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viernes, 5 de agosto de 2011

Roma - Día 3

Sábado, 16 de julio de 2011

Esta noche conseguimos dormir un poquito mejor gracias, entre otras cosas, a que hacemos uso del aire acondicionado y los tapones para los oídos, y a que cerramos la ventana para que no entre tanto ruido de la calle. Cuando me levanto lo hago un poco con la espalda torcida; supongo que tanto andar tiene que pasar factura…

Desayunamos como ayer en la habitación y cojo unos bollos envueltos en plástico para comer por la tarde a modo de merienda.

No sé si lo he comentado ya, pero me he cortado el pelo hace unos días y he pasado de llevar el pelo (bastante) largo a lucir una media melena imposible de domar. Hoy he decidido rizármelo con la plancha a ver qué tal queda. Ana se lo ha rizado a menudo desde que tiene el pelo corto y me parece que le queda muy mono, así que yo también creo que me puede quedar bien. Me lo termina rizando Ana que lo hace más rápido y aún así terminamos súper tarde. Cuando termina tengo el pelo que parece un repollo. Ana me mira con cara de “haber-ahora-qué-hacemos” y me dice: “A mí siempre se me queda así y luego me baja…” Así que nada. Recogemos las cosas, meto los bollos en la mochila y nos vamos a la calle.

Nuestra primera visita es el cementerio capuchino que ayer no conseguimos ver. Cuando vamos a entrar nos encontramos con una señora, bastante borde, que nos dice que no podemos entrar sin dar un donativo mínimo de 1€. También debemos taparnos los hombros y las piernas. Yo me enteré de este cementerio por mi compañero Gonzalo que estuvo en Roma hace unos meses y le gustó mucho. Yo me imaginaba unas catacumbas o algo así, pero realmente es un pasillo como el de una casa, alargado y suficientemente ancho para que entremos varias personas. También es verdad que no hay nadie cuando llegamos nosotras y que cuando nos vamos sólo hay un par de parejas. Y vosotros diréis ahora: ¿qué tiene de especial el cementerio? Pues bien, lo que tiene de especial es que los monjes capuchinos en lugar de enterrar a sus muertos amontonaban sus huesos y después hacían formas raras con ellos. Y digo formas por no decir que parte del mobiliario eran huesos humanos. Las lámparas, por ejemplo. También conservan algunos esqueletos enteros con el hábito de los monjes. Algunos de estos esqueletos son algo más que simples huesos y se encuentran momificados. He de reconocer que da grima, pero que tiene un trabajo impresionante… y muy macabro.

(No hay fotos porque no se pueden hacer fotos en el interior, pero aún así creo que tampoco la habría puesto porque he buscado una foto en Internet para ponerla y he cambiado de idea en el momento de ver las fotos ¡y eso que en persona no me dio sensación!)

Decidimos salir de allí y nos cruzamos con una pareja española en la puerta. Ella lleva tirantes y pantalón corto y no tiene ningún fular para taparse. La chica de la puerta le dice que puede comprar pañuelos (no sé si a ella o en la calle) pero que cuestan 5€. Como necesita dos tendría que pagar 10€ más el donativo para entrar a ver a los capuchinos. Nosotras nos vamos y les dejamos discutiendo si entra el chico o si vuelven mañana los dos.

Seguimos nuestro camino para llegar al castillo de San Angelo. Un agradable paseo, lejos de la gente (que a estas alturas del viaje ya me ha agobiado bastante) y por callejuelas perdidas de la mano de Dios. Nos sentamos al otro lado del río en un muro para comer la fruta que compramos ayer (¡hoy no me quedo sin helado como que me llamo Fani!) Damos una vuelta por el castillo y nos hacemos fotillos (como no puede ser de otra manera) Nos encontramos con una familia latinoamericana con un montón de niños y niñas que se quieren hacer una foto con el castillo de San Agelo de fondo y me parece una pena que no salgan todos así que me ofrezco para hacerles una foto a todos juntos. El chico de la cámara, encantado de que alguien hable castellano, nos da la cámara y luego se ofrece a hacernos una foto él a nosotras. Normalmente cuando pedimos a la gente que nos haga fotos no suelen ser de nuestro agrado, pero en este caso el chico toma como referencia las dos fotos que les he hecho yo a ellos y las repite exactamente igual.

