¿Qué es el Camino? Un gofre, un batido y unas botas

Muchas veces explicar a otras personas lo que se siente es complicado y, lo que en tu cabeza son las frases más elocuentes, directas y la mar de ingeniosas, se convierten a la hora de la verdad en algo que ni siquiera se parece a lo que estamos pensando cuando nos atrevemos a decirlo de viva voz.

Eso me pasa a mí a la hora de ponerme a escribir, y es que muchas veces tengo las ideas muy claras y luego no soy capaz siquiera de hilar el final de una frase con el comienzo de otra y eso me desespera bastante.

Hace dos semanas, más o menos sobre esta hora, estaba cenando un batido de chocolate y un gofre en una cafetería de León con tres amigos. Seguramente no fuera lo que llamaríamos una cena equilibrada, pero ninguno le dio más importancia al hecho de que dicho menú sólo fuera rico en grasas y azúcares. Total, a la mañana siguiente lo íbamos a quemar todo porque empezábamos a caminar.

La gente me sigue preguntando por qué quiero ir a sufrir, pasar frío y madrugar al Camino de Santiago, y la única respuesta que se me ocurre es que no se puede explicar. Yo lo pienso en mi cabeza y se me ocurren mil respuestas, pero cuando alguien me hace la pregunta y tengo que contestar en voz alta es como si me quedase muda.
Si dices que sólo por ver un amanecer merece la pena, suena a que eres súper cursi. Si dices que es por deporte la gente pensará que “sufrir” de esa manera no es hacer deporte. Si dices que es por turismo pensarán que en coche te daría tiempo a visitar muchos más lugares. O sea, que por H o por B no soy capaz de explicarlo.

Vamos a ver si con tiempo y paciencia al final del post he dicho algo convincente.

El Camino son esas pequeñas cosas que te pasan en el trayecto, no el Camino en sí mismo. No es más especial ese trozo de tierra o asfalto por el que caminamos que el de cualquier otra ruta que pueda existir sólo por pertenecer al Camino de Santiago.

Para mí el Camino es buscar la flecha amarilla y en su lugar encontrar una en el suelo hecha con piedras por cualquier peregrino, o amigo de peregrino, para evitar que los demás nos perdamos porque la original se había borrado. Es ver la sonrisa que te dedica la gente cuando te ve porque no te sabe saludar en tu propio idioma. Es que el peregrino te hable como si fuera tu vecino de toda la vida sólo porque llevas una mochila como la suya y entiendes lo que piensa. Es ver salir el sol después de días de lluvia. La oscuridad en un albergue a la hora de dormir y la claridad en un albergue a la hora de dormir. Es el agua fría de las duchas. Es un pie que te duele. Un amigo que te espera. Una foto. Un castillo. Es un río que cruza el Camino. El sol que sale. Y el sol que se pone. Es un batido. Es el agua caliente de las duchas. Una vaca que se cruza. Es una oca que no quiere ser famosa. Es una noche que no duermes. Es comer castañas. Y es buscar nueces. Es llegar al albergue y quitarte las botas. Es elegir una cama. Es hacerte oruga en el saco. Es una casa de adobe. Y un rebaño de ovejas. Una sensación. El viento. Es un gofre. Es estar desconectado. Es confiar ciegamente en un símbolo.

Seguir una flecha.

Esto y cosas como éstas hacen del Camino el CAMINO.
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He intentado reflejar lo que es el hacer el Camino de Santiago lo mejor que he podido, pero mucho me temo que si no se ha hecho nunca, el post no te ayudará a entenderlo.

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