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viernes, 16 de septiembre de 2011

Tanzania - Día 8

2 de septiembre de 2011 - Kilimanjaro día 6

Esta noche hemos dormido 10 horas del tirón. No recuerdo ni siquiera haberme dado la vuelta dentro del saco para cambiar de postura. Por supuesto de salir al baño ni hablamos. Lo cierto es que podría haber dormido otras muchas horas, pero he de reconocer que he descansado

Cuando salimos a desayunar lo hacemos con más ganas que ayer. Nos traen tortillas de verduras, que están exquisitas, salchichas, crepes, tostadas... Vamos lo que se dice un desayuno en condiciones... Siguen sin ser como los de casa, pero tenemos Malos... ¿Qué más podemos pedir?

Antes de salir nos dice Deus que nos vamos a hacer una foto con todo el equipo hoy a modo de despedida. Nosotros lo tomamos más por una forma de poder contar los porteadores y calcular las propinas que vamos a dejar. En teoría todas las personas que han subido con nosotros tienen su sueldo, pero es una miseria y sacan mucho más de lo que dan los excursionistas en propinas. Nosotros hemos pensado dar 150 dólares americanos cada uno para repartir entre todo el equipo.


Nada más empezar a bajar nos damos cuenta de que el paisaje ha cambiado por completo. Es mucho más verde y la verdad es que te anima sólo con verlo. Esta ruta es más bonita que la que hemos hecho, pero yo no me arrepiento de haberlo hecho como lo hemos hecho.


Después de un par de horas de bajada me empieza a salir sangre de la nariz. Pensaba que me iba a librar, pero no lo consigo. Tardo unos minutos en cortarlo pero no es importante. Al final se queda en simple anécdota. En estos días Sarah ha notado algo de sangre al sonarse (nada grave tampoco) y Sofía también ha sangrado alguna vez. Yo pensaba que de sangrar sería arriba no a medio camino de la bajada. En fin, que el cuerpo es el que manda...

Deus y James parecen tener prisa y bajan bastante rápido. Nosotros queremos hacer fotos y disfrutar del paisaje y tengo la sensación de aguarles un poco la fiesta.


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Paramos a comer en un campamento con distintas cabañas y comemos, por primera vez desde que empezamos, bajo un techo sólido. Comemos noodles. En la mesa nos encontramos una cámara digital de las grandes y buenas que alguien ha dejado olvidada. No entiendo como alguien puede olvidar algo así. Damos aviso y alguien viene a recogerla. No sé si llegará a manos de su dueño al final.

El resto de la bajada transcurre sin mayores problemas. Cuando llegamos hacemos cola para registrarnos y firmar por última vez. Nos empeñamos en hacernos una última foto (cortesía de Santi la que estáis viendo porque la mía está un poco fea) y después nos metemos en un autobus lleno de gente. Entre porteadores y excursionistas va hasta la bandera.




Llegamos al hotel después de una hora de camino. Nos dan habitación y vamos a por las maletas que habíamos guardado pero la de Santi sigue sin aparecer. No entendemos qué ha pasado porque nos aseguraron que estaba ya en el hotel y ahora nos dicen que ha desaparecido. No entendemos nada.

Nuestra idea es bañarnos en la piscina así que me ducho rápidamente (la ducha no es para nada como me la había imaginado después de seis días sin ducharme. Le falta fuerza y además con el mal rollo de la maleta de Santi no la disfruto nada), me pongo el bikini y salimos a dar las propinas a Deus y James. Santi está bastante enfadado y no quiere salir así que salimos las niñas para despedirnos de ellos y darles el dinero. También agradecen toda la ropa que le podamos dar. Yo no tengo gran cosa que les pueda servir, pero al final les dejo un gorro (muy abrigadito para la cima), un polar y unas polainas. También Sofía les deja algo de lo que traía de Londres. Parecen agradecerlo sinceramente.

Ellos nos dan los diplomas acreditando que hemos llegado a la cima y hacen una mini ceremonia de entrega. Es bastante curioso.

Una vez que nos despedimos de ellos tenemos que ir a buscar al hombre del safari para que nos explique todo. A estas alturas ya hemos renunciado a la piscina otra vez. Sofía, Sarah y yo nos sentamos en una terraza a tomar un refrigerio mientras le esperamos. Coca cola y cerveza (más caliente que fría. Una pena) Santi, mientras, está en la habitación lavando ropa para el safari. Le han dicho que mañana tendrá su maleta con toda la ropa pero no se lo cree demasiado.

Después de hablar con el señor del safari volvemos a preguntar por la maleta y siguen sin decirnos nada claro. No sabemos qué pasa con ella ni dónde está.

A la hora de la cena vamos a buscar a Santi y cenamos algo antes de volver a preguntar por la maleta. Queremos hacer presión, así que después de cenar nos quedamos en la recepción jugando a los dados hasta que nos digan algo. Yo me dedico a mirar nada más. Los ojos se me están cerrando y en cuanto la partida termina nos vamos a la habitación. Mañana será otro día y nos merecemos un descanso...

Nuestra habitación parece una tienda de segunda mano con todo colgado en las estanterías y el ventilador dirigido a la ropa mojada. La vez anterior no utilicé la mosquitera de la cama, pero hoy me he encontrado varios mosquitos en la habitación así que decido ser yo también (Sofía y Sarah lo fueron también el primer día) una princesa de cuento dentro de la cama y protegida por la mosquitera.

2 comentarios:

la emperatriz de lavapiés dijo...

¡¡que pasadaaaaaaaaa!! ¡¡un casi-seis mil!! es increíble, eres una máquina. He disfrutado mucho con las aventuras del kilimanjaro :D

Narayani dijo...

Yaaa, ahora me da rabia que no llegue a 6.000 metro, jeje. Pero bueno, casi 6.000 está muy bien :-)

A la vuelta seguiré con el safari.

Besos!