(Quizás algún día haga un recopilatorio con las fotos que nos ha hecho la gente en nuestros viajes porque hay alguna que no tienen desperdicio)

Salimos de la zona del castillo y decidimos ir a comer. Ana ha oído hablar de un sitio que tiene mucha fama que se llama Baffeto y lo ponemos en busca y captura. Volvemos a callejear y pasamos por calles pequeñas y acogedoras hasta que llegamos al restaurante: CERRADO. En verdad ya contábamos con ello, así que tenemos un plan B en la manga que se llama Baffeto 2. La calle la tenemos, el mapa la marca muy clarita, pero tenemos que dar dos vueltas a la piazza de fiori para localizarla. Un caso extraño de cómo no conseguir llegar a un sitio.


Nos sentamos a comer en la terraza y pedimos gnoccis, Ana con salsa de queso y yo de tomate. Los dos están muy ricos. Eso sí, la pasta se nos pega en las muelas y el paladar y resulta un poco incómodo. Descansamos durante un rato y después volvemos a ponernos en marcha. La plaza de las flores no tiene gran cosa así que decidimos ir a la piazza navona a sentarnos en una sombra durante un rato. Esta plaza me gusta.

Es turística y hay mucha gente, pero tiene encanto. Hay muchos pintores exponiendo su obra en la calle y se ven pinturas realmente bonitas. La plaza, además, tiene 3 fuentes que de vez en cuando refresca a la gente que anda a su alrededor. Nos quedamos sentadas en un banco al lado de la fuente grande y después continuamos nuestro camino hasta el panteón. Sigue haciendo calor y pensamos en comer un helado (¡sí!) pero no vemos ningún sitio que nos convenza (yo quiero un sitio donde podamos sentarnos tranquilamente) así que ponemos rumbo a la fontana di trevi de nuevo para comerlo sentadas en la fuente. En la fontana pedimos a un chico español que nos haga una foto y, buen, en fin, mejor no haberlo hecho. El chico en cuestión es bastante bajito y para colmo se pone en cuclillas para hacernos la foto. Vamos que no sale casi la fuente.

Después de la fontana nos vamos a la plaza Venecia (todo son plazas en Roma) y encontramos una sombra de lujo en un césped justo debajo del parlamento o lo que sea que está en la plaza. Sacamos el pañuelo de Ana de dormir la siesta, nos descalzamos y nos tiramos en el césped a descansar. Hay una par de personas más por ahí tiradas, pero lo suficientemente lejos como para que no molesten ni molestarles a ellos. Revolviendo la mochila encuentro los bollos que he cogido esta mañana completamente destrozados. Una pena porque tenían buena pinta. A pesar de estar hecho añicos me como uno de ellos y la verdad es que está muy rico.


Hacemos el último tramo del recorrido de hoy muy descansadas: vamos al Coliseo. Vamos a dar una vuelta y verlo a la luz del día, pero mañana vendremos a pasar el día entero a esta zona así que no estamos demasiado tiempo. Volvemos andando a casa para ducharnos y salir a tomar algo. Hemos visto que por nuestro barrio, que es universitario, hay muchos sitios para cenar y para tomar una copilla, así que hoy no nos iremos muy lejos.

Una vez en casa me doy cuenta de que mis rizos siguen estando tan rizados como a primera hora del día. Ya no tienen remedio así que mejor no pensarlo… estamos muy cansadas y mi cabeza empieza a coquetear con la idea de cenar y subir corriendo a dormir. Nos ponemos monas y bajamos a la calle a cenar. Damos una vuelta y por fin vemos un sitio que, aunque no es el más elegante, parece que tiene buena pinta. Pizza al peso.

En la foto salgo fatal, pero no hay ninguna otra foto del local. Las pizzas están buenísimas y no dudamos en repetir. Mientras cenamos le pregunto a Ana si tiene ganas de salir y me mira con cara de “no-mucho-pero-salgo-porque-tú-quieres-salir” y me reconoce que no mucho. Le digo que yo tampoco y después de cenar nos subimos a la habitación.

Yo me entretengo en coser el pantalón que he traído porque se me ha descosido un poco la entrepierna, mientras Ana está ya en la cama, con los tapones puestos y soñando con los angelitos con esa cara de buena que tanto engaña.

Hoy ha sido un día cansado. Me voy a dormir a ver si estos rizos se me bajan algo con ayuda de la almohada.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Cómo que mi carita de güena engañaaaaaaa!!!!! jejeje... de verdad te juro que a mí se me bajan los rizossss!!!!! jijiji

Narayani dijo...

Que se te bajan... Al día siguiente por lo menos ya se habían bajado un poquito...

Y sí, tu carita de güena cuando duermes engaña mucho :-p

Un beso pequeña!

Anónimo dijo...

Que pasa, se parecia cuando peinan a la "Bestia" para cenar con Bella, jeje estas muy mona.
Besines, Sandri