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martes, 27 de septiembre de 2011

Tanzania - Días 11 y 12

5 de septiembre de 2011 - Último día

Hoy hemos prometido madrugar para poder salir antes al safari, así que salimos del hotel cuando casi no ha amanecido. Desayunamos en el comedor cubierto (a estas horas nada de terracitas, menos mal...) y yo sigo echando de menos mi tostada de casa y mi vaso de leche con nesquick de cada mañana.

Nos ponemos en marcha hacia el Parque Nacional Ngorongoro. Es un volcán con un cráter de alrededor de 20 kilómetros de diámetro en el que podremos ver gran variedad de animales. Por ahora de los cinco grandes, como les llaman, sólo hemos visto al elefante y una leona con dos cachorros muy muy de lejos que yo no cuento porque casi no se distinguían. Nos falta, pues, el leopardo, el rino, el búfalo y por supuesto el rey de la selva: el león.

Lo primero que notamos nada más llegar y abrir el techo es que hace bastante más frío de lo que habíamos pensado en un primer momento, bueno o por lo menos más de lo que yo había pensado. Aprovecho que tenemos las maletas a mano para sacar todo lo que puedo de abrigo de mi mochila.

Nada más llegar nos encontramos con un espectáculo con el que no contábamos en absoluto. Un león cortejando a una leona a apenas unos metros de nuestro coche. O dicho de otra manera, un león persiguiendo a una leona como un perrito faldero para llevársela al huerto. Como se puede ver en la foto el león finalmente triunfó con la leona...

Después vemos muy de lejos una fila de búfalos moviéndose de un lado a otro. Hay tal cantidad que casi parecen de mentira. Más tarde conseguiremos ponernos a solo unos pasos de un grupo muy numeroso así que la foto que pongo es la de los búfalos que están a nuestro lado. Parecen inofensivos desde el coche, pero tienen que ser telita. Nosotros por si a caso no nos aventuramos a abrir si quiera la puerta...

De los cinco grandes hemos visto ya tres, pero no tiene pinta de que vayamos a ver más. Estamos a punto de ir a comer y después de la comida Santi y yo tenemos que marcharnos de vuelta al primer hotel mientras que Sofía y Sarah se irán con Mohamed hacia el Serengueti.

Os dejo con un resumen de las fotos del día de hoy.

Aquí escondido (foto superior) hay un hipo...

Cuando bajamos a comer nuestra última comida a la caja nos avisan de que en esta zona hay pájaros con bastante hambre así que recomiendan que tengamos cuidado. Nos sentamos en unas piedras a comer y cuando sólo le he dado un mordisquito a mi pollo frito seco noto un golpe muy fuerte en la mano. Cuando vuelvo la cabeza para ver qué ha pasado me encuentro con un pájaro gigante que se ha llevado mi pollo y con mis dedos todos juntos en expresión de "capichi". No sé si ha sido con la garra o con el pico, pero el bicho me ha hecho un corte en el dedo y encima me ha dejado sin plato principal. ¡Qué cabreo!

Por supuesto nos metemos en el jeep para disfrutar del resto de los manjares de la caja. Hay chocolate que está muy rico y me hago también un bocadillo de plátano. Podría haber sido peor, supongo...

Me habría gustado poner la foto de mi herida pero no la tengo en estos momento así que tendréis que esperar.

En la foto de abajo podéis ver el lugar del ataque.


Cuando terminamos de comer nos vamos del Parque. Para despedirnos de nuestra aventura paramos en lo alto para hacer una última foto: el cráter del ngorongoro desde arriba.

Sabemos que en algún momento nos vamos a tener que separar, pero no sabemos cuándo. Por eso cuando, aún dentro del Parque, Mohamed para el coche delante de otra furgoneta nos quedamos descolocados.

Bajamos. Nos hacemos una última foto. Pasamos una última vez al "baño". Nos damos un beso. Nos damos un abrazo.

Y cuando nos queremos dar cuenta estamos Santi y yo solos en un coche con dos hombres en la parte delantera del coche que nos piden que nos pongamos los cinturones de seguridad. La primera vez en 10 días que abrochamos uno...

Suena a despedida fría así contada, pero es que hemos tenido tiempo cero de hacernos a la idea y no hemos sabido reaccionar ninguno. Santi y yo lo comentamos ¡Qué raro ha sido! Santi se duerme al poco de salir. Yo me duermo 10 minutillos, pero una vez que me despierto ya no puedo volver a dormir así que me dedico a mi libro.

En principio pensamos que tenemos algo así como 4 horas de viaje hasta llegar al hotel, pero pronto nos damos cuenta de que va a ser más de ese tiempo. Al final son 6 horas de viaje ¡podíamos haber llegado a la playa de Valencia en ese tiempo y haber comenzado la vuelta! En fin...

Una vez en el hotel nos dan una habitación para ducharnos, descansar y cambiarnos de ropa bastante cutre. Rehacemos las maletas con lo que vamos a llevar encima y con lo que vamos a facturar. La ropa de la montaña es casi radioactiva así que va toda facturada... A ver si se pierde...

Nos duchamos y salimos a cenar. Estamos muy cansados del viaje y nos da pánico pensar en lo que nos espera las próximas 20 horas. La cena es un desastre. Está todo malísimo comparado con lo que cenamos otros días en este mismo restaurante. Comemos por llenar la tripa pero disfrutamos más bien poco con la comida.

Después de cenar nos vamos a intentar dormir un rato. Tenemos que salir hacia el aeropuerto a las 00:00 así que eso nos deja un par de horas para intentar dormir. Lo conseguimos sólo la última media hora. Terrible...

El viaje al aeropuerto es largo también.

Una vez allí facturamos la maleta y esperamos el vuelo a Mombasa. De allí iremos a Addis Abeba. Nos meten en el avión una hora y media antes de la hora. Es un avión pequeño porque somos muy pocos. Como mucho 10 personas. Según parece nadie tiene que subir ni bajar en Mombasa así que vamos directamente a Addis Abeba.

Si echáis cuentas veréis que hemos salido una hora y media antes y no hemos parado a mitad de camino, lo cual quiere decir que en lugar de esperar 5 horas (o las que sean) para el siguiente vuelo a Francfurt, tendremos que esperar esas 5 horas, más todo lo que hemos adelantado durante la noche. Es decir, nos pasamos toda la mañana de brazos cruzados en Etiopía esperando el siguiente vuelo.

El vuelo es tranquilo y creo que consigo dormir algo. Nos dan de desayunar otra vez, de comer y de merendar también. También veo la última película de Los piratas del Caribe. Cuanto más me alejo más me olvido de dónde he estado. De todo lo que he hecho y de todo lo que he visto.

La parada en Francfurt también se nos hace larga aunque en realidad es más corta. Estamos muy cansados los dos y estamos deseando llegar a casa.

Cuando llegamos a Madrid están nuestras familias esperándonos en la puerta. La verdad es que nos hace mucha ilusión, pero estamos tan cansados que contamos lo justo. Nos despedimos todos después de un rato de charla. Estamos reventados. Son las 24:00 de la noche y mañana, como dice mi abuela, es día de escuela.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Al final no hubo suerte y no se perdió la maleta, eh!! jeje.

un besito.
Anita