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martes, 26 de octubre de 2010

Ha muerto el pulpo Paul

Y según parece el mundo del fútbol está de luto. Que digo el mundo del fútbol, el mundo en general está de luto. Lo pone en internet: la gente está triste. No importa que Haití esté sufriendo una epidemia de cólera. Haití no ganó una copa del mundo de fútbol. No importa que ayer mataran a una chica en un atraco a un banco en lo que ha podido ser un disparo accidental. Ella no le dio el pase a Iniesta en la final. No importa que más de 100 personas hayan perdido la vida en Indonesia y 500 más estén desaparecidas debido a un tsunami. Lo que importa es que el pulpo Paul, el pulpo que le dio la victoria a España en el Mundial de fútbol de Sudáfrica, ha muerto. Pues mira, ¿qué queréis que os diga? No me importa. Y no me parece noticia. No es justo que algo así tenga miles de páginas en internet solo unas horas después de haber muerto el dichoso pulpo y me haya costado encontrar la noticia del tsunami de Indonesia. Sólo dos páginas hablan de el tsunami, así que lo repito a ver si de esta manera creo conciencia...

No es justo.

domingo, 24 de octubre de 2010

Estoy de domingo

Hace días que quiero sentarme a escribir un post, pero todas las ideas buenas que se me ocurren se me olvidan cuando llego a casa y me siento delante del ordenador.

Hoy, pensando en esos temas que tengo pendientes, me he dado cuenta de que no me apetece escribir sobre ellos ahora. Hoy lo que me apetece es escribir sobre nada en concreto; sobre lo primero que se me venga a la cabeza.

El problema es que no me viene nada.

Será que mis neuronas están de domingo.

Porque claro me pongo a pensar en los temas que tenía pensados y, egoístamente, prefiero no tocarlos para no ponerme triste, y para evitar pensar en situaciones como la muerte (y la vida si lo miramos desde el lado un poco más optimista) o problemas sociales como es el bullying (acoso escolar).

Prefiero pensar en cosas más alegres como mis próximas vacaciones en Egipto y todo lo que voy a ver por allí, o en el día que pasamos ayer por el centro de Madrid solo porque mi hermana vio que hacía buen día. Sí, creo que me decantaré por esta última historia.

Para la gente que no me conozca recién levantada, creo que es importante que sepa que puedo ser bastante borde si alguien interrumpe mi desayuno. Me gusta desayunar sola y si hay gente prefiero que no me hable. No quiero conversaciones a esas horas de la mañana. Siempre puede haber excepciones, claro, y algún día puedo levantarme de buen humor, pero por lo general cuando estoy en casa me gusta que sea así. Ayer, cuando estaba a punto de desayunar (completamente sola), me llegó un sms de mi hermana mayor: Stas despierta? Aquí he de decir que la culpa fue mía por coger el teléfono en ese momento y llamarla para ver qué quería. Cogí el teléfono y le dije, con esa amabilidad que me caracteriza por las mañanas:

-¿Es importante? Porque estoy a punto de desayunar.
-No, sólo que he visto que hace muy buen día y que podíamos ir de tapas por el centro para comer.

Un minuto después ya estabamos tramando quien llamaba a quien de nuestros amigos para quedar todos juntos. (Emperatriz, ¡¡te debo unas cañas en el barrio!!)

Quedamos sobre las 14:20 en el centro y comenzamos nuestro particular tour del tinto de verano con limón, el cual, todo sea dicho de paso, cogimos con ganas, así que no es dificil adivinar que tres bares después estábamos casi cantando el Asturias patria querida abrazadas unas a otras (no estamos muy acostumbradas a beber) mientras mis cuñados nos miraban con cara de no se las puede sacar de casa. Sobre las 18:00 de la tarde nos sentamos en la Plaza de Oriente para tomar un heladito y cuando parecía que la tarde estaba muriendo mi cuñado le dijo a mi hermana pequeña:

-Deberíamos irnos ya si queremos ir al Factory.
-Ah! vale, pues vamos todo al factory-. dijo mi hermana mayor.

Sin saber muy bien cómo, nos encontramos los seis metidos en el cercanías, camino de casa de mi hermana para coger el coche e ir de compras a Getafe. Después de las compras estábamos todos deseando llegar a nuestras respectivas casas, pero mi hermana mayor (supongo que ya todo el mundo ha entendido que mi hermana mayor, también llamada Sandra, es una lianta de mucho cuidado) nos invitó a quedarnos en su casa a cenar. Nos obligó a jugar al Súper Mario en la Wii antes y después de cenar y luego nos puso unas fotos mientras nos tomábamos unas copas.

Cuando nos despedimos le dije:

-Hazte a la idea de que mañana no tienes hermana o de que va a estar todo el día durmiendo, como prefieras. Pero ¡¡no me llames!!

Ahora, cuando llame, a ver si me acuerdo de darle las gracias por el día de ayer.

