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viernes, 25 de diciembre de 2009

Tradiciones familiares navideñas

Todo empieza cuando me armo de valor y saco el árbol del armario para montarlo casi siempre sola para dar una sorpresa a los que vienen de la calle. Nótese que la palabra sorpresa va en cursiva, y es que a mi madre eso de tener el árbol puesto no es que le haga demasiada ilusión (también es verdad que la mayoría de las veces es a ella a quien le toca quitarlo después)

Como para otra mucha gente el verdadero pistoletazo de salida llega el día del sorteo de la loteria de Navidad el 22 de diciembre cuando a partir de las 12 de la mañana nos decimos que lo importante es tener salud y esas cosas; que el dinero realmente no importa. El 23 es un día de transición y el 24 es el día que comienza con todas las tradiciones navideñas (fuera de poner el árbol, por supuesto)

- Por la mañana o por la tarde bajamos con los amigos a tomar unas sidras y felicitarnos la Navidad. Mera excusa para juntarnos todos.

- Después de comer cortamos los turrones, polvorones, almendras y piñones y los dejamos listos para sacarlos después de cenar.

- Cenamos rollitos de primavera de primero y piña con zumo de naranja y pasteles de postre.

- Escuchamos la recopilación de villancicos rocieros de fondo mientras cenamos.

- Escuchamos las críticas de mi prima por haber puesto un año más los villancicos :-)

- Mi abuela canta el villancico de: "El día que yo nací le oí decir a mi abuela: si esta chica tiene suerte, vivirá hasta que se muera. Ande, ande, ande, la marimorena..."

- Mi abuela canta el villancico de: "El día que murió mi abuela a mí no me dejó nada y a mi hermana la dejó... asomada a la ventana. Ande, ande, ande, la marimorena..."

Para mí son estas cosas las que hacen del día 24 un día especial. Nada de nacimientos, misas y esas cosas, que ¡ojo! eso no quiere decir que no respete al que piense de otro modo. Simplemente digo que para mí una nochebuena sin rollitos de primavera y pasteles no es una nochebuena.

Feliz Navidad a todos

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Danza del vientre los miércoles por la noche

Cuando te decides a hacer algo sin mucho sentido lo haces, casi siempre, sin pensar. Yo lo hice por ejemplo cuando a final de este verano me apunté a clases de danza del vientre los miércoles por la noche. Vi el folleto que me metieron en el buzón, llamé a la escuela nada más llegar a casa para pedir información y unos días después estaba allí en persona para pagar los 15 € que cuesta cada mes. Realmente nunca llegué a creerme que iba a hacerlo, sin embargo por culpa de no pensar las cosas me planté en la escuela y pagué el primer mes, un mes y una semana antes de que comenzara la primera clase. Todo iba bien hasta que una semana antes empecé a pensar en lo que ir a clase conllevaba. Estaba tranquilamente en casa después de cenar, con el pijama puesto y pensando: "la semana que viene a estas horas tendré que salir de casa para ir a clase. Puff, ¡qué pereza!"

Por fin llegó el gran día y mi ánimo era cualquiera menos el de ir a clase de danza del vientre, a las diez de la noche, con un montón de chicas que no conocía de nada y a unos veinte minutos de mi casa andando. ¿Realmente pensais que podía pedir algo más? Pues sí, porque como dice una de las leyes de Murphy: si algo puede salir mal, saldrá mal. Y a mí esta máxima, como a otra mucha gente, se me suele cumplir. Así que la lluvia decidió hacer acto de presencia todo el día y toda la noche. Por suerte mi padre me llevó y me fue a buscar ese primer día por lo que no me resultó tan horrible.

Lo que fue la clase ya es otra cosa. Básicamente no nos enterábamos de nada ni mis compañeras ni yo, pero aún así decidí volver miércoles tras miércoles y darle una oportunidad. Total, peor que el ánimo que llevaba el primer día no podía ser. Han pasado más de dos meses desde entonces y sigo sin dar pie con bola aunque para mí eso es lo de menos. Voy porque me lo paso bien con mis compañeras, porque hago algo de ejercicio (aunque solo sea por el que hago entre ir y venir) y porque mientras trato de coordinar los brazos y las piernas para hacer algo parecido a un paso de baile me resulta muy fácil desconectar del resto de cosas que tengo en la cabeza.

