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sábado, 10 de diciembre de 2011

Turquía - Día 8

Jueves, 23 de septiembre de 2011

Hoy ponemos toda la carne en el asador y decidimos levantarnos a las 6:45 de la mañana (o madrugá, mejor dicho) para ir a la isla grande. Hemos echado cuentas y coger el primer barco que sale hacia allí es lo mejor. Cada uno se gestiona el tiempo como mejor estima, primero ducha o primero desayuno. Parece que hay poca agua y el último se queda a medio duchar. Suerte que tenemos agua en un cazo y se puede aclarar a cantarazos.

El barco que tenemos que coger hoy no sale del puerto que conocemos así que salimos con tiempo por si nos perdemos. Por cierto, menos mal que nos hemos levantado pronto porque si no… ¡¡No habríamos tenido que esperar 40 minutos!! Bufff, seguro que si hubiéramos madrugado menos nos habríamos perdido, así que mejor no quejarnos.

De camino al puerto pasamos por la plaza principal donde hay un montón de policías y una zona acordonada. Más concretamente una parada de autobús. Alguien se ha dejado una mochila debajo del asiento y se piensa que puede ser una bomba (ya os adelanto que si había bomba no estalló. Más que nada porque no quiero que os despistéis de la historia de hoy pensando si explota o no explota. Nada más, ya sigo…)

Una vez en el puerto compramos los jetones en la máquina. La foto que puse ayer de las fichas (jetones) es de hoy, así que vuelvo a ponerla. Después pasamos por el torno para ir cogiendo buen sitio para entrar una vez que llegue el barco.


El trayecto hasta la isla grande es de una hora aproximadamente y lo hacemos fuera, con un poco de fresco, pero con unas vistas muy bonitas. Merece la pena pasar un poco de frío. A estas horas no estamos muy charlatanes así que me pongo un poco de musiquita. Es un viajecito agradable.

Cuando llegamos a la isla grande nos damos cuenta de que es un lugar hecho por y para el turismo. Es una isla pequeña donde no hay coches y los únicos transportes que existen son calesas y bicicletas. Contaminación cero. La isla tiene un encanto especial, quizás por este motivo.

Damos una vuelta por los alrededores del puerto. Vemos que la mayoría de gente va directamente a la cola de las calesas pero nosotros queremos ir a cambiar dinero primero, cosa que no se nos da muy bien. Lo intentamos en una oficina de correos y nos dicen que tienen un mínimo para poder cambiar.

Decidimos ir a buscar una calesa para ver la isla y preguntamos precios. Es inútil, todos tienen la misma lista de precios y no hay forma de regatear así que cogemos una calesa por 60TL. Es de los pocos transportes que nos quedaban por coger en Turquía. La isla parece sacada de una película de la época victoriana. No hay ni un coche, las casas son todas enormes y por lo general bonitas, y las calesas y los caballos se ven por todos lados como único medio de transporte (a parte de las bicis que son una pequeña tortura teniendo en cuenta las cuestas que hay por toda la isla). La vista, según vamos subiendo, se hace cada vez más bonita con el mar de fondo y los bosques. Es un sitio de desconexión total. Bueno, total o casi total, porque los jefes son capaces de contactar vía teléfono con nosotros…

Hacemos una parada técnica de 10 minutos al pie de un pequeño monasterio. El cochero nos deja 10 minutos libres antes de volver, a no ser, eso sí, que queramos pagar por un rato de libertad en lo alto de la isla. Contamos el dinero que nos queda y vemos que podemos pagar otros 30 TL así que le decimos que sí. Que vamos a subir hasta arriba. Es un pequeño paseo, todo el tiempo cuesta arriba pero que no es pesado de hacer. Además como tenemos una temperatura agradable lo hacemos encantados. Nos quedamos un rato paseando allí y haciendo fotos al paisaje y a un gatito que anda por allí con su mamá.

Después emprendemos la cuesta abajo donde nos cruzamos con un simpático gatito con ojos de distinto color.

Cuando llegamos abajo nuestro calesero nos está esperando para reanudar la marcha.

Queremos ir a una playa, pero no hace tan bueno como para bañarnos así que cuando llegamos le decimos que preferimos continuar con el paseo. Al llegar al puerto de nuevo le pagamos lo acordado y volvemos a buscar un sitio donde cambiar dinero.


En el establecimiento que está justo al lado de la oficina de correos tampoco tenemos suerte y al final, después de dar varias vueltas por la isla, Javi y Ana se deciden a sacar dinero de un cajero para pasar el día. Estamos todos pelados. Es el último día y las cuentas que hicimos al salir de Madrid se nos han quedado justas, justas.