¡Feliz domingo a todos!

domingo, 10 de octubre de 2010

El indomable Will Hunting

Hace 12 años que El indomable Will Hunting se estrenó en el cine y fue entonces cuando la vi por primera vez. Me encantó una escena en la que salían Matt Damon y Robin Williams hablando de cómo este último había conocido a la que después fue su esposa. Esa escena, vista por primera vez y en pantalla grande me puso los pelos de punta. Quizás sea una exagerada, no lo sé, pero el caso es que la recordé durante años. Creo que después de aquella primera vez sólo había vuelto a verla una vez más. Ayer, que tuve una gran sesión de cine en casa, me vi varias películas y entre todas ellas estaba ésta. Y mira tú, que a pesar de que la escena que he comentado hace un momento se quedó grabada a fuego en mi memoria, la escena que esperaba con ansia fue otra muy diferente.

Estaba el protagonista en un bar de la universidad con sus amigos. Él es un chico problemático a más no poder, pero extremadamente inteligente. Sus amigos son problemáticos también y con pocos estudios, con lo que se puede decir que les saca cierta ventaja, aunque no haga alarde de ello. Estaba, decíamos, en un bar de la universidad al que habían ido a ligar y uno de sus amigos entró a dos chicas. Cuando estaba hablando con ellas se acerca el típico chulito de las películas americanas para tratar de ridiculizarle delante de todo el mundo y es cuando tiene lugar la conversación que tanto me gustó y que pongo a continuación por escrito.

Chulito-Pues en eso te equivocas porque Wood subestima drásticamente el impacto de la sociedad...
Will Hunting-Wood subestima drasticamente el impacto de las desigualdades sociales basadas en la riqueza, especialmente la riqueza heredada. Eso lo has sacado de Vickers. El condado de Essex. Página 98, ¿verdad?. Yo también lo he leído. ¿Ibas a plagiar el libro entero o tienes ideas propias... acerca de este asunto? ¿Vas en ese plan? ¿Entras en un bar y sueltas de memoria un párrafo haciendo creer a todo el mundo que es de cosecha propia? ¿Te montas esa historia para impresionar a unas chicas y avergonzar a mi amigo? Lo más triste de todo es que dentro de 50 años empezarás a pensar por ti mismo y te darás cuenta de que sólo hay dos verdades en la vida. Una: que los pedantes sobran. Y dos: que has tirado cien mil pavos en una puta educación que te habría costado un par de dólares por los retrasos en la biblioteca pública.
CH-Sí, pero yo tendré un título. Y tú servirás patatas fritas a mis hijos cuando paremos a comer algo antes de ir a esquiar.
WH- Ja, ja, ja. Es posible, pero yo seré una persona de verdad... Y si eso te supone un problema, podemos salir a la calle y... solucionarlo.
CH- No qué va, ningún problema. Tranquilo.
WH-¿Seguro?
CH- Sí.
WH- Bien.
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He pensado que quizás os haríais mejor a la idea si podías ver el vídeo, así que aquí os dejo el fragmento. Yo recomiendo la película entera, por supuesto, pero eso ya va en gustos.




Como apunte final, sólo quiero comentar que Robin Williams se llevó el Oscar al mejor actor secundario por este papel. Un papel dramático que parecía que no le iba a pegar mucho y que sin embargo, bordó.

La película también tiene el Oscar al mejor guión original.

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sábado, 9 de octubre de 2010

Vuelta al cole...

... y vuelta a la lluvia, y es que el jueves pasado empecé mis clases de danza del vientre (de segundo nivel, ¡toma ya!) y como no podía ser de otra manera me diluvió en el camino de vuelta a casa.

Para los que habéis llegado hace poco al blog os comentaré que el año pasado los días de lluvia (digo, los días de clase) fueron los miércoles. Si queréis podéis leer el post de cómo empecé a bailar aquí antes de seguir con este post.

El caso es que llevaba tiempo sin llover y me pronosticaron lluvia para el jueves y no creais, que por casi me libro de mojarme. Por casi.

En clase me encontré con la misma profesora del año pasado y con dos compañeras a las que pensaba que no volvería a ver cuando acabé en junio. Sobre todo una de ellas me hizo mucha ilusión porque no llegó a terminar el curso y no me despedí de ella. Cuando empezamos la clase me hizo ilusión ver que recordaba la mayoría de pasos que aprendí el año pasado y también saber que no estaba demasiado perdida con respecto al resto de mis compañeras. De hecho se puede decir que todas vamos más o menos por el mismo camino. Me gusta el grupo que hay y espero que se mantenga así todo el curso porque el año pasado cada mes había gente que se daba de alta y gente que se daba de baja y al final la única que completó el curso fui yo.

Cuando salí de la escuela, muy contenta por la clase que acababa de dar todo sea dicho de paso, vi que el cielo estaba muy negro pero que aún respetaba, así que me dispuse a recorrer el camino entre ésta y mi casa lo más rápidamente posible para no tentar mucho a la suerte. Cuando atravesé el parque vi que el cielo entero se iluminaba y después escuché un sonido hueco. Anduve a paso rápido, pero a unos 300 metros de mi casa empecé a ver algunas gotas salpicando el suelo aquí y allá. Llegué al semáforo cuando caían nada más que cuatro gotas hasta que sin previo aviso comenzó a jarrear. Salí corriendo con el semáforo en rojo aún para resguardarme debajo de las terrazas; una vez allí recuperé aliento, me tapé la cabeza con el pañuelo que llevaba al cuello y volví a salir corriendo esta vez entre los coches del aparcamiento. Unos metros más allá me esperaba el portal de casa.

Acababa de inaugurar mi segundo curso de danza del vientre.

viernes, 1 de octubre de 2010

El velo negro

Este sábado tengo una boda. La última boda de la temporada de hecho, y aunque tengo el vestido desde hace tiempo todavía me faltan algunos complementos. Bueno, mejor dicho, me faltaban, porque ayer por la tarde fui a comprar el chal que era lo único que no tenía.

Hace unos meses en clase de danza del vientre empecé con el velo. Sólo dimos 2 ó 3 clases con él, pero aún así nos pidieron que compráramos uno, así que me dirigí a Lavapiés en busca de la tienda especializada que nos había recomendado la profesora y me compré uno. Uno naranja. Muy grande. Y muy bonito. La tienda me gustó mucho y el dueño me pareció encantador. He de decir (aunque lo haré bajito para que no me oiga la Emperatriz de Lavapiés) que no me he movido mucho por esa zona de Madrid nunca así que supe que, o me iba en metro a casa o me perdería por las calles y acabaría dando vueltas en círculos sin saber a dónde ir ni mucho menos por dónde. Pero como yo quería ir andando, porque no me gusta mucho el metro, le pregunté al dueño de la tienda cómo podía llegar a Sol andando a lo que él me contestó, dibujando en un cartón que tenía por allí: "Estamos aquí. Tienda aquí. Subes calle hasta que ya no puedes subir más y giras derecha. Derecha, ¿vale? No izquierda. Izquierda es más corto pero más peligroso. No vayas izquierda. Ve a la derecha. Izquierda gente mala." Miró su reloj y vio que ya eran alrededor de las 20:00; empezaba a anochecer. Agitó la cabeza como quitándose una idea de la cabeza y volvió a decir: "Camino de la derecha, ¿vale? Ya es tarde y en el camino de la izquierda hay gente mala" Ante tales recomendaciones ni se me ocurrió ir por la izquierda, claro.

La segunda vez que fui a la tienda fue hace unas tres semanas. Teníamos la gente del Muro (así nos llamamos los amigos del barrio) una boda, y mi hermana mayor necesitaba un chal que le fuera con su vestido nuevo. Le dije que yo había comprado hacía un par de meses un velo para mi clase de danza del vientre y que podría servirle perfectamente para la boda. El mío no, claro, que los colores se daban de galletas. Pero le dije que allí podría encontrar uno del color que quisiera, así que nos fuimos a la tienda para comprar el chal, (¡digo, el velo!)

La tercera vez que fui a la tienda fue ayer. Como he comentado tengo una boda mañana y ayer aún no tenía el chal, así que ni corta ni perezosa me fui para allá para comprarme otro velo. Esta vez negro. Cuando lo pagué el dueño de la tienda quiso darme conversación y me dijo si era mi primer año (dando clase se supone) y le dije que en verdad lo quería para usarlo de chal en una boda. No se enfadó. No se sorprendió. Pero pareció defraudado y me dejó bastante chafada, sobre todo cuando con voz muy baja me dijo: "Pensé que eras bailarina..." Enseguida rectifiqué y le dije sí, que daba clases y que iba a empezar el segundo nivel, pero ya no parecía interesarse en mi conversación.

Pero de todo eso lo que más me quedó en la cabeza fue: ¿puede decirse que soy bailarina? La mayoría de gente que me conoce dirá que no porque nunca me han visto bailar a pesar de que me lo han pedido varias veces. De hecho yo misma no me considero tal (de ahí que nadie me haya visto bailar nunca). No me gusta como lo hago, pero espero aprender con el tiempo y mejorar al menos lo justo para hacer la competencia a Shakira.

El caso es que una vez en casa con todos los complementos listos y el vestido en el armario no he podido por más que probarme todo junto y el resultado me gusta bastante. Además el velo, si no lo llevo por los hombros puedo atarlo a la cintura con un nudo y queda la mar de bien.

Sin embargo no todo es bonito en esta historia porque llevo un palabra de honor monísimo y ... ¡horror! se me cae hasta el infinito (y más allá). No sé cómo puedo sujertarlo para que no baile tanto de un lado a otro. Al final veo que se me va a salir un pecho y voy a ser la comidilla de la boda...