Ya nadie habla de Afganistán

Reconozco que el año pasado me pilló desprevenida la invasión de los talibanes. Bueno, supongo que como a todo el mundo. Vi horrorizada las noticias, los periódicos y las redes sociales. Yo, que no veo nunca las noticias, estuve muy pendiente de lo que pasaba en Afganistán. Me costaba encontrar sentido a lo que estaba pasando y me costaba entender que nadie hiciera nada para evitarlo. Durante días viví con un nudo que no me dejaba respirar bien por culpa de la rabia que sentía. Solo podía pensar en las mujeres y las niñas afganas y en el futuro que las esperaba allí. Iban por el buen camino, joder, lo estaban haciendo bien y, de repente, les pusieron una barricada que, no solo no las dejaba seguir adelante, sino que, además, las obligaba a volver hacia atrás. 

Sabía que ACNUR me llamaría. Soy socia desde hace años y siempre hacen campaña cuando hay emergencias. No había hablado con nadie de cómo me sentía y cuando me llamaron solo les pude decir que estaba esperando su llamada antes de ponerme a llorar. No fue un llanto desconsolado, sino uno que pretendía deshacer, poco a poco, el nudo que tantos días me había acompañado. Traté de evitarlo, más que nada por no incomodar a J.C., que fue quien hizo la llamada, pero no lo conseguí. Es ahora, meses después de aquello, y se me vuelven a llenar los ojos de lágrimas al recordarlo. Porque no lo entiendo y me da rabia que se cometan injusticias. Y ahora ya nadie habla de las mujeres y niñas afganas porque ya no son noticia. La actualidad hace tiempo que no pasa por Afganistán y eso las condena al olvido.

Pero no hay que irse tan lejos para ver injusticias y desigualdad de género. En España también hay ambas cosas y, por eso, tenemos que seguir luchando para poder reducir la diferencia entre hombres y mujeres. No solo con dinero se puede ayudar, basta con no mirar hacia otro lado. Reivindicar lo que consideramos justo. Yo intento no callarme, aunque, lamentablemente, no siempre lo consigo. 

Llevo muchos años trabajando en publicidad y, más veces de las que me gustaría, me han llegado campañas segmentadas para hombres o mujeres teniendo en cuenta el rol social que teníamos hace cincuenta años. Me llegó una campaña de un coche y me dijeron que iba dirigida a hombres porque eran los que tenían la última palabra a la hora de hacer una compra tan importante. (¿Perdona?) O me han llegado campañas de detergentes dirigidos exclusivamente a mujeres, no hace falta que explique por qué (ejem). Como estos ejemplos, os podría dar bastantes más y, os aseguro, que en estos casos no me callo y utilizo el sarcasmo para dar a entender que el anunciante es un retrógrado. Con educación y simpatía siempre, claro, que una es irónica, pero también profesional. También tengo que decir que las agencias de publicidad, que es con quien suelo hablar de las campañas y que están llenas de gente joven, siempre me dan la razón en lo que les digo de estos anunciantes, pero ellos no siempre pueden hacer algo al respecto. 

Otro ejemplo. Un amigo fue a pedir información para solicitar una reducción de jornada en su trabajo porque quería cuidar de sus hijos por las tardes. Lo primero que le dijeron fue que tenía que ir la madre en persona a solicitarlo. A nadie se le pasó por la cabeza que fuera para él mismo.

Uno más. Una amiga me contaba el otro día que su hijo tuvo que ir al médico y que este, para intentar tranquilizarle, le preguntó por su equipo favorito, dando por hecho que por ser niño iba a gustarle el fútbol, cosa que resultó no ser cierta en este caso. Son cosas que no se hacen con mala intención, solo pensaba que podía distraer al peque, pero, en el fondo, no dejó de ponerle una etiqueta por ser chico. Suponer que a un niño le tiene que gustar el fútbol y a una niña jugar con barbies, es algo en lo que también tenemos que trabajar como sociedad.

No podemos olvidar que cuando hablamos de igualdad lo hacemos en ambos sentidos. Normalicemos también que a un niño no le guste el fútbol o que un padre quiera cuidar de sus hijos. 

Llevamos recorrido un camino muy importante y ahora no es el momento de parar. Tenemos que seguir quitando piedras del camino para no atascarnos donde estamos, todas las piedras cuentan, aunque parezcan pequeñas. Todas son importantes si nos permiten dar un paso más hacia adelante. Por nosotras, pero también  para que, las que vengan detrás, puedan avanzar con más rapidez hasta la igualdad, que, al fin y al cabo, es la meta que nos hemos marcado. 

(Imagen: KeGranDiosas)


Comentarios

Margari ha dicho que…
Aplaudiéndote estoy! Cuánta razón tienes en todo. Todavía hay mucho que hacer. Para atrás solo se puede ir para coger impulso, que mucho ha costado a muchas mujeres todo lo que tenemos ahora. Y no, ya nadie habla de Afganistán. Parece que no interesa. Una pena...
Besotes!!!
Laura Vicente ha dicho que…
No puedo estar más de acuerdo con todo lo que dices. Queda un camino muy largo por recorrer (sin contar con los retrocesos).

Un abrazo.
buhoevanescente ha dicho que…
👏👏👏👏👏👏💜