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martes, 20 de diciembre de 2011

Turquía - Día 9

Viernes, 24 de septiembre de 2011


Nos levantamos a las tres de la madrugada porque tenemos que coger el avión de las siete. Por fin ha vuelto el agua así que nos duchamos en condiciones y desayunamos (porque aunque sean las tres de la mañana hay que desayunar. No soy persona si no desayuno antes de salir de casa) Terminamos la maleta y bajamos a la calle. Fatih ha bajado a despedirnos (¡¡a las tres de la mañana!!) y a comprobar que no tenemos ningún problema, ni nos falta nada. Su amigo nos lleva en el mismo coche grande a los cuatro.

Estambul está durmiendo en estos momentos y da gusto pasar por sus calles libres de tráfico y ruido. Llegamos de noche y nos marchamos de noche. Parece que queremos pasar desapercibidos, que lo hacemos todo a escondidas para que nadie nos vea. La ciudad duerme pero las luces no. Hay luz en las mezquitas que vemos a lo lejos, hay luz en las calles y hay luz en los edificios. Estambul es muy bonita de noche.

Una vez en el aeropuerto pagamos el coche y entramos por dos controles. En el segundo hay una chica, creo recordar que venezolana, que tiene problemas con su billete porque no tiene visado para pasar por España y su vuelo aterriza en Madrid. Como no habla inglés ni turco el guardia nos viene a pedir que hagamos de traductores. Le explicamos a la chica lo que ocurre pero no parece demasiado nerviosa ni preocupada. Yo en su caso estaría bastante histérica. Al final se la llevan a no sabemos donde.

Hemos facturado las maletas y hemos pasado a la zona de tiendas. Cada uno quiere hacer una cosa diferente así que después de gastar los TL que nos quedan nos separamos durante un rato. Unos van a la puerta de embarque, otros a mirar una u otra tienda. Hay que hacer tiempo hasta entrar en el avión.

Después de esperar un buen rato en la sala de embarque, donde aparece otra vez la chica venezolana lista para volar, por fin nos ponemos en marcha. La ventanilla le toca a Santi así que yo voy entre él y un chico turco que nada más verme me saluda con una sonrisa y un "hola". Sólo con eso pienso que habla español perfectamente, pero no. Más tarde me doy cuenta de que no habla ni papa de español. No hace más que tomar notas en un cuaderno y jugar con una agenda electrónica que tiene. El chico parece simpático pero sólo habla a través de sonrisas. Yo estoy leyendo mi libro y cuando lo suelto me acerca la agenda para que vea lo que hay escrito: coger equipaje. Le pregunto si habla inglés y me dice que sí, pero luego en la práctica sólo lo chapurrea. Después de un buen rato de traducir en su agenda me entero de que quiere que le acompañe a recoger su maleta porque le da miedo perderse en Barajas. Le digo que sí, que no hay problema. Más tarde le pregunta a la azafata a que altura estamos volando (en inglés y enseñándole la traducción en español en su agenda) La azafata le dice que lo va a preguntar al capitán y que ahora le dice. Después de un rato le trae un posavasos con la altura en pies y en metros. El chico está súper emocionado con su viaje y se nota. Todo le hace ilusión.

Nosotros cuatro, mientras tanto no hablamos demasiado. Javi y Ana van medio dormidos, igual que Santi, y yo leo mi libro cuando no estoy con el chico turco. En un momento dado haciendo-no-sé-qué con el boli se le destinta y se pone perdidas las manos. Le doy un pañuelo de papel para que se limpie pero no consigue limpiar mucho. En ese momento nos traen el desayuno. Me gusta que den de comer en los aviones. Siempre es lo mismo (y si no es lo mismo siempre sabe igual) pero por lo menos te mantienes entretenido un rato.

Por fin llegamos a Barajas. Bajamos del avión y el chico turco viene con nosotros. Estamos en la T4 satélite que, para quien no lo sepa, es la que más lejos está de todo. Pasamos por el control de pasaportes y me quedo a esperar al chico turco que se ha quedado en otra cola. Está un poco nervioso porque ha quedado con una amiga suya y no consigue localizarla desde su móvil (que parece que ha dejado de funcionar) así que le pregunto si su amiga tiene móvil español y como me dice que sí le dejo el mío para que la llame. La verdad es que el chico me ha caído bien y me da pena que vaya con susto por Madrid así que intento que se sienta lo más a gusto posible aquí. Se le nota agradecido. A la salida nos despedimos de él (su amiga está en la puerta esperando) A nosotros también nos han venido a buscar así que después de un rato de charla nos separamos y nos vamos cada uno para un lado.

Hoy no nos han pasado grandes cosas pero el viaje ha sido ameno. Eso sí, estamos derrotados, exhaustos, muertos de cansancio. No hago otra cosa que pensar que hoy tengo una cena-fiesta familiar. Si aguanto hasta las 23:30 será un milagro…

4 comentarios:

Anónimo dijo...

He leido todo el viaje y me ha gustado mucho, el proximo no nos lo perdemos.En muchos momentos he sentido envidia de no estar alli, pero no solo por el lugar si no sobretodo por la compañia.

Besines

Sandri

Narayani dijo...

No sabes cuánto os echamos de menos a los dos en este viaje. Os habría gustado mucho. El próximo viaje lo hacemos juntos sí o sí!

Muakas!

Hogar CRECER dijo...

Hola,

muy bonito relato, bien contado. Qué privilegio haber accedido a esa experiencia.

Les dejaremos comentario en la Blogoteca.
Un afectuoso saludo.

Narayani dijo...

Gracias Hogar CRECER por pasaros por mi rinconcito :-)

Un beso y bienvenidos!