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martes, 18 de septiembre de 2012

Croacia - Día 1

18 de agosto de 2012

Llegamos al aeropuerto temprano porque el primer avión sale a las 7:30 de la mañana. A Cristina no le gusta mucho volar, le pone nerviosa. El primer vuelo lo hace entre Javi y Ana, que le dan la mano para que se sienta más segura. Es algo que hacemos siempre que volamos las Pans (para quien no lo sepa, Pans es mi apellido), nos damos la mano. Yo creo que tranquiliza al que vaya más nervioso, no sé. Al poco de despegar nos dan el desayuno. Es el primer desayuno de Cristina en un avión y está emocionada, creo que gracias al desayuno se le ha pasado el susto del despegue.

Llegamos a Munich pronto y nos planteamos coger un autobús al centro, pero le preguntamos a una chica de información y nos mira con cara de "yo no lo haría". Después de un rato de pensarlo y de sopesar las opciones decidimos quedarnos toda la mañana allí. Munich habrá que dejarlo para otra ocasión.

Entramos en una cervecería a tomar algo y a hablar del viaje. ¡Por fin hemos encontrado un hueco para quedar todos y organizar lo que vamos a hacer y a ver durante la próxima semana! Al final la elección de quedarnos en el aeropuerto ha sido buena porque de otro modo habríamos estado bastante nerviosos por si no nos daba tiempo de volver. No son ni las 11:00 de la mañana y tenemos toda la mañana para tomarnos nuestros segundo desayuno del día tranquilamente mientras vemos guías de Croacia.

Sí, ya lo sé, quizás medio litro de cerveza no es lo más recomendable para empezar la mañana, pero oye, ¡estamos de vacaciones!

Después de decidir más o menos lo que vamos a ver y lo que queremos hacer, nos decidimos a pasar los controles para entrar a la zona de tiendas (por lo menos nos podremos entretener con algo) pero a Javi se le antoja salir del aeropuerto para ver qué están haciendo fuera unas carpas patrocinadas. ¡Y menos mal! Cuando salimos vemos que hay bastante movimiento en la calle y que hay muchos stands de publicidad de hoteles, aerolíneas, coches y música. Mucha música. Damos una vuelta por allí y vemos que en los stand ¡están dando regalos! Pero no sólo es que los estén dando, es que tú te puedes acercar y elegir tooooodo lo que quieras. Ay, madre, ¡¡que somos españoles!! ¿Es que esta gente no sabe lo que hace? Cogemos algunas cosas, no lo voy a negar, y cuando salimos del stand nos enseñamos el botín de cada uno. Ahora llega el problema, y es que todos queremos lo que ha cogido el otro así que comenzamos a hacer viajes indiscriminados al mismo stand. Para evitar alargar esto mucho diré que todos acabamos con casi todos los regalos que están dando. ¡QUÉ VERGÜENZA! Eso sí, nos lo estamos pasando muy bien y aún no hemos llegado a nuestro destino...

Volvemos dentro, facturamos, pasamos el control de policía y vamos a la puerta de embarque. Aún queda un rato así que sacamos nuestros bocadillos y comemos allí mismo mientras esperamos.

El segundo vuelo también es tranquilo. A estas alturas ya estamos cansados y Ana y yo lo demostramos con un ataque de risa. No sé por qué pero cuando estamos cansadas nos entra la risa, y hoy hemos madrugado mucho. A Cris le toca esta vez ventanilla así que despega de la mano de Santi únicamente. Lo pasa mal pero es divertido verla porque en lugar de asustarse le entra la risa nerviosa. Empiezo a plantearme si soy mala amiga...

Cuando llegamos a Dubrovnic tenemos un plan de salir rápido del aeropuerto, pero no somos buenos estrategas así que os podéis imaginar que salimos los últimos. Tenemos que cambiar dinero pero nos parece muy caro el cambio que nos dan y al final cambiamos lo justo para ir andando. Santi tiene reales brasileños que quiere cambiar a kunas croatas, pero no cambian esa moneda así que tiene que sacar dinero directamente. Cuando terminamos en la terminal salimos a por el coche. La oficina es muy pequeña y vamos entrando de cliente en cliente. Tenemos dos parejas delante nuestro así que nos toca esperar fuera con todo el calor que hace hasta que nos toca el turno. El coche está a nombre de Javi y como mi nombre va a ir como segundo conductor somos los dos afortunados que entramos al fresquito de la oficina.

