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lunes, 12 de enero de 2009

Un pingüino en mi oficina

Llevamos varios meses de frío y todos los lunes notamos las consecuencias de tener una calefacción central que se apaga todos los fines de semana (por eso de no hacer mucho gasto) Lo de estos días sin embargo, se aleja de todo eso. Lo de estos días, directamente, no tiene nombre. Trabajamos con varias capas de ropa encima, con guantes sin dedos que nos facilita un poco la labor de presionar las teclas del teclado y de vez en cuando nos paseamos hasta la calefacción para templar las extremidades que se han quedado entumecidas por el frío.

Puede que os parezca exagerado esto que os digo, pero es la pura verdad. Sí, ya lo sé; cualquier persona que me conozca un poco dirá que el hecho de que yo tenga frío no es una novedad, pero sí que lo es que cinco personas coincidan conmigo, entre ellas tres chicos.

En verdad no hay ningún pingüino trabajando conmigo -obviamente-, pero sí es cierto que con la temperatura que tenemos aquí dentro podrían sentirse como en casa. Por lo pronto voy a proponer que un pingüino sea nuestra mascota.

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