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domingo, 25 de septiembre de 2011

Tanzania - Día 9

3 de septiembre de 2011

Hoy comenzaremos el safari de tres días (para Santi y para mí, claro. Sofía y Sarah se quedarán unos días más). Cuando me despierto tengo la mosquitera protegiéndome aún de esos bichos malévolos que nos hacen la noche imposible con sus zumbidos. Me fijo en que hay un mosquito muerto enredado en la tela ¡y yo que pensaba que no funcionaban muy bien estas cosas!

Me ducho antes de bajar a desayunar pero sigo sin encontrar verdadero relax en la ducha. ¡Quiero una ducha en condiciones! Esta es una mierda.

Bajamos a desayunar. Esta vez pedimos tortilla pero sigue sin convencerme mucho el tema desayunos. ¡Cómo echo de menos los desayunos de casa! Ayer por la noche conocimos a dos españoles a los que también habían perdido la maleta. Hoy están en el desayuno y según parece les llegó a la 1 de la madrugada. Han tenido suerte.

Volvemos a ir a la recepcion para discutir el paradero de la maleta de Santi. Nos dicen que está viniendo, que un motorista la está trayendo desde el Kilimanjaro. Lo que no sabemos es que leches hace la maleta en el Kilimanjaro. Según parece al llegar al hotel la mandaron a un excursionista que no era Santi. De hecho, ni siquiera la mandaron a la ruta adecuada porque nosotros subimos por una ruta y la maleta por otra. Le han dado tantas excusas ya que no sabemos muy bien si creer o no esta versión, aunque parece tan increíble que no tenemos por más que pensar que esta vez es verdad. Nos dicen que en una hora estará en el hotel.

Volvemos a la habitación para terminar la maleta. Vamos a dejar toda la ropa sucia en el petate y a dejarla en la consigna del hotel hasta que volvamos a por ella. El resto de ropa la llevaremos encima todo el día. Cada día vamos a dormir en un sitio diferente así que por las mañanas cargaremos el coche hasta el próximo destino.

De nuevo en la recepción conocemos a Mohamed, que va a ser nuestro guía en los días del safari. Es un chico grande, negro y bastante optimista. Está seguro de que la maleta llegará y trata de animarnos. Un poco después de la hora acordada llega el motorista con la maleta de Santi (¡por fin!) así que volvemos a la habitación para coger nuestras cosas.

Una hora más tarde de la hora prevista salimos en dirección al safari. Ayer tuvimos un pequeño problema con los dólares y al final pusimos $135 en lugar de los $150 que habíamos dicho para las propinas, así que nos quedamos sin dinero y hoy hay que sacar del cajero. Le pedimos a Mohamed que nos lleve antes de ir a ver los animales. Durante la parada, en la que sólo Sarah y Sofía sacan dinero, nos pregunta Mohamed si estamos casados, si tenemos hijos, si tenemos novio y novia... Vamos que se pone a cotillear nuestra vida privada.

La primera parte del viaje es bastante amena. Vamos charlando y viendo el paisaje.


Paramos a comer antes de llegar a nuestro destino. Hoy tenemos comida a la caja. Zumo de mango, pollo frito seco, frutos secos, un bollo bastante seco también... En fin, comida a la caja, es decir, un montón de pequeñas cosas metidas en una caja de cartón blanca. Después de comer nos dice Santi que está un poco cansado de Mohamed y que además quiere dormir un rato, así que me paso yo a la parte delantera del coche. No cruzamos más de dos palabras y cada uno va a lo suyo. El motivo principal de mi falta de ganas de charla es que no le entiendo cuando habla y él no me entiende a mí, así que cada uno se dedica a lo suyo: Mohamed pendiente de la carretera y yo del paisaje. Los demás van detrás sin hacer demasiado ruido.

Después de otra hora llegamos al Parque Nacional de Taranguire, donde se puede ver gran cantidad de elefantes. Durante el safari propiamente dicho vamos los cuatro detrás, de pie en el coche, con el techo abierto.


Sofía y yo cogemos las dos esquinas traseras y nos subimos en los asientos. La parte superior está acolchada así que vamos de lujo las dos. Bueno, o al menos hasta que comenzamos a coger baches que hace que el coche nos de una paliza en la espalda en 3 segundos que pensamos que no saldremos vivas de ahí. Pero claro, nosotras hemos estado alardeando tanto de lo bien que vamos en nuestro sitio privilegiado que no podemos permitir que piensen que nuestra ubicación no es cómoda. Nos entra la risa nerviosa mientras Sofía me dice con una super sonrisa en la boca y con los dientes apretados "Disimula, disimula" mientras parece que se está riendo de algo super divertido. Sarah y Santi nos miran como si nos hubieramos vuelto locas y acaban con la mosca detrás de la oreja.

A continuación os dejo con varias fotos del safari con elefantes, cebras, impalas, facoqueros (pumba del rey león, para entendernos. Nosotros lo llamamos el bienpeinao) jirafas y ñus.










Quizás no se vea muy bien pero esto último es un paso de cebra.

Después del safari tenemos que trasladarnos hasta el hotel de esta noche. Son camp sites o tented camps, de lo que interpretamos que será un alojamiento modestito. Estamos en marcha otros 15 ó 20 minutos hasta que llegamos al hotel. De camino paramos un par de veces para hacer fotos y para dar galletas a unos niños massai que viven allí. Podéis verlos en la foto. La verdad es que daban mucha lástima.



