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domingo, 9 de octubre de 2011

Turquía - Día 1

Viernes, 16 de septiembre de 2011

No sé cómo lo consigue Ana pero siempre llega mala a las vacaciones. Y si está sana, enferma a mitad del viaje. Esta vez, igual que le pasó en Irlanda hace dos años, le ha tocado un tirón en la espalda y es tal la cantidad de medicamentos que lleva encima que el médico le ha hecho un justificante por si la paran en la aduana.

Llegamos al aeropuerto por separado. Yo con mi padre, Santi con el suyo y Javi y Ana con mi hermana Sandra y Javi. Si en el viaje a Roma me dio pena que Sandra no viniera ahora que no viene ni ella ni Javi (Potter) no te digo.

Una vez nos despedimos ponemos las maletas en un carrito y nos vamos a facturar. Ninguno ha cambiado dinero pero decidimos hacerlo allí cuando lleguemos porque parece ser que sale mejor el cambio. Yo, como no me he informado, no opino nada al respecto. Me fío de lo que digan ellos.

Me gusta meterme con Ana cuando está con la espalda torcida. Me resulta una situación muy graciosa, no lo puedo evitar. Además tengo el don de ser especialmente original con mis "chanzas" mientras está así, con lo que termina siempre riéndose y diciéndome que no la haga reír que le duele la espalda. He de decir que esto nos pasa a todos en casa (sí, los Rodríguez Pans tenemos un humor extraño), pero principalmente la que se pone siempre mala es ella así que es ella el blanco de las bromas.

Montamos en el avión en hora, lo cual puede considerarse casi un milagro teniendo en cuenta que volamos en Iberia y que nos ha tocado la puerta de embarque más alejada de la entrada y Ana se mueve a la velocidad de un perezoso reumático.

Cuando estamos a punto de despegar me doy cuenta de que llevo todo el verano cogiendo aviones. Santi está a mi lado, igual que en los vuelos de Tanzania. No sé porqué pero tengo la sensación de haber vivido este momento hace no mucho...

Nuestra gran duda de si nos darán cena o no en el avión se resuelve en menos de una hora cuando a eso de las 19:00 horas, hora local, nos bajan las mesitas y nos dan una bandeja con pollo y arroz (¿qué si no?).

Cuando terminamos de cenar me dedico a la lectura durante un buen rato, después a no hacer nada y luego otra vez a leer. En un par de ocasiones Ana y Javi se dan la vuelta en su asiento para hablar con nosotros, lo cual viene muy bien al chico que se sienta al lado de Santi, que no hace más que reírse con lo que decimos. Creo que en varias ocasiones tiene hasta ganas de participar en la conversación pero al final se corta y no dice nada.

Llegamos a Turquía sobre la hora prevista y pensamos que si todo va bien en breve estaremos camino del apartamento. Antes de pasar por control de pasaporte tenemos que ir a por el visado. La fila es bastante larga pero va muy rápido. Soltamos los 15€ por barba para que nos pongan una pegatina en el pasaporte y nos vamos a la siguiente cola para salir del aeropuerto. En esta pasamos mucho tiempo de pie, esperando nuestro turno que parece no llegar nunca. Santi parece que está un poco enfadado, pero por quien realmente estoy sufriendo es por Ana que la pobre no sabe ya cómo ponerse. Cuando por fin nos toca el turno, el hombre del control trata de hacer alguna gracieta con todos (¡normal que tarde tanto en avanzar la cola!) mientras mira nuestro pasaporte y nos pone el sello (¡mi tercero!). Vamos a por las maletas y después a cambiar dinero.

Javi está a punto de sufrir un aparatoso accidente, pero todo se queda en un susto (y en algunas risas cuando vemos que no le pasa nada) Lo único que le ha pasado es que ha hecho un poco el ridículo. Por lo demás está bien.

Estamos tardando tanto en salir que nos llaman por megafonía. Quizás el conductor del coche que hemos contratado piensa que nos hemos perdido o que hemos pasado de él. El mini bus está bien y es sólo para nosotros cuatro. Por el camino vemos Estambul de noche y me resulta muy bonito. Está todo iluminado y es enorme.

El mini bus nos deja en la puerta del apartamento en lo que parece un callejón no muy de fiar. Fatih sale a darnos la bienvenida y sube con nosotros para enseñarnos la casa. Estamos en lo que parece un segundo piso sin ascensor. El portal da un poco de miedo, pero cuando entramos en la casa vemos que está impecable. Tiene una habitación con una cama grande y un salón con un sofá cama. La verdad es que es muy bonito y está decorado con bastane buen gusto.

Nos encontramos con un pequeño problema a la hora de dormir porque el aparato de aire acondicionado de la habitación hace mucho ruido y no nos será posible dormir así. Por otro lado hace bastante calor, así que tampoco podemos dormir sin aire porque acabaremos sudando como pollos. Solución: llevar el colchón de la habitación al salón y dormir los cuatro juntos. Sí, exacto, como en una comuna.

Santi y yo dormimos en el suelo (sobre el colchón de la cama, se entiende) y Ana y Javi en el sofá cama. Mañana tenemos que dejar el apartamento porque vamos a pasar un par de días en Capadocia, pero Fatih nos deja una salita para guardar las maletas. Por lo pronto lo único que nos interesa es dormir. No sé qué hora es pero estamos reventados. Así que nos metemos en la cama y no nos preocupamos de poner despertador. Mañana ya será otro día.

En el día de hoy no he sacado ni una sola foto así que el reportaje fotográfico empezará mañana.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Que risa me he pasado imaginandome el perezoso reumatico, pobre Anita siempre le pasa lo mismo, teneis que contarme el ridiculo de Javi, supongo que se daria un piñazo....
Besitos, Sandri

Narayani dijo...

Uy! pensé que te lo habíamos contado... Pues iba con su maleta y con la de Ana y no sé qué hizo que se tropezó con una de las cintas de la bolsa y fue dando grandes zancadas al tiempo que hacía el molinillo con los brazos para equilibrarse. Fue todo un show... Ya te lo escenificaremos en persona que es más gracioso, jeje.

Anónimo dijo...

eso digo yo!!! perezoso reumatico!!!?? qué facil es reirse del mal ajeno!!!!

Narayani dijo...

Ay peque! No era mi intención reirme de ti... ¿una carrera? :-)

muakas!!!