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martes, 13 de septiembre de 2011

Tanzania - Día 5

30 de agosto de 2011 - Kilimanjaro día 3

Hoy duermo mal. A pesar del pantalón térmico (sí, ese tan bonito y erótico-festivo que comentaba ayer). Cuando salimos de la tienda vemos que ha caído una buena pelona por la noche y las tiendas están llenas de rocío.


La mañana está muy despejada y tenemos una vista preciosa de nuestro destino final: Kibo.

Nos aseamos en nuestras palanganas azules y nos preparamos para desayunar. Los desayunos se componen de porridge (algo así como una papilla que sólo probé el primer día una cucharada. A Sofía le encanta y Santi el primer día creyó que le gustaba pero se equivocó), algo de fruta, tostadas, salchichas, a veces tortilla, a veces crepes y por supuesto mucho líquido. El termo de agua caliente que siempre nos acompaña para los tés, cafés y los Malos con azúcar.


Después de desayunar preparamos el petate como cada día, la mochila que vendrá con nosotros durante el día y comenzamos la ruta. Ayer quedamos en ir todo el tiempo con Jo y Tony. Ellos vienen los dos solos y se lo pasan bien en nuestro grupo (la verdad es que conmigo no mucho porque como sigo sin entenderles demasiado…) y ya tendrán tiempo de sobra de estar solos cuando nos separemos así que nos dijeron de ir todos juntos.

El día es tranquilo pero hay mucha subida. Jo pasa todo el día con dolor de cabeza. Según parece es bastante propensa a sufrir migrañas así que no lo pasa del todo bien. Nada más empezar a andar James me pregunta si mi nombre es Es-te-fan-nnnia. Parece que se ha informado en estas horas. Creo que está preocupado por mí y que se va a convertir también hoy en mi sombra, pero como digo el día es bastante tranquilo así que no hay mayor problema durante la caminata. Al rato de salir, las nubes empiezan a bajar de nuevo pero cuando nos acercamos al campamento se quitan de golpe y nos dejan a la vista un espectáculo increíble. Quizás en la foto no se aprecie del todo bien, pero a mí me deja alucinada: el Mawenzi.

Antes de comer tenemos un ratito para descansar. Me lavo las manos en la palangana con agua caliente e intento quitarme la mierda de las uñas (qué mal momento para dejármelas largas, ¡joder!)


Después intento relajarme leyendo al sol un rato. Para ello elijo una piedra con vistas al Mawenzi (¡qué bonito es!) pero me distraigo con otras cosas y al final no consigo leer demasiado. Llegan Sofía, Tony y Jo y nos ponemos a hablar de otras cosas. Santi se ha puesto a subir la montaña él solo y cuando nos avisan de que la comida está servida en nuestra tienda-comedor ya no le vemos. Comenzamos a comer sin él para que no se enfríe la comida. Hoy toca patatas con verdura y pollo frito. Me encanta este pollo. Está un poco seco, pero muy crujiente. Está rico.

Por la tarde hemos quedado con Johnny, Deus y James para subir un poco más. Es un ejercicio que está bien para la aclimatación así que aunque no es lo que más me apetece hacer subo con todos los demás. Nos vienen a buscar cuando estamos en la sobremesa. Cogemos nuestras cosas de nuevo y nos ponemos en marcha de nuevo. Es un paseo agradable con bastante subida.

Llegamos hasta un punto bastante alto en el que podemos sacar fotos de nuestro campamento hacia un lado, y de Kibo (si no hubiera nubes) hacia el otro. Es una pena que no se vea, pero el espectáculo con las nubes también merece la pena. Durante la bajada le pregunto a Tony si habla español (es obvio que sí porque muchas veces se ríe de cosas que decimos en español) y me dice que sí, pero no quiere hablarlo. Una pena porque en inglés tampoco nos entendemos del todo bien.

Cuando bajamos nos quedamos leyendo un rato en la tienda antes de volver a nuestra tienda-sala-de-juegos a echar una partida de dados. Nos interrumpen con la cena pero después volvemos a los dados para terminar la partida. Hoy hace más frío (como podéis ver en la foto)

Hoy ya estamos empezando a notar las consecuencias de estar a 4.300 metros de altura. Cualquier esfuerzo, por mínimo que sea, nos deja sin aliento. Entrar en la tienda y quitarte las botas es toda una hazaña que a mí, al menos, me cansa.

Nos metemos pronto en el saco pero como es muy temprano me quedo leyendo un rato hasta que el cansancio y el sueño me vencen. Fuera hace mucho frío y, sobre todo, mucho viento. Me duermo rápido pero me despierto a media noche con ganas de hacer pis (en casa soy igual, ¡qué le vamos a hacer!) pero me doy media vuelta y trato de dormir de nuevo. Por supuesto sólo es un intento porque entre el ruido del viento y las ganas que tengo no lo consigo. Por fin me decido, me calzo y salgo de la tienda. Lo primer que veo (y que ya me imaginaba) es la taza del váter. Si puedo verla desde donde estoy es que algo va muy mal. La lona de la tienda-baño se ha caído con el viento y está arremolinada a los pies del váter cual braguita o calzoncillo en los tobillos de cualquier persona al ir al baño. Con el viento que hace tratar de hacer pis y acertar dentro de la taza es algo imposible así que me decido por la opción campestre y hago pis directamente en el suelo de arena. En 10 segundos podría haber estado de vuelta en la tienda, calentita en mi saco, pero me entretengo otra noche más mirando las estrellas, que se empeñan en salir todas las noches. El viento mece todo el campamento al son de sus soplidos pero con las estrellas no puede; ellas continúan inmóviles en el cielo, dejando que las espíe…

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