Nunca he conducido coches de gasolina y cuando me entero de que el coche es de gasolina estoy tentada de decir que no me pongo de segundo conductor porque no voy a conducir, pero las ganas de conducir me pueden y no digo nada. Eso sí, en mi cabeza no hago mas que pensar “se me va a calar” “se me va a calar”.


Cuando por fin salimos del aeropuerto lo hacemos en dirección a la casa de Dubrovnic. No hemos hecho otra cosa que viajar hoy y en los 20 minutos de trayecto empieza a atardecer. Como vamos sin prisa nos paramos en un mirador a ver el paisaje y esto es lo que vemos.


Volvemos a ponernos en marcha y llegamos a una cuesta enorme que según parece es la que lleva a nuestra casa. Menos mal que Javi me ha pedido sacar el coche él del aeropuerto porque podríamos haber estado toda la noche y yo no habría conseguido subir el coche ni aunque me empujaran, es más, en ese caso habría atropellado a quien lo hubiera intentado sin ningún tipo de duda. 

Desnivel del 25% en la subida. En el círculo rojo se puede ver, además, nuestra casa. (Fuente foto: Santi)

Subimos hasta la mitad más o menos, donde hay una casa con dos señores y nos bajamos a preguntar. No tienen ni idea de a dónde vamos pero como nos ven bastante perdidos y llevamos la reserva impresa con el teléfono, sacan su móvil y llaman para preguntar. ¡Qué amables! Nos dicen que sigamos subiendo la cuesta y que saldrá un hombre a recibirnos. Subimos y por fin llegamos a una recta pero no vemos a ningún hombre. Después de unos metros por la estrecha calle (porque encima las calles son estrechas) vemos a una chica, a la que casi se podría llamar niña, esperando en una puerta y sonriéndonos, así que damos por hecho que hemos llegado. Para Santi y Javi no creo que haya mejor bienvenida que la que nos ofrece porque va sin sujetador y se agacha para hablarnos por la ventanilla. Vamos, que entre la garganta y el ombligo, se le ve todo.

Subimos hasta la casa por unas escaleras empinadas. Es una casa con dos habitaciones con camas gigantes de matrimonio, un salón con dos sofá-cama, un baño, una cocina y una terraza con unas vistas preciosas de todo Dubrovnic. Esperamos a que llegue la dueña de la casa para pagarle y dejarle nuestros datos y después bajamos a comprar algo para desayunar mañana. También aprovechamos y compramos algo de cena porque se nos está haciendo tarde y estamos cansados. Ya tendremos tiempo mañana de salir a cenar. Hoy lo que queremos es acostarnos pronto y descansar.  La casa nos ha gustado pero cuando volvemos con la compra empezamos a ver cosas que no nos gustan tanto y al final no nos resulta tan acogedora como nos había parecido en un primer momento. Hay mosquitos y bichos varios y a mí, personalmente, me pica todo el cuerpo. 

Cenamos en la terraza. La temperatura es perfecta, la compañía buena y las vistas bonitas, pero el cansancio es el cansancio y no podemos olvidar que nos hemos levantado a las 4:30 de la madrugá para coger el avión. Nos merecemos un descanso...

Las vistas desde la terraza

4 comentarios:

Anónimo dijo...

La verdad es que fue un día bastante largo y sólo para llegar al destino...

me lo pasé fenomenal en el trayecto Mucnich - Dubrovnik!!! jiji

besos

Margari dijo...

¡Ya esas vistas me están dando envidia!!!
Besotes!!!

40añera dijo...

Larguísima la jornada; me gusta tu crónica
Besos

Beni Trujillo dijo...

que interesantee y es un pais que me encantariia visitaar