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lunes, 22 de noviembre de 2010

Egipto Mágico - Día 2

Día 2 - Sábado, 13 de noviembre de 2010

No sé si es por la presión de saber que tenía sólo dos horas para dormir, pero el caso es que no duermo nada. El teléfono suena a la 1:45 en punto y me levanto para comenzar el día. Vamos al bar para tomar café y/o té con pastas -aunque las pastas se han debido de quedar dormidas porque no aparecen- y para recoger una bolsa con un pequeño piscolabis para el desayuno. Son las 2:30 y estamos todos en la recepción menos Mara y Silvia así que nos ponemos de acuerdo en aplaudirlas cuando lleguen por eso de ir rompiendo un poco el hielo y así lo hacemos cuando llegan. Parecen cortadas pero no les sienta mal.

Nos dicen que podemos coger las almohadas de nuestra habitación para dormir en el autobús, pero a mí, personalmente, no me sirve de nada. Son almohadas grandes y mullidas y si tratas de ponerlas detrás del cuello acabas con una inclinación de cabeza tal que parece que le estés haciendo una reverencia al Papa y a los reyes al mismo tiempo. Al final la mayoría de gente acabamos abrazados a la almohada y usándola de manta para no resfriarnos con el aire acondicionado del bus.

Vemos amanecer de camino a Abú Simbel y le metemos mano a la bolsa del piscolabis para hacer algo de tiempo. El desayuno -o como queráis llamarlo- se compone de unos bollitos tipo medias noches rellenos con jamón -o algo así porque jamón lo que se dice jamón no es. Eso seguro-. Un zumo de guava -más malo que el hambre- y un plátano.

Llegamos a Abú Simbel sobre las 7 de la mañana -quizás un poco más tarde-. Aiman nos explica la historia de Ramsés II y después nos deja tiempo libre para hacer fotos y visitar los templos. Por dentro es bonito, pero no es comparable al exterior.

Estamos en el desierto y tenemos alrededor de 35 grados; eso sí, dentro del templo la temperatura sube varios grados. Un gran acierto haber traido abanicos.

Sobre las nueve de la mañana cogemos el autobús de nuevo para visitar una presa, que a mí personalmente no me dice nada, y también el obelisco inacabado. Ambas excursiones son completamente prescindibles bajo mi punto de vista.

Después nos dirigimos a unas motoras que nos acercan al poblado Nubio. Durante el trayecto un niño nubio nos canta varias canciones y nos da plátanos que comemos encantados. Aquí es donde empiezo a tener conciencia de la situación de los niños egipcios que trabajan para sacar algo de dinero, ya sea con la venta de productos típicos realizados a mano (en teoría) o pidiendo directamente dinero bajo cuerda. En este caso el niño de doce años que nos acompaña en la motora, nos ameniza con canciones y bailes y nos vende la mercancía que trae preparada en una bolsa. Yo, como soy una presa fácil para esto de las compras, caigo y compro dos figuritas de madera: un elefante y un hipopótamo.

La parte final del trayecto la hacemos en camello todos menos Ana y Potter que parecen no tener mucha confianza en los animalitos. Acabo con las manos cansadas de sujetarme a la silla del camello pero contenta por la experiencia.

En el trayecto en camello me hacen mi segunda proposición de matrimonio, la cual rechazo con amabilidad. Ya conté ayer que los ojos azules les llaman la atención mucho. Pues bien, gracias a ellos he tenido más propuestas que en toda mi vida.

Una vez en el poblado nos enseñan el patio de una casa nubia, sus mascotas -varios cocodrilos y una tortuguita-, nos hacemos un tatuaje de henna, nos invitan a té y nos dan la posibilidad de coger un cocodrilo. Ni que decir tiene que yo quiero cogerlo.

A estas horas ya no sabemos cuántos días llevamos en Egipto. Nos parece llevar por lo menos tres días, pero sólo llevamos horas. Muy intensas, pero sólo horas. Son las tres de la tarde, llevamos más de doce horas levantados y sin parar de hacer cosas y las fuerzas comienzan a flaquear. En la motora no hacemos más que pensar en la comida y en las tres horas de descanso que nos van a dar antes de bajar en el siguiente puerto.

Comemos solos porque el resto del barco no ha hecho la excursión y ya ha comido; después subimos a cubierta para ver la puesta de sol. A las cinco nos dan la merienda: té y/o café con bollo.

Poco más tarde llegamos a un nuevo puerto y bajamos para ver el templo de Kom Ombo de noche. Después de un rato de explicaciones varias Aiman nos da tiempo libre para hacer fotos y dar una vuelta por la zona.

Esta noche tenemos una fiesta de disfraces en el barco y vamos a los puestos del puerto para comprar las chilabas. Regateamos los precios tal como nos han dicho que hagamos, pero los vendedores se ponen bastante agresivos a la hora de vender y nos cuesta un buen rato cerrar el trato. No me gusta la experiencia del regateo y agradezco entrar de nuevo en el barco. Tengo mi chilaba pero he pasado un mal rato bastante importante y pienso que si tuviera que hacerlo de nuevo compraría el disfraz en el barco, con mucha menos presión y seguramente más barato.

Nos cambiamos para la cena y nos damos cuenta de que somos los únicos disfrazados. Cuando la gente nos ve comienza a animarse y poco a poco se van disfrazando. Después de la cena nos juntan a todos los grupos en el bar y empezamos la fiesta. Estamos españoles por un lado y estadounidenses por otro, pero pasados los primeros momentos de la fiesta nos juntamos todos. Los españoles, que básicamente éramos nosotros seis y las niñas malagueñas, decidimos que la fiesta termine a eso de las once de la noche. Llevamos 21 horas levantados y consideramos que va siendo hora de irse a dormir. Mañana nos espera un día tranquilo, pero lo comenzamos madrugando otra vez por lo que no podemos demorarnos mucho para acostarnos. Los demás no sé, pero yo no veo el momento de meterme en la cama.

4 comentarios:

la emperatriz de lavapiés dijo...

¡Ya estais de vuelta! he leído las dos primeras entregas del tirón, vaya pedazo de viaje, y la narración acaba de empezar, jeje. Supongo que solo me enteraré al final de si aceptaste o no alguna propuesta de matrimonio... bss

Narayani dijo...

Sí, ya estamos de vuelta!!! El viaje ha estado genial. Os lo recomiendo al Chino y a ti. Creo que os puede gustar :-)

Besos!!

Anónimo dijo...

que risa cuando he leido lo de las almohadas de camino a Abu simbel!!! qué desesperacion de viaje... entre que no sabes qué hacer con la "almohadita" de los huevos (que ocupa varias plazas del autobus) y que una vez que pinchas el maldito zumo de guava con la pajita ya solo te queda tomartelo o sujetarlo en posicion vertical varias horas.... jeje.. con tanto entretenimiento ni piensas en la mierda de desayuno que te han dado!! jeje.. Se te ha olvidado incluir las patatas fritas!!! al final entre las patatas fritas y el platano matamos el gusanillo (vaya desayunito para las 6 de la mañana!)

(Anita) ¡¡Ala!!

Anónimo dijo...

Anita te quejas de vicio, esto son pequeñas vivencias, como cuando el camello de Santi, le dio por adelantar por el borde del terraplen, yo me partia aunque a Santi no le hizo mucha risa,jeje

Sandri