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jueves, 25 de marzo de 2010

Estrategias para viajar en autobus

Hoy viniendo de una reunión me he visto en una situación que de vez en cuando se da en los autobuses. Entras y tienes la suerte de que no va muy lleno por lo que te puedes permitir el lujo de buscar el sitio que más te guste. Empiezas a andar por el pasillo descartando posibilidades no sabes muy bien porqué. Llegas a la mitad del vehículo y empiezas a ponerte nerviosa porque ves que al final te vas a quedar con el peor de los sitios. Uno lo descartas porque está en el pasillo, el otro porque un señor ha puesto su maletín encima y por no hacérselo quitar, y otro porque sí o porque no te ha dado tiempo a reaccionar y te lo has pasado de largo. Al final ves uno y te diriges hacia él. "¿Por qué éste?" piensas cuando ya te estás sentando y no hay vuelta atrás "¡Si está en el pasillo (que no querías) y hay un señor muy grande sentado justo al lado y su pierna va a chocar con tu cadera!" Y así pasa, que te sientas en el mejor sitio que has encontrado y te encuentras más atado que si fueras en un coche con dos cinturones de seguridad puestos. Bien encajada entre el señor y el final del asiento. Le miras de reojo (tú sabes que también te está mirando de reojo), sacas tu libro, juntas los codos para no utilizar su brazo de reposabrazos y ves que él tiene la misma postura que tú. Es decir: ridícula. Estudio las alternativas que tengo por encima del libro y cuando veo otro asiento libre (los había a patadas) recojo mis cosas y me dirijo al nuevo sitio. Uno bien amplio, para mí sola y que va de espaldas. Visto lo visto ir de espaldas no es tan malo.

Normalmente cuando estoy en un tansporte público trato de elegir bien dónde me siento. Si puedo elegir prefiero al lado de un chico que de una chica porque las mujeres tenemos caderas y yo sola ya voy servida, por lo que si coincido con otra chica con las mismas caderas que yo lo más fácil es que nos terminemos molestando por estar demasiado cerca. Por supuesto si es un señor o una señora un poco grande también procuro buscar otro sitio para estar más cómoda. Esta regla, la del señor o señora grande, tiene una excepción, y es cuando hace frío y yo no voy suficientemente abrigada. No es que me arrime a la gente o me abrace a ellos, pero el calor humano es el calor humano y quieras o no, lo sientes cuando vas sentada junto a otra persona.

Hoy entre unas cosas y otras he ido hilando recuerdos de otras veces que me ha pasado lo mismo y me he terminado acordando de un día que por poco no me linchan en un autobús. No recuerdo qué época del año era, pero en la calle hacía más o menos buena temperatura. El autobusero llevaba el aire acondicionado a 10 grados y claro, yo que soy friolera, fui a decirle que por favor subiera la temperatura un poco porque hacía mucho frío. Me dijo que lo llevaba a no sé cuántos grados pero que lo que veíamos los pasajeros eran varios grados menos. Le dije que aún así hacía frío y me dijo de malos modos que lo único que podía hacer era quitar el aire. Y yo toda chula le dije: "Pues quítelo" Realmente a mí me daba igual. Para mí mejor claro estaba. Le di las gracias y me dirigí a mi sitio al final del autobús...

...Cuando llegué a mi sitio (como mucho 10 segundos más tarde) empecé a notar mucho calor y vi cómo la gente se estaba quitando la ropa. Primero una cazadora de entretiempo, después una chaquetita. Unos minutos más tarde estábamos todos dándole cuerda al abanico y en manga corta ¡y porque no teníamos el bikini puesto! Porque si lo llegamos a tener nos habríamos quitado toda la ropa. Sólo faltaba el chiringuito sirviendo cañas y el rumor de las olas para que la sensanción de torrarse al sol fuera completa. ¡Qué cabrón el tío! Dice que quitó el aire acondicionado, pero estoy segura de que no sólo lo quitó, sino que además puso la calefacción. El viaje se me hizo eterno, pero no porque tuviera calor (que también) sino porque todo el mundo me miraba de reojo con cara de pocos amigos. Así que nada, ahora cuando tengo que coger el autobús procuro ir siempre abrigada para no tener que pedir favores a los autobuseros. Nunca se sabe qué as se puede estar guardando en la manga.

5 comentarios:

Carlos dijo...

Me gustan estas historias :D

Yo como viajo mucho en transporte público, son muchas horas de autobús, metro, trenes y cualquier cosa y tb me hago muchas teorías (o como me dicen, pajas mentales) y lo de elegir asiento es algo que siempre me ha llamado la atención.

Me ha sorprendido lo de las caderas de las chicas, no entraba en mis teorías, siempre había pensado que las chicas se sientan al lado de los chicos y los chicos al lado de las chicas simplemente por ser del sexo contrario (no por querer nada, simplemente porque nos sale de dentro)

Carlos dijo...

Anda, y ahora ya que he visto que has etiquetado el post con "caderas" ya si que me he reído jejeje

Narayani dijo...

Jajaja, me alegro de que te haya gustado la historia!!

La verdad es que no sé si todas las chicas piensan igual que yo en el tema de las caderas porque es algo que creo que no había mencionado antes a nadie. Yo sé, por experiencia, que es más cómodo y por eso lo hago. De todos modos me has hecho pensar en eso de que buscamos al sexo contrario, y creo que si fuera por eso preferiría sentarme enfrente para poder ver al chico en cuestión en lugar de quedarme a su lado y no verle ;-)

jevy dijo...

jajaja me parto!! la de cosas que aprendo leyendo tu blog!! eres la caña!! la verdad que el autobusero fue un poco (muy) cabron!!
Pero se lo voy a hacer a una viajera que tengo muy pesada (y no es que sea muy grande) que siempre tiene frio aunque no lleve el aire puesto!!
ah y si subes en mi autobus y no encuentras un sitio de tu agrado yo te dejo el mio que es el mas comodo!!! jejej

Narayani dijo...

Te arrepentirías nada más cederme el asiento...
El otro día estuve de viaje en Barcelona y me hice amiga de otro autobusero. Menuda racha llevo... :-p
Me alegro de que disfrutes tanto con las historias viéndolas desde el otro lado