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miércoles, 16 de marzo de 2011

Mismo fallo, mismo día

Y es que dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.

A ver, situémonos:

11 de noviembre de 2010. 24 horas antes de coger el avión a Egipto.

Mi jefe me envía a un desayuno de trabajo en el que se va a hablar de marketing de afiliación. (Lo que se habla aquí y lo que es el marketing de afiliación no es importante para el desarrollo de esta historia así que la explicación la pasaré por alto). Nada más llegar me siento completamente fuera de lugar. No conozco a nadie y por extensión nadie me conoce a mí. La mayoría de gente va en grupitos, y el que va solo levantaba la mano a diestro y siniestro saludando. Nada más entrar en la sala veo una mesa larguísima llena de pastas, café y zumos. Elijo un sitio junto a la ventana de manera que puedo ver a todo el mundo cuando entra por la puerta. ERROR. Debería haberme sentado de espaldas a la puerta, pero de eso me doy cuenta muy tarde. Comienza la charla y después el turno de preguntas. Nada más terminar la charla ya hay gente que se va marchando. La ronda de preguntas se alarga bastante más de lo esperado gracias, entre otros, a un tipo que no deja de hacer preguntas (pero no para saber cosas nuevas, sino para demostrar a los demás que él sabe mucho -quizás más que los ponentes-) El caso es que en la habitación cada vez queda menos gente pero yo no me puedo marchar aún -a pesar de que hace más de media hora que ha terminado la charla- porque para hacerlo tendría que hacer levantar a toda la fila y la gente se va a fijar en esa chica que se ha levantado y ha movido a todo el mundo. Me quedo hasta que dan por terminada la velada y salgo corriendo en cuanto puedo.

11 de noviembre de 2010. 14 horas antes de coger el avión a Egipto.

Tengo clase de danza del vientre a las 22:00 y la presentación de un libro a las 20:00. Sé que no podré ver la presentación entera pero me paso por lo menos un rato para conocer a Victoria, a la que he conocido a través del blog. Llego un poco antes de la hora. Saludo a Victoria, me pido una coca cola y me meto en la sala para coger un buen sitio delante de la mesa donde estará Victoria con sus editores. ERROR. Me pongo a leer mi libro mientras espero a que empiece. Si comienza ya quizás pueda verla entera. Veo a Victoria hablar con los editores pero no parece que vaya a empezar pronto. Cuando comienza la presentación son cerca de las 21:00. Me quedo hasta que habla Victoria y cuando pienso en marcharme para llegar a clase me doy cuenta de que estoy en mitad de la sala y que para marcharme tengo que pasar por delante de todo el mundo. Espero un poco más, sobre todo para que la gente no piense que me voy porque no me está gustando la presentación, pero el tiempo se me echa encima y finalmente decido levantarme trantando de molestar al menor número posible de gente.

Mientras voy por la calle camino del metro pienso que parezco tonta por haber caído en la misma trampa dos veces el mismo día. Así que ya sabéis, si alguna vez tenéis que ir solos a algún evento (el que sea) cuanto más cerca estéis de la puerta mejor, así os será más fácil salir corriendo en caso de necesidad... Que para quedarnos más de lo esperado siempre hay tiempo.

2 comentarios:

Carlos dijo...

Jajaja, eso te pasa por llegar puntual a los sitios, si llegaras siempre tarde te sentarías donde pudieras :D

Narayani dijo...

Cuando lean mis hermanas eso de que llego siempre puntual van a soltar una carcajada que la vas a poder escuchar desde BCN, jaja.

Soy puntual dependiendo en qué casos...