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lunes, 21 de enero de 2013

Croacia - Día 5

22 de agosto de 2012

La cama definitivamente es incómoda. Estoy despierta desde las 6:45 de la madrugá y ya no hay forma de volver a dormir. Realizamos el ritual de las mañanas: desayuno, maletas, duchas… En resumen, prepararnos para salir y cambiar el destino. Hoy vamos a visitar el Parque Nacional de Krka y me toca llevar el coche a mí. Estamos a punto de llegar sin contratiempos pero me salto la salida del parque así que, tras un momento de histeria colectiva porque he parado el coche donde no debía (aunque lo he hecho con total seguridad porque no hay coches por ningún lado, entiendo el histerismo), tenemos que buscar un sitio para dar la vuelta.

Una vez en el parking cogemos las cosas para pasar el día en la naturaleza, no sin antes pasar por el baño Cristina y yo previo pago de 5 kunas. Pagamos las entradas y entramos al recinto donde hay que coger un autobús que te lleva al comienzo de la excursión y donde hay baños gratuitos (plus de pardillas para Cris y para mí, ¿qué le vamos a hacer?) Lo que se ve del parque desde el autobús es bonito, parece que esta visita va a merecer la pena…

Vista desde el bus

Comenzamos la excursión con una visita al baño para ponernos el bañador para que nos vaya dando el solete mientras caminamos y para poder bañarnos cuando lleguemos a las cascadas. Así pues, ataviados cual domingueros, empezamos a andar por el camino de tablas de madera (ojo no salgas de la ruta marcada no sea que dejes de parecer ganado…) junto con un montón de turistas más. Turistas, turistas, turistas. Turistas por todos lados. ¡Deberían prohibirles la entrada al parque! ¡Ay no! Que yo soy turista también…

La cascada vista desde arriba (nótese que el puente está llenito de turistas)

Pues eso, que andamos al paso que nos marca el resto de gente y hacemos las fotos cuando conseguimos camuflar a los turistas detrás de nuestro grupo. Un poco decepcionante, la verdad, y agobiante. El paisaje es muy bonito, pero pierde todo el encanto con tanta gente. Seguimos andando hasta que por fin llegamos a la zona de baño...

-¿Qué…

-Bueno, esto…

-Había imaginado que…

-Pues…

Estado de shock momentáneo.

Cuando nos vamos recuperando del shock (muy poco a poco) vemos que hay más gente que en la guerra y que lejos de ver la explanada idílica de verde césped y sombras refrescantes, el lugar para poner las toallas viene siendo algo así como paja seca y barro seco que se clava por todos lados cuando te sientas encima. Además las sombras libres están lejos de la entrada al agua. Vamos, para que os hagáis una idea de lo que estamos viendo en estos momentos es como ir al parque sindical un domingo de 1990 a las 12:30 de la mañana en un verano de sequía. Sí, justo es eso, una versión gigante del parque sindical en sus mejores días. 

No, no es la Gran Vía madrileña. Es la explanada llena de domingueros tipo "parque sindical"

Y como sabemos cómo funciona el parque sindical en los días de aforo completo decidimos hacer turnos para bañarnos. Primero vamos las chicas. Yo entro desde donde están nuestras cosas entre unos juncos y unas piedras. Llevo gafas de bucear, pero si alguien piensa que voy a meter la cabeza en el agua es que está muy equivocado. No hago más que dar dos pasos y ya no toco el fondo. Tampoco veo mis pies. Nado a lo perrito hasta las piedras por donde entran Ana y Cris. Las gafas están donde al principio: colgando del codo. Si digo que cuando llego a las piedras noto cierto alivio estaría mintiendo porque ¡horror! está suave de los líquenes y me da un asco espantoso. No soy una persona asquerosa, pero es tocar esas piedras y… vamos, que prefiero meter la cabeza en el agua. Ana me insta a recuperar la calma porque dice que estoy en estado de shock y es verdad. Estoy bloqueada. No sé para qué lado tirar porque por todos lados hay rocas. Entre las rocas hay sólo agua y casi siempre es más profundo que nuestra altura. Ana no quiere separarse de las rocas y yo no quiero tocarlas. ¡Vaya cuadro! No sé calcular el tiempo que pasamos saltando de roca en roca, resbalones incluidos, claro. Eso sí, reírnos, nos reímos un rato. Poco a poco dejo de sentir asco al tocar las algas y Ana se suelta de vez en cuando para nadar de roca a roca. Si por el camino pierde una hermana ahogada no pasa nada, son daños colaterales. Javi nos saca alguna foto desde el puente y después retomamos el arte de andar por encima de las piedras hasta la orilla. El camino de vuelta por lo menos lo hacemos más rápido.

¡Lo que nos costó llegar!

