¿Qué buscas?

miércoles, 29 de diciembre de 2010

La bomba no es "la bomba"

El 1 de septiembre os comuniqué que me había comprado una bomba de baño, y sólo una semana después os tuve que decir que no había podido utilizarla cuando y donde yo quería.

Os pongo en situación por si habéis llegado hace poco y no queréis leer todo lo que os propongo en los enlaces (os entiendo). Un día, paseando por la Vaguada me llamó la atención una tienda de éstas de jabones y chorradas varias para el cuerpo, la cara y, se supone, también el espíritu. Entré y me compré un par de cosas (inútiles las dos, por qué no decirlo, porque una piedra de azucar verde (¿?) que te deja los muslos rojos de tanto frotar para quitarte la celulitis no parece un gran invento. Sobre todo porque cuando terminas con ella (o ella contigo, mejor dicho) sigues teniendo la misma, o más, celulitis que al principio) Entré y compré un par de cosas, decía, y busqué una ocasión especial para utilizarlas. Bueno, mejor dicho, para utilizarla, porque lo que más me apetecía usar era la bomba de baño. La piedra de azúcar la utilicé desde el primer día.

La bomba intenté utilizarla el fin de semana de la boda de mi amiga Cristina pero fue un fracaso absoluto. El motivo: no había bañera en la habitación. Así las cosas me decidí a esperar otro gran momento de soledad para tirar la bomba al agua y éste llegó en el mes de noviembre. El 24 de noviembre para ser más exactos. Tuve una feria de bolsa en Barcelona (algún día quizá cuente a qué me dedico) y pasé una noche en un hotel bastante chulo con una cama enorme y una bañera también bastante grande. Por supuesto la bomba viajó conmigo hasta Barcelona así que una vez en la habitación puse el agua de la bañera caliente, puse el tapón, esperé a que se llenase hasta la mitad o un poco más, me puse una bebida caliente con el kettle que había en la habitación, bajé las luces del baño, me quité la ropa, me metí dentro de la bañera, dejé caer la bomba al agua y, finalmente, esperé. Y esperé. Y esperé. Y esperé. Esperé hasta que la bomba se hubo deshecho por completo y entonces pensé: "¿Qué %&$}"@ tenía que hacer la cosa ésta?" Porque claro, yo compré la bomba y me ilusioné con la bomba, pero realmente en ningún momento me paré a pensar qué esperaba yo de ella. Ahora sé que no sabía qué esperar de ella y, aún ahora después de haberme dado el baño más chapucero de mi vida y haberme llevado uno de los chascos más grandes de las últimas semanas, sigo sin saberlo. Sólo sé que me decepcionó. Y mucho. No me relajó más de lo que me hubiera relajado un baño de agua caliente con jabón. Después de unos minutos opté por levantarme y meterme debajo del chorro del agua caliente, ducharme como Dios manda y meterme en la cama hasta el día siguiente.

Una ducha caliente y una cama cómoda. Eso es todo lo que necesitaba para relajarme y desconectar... Y yo, sin saberlo.

4 comentarios:

la emperatriz de lavapiés dijo...

ains... a mí me pasó algo parecido, me imaginaba un baño de burbujas y fue como meter una aspirina efervescente. Y también piqué con un jabón para la celulitis, que si la quita es porque te arranca la piel, desde luego, jeje. bss

Carlos dijo...

Yo hubiera probado a hacer "unos toques" con el pie, a lo mejor de balón de fútbol vale!

Ains, ¿te puedes creer que casi casi casi echo de menos La Vaguada?

Anónimo dijo...

una piedra de AZUCAR para la celulitis??? Igual te has empeñado en frotarte con ella cundo lo suyo sería comersela!!! jeje..

Anónimo dijo...

PD: el post anterior es mío (Anita)