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lunes, 13 de abril de 2009

Próxima estación... Pensamiento

Estoy dentro de la estación de tren de Vallecas y veo a un chico ciego de unos veinte años chocando un bastón contra un cristal. Obviamente no era un acto de vandalismo, sino que estaba completamente desubicado intentando buscar una salida. Me acerco a él para preguntarle a dónde quiere ir (de la posición que tiene sólo se puede interpretar que acaba de salir del tren y que quiere salir a la calle o entrar en el metro). Sin embargo no puedo evitar sorprenderme cuando me dice que lo que quiere es entrar en la renfe. No sé cuánto tiempo habrá pasado el muchacho allí ni cómo habrá llegado hasta allí, pero sinceramente se ha ganado mi compasión con la triste sonrisa que me ha dedicado al decirme que quería entrar en la renfe cuando estaba completamente dándole la espalda a la entrada.

No creo que a los ciegos les guste que la gente les compadezca, pero es algo que no puedo evitar. Más cuando veo que no se pueden apañar del todo bien. Este chico además tiene algo a parte de la ceguera que le hace parecer más indefenso todavía. Realmente no sé qué es lo que me hace pensar eso, pero es lo que pienso.

No recuerdo cómo va vestido. De hecho creo que no me fijo. Pero lo que sí me llama la atención es que lleva varios piercings negros en la cara. No le quedan mal. También lleva el pelo largo. Le llevo del brazo hasta que introduce el ticket del abono en el torno y sale disparado hacia las escaleras. <<Por fin se ha ubicado>> pienso mientras le miro desde atrás, pero acto seguido salgo corriendo detrás suyo para intentar evitar que se suba en las escaleras mecánicas en dirección contraria. Una chica llega antes que yo y le guía hasta que entra en el tren con dirección a Guadalajara.

Unos minutos después subo en mi tren que va en dirección contraria al del chico ciego. Abro mi libro y empiezo a leer por donde lo había dejado ayer por la noche. Dos chicos extranjeros que están sentados a mi izquierda (yo voy de pie en la puerta) me distraen del libro cuando uno le pide al otro que le traduzca su horóscopo. Vuelvo a mi libro hasta que llego a Recoletos que me bajo del tren y empiezo a seguir a la marabunta hasta la calle. Mientras subo las escaleras (¿o es cuando bajo del tren?) me acuerdo del chico ciego. Me recuerda a un amigo que tengo/tenía hace tiempo. No sé si será por los piercings o por qué. Me acuerdo como otras muchas veces de él, y vuelvo a preguntarme por qué ya no somos amigos. Después de muchos muchos meses echo de menos su risa y su sonrisa. Muchas veces he pensado en él. En lo que le diría si le tuviera delante. En cómo reaccionaría yo. Y en cómo reaccionaría él. Ahora de pronto sólo veo la triste sonrisa del chico ciego que me recuerda a la alegre sonrisa de mi amigo, y la echo de menos. Sigo andando como todos los días hasta que llego a la calle y después hasta que llego a mi oficina.

Ojala vuelva a encontrarme con el chico ciego mañana. Y ojala vuelva a sonreirme.

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