Se meten los niños y a nosotras nos toca quedarnos en la toalla. Cris se queda haciendo guardia mientras Ana y yo vamos a hacer fotos a los chicos desde el puente. La verdad es que el sitio es muy bonito pero el hecho de que haya tanta gente le quita mucho encanto. Todo el encanto, de hecho.

Si parecen profesionales posando...

Después del chapuzón nos vamos a comer al restaurante que está al lado de la explanada donde comemos sorprendentemente bien y a buen precio. No todo iba a ser malo. Eso sí, nos toca comer intentando esquivar las avispas (que parece que aquí se alimentan de criptonita o algo así porque, madre mía, qué tamaño tienen) Cuando decidimos retomar el camino de tablas de madera para salir vemos un puesto de crepes de chocolate y claro, no podemos decir que no. Lo bueno, ya sabéis, se acaba rápido, menos para Cris que tarda un buen rato en comérselo y le da tantas vueltas que se pone perdida, ella y su pareo, de chocolate. No voy a decir que no nos hace gracia verla cabreada…

 
En esta foto no se aprecia mucho pero el pareo de Cris ya tiene manchas de chocolate, jeje La foto es terrible. Lo sé y lo siento.

Última foto en la cascada antes de marchar

Otra cascada...

Cuando llegamos arriba de nuevo vamos al baño y a la salida nos damos cuenta de que hemos perdido un elemento, más concretamente a Javi, al que por suerte poco después encontramos con cara “de susto”. En el camino en coche hasta Zadar, nuestro próximo destino, nos da un bajón general y Lakristy y Javi se quedan completamente fritos.

Llegamos al apartamento de Zadar que a primera vista no está mal aunque está lejos del centro. Nos recibe la chica del apartamento y una tropa de mosquitos armados que, por su tamaño y las manchas rojizas que dejan al espachurrarlos, se sabe que ya se han cobrado más de una víctima. Las chicas nos quedamos en casa mientras los chicos se van a hacer la compra de los clásicos básicos o, dicho de otra manera, el desayuno.

Para salir a cenar tenemos que coger el coche. Lo dejamos aparcado al lado del puerto y entramos paseando a la ciudad. Tiene también cierto encanto, pero nada que ver con otros sitios que hemos visto estos días. Paseamos durante un rato y al final nos decantamos por un restaurante TripAdvisor y aunque la comida está rica tenemos que decir que quizás las cantidades no son exageradas. Más concretamente la pasta, que podemos contar casi con los dedos una mano los que hay en cada plato de Cris y Ana. Seis en uno de los platos y siete en el otro. Todo un festín, vaya. El cabreo de Cris diciendo que todavía tiene hambre cuando termina es importante (y comprensible) aunque a los demás nos hace mucha gracia. No lo vamos a negar.

Pidieron un "taper" para las sobras

A la vuelta hemos preguntado por excursiones para el día siguiente pero no nos llaman mucho la atención. La cosa está en coger un ferry por la mañana con cientos de turistas más y esperar a que te dejen en el puerto por la tarde después de haber visitado alguna isla. Mañana lo pensaremos mejor porque hoy no nos convence.

Cuando nos vamos a dormir le digo a Cris que le quite el sonido al móvil porque le ha hecho una perdida a alguien y seguro que se la devuelven en algún momento. Según ella no se la van a devolver y no me hace caso así que cuando el móvil suena cuando ya estoy dormida me hace tanta gracia como si me hubieran dado una patada en la espinilla. Si es que se lo he dicho… Ya está, decidido, es la última vez que comparto habitación con Cris.

El aire acondicionado está en el salón nada más pero lo ponemos a todo trapo y conseguimos que llegue a las habitaciones. Obviamente no vamos a abrir las ventanas no sea que entre algún mosquito de estos. No conocemos qué es capaz de hacer esta raza en los seres humanos.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

jijijij, qué risa en el "estanque" de KRka!!! CAsi morimmos ahogadas por una tonteria!
Seguro que vistas desde el puente parecíamos MR. Bean!

Dormimos dos noches en Zadar?? habría jurado que sólo fue una!.

Besitos

la emperatriz de lavapiés dijo...

Ayer vi el programa de Calleja: se fue a Buthan en busca del Yeti y mira, casi no se veían turistas.
Más cuña: estuve quince días en alemania sin móvil porque se me olvidó activar el roaming. Lacrisy hubiera perecido, jejeje.
Qué pena que no haya vídeo del lago
bss

Narayani dijo...

Ana, dormimos una noche en Zadar, ya lo he quitado ;-) Y sí, Mr Bean es poco creo. Ahora que lo pienso... ¡qué vergüenza!

Lakristy se volvería España para activar el roaming y luego volver, jajaja. Si no le daría un parreque (como dice Sandra últimamente) Ese día estuve a punto estrangularla :-p

Lo de los turistas cada vez lo llevo peor...

Besos a las dos!