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martes, 23 de julio de 2013

Chile - Valle de Elqui - Día 2

14 de julio de 2013 - Pisco Elqui
 
Me duermo bastante rápido y ni me entero cuando vuelven a la habitación los demás. De verdad me hacía falta descansar...
 
Salgo en pijama a desayunar y lo hago sentada entre sol y sombra en un porche de paja. Nos han dejado preparada una bandeja a cada uno con cereales, yogurt, pan con mantequilla y mermelada, café y té. Estoy de vacaciones, no tengo ninguna prisa así que le dedico al desayuno el tiempo que se merece. ¡Me encanta desayunar! Podría desayunar todo el día.
 
Cuando llego están desayunando las dos chicas americanas de la habitación (una de ellas se llama Lindsay, la otra creo que Brit o Brice o algo similar. Ay, ¡¡qué desastre soy!!) y más tarde se une también Sèbastien. La pareja de ayer me dijo que les avisase para desayunar, bueno, en honor a la verdad, él me dijo que le llamase y ella le dijo que no fuese pesado porque a lo mejor yo no quería. Y la verdad es que no quiero estar dependiendo de nadie ni que nadie dependa de mí así que decido no llamarles.
 

 
Por la mañana voy a ir a dar un paseo a Monte Grande y por la tarde he quedado con Brit para hacer trekking. Realmente voy a hacer la misma ruta que hice ayer de nuevo pero no me importa. A última hora he quedado con la pareja para subir a ver las estrellas también. La verdad es que es un espectáculo increíble.
 
Después de desayunar me voy a la ducha (agua fría, agua caliente, ayyyy, otra vez fría...) Tardo bastante en terminar por culpa de estos cambios térmicos en el agua. Después me visto y voy a la oficina de Turismo Migrantes. De camino me encuentro con Sèbastien que me dice que ya sólo quedan cabalgatas para mañana por la tarde. La de la mañana está completa ya. Es decir, mejor que me decida pronto porque si no me puedo quedar sin hacer la cabalgata. Vuelvo a preguntar por la ruta que quería hacer con el señor del pueblo de al lado y me dicen que no es posible así que me apunto a la cabalgata de por la tarde. Pago y me encamino a Monte Grande. Es un camino por carretera, aunque no pasan demasiados coches. El camino no tiene nada de especial pero es bonito y tranquilo. Es justo lo que venía a buscar.
 


 

 
Una vez en el pueblo visito la casa museo de Gabriela Mistral, y aunque es muy barato entrar (menos de 1€) no merece demasiado la pena. Sólo es un patio y una habitación. No hay más. Después de eso vuelvo sobre mis pasos y me siento a comer en una terraza. Tomo un jugo de uva natural y un completo (el primero desde que llegué a Chile). Los completos son básicamente perritos calientes con aguacate y tomate. No sé si tendría que haber llevado algo más pero éste desde luego no lo llevaba.
 
 
Después de comer y de hablar un rato con un señor que pasaba por allí vuelvo a Pisco (en autobús que ahora toca subida) y me siento a escribir un rato en mi cuaderno de Chile. Hablo con Brit y quedamos en ir más tarde porque ahora hace mucho calor, así que al final quedamos en ir todos juntos a la hora del atardecer para ver las estrellas desde arriba. Yo, que tengo un par de horas libres hasta ese momento, me siento con un capuccino a leer en una tumbona entre sol y sombra... No me merezco menos.
 
 
Cuando empieza a refrescar entro a cambiarme de ropa y a comprar algo de comer porque me ha entrado hambre (he comido poco y pronto) y cuando vuelvo ya me están esperando todos.
 
Comenzamos a subir y nos encontramos con un chico colombiano que según me cuenta ha llegado a Pisco sin decírselo a sus amigos. Dice que ellos sólo se divierten bebiendo y que si hubiera venido con ellos estarían en la taberna del pueblo bebiendo en lugar de viendo las estrellas desde la montaña.
 
 
Yo voy a cenar en el hostal porque me he comprado una empanada y tengo caldito. Las chicas americanas se quedan también y la pareja y el chico colombiano se bajan a cenar al pueblo. Dicen que antes de cenar pueden tomar un pisco sour (bebida típica peruana y chilena) y me apunto también. Se lo propongo a las chicas que también bajan y me voy a buscar a Sèbastien que me dijo esta mañana que estaría tirado en una hamaca viendo las estrellas toda la noche. Efectivamente le encuentro a la primera.
 
El sitio que han elegido está genial. Es una terraza interior (es decir, tienes que atravesar todo el local para llegar a ella) y en el medio tienen una hoguera para que la gente no se congele. La noche está helada, pero aquí se está de lujo.
 
 
Llamo a Brittany, que es la chica con la que subí la montaña ayer, y me dice que viene con otra amiga suya.
 
La verdad es que al final nos hemos juntado un grupo bastante grande sobre todo si tenemos en cuenta que llegué aquí sola hace unas horas...
 
En el restaurante conocemos también a un matrimonio con una niña de unos ocho años. Me pongo a hablar con ellos y al final intercambiamos los teléfonos por si en algún momento me da por ir a Copiapó (al norte de Chile) que les pueda llamar y vernos por allí. Son encantadores.
 
Ya no sé ni qué hora es cuando llego de vuelta al hostal. Ceno mi empanada y luego me voy un rato a la hamaca a ver las estrellas. Si te fijas y tienes un poco de paciencia puedes ver hasta estrellas fugaces, aunque sinceramente, no hacen falta para disfrutar del espectáculo.

2 comentarios:

Nube Cleyra dijo...

Tiene pinta de estar siendo un viaje muy agradable, sobre todo por esas personas tan majas que vas encontrándote.
Besos! y que sigas disfrutando ^^

Margari dijo...

Un buen viaje! No sólo por los paisajes que estás disfrutando, sino por toda la buena gente que estás conociendo. Siempre es lo mejor, ¿verdad?
Besotes!!!