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martes, 26 de mayo de 2009

Verano = sandalias = heridas en los pies = quiero que vuelva el invierno

Llega el verano. Y digo verano y no primavera porque en Madrid no contamos con tal cosa. Pasamos de tener 10 grados un día a tener 35 el siguiente sin pasar por esos días de transición llamados primavera. Tenemos abrigos y vestidos playeros pero no chorraditas de esas que se llaman ropa de entretiempo. El problema que tenemos es que un día amanece con 30 grados después de haber tenido el día anterior 20 menos y nos ponemos chulos. Guardamos la ropa de invierno y sacamos la de verano. Metemos en el baúl de los recuerdos las botas y rescatamos las sandalias. Aahhh!! (suspiro) Las sandalias… No conozco mayor tortura que empezar a usar sandalias después de haber llevado durante varios meses calzado cómodo y calcetines gordos. Los bolsos se llenan de tiritas, igual que los pies, para evitar (o en el peor de los casos, curar) rozaduras.

Los primeros días de verano, al menos para la mayoría de las chicas, se convierte en un suplicio puesto que cada sandalia o zapato que se utiliza provoca una herida diferente a la que provoca el que usaste el día anterior, lo que causa que nunca se puede repetir el mismo calzado dos días seguidos y tengamos que recurrir a las socorridas deportivas que ya conocemos y que sabemos que no nos hará nuevas heridas... Después de usar deportivas unos días se nos olvida por lo que hemos pasado y volvemos a probar suerte con las sandalias.

Sí, ¡qué bien! ¡ya es verano! y sí, ¡ya he sacado mis sandalias!
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3 comentarios:

sandri y Anita dijo...

que buen rato nos has hecho pasar,.

besitos de tus sisters

P.D. Y a entendemos porque tienes una sandalia para cada dia del verano

Narayani dijo...

Pero que exageración!! No tengo tantos zapatos.

Cobos me contó que este verano le ha pasado algo parecido con unas sandalias que se compró. Cada vez que se las ponía le hacía una herida nueva. Lo que no me contó es si aún las tiene o si las ha tirado.

Por cierto, bienvenidas a mi blog... Ya era hora de que os dignaseis leerme :-p

Anónimo dijo...

Es verdad, especialmente el dedo pequeñito del pie. Ese es el más sufrido siempre