Llegamos al tented camp y nos reciben en la puerta unos massais con lanzas. En la entrada nos dan toallas húmedas para limpiarnos el polvo y nos dan zumo fresquito para darnos la bienvenida. Hay una persona persiguiéndonos todo el tiempo para que pongamos las toallas sucias en la bandeja que lleva en las manos. Hasta que no ponemos la última no se marcha.

El sitio tiene muy buena pinta. Es bonito y tiene mucho encanto. Nos dicen que tenemos dos habitaciones (yo pensaba que dormiríamos los 4 juntos porque vi fotos y había dos camas gigantes de matrimonio en cada habitación), pero nos llevan a distintas cabañas. Sí, señores, tenemos una cabaña para cada dos con bastantes comodidades. Están todas en alto y tienen un porche con una mesa baja y dos sillitas. Las cabañas están en el límite del parque natural y nos dicen que muchas veces se pueden ver elefantes por allí. De hecho nos acompañan los massais a las cabañas y nos dicen que cuando queramos salir que toquemos el silbato que vamos a encontrar en la mesilla para que vengan a buscarnos. No sé realmente el porqué, pero no podemos salir solos de noche nunca. Bueno, sí sé porqué, por los elefantes, claro, pero no sé porqué por la noche tenemos que ir acompañados y por el día no. Supongo que para evitar sustos.

Cuando nos dejan en la cabaña vemos que tenemos las dos camas gigantes que yo recordaba haber visto en las fotos. Son súper mullidas, con un montón de cojines y muy muy cómodas.


El baño es bastante curioso. Tiene una bañera muy grande con forma de hombre-pez. La parte del torso y la cabeza son de hombre, la cola es de pez. Es muy curioso... Eso sí, el baño está separado de la habitación por una cortina así que podemos decir que tenemos intimidad casi cero. La ducha no funciona muy bien y acabo sentada para que el agua no se salga y moje el suelo, o sea, que vuelvo a soñar con una ducha en condiciones. ¡Es tanto pedir un chorro con un poco de fuerza!

Sofía y Sarah están en la cabaña de al lado y hablamos a gritos para quedar y salir juntos a cenar. Me dicen que les falta un par de minutos, pero pasan 10 y seguimos sin tener noticias suyas. Salgo al porche y veo que no hay luz en su habitación. Eso sí, hay un massai esperándonos a Santi y a mí para llevarnos a cenar. Parece que ha habido un malentendido a la hora de quedar...

La cena es, como todo en este sitio, una agradable sorpresa, así como el restaurante. Todo el recinto tiene las luces muy bajas para que los animales no se marchen para otro lado y el ambiente del comedor es inmejorable. He de decir que es un sitio muy recomendable para ir en pareja. Muy romántico y muy idílico todo. La cena, como decía, es una agradable sorpresa. Está todo muy rico, muy bien cocinado y con buena presentación.

Durante la cena vienen a decirnos que hay un elefante bebiendo agua de la piscina por si queremos ir a verlo. Por supuesto nos levantamos corriendo y vamos hasta la piscina. Está todo oscuro, pero se ve perfectamente tanto el elefante como a su cría. Estamos a 20 metros de ellos. Es una pasada.

Después de cenar vamos a la sala de juegos a echar una partida de dados antes de ir a dormir. Es un juego muy entretenido que nos está salvando las sobremesas. A mí, he de reconocer, me da mucha pereza comenzar cualquier juego de mesa, pero una vez que comienzo me engancho bastante. Con este juego me pasa algo parecido.

Volvemos a la habitación los 4 juntos con un sólo massai. En un momento dado el massai se para y nos dice que guardemos silencio porque parece que ha oído algo a nuestra izquierda. Creo que de los nervios de pensar que podamos encontrar un elefante ahora mismo nos entra la risa a todos. Al final, si hay elefante no lo vemos. Llegamos a nuestra habitación y nos encontramos con que nos han tapado las ventanas desde fuera, nos han abierto las camas, quitado los cojines y puesto un caramelo debajo de la almohada. Si ayer parecía una princesa (igual que Sarah y Sofía) con la mosquitera puesta cubriendo mi cama, hoy me siento como una reina en una cama tan grande, rodeada de cojines enormes y suaves y tapada con un nórdico blandito.

3 comentarios:

Silvia dijo...

¡Qué pasada esta parte del viaje! Creo que después del super trekkings ya os merecíais esta habitación y esa cena tan rica. La verdad es que esto de los safaris me tira mucho y me lo anoto todo por si algún día tengo oportunidad de hacer uno.

Me he sentido muy identificada con eso de las duchas. Cuando fui a la India, me pasaba lo mismo. Entre que no me cayera agua dentro de la boca, que no hay plato de ducha, que sale un chorrito de nada y que había bichos varios pululando por el baño, aquello era una odisea. Y también me ha hecho gracia lo de las tortillas para desayunar. Eso también fue mi plato estrella en la India...¡Con lo que hubiera dado yo por unas tostaditas con su mantequilla y su mermelada!

Seguiré atenta tus andanzas por el safari y las de Turquia. Por cierto, ¿Qué tal el viaje?

Besos y feliz regreso.

Narayani dijo...

Qué guay la India, no? Santi, también ha estado allí y le gustó mucho.

En Turquía muy bien. Visitamos la Capadocia y Estambul. Ya no queda casi nada del diario de viaje de Tanzania. En cuanto termine me pondré con el siguiente viaje, jeje.

Besos!

Silvia dijo...

¡Sí, la India fue toda una aventura! Un viaje bastante duro por todo lo que ves, pero visitarla era uno de esos sueños que jamás pensé que se haría realidad...

¡Estambul es una ciudad preciosa! Ya nos contarás.

Besos,
Silvia