez que salió de su asombro al ver al niño cogiéndole la mano, también fue bonito. Se dejó consolar y le abrazó en un par de ocasiones. Me gusta pensar que se fue más emocionado por el gesto del niño que por el resultado del partido.

Ya veis... el mundo está cada vez más loco pero yo aún tengo fe en el ser humano.

Por cierto, el vídeo lo podéis ver en Verne con buena calidad.