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jueves, 4 de febrero de 2010

Risas y lágrimas

Es curioso cómo se puede escuchar la misma historia una y otra vez y no cansarte nunca de ella; y eso a pesar de conocer a la perfección cómo empieza y cómo acaba.

Cuando mi abuela me habla de la guerra me emociona hasta un punto que no sé explicar. Y no es que me ponga a llorar como una magdalena. No. Eso lo dejo para ella. A mí me emociona verla disfrutar con los recuerdos que tiene del exilio que vivió en Francia, donde todo el mundo la trató de maravilla; donde cuidaron de ella y de otros muchos españoles que no tenían un hueco en España; y donde se sintió casi como en casa.

De vez en cuando me sorprende con una historia nueva, o que al menos yo no recordaba. Otras veces me cuenta historias que he escuchado decenas de veces. Pero lo que sí es seguro es que siempre hay lágrimas y siempre hay risas. Muchas veces simultáneas.

Mi padre y mi tía no quieren que nos cuente historias de la guerra, porque como ya he dicho, siempre acaba llorando. Pero yo creo que muchas de sus lágrimas no son de tristeza, sino más bien todo lo contrario. Quizás no pegue mucho, pero en El Señor de los Anillos en una de las últimas escenas de la tercera película, Gandalf les dice a los hobbits: "No os diré: no lloréis; pues no todas las lágrimas son malas" Y eso es precisamente lo que pienso yo. Que no todas las lágrimas que se le escapan a mi abuela son malas. Y tampoco amargas.

Una historia que cuenta siempre es una de cuando estuvo en Francia en el exilio. Ella y otras chicas españolas decidieron ir a un baile que se daba en un pueblo vecino. Como no tenían dinero para coger la camioneta que iba de un pueblo a otro* fueron andando, pero a mitad de camino la camioneta pasó por su lado e insistió en llevarlas a pesar de que no podían pagar el viaje. Una vez en el baile los músicos se enteraron de que había españolas y tocaron pasodobles desde ese mismo instante hasta que se marcharon. Cuando la camioneta se detiene para llevarlas es cuando mi abuela empieza a llorar. Dice que le emociona acordarse de lo bien que las trataron; después continúa con el relato hasta que llega al momento de los pasodobles, que se vuelve a emocionar.

Por último me gustaría narraros, brevemente espero aunque no prometo nada porque no sé lo que ocupará por escrito, una historia que contó un día que la hizo reír y llorar al mismo tiempo. No recuerdo en qué lugar estaba, pero era España seguro. Las sirenas que avisaban de los bombardeos sonó y todo el mundo empezó a correr. Mi abuela tuvo suerte de encontrar un portal cerca y corrió a refugiarse en él. Empujó la puerta, cruzó el umbral y se apoyó en la pared justo al lado de la puerta. Otra persona, no recuerdo en este momento si fue un hombre mayor u otra chica joven, también había entrado y había hecho lo mismo que mi abuela: apoyarse en la pared. Escucharon los aviones y las bombas durante un rato, y no se atrevieron casi a respirar en todo el tiempo que duró aquel bombardeo. Cuando dejaron de escucharlo y pudieron respirar tranquilos les dio por mirar al techo y se encontraron con que lo único que veían era el cielo. No existía ningún refugio en ese portal porque ya había sido bombardeado con anterioridad y no tenía techo, ni tejado, ni nada que se le pareciera, y que pudiera servir de refugio. Me imagino que los nervios en una situación como esa te juegan una mala pasada, pero lo importante es que, en ese momento, no cundió el pánico dentro de ese portal y nadie se expuso más de lo necesario, sino que se mantuvieron pegados a la pared como si pudiera salvarles de todo mal.

Quizás esta historia así contada no tenga nada de trágico ni tampoco de comedia, pero si hubieseis escuchado a mi abuela contarlo habríais reído y llorado con nosotras.

Eso es seguro.


* Siento no poder concretar más sobre los pueblos en los que estuvo mi abuela, pero no recuerda los nombres. Tampoco yo los considero indispensables.

2 comentarios:

Carlos dijo...

Yo también pienso que a pesar del dolor de aquella época, son historias bonitas, sin duda. Esas no salen en los libros y son irrecuperables cuando se pierden.

Continúa disfrutándolas (y contándolas si es posible)!!

Narayani dijo...

Intentaremos entonces que no se pierdan... Además aunque el marco histórico no sea bueno, las anecdotas no tienen porqué no serlas.