En la foto de arriba podéis ver lo animados que son los perros y gatos de Turquía. Están tirados por cualquier sitio sin importar si son carreteras o parques.

Buscamos un sitio para comer. Hemos visto un sitio donde hay pollos asados pero cuando nos ponemos en la cola vemos que los pollos están aún casi crudos. Es decir, tendríamos que esperar un buen rato para poder comer así que nos vamos a otro restaurante en el que vemos que también hay pollo asado. Todos comemos lo mismo. Pollo seco con pan (para pasarlo bien en caso de emergencia, en fin) De sabor está rico pero es necesario tener una bebida cerca para evitar sustos y malos ratos.

Lo más divertido de la comida es ver cómo un montón de perros y gatos hacen guardia al lado de nuestra mesa por si les cae algo de comida (que ya os digo yo que sí. Espero no haber sido culpable de la muerte de algún animalito por no haberles ofrecido también bebida)

Los perros se quedan en el jardín todo el tiempo, pero los gatos se atreven a saltar la barrera que separa el jardín del restaurante e incluso se enredan por tu pies mirándote con cara de pena para que les des algo. Como muestra podéis ver la foto del gato que se sentó entre Ana y yo.


Después de comer nos compramos un helado mientras hacemos tiempo para coger el barco de vuelta. Todos soñamos con un barco grande como el que nos ha traído hasta aquí y tenemos intención de coger buen sitio para disfrutar del paisaje con tranquilidad. Pero una cosa es lo que queremos y otra lo que ocurre realmente. Cuando entramos, en un barco más pequeño, nos encontramos con lo sitios chulos ocupados así que nos tenemos que conformar con un lateral en el exterior. El sitio no estaría mal del todo si no fuera porque está petado de gente y no podemos casi movernos en nuestros sitios. Una pena, teniendo en cuenta que podría haber sido un viaje muy chulo. Tenemos unos adolescentes coñazo especialmente molestos que gritan y se tumban unos encima de otros incordiando al resto del pasaje. Estamos deseando llegar a tierra firme. Mientras tanto nos entretenemos viendo como la gente compra roscas de pan para dar de comer a las gaviotas que cogen los trozos al vuelo.

Ana y Javi quieren mirar algo más en el bazar así que cuando llegamos cogemos un tranvía que nos deja al lado. Sin embargo no compramos gran cosa y nos volvemos pronto a casa ya por nuestro camino de siempre. Puerto, puente, torre Galata, Día%, calle principal y casa.

Ana quiere comprar unos pañuelos para el cuello y nos quedamos mirándolos en la calle principal mientras los chicos se van a casa para imprimir las tarjetas de embarque y pagar la casa. Vamos de tienda en tienda y al final compramos dos. Volvemos a casa recorriendo por última vez el camino iluminado.

Si está así en septiembre, ¿cómo estará en Navidad? Dicen que las luces fomentan las compras. Quizás sea verdad y merezca la pena tenerlas todo el año igual que en Estambul.

En casa seguimos sin agua así que cuando llegamos preparamos la cena y nos acostamos sin fregar los platos y sin ducharnos.

Mañana será otro día y espero que ya haya agua porque nos espera un viaje de cinco horas antes de llegar a Madrid.

Volvemos a cambiar las camas porque anoche no dormimos especialmente bien ninguno. Quizás sea que nos hemos hecho a la cama que originariamente cogimos. Hoy dormiremos sólo 4 horas así que no nos demoramos mucho a la hora de meternos en la cama. Como decía, mañana será otro día… y ese mañana hoy está más cerca de llegar que otros días. Ponemos el despertador a las 3:00.

3 comentarios:

Silvia dijo...

¡Seguro que los gatetes quedarían muy agradecidos con el pollo seco! ¡Qué cosicas más bonitas! Vaya viaje chulo! Besos

la emperatriz de lavapiés dijo...

Me hubiera gustado visitar esa isla, parece muy chula. Una amiga ha hecho el mismo viaje este puente, le recomendé que leyera tu blog para enterarse de todo ;)

Narayani dijo...

Sí, seguro que sí Silvia. Además nos reímos mogollón dándoles de comer a ellos y a los perritos (que no veas que tamaño tenían...)

Emperatriz, se agradece la publicidad pero sabes que no estoy pagando nada, ¿verdad? ;-) La verdad es que me gustó mucho. Es muy chula.

Besos para las dos!