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jueves, 8 de julio de 2010

Una es igual a cinco

Barcelona, 16:30 aproximadamente y un calor y una humedad suficientes para hacer sudar a cactus. Entro en el metro con la intención de dirigirme a la última reunión del día antes de volver a Madrid, y me fijo en que sólo queda un minuto y unos segundos para que llegue el siguiente tren. Hago intención de sentarme cuando la veo, casi al fondo del andén y llamándome a gritos para que me acercara:

la máquina expendedora de bebidas.

Cuando llego a su altura y veo una única botella de agua me doy cuenta de lo realmente sedienta que estoy. Miro el precio (1,20€) y busco mi monedero. Saco una moneda de un euro y una de veinte céntimos. Seguramente tengo suficiente dinero suelto como para quitarme calderilla (imposible no acordarme de mi compañera Ana en estos momentos que siempre me hace pagar con céntimos en el súper para que no me llenen de chatarrilla) pero el tren está a punto de llegar y no tengo tiempo de buscar. Además, me estoy muriendo de sed.

Meto los veinte céntimos y los oigo caer de nuevo. Meto la moneda de un euro y la coge sin ningún problema.
Recojo la moneda de veinte céntimos y lo vuelvo a intentar.
Nada.
Lo vuelvo a intentar una vez más.
Nada.
Oigo el tren que se acerca a la estación mientras meto la moneda una tercera (o cuarta) vez.
Nada.
Decido olvidarme de la botella de agua y le doy al botón de devolución de moneda. Oigo como cae la moneda, y luego oigo caer otra y luego otra y otra... y así hasta cinco. Cinco monedas de veinte céntimos ("%$-?/+*}&")

Empiezo a recoger las seis monedas de veinte céntimos que desde este momento me pertenecen mientras el tren se marcha. Como ahora tengo tiempo de sobra mientras espero el segundo tren, intento meter otra vez las seis monedas (no quiero tanto peso en el monedero) y me acepta sólo dos después de intentarlo dos veces con cada una. Decido pedir otra vez todas las monedas y las oigo caer al cajetín.

Lo intento de nuevo y me coge una, así que decido intentarlo por última vez con otra moneda de un euro y...

¡Sorpresa! Me acepta la moneda. Marco el número 67 y espero.

Espero

Espero

Espero

Espero

La máquina me dice que no quedan existencias del producto y que elija otro. Pero yo sólo quiero agua. No quiero beber Nestea. Quiero agua.

Le doy al botón de devolución de monedas para que me devuelva mi euro con veinte, y las empiezo a oir en el cajetín:

Clin

Clin

Clin

Clin

Clin

Clin

¡LA MADRE QUE PARIÓ A LA MÁQUINA!

Sin quererlo me veo con doce monedas de veinte céntimos en el monedero, con más sed de la que he tenido en mi vida y escuchando al siguiente tren que se acercaba. Cojo el bolso, la bolsa con el portátil y mi dignidad, y con la cabeza bien alta me doy la vuelta sobre mi misma y entro en el vagón.

Ahi por lo menos se está fresquito...

7 comentarios:

jevy dijo...

Eso es la venganza de la cajera del super por darla los centimillos!! Ella regenta la maquina!! :-)

Anabel dijo...

Jajajajaja... Hacía tiempo que no te visitaba y ¡me han encantado tus entradas nuevas! Pero esta... esta ha sido mortal.

Narayani dijo...

Jevy, si a ellas les encanta tener cambio!! No creo que se quejen porque le de calderilla, jeje

Anabel, siempre eres bienvenida! :-) Me alegro de que hayas disfrutado con el post.

Carlos dijo...

Jaja, me he reído imaginándote con la dichosa maquinita :D

A mi lo que me pasa con las maquinitas es que a veces me voy a comprar algo (una pasta q vale, pero yo soy impulsivo) y veo que hay otra cosa q no quiero medio atrancada con lo cual pienso "si pido eso me van a dar dos, el que me corresponde y el que está atrancado que se desatrancará" ... así que la tentación me puede y lo pido. Suele pasar una de estas cosas:
a) Cae sólo un producto: Pero como no es lo que no me atraía, me voy con cara tristona.
b) Se atranca el segundo producto detrás del primero y no cae ninguno (por algo estaba atrancado). Me voy con cara muuuuy tristona (y procuro alejarme de todo el que me haya visto meter dinero y no sacar nada).

Y cuando caen los dos productos, me voy triunfante aunque sea algo que no me guste jejeje.

Narayani dijo...

Lo tuyo, Carlos, es peor que lo mío, eh!!? :-p

No sé si te has dado cuenta de que al final te sale todo comido por servido, jeje.

escéptico dijo...

No me queda claro si era una máquina de cambios o una máquina expendedora de bebidas ;-)

Un saludo.

Narayani dijo...

Si te soy sincera creo que no debería descartar la posibilidad de que fuera una máquina de cambios y que la botella de agua fuera un espejismo :-p