Cuando volví de clase el segundo y el tercer día pensé que menos mal que hay veces que no pienso las cosas porque, sin duda, es cuando mejor salen.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Frase I

Lo imposible es el fantasma de los tímidos y el refugio de los cobardes.

Napoleón Bonaparte.

lunes, 16 de noviembre de 2009

La casa de los osos

Llevo tiempo preocupada por el bienestar de ciertos seres vivos. En realidad debería decir que estoy preocupada por todos los seres vivos que hay sobre el planeta Tierra en este momento, aunque es cierto que en especial lo estoy por los que viven (o deberían vivir) rodeados de hielo, nieve y frío. Osos polares, pingüinos, focas... que viven estos días un tanto desorientados.

Cada día que pasa, cada vez que tacho un nuevo día en el calendario, me doy cuenta de lo terrible de la situación. Pasó el día 1 y luego el 2, el 3, el 4, el 5, el 6, el 7, el 8, el 9, el 10, el 11, el 12, el 13, el 14, el 15,... y finalmente el 31 de octubre. Después entró noviembre y pasó igual. Primero el día 1, luego el 2, todos llegaron y marcharon en riguroso orden a pesar de que en la calle seguía haciendo calor. Hoy es 16 de noviembre y he paseado a las 19:00 de la tarde, ya de noche, por las calles de Madrid con una camisa de manga corta y una chaqueta. El abrigo iba colgado del brazo y he llegado sudando a casa. Quien me conoce sabe que cualquier día que ya haya anochecido no salgo a la calle si no es forrada como una cebolla de pies a cabeza. Es decir, que soy friolera. Muy friolera. Y el hecho de que en pleno mes de noviembre llegue con calor a mi casa cuando ya no queda ni un rayo de sol me parece que es como para preocuparse.

No soy muy dada a poner vídeos en el blog. De hecho es el primero que pongo, pero me ha parecido importante ponerlo y aquí está.

Para el que no sepa inglés el texto del anuncio dice: CALENTAMIENTO GLOBAL: cuando lo sientes ya es demasiado tarde.

Sólo espero que, como dice el anuncio, no sea demasiado tarde y esto tenga remedio aún.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Querido Diario...

Hace mucho tiempo que llevo un Diario. Antes de tener ordenador fue un Diario de papel en el que escribía cosas del colegio, sobre los chicos que me gustaban y sobre si una niña me había llamado tonta. Desde que tengo ordenador (hace ya muuucho tiempo) me volví vaga y decidí que lo del papel y el boli había pasado a la historia a pesar de que me encantan las cartas manuscritas. Por último apareció blogger dándome la posibilidad de escribir todo cuanto a mí me apeteciese y hoy, años después de tener el blog y pese a no haberlo utilizado demasiado, me he dado cuenta de que ha sustituido por completo a mi Querido Diario...

...Y no me ha gustado.

Me he dado cuenta de que realmente el blog es para escribir cosas que me pasan por la cabeza, pero que no son cosas relevantes en mi día a día. Son cosas que por supuesto quiero recordar en un futuro, pero que no son relevantes. De hecho cuando hice el blog sabía que era para estas cosas; lo que no podía ni imaginar es que me quitaría las ganas de dedicarle tiempo a mis pensamientos más personales. Los que escribía durante horas después de escribir las palabras Querido Diario.

Sé que todo esto no significará nada para la gente que lea esta entrada, pero dado que ahora mismo le dedico más tiempo a mis blogs, he pensado que puede ser buena idea dejar por escrito que tengo que dedicarle más tiempo a las cosas que no son tan triviales. A las cosas que sólo contaría en mi Diario. Y no por ser más importantes o más personales, sino por ser más mías... Al fin y al cabo todo el mundo tiene derecho a tener secretos...

martes, 20 de octubre de 2009

Peregrinos a Santiago

Desde ya os aviso que este va a ser un post largo. Me gustaría poder decir la famosa frase de Julio César Veni, Vidi, Vinci y resumir de esta forma todo lo que tengo metido en la cabeza; sin embargo mucho me temo que no sólo no voy a ser capaz de resumirlo, sino que además voy a alargar ciertas cosas en las que no quisiera entretenerme.

El pasado día 16 de octubre, viernes, llegué caminando a Santiago de Compostela. Sí, éste podría ser un buen resumen, la verdad. Pero se queda corto.

Todo empezó el 11 de mayo de 2006 cuando me metí en el coche de mi amigo Santi con él, y con dos amigos suyos del trabajo a los que no había visto en mi vida, de los que no sabía absolutamente nada y que responden a los nombres de Alberto y Adolfo. Ellos dos y Santi serán de ahora en adelante "los niños", "los chicos", "mis compañeros de Camino".

Aún hoy, después de tres años, no sé qué me impulsó a acompañarles esa primera vez (y quien dice acompañarles, dice acoplarse), pero lo que sí sé es que desde el primer momento que puse un pie en el Camino supe que quería finalizarlo. Y no finalizarlo de cualquier manera. No. Quería llegar a la meta con las personas con las que había cruzado la línea de salida. Esto es lo que ha hecho que tardemos tanto en llegar a Santiago. Todos, desde el primer viaje de tres días que hicimos a través de los Pirineos, decidimos que nos esperaríamos para completar el resto de las etapas. Y finalmente así ha sido.

Otras veces ya he contado en este blog lo que significa para mí hacer el Camino, sin embargo esta vez me veo en la obligación de retomar el tema y extenderme un poco más.

Esta última vez hemos hecho toda la parte de Galicia. No sé si se la puede considerar la parte más bonita. Puede que sí. No sé. Todo tiene su encanto por supuesto, pero esta última parte ha sido quizás, más especial que las demás y como consecuencia, de las más bonitas. Especial porque llevamos tres años detrás de llegar a la meta, porque íbamos a recibir la Compostela al final del Camino, en definitiva porque era hora de terminar y empezar con otra cosa. Ha sido especial también porque a ninguno nos ha salido ampollas, porque a ninguno nos ha mordido un perro y porque ninguno ha llegado con un esguince. Especial porque hemos comido menos huevos fritos que en pasados viajes (a excepción de uno de los niños), porque he aprendido un nuevo juego de cartas y porque hemos conocido gente que merece la pena. Gente como Isabel (peregrina extremeña-andaluza-catalana muy charlatana, pero muy sabia también) que lo primero que nos dijo al conocernos fue que el Camino es la gente que te encuentras por el camino, gente que te quiere y a la que tú quieres. -Lo importante es lo que cada uno lleva en su mochila -nos dijo-: las alegrías y las tristezas; los fracasos y los éxitos; en resumen, la vida de cada uno. Ella y su marido Rafaé saben de qué hablan. Han hecho el Camino de Santiago por su hijo de 29 años varias veces ya que él no pudo hacerlo antes de morir. Para ellos es especial porque les ayuda a estar más cerca de su hijo. Como véis los motivos que les lleva a ellos a hacer son más contundentes que los míos, pero si no comparamos una cosa con otra me atrevo a decir que mis motivos son también importantes (a pesar de que aún no sé cuáles son estos motivos). Yo me cargo la mochila al hombro, paso frío o calor, acabo dolorida después de 20 ó 25 km y me sigo sintiendo bien y con ganas de repetir. Supongo que el día que todo eso suponga un suplicio para mí significará que me he quedado sin motivos para hacer el Camino de Santiago. Mientras tanto ni me lo pensaré cuando los niños me lo propongan.

Cuando conocimos a Isabel y a Rafael nos parecieron pelín pesados y tratamos de no coincidir demasiado rato seguido con ellos; sin embargo era inevitable verles y pasar tiempo con ellos cuando muchas veces nos tocaba incluso dormir en la misma habitación a todos. Y mira como son las cosas que al final del Camino, les cogimos cariño.

El viernes que llegamos a la plaza del Obradoiro (y estoy abreviando y obviando muchisimas cosas para no hacer demasiado pesado el post) no lo olvidaré en mi vida. Los que estuvimos allí lo vivimos de una manera muy intensa pero no sabría explicarlo con palabras. Baste decir que fue muy emotivo. Entramos los cuatro juntos igual que salimos de Saint Jean Pied de Port hace tres años. Un rato más tarde, después de recoger nuestra Compostela (o similar en mi caso por no haber hecho el Camino por motivos religiosos) cogimos sitio en la catedral para escuchar la misa del peregrino. Llegamos con una hora de antelación y poco nos faltó para no conseguir sitio. Durante toda la hora y, sobre todo durante los últimos minutos, miramos por todos lados en busca de Isabel y Rafael para dejarles un sitio en nuestro banco. Mira por donde estábamos preocupados por esta pareja pelín pesada, pero que a su manera (como todo el mundo) se hacía querer. Por eso cuando las monjas empezaron a cantar justo antes de que la misa comenzara y les vimos aparecer por el lado derecho de nuestro banco no pudimos evitar saltar de alegría al verles y salir en su busca para que nos acompañaran.

Me pasé toda la misa llorando junto a Isabel.

Sé que habrá gente que seguirá sin entender lo que es hacer el Camino. Lo siento por no haberlo explicado mejor. De todos modos para todos los que penséis así sólo puedo deciros una cosa: probarlo, aunque sólo sea una vez en vuestra vida. Aunque sean sólo dos días y una noche porque eso sí, las noches en el albergue hay que vivirlas en la propia piel para entenderlas. Ahí si que no cabe la posibilidad de que te lo expliquen con palabras. Ni siquiera con imágenes. Hay que vivirlas.

Bueno (bueno, bueno, bueno... va siendo hora de recoger el chiringuito por hoy)(no me puedo creer que yo haya puesto esto) como el que avisa no es traidor aquí os dejo el post más largo jamás escrito en este blog.

A los niños, mis compañeros, MUCHAS GRACIAS por ser como sois y por haberme hecho un huequecito en este viaje que tan importante ha sido para mí. GRACIAS por curarme las heridas, por buscar nueces y castañas conmigo y por caminar a mi lado sin necesidad de decir palabra alguna.

--> Buen Camino

jueves, 1 de octubre de 2009

He roto mi hucha cerdito

Muchas veces hacemos tonterías que más tarde, cuando lo pensamos en frío, nos hace preguntarnos: “Y esto, ¿para que me sirve?” o "¿Por qué he hecho esto?" Pues bien, algo parecido pensé yo el domingo pasado cuando, mientras limpiaba mi habitación, me encontré con dos huchas que tenía llenas desde hacía varios años y decidí darles un martillazo. Y no digo llenas de tesoros que me sacaran de pobre. No. Estaban llenas de moneditas de un céntimo, dos céntimos y cinco céntimos. Es decir, todas las monedas de cobre que la gente desprecia tanto (¡ahora entiendo que con razón!) y que a mí me dio por recoger un día y darles cobijo.

Ya hace tiempo que me di cuenta de mi estúpido error y por eso mismo estaba retrasando el momento de juntar las huchas y un martillo en la misma habitación (aunque sin duda era algo que irremediablemente tenía que hacer)

Mi "matanza del cerdo" particular

No quiero ni saber cuánto tiempo estuve contando, amontonando y empaquetando mini monedas, pero lo que sí sé, es que nunca, nunca, nunca volveré a coleccionar moneditas de céntimos.

Mi "tesoro"

lunes, 14 de septiembre de 2009

El domingo es para descansar

Quien me conoce un poco sabrá lo que me gusta pasar el tiempo dentro del agua. Es algo que desde pequeña he hecho y que no dejaré de hacer por mucho que pase el tiempo. Me gusta, me relaja y me ayuda a olvidarme de todo lo que me rodea.

Ayer estaba en casa por la tarde sin saber qué hacer. Podría haber llamado a algún amigo para salir a dar una vuelta o tomar algo, pero lo que realmente me apetecía -lo que me pedía el cuerpo- era zambullirme en una piscina. Llovió un poco por la tarde por lo que decidí que sería mejor ir a la piscina del polideportivo para evitar el frío y/o la lluvia. Pensé además que no habría mucha gente puesto que era domingo por la tarde. Me equivoqué de pleno, como podréis imaginar.

Nada más llegar no encontré mucho movimiento dentro del vestuario y me pareció una buena señal. Sólo un par de personas o tres dando vueltas por allí. Sin embargo el hecho de que todo esté muy calmado en un lado no implica que el otro lado esté igual. Es más, he aprendido que no suele ser así.

Me puse el bañador, el gorro y las gafas (que no sé cómo se empañan mientras nado hasta que dejo de ver a dos dedos de mis ojos) y salí hacia la piscina. Los gritos no suelen ser una buena señal cuando lo que vas buscando es desconectar y relajarte, y en este caso tampoco lo fue.

Las dos primeras calles tenían un cartel de calle libre, lo que traducido al castellano significa: calle completamente fuera de servicio si lo que quieres hacer es nadar. En estas calles la gente se dedica a jugar igual que haría en una piscina de verano. Vamos, que solo faltaba la pelota de playa de Nivea. Creo recordar que estas calles son siempre de nado, así que supongo que las pondrían así para que un grupo de chicos disminuidos pudieran jugar. Era un grupo muy especial de gente muy especial y no les culpo por jugar y divertirse en la piscina. ¡Sólo faltaba! Lo único que quiero decir es que no me ayudaron a relajarme.

Las dos siguientes calles eran de nado lento. Me estresaba sólo de ver la cola de gente que había en esta calle, así que pasé a las siguientes: dos calles de nado rápido. Podía ser la mía. No es que nade a la velocidad del rayo pero desde luego más rápido que en las calles de nado lento, sí. Pasé la mirada a las última calles: en éstas la velocidad de nado era media. Sí, definitivamente una de ésas era la mía... sino fuera porque iban más despacio que la de nado lento.

Me metí en el agua fresquita y sentí el efecto tranquilizador durante ¿uno? ¿dos segundos? después noté que se estaban parando todos en orden de llegada para esperar a que yo saliera. Les hice un gesto con la mano para que pasaran ellos y después me arranqué. Empecé a nadar y noté que tenía gente por todos lados. Delante, detrás, por mi izquierda... No podía bajar el ritmo ya que había empezado fuerte y haría frenar a los que venían detrás mío o se chocarían directamente con mis pies mientras yo nadaba. Después de cuatro largos estaba ya desesperada. Estaba asfixiada, los gritos de los chicos de la calle libre me estaban desquiciando y cada vez veía menos a través de las gafas. Llegué a plantearme la idea de salir del agua y volver a mi casa, pero ya que habia pagado la entrada me dije que podía aguantar un poco más a ver si mejoraba la tarde.

Al final pasé dentro de la piscina media hora y salí del agua rezándole a todos los dioses para que no hubiera mucho jaleo en el vestuario, pero los dioses tampoco estaban de mi lado. Las cuidadoras del grupo de chicos de la calle libre estaban entrando con las chicas y con un niño de unos cuatro años. Las chicas no alborotaban demasiado, pero el niño era para tirarse de los pelos. Gritaba y gritaba y volvía a gritar. El grito empezaba flojo, pero iba subiendo de intensidad hasta llegar a lo imposible. Total, que al final me vestí más rapido de lo que me he vestido en toda mi vida, cogí mis cosas y salí por la puerta deseando ponerme la música del MP3 a todo volumen para relajarme. Después de todo el estrés que había sufrido en poco menos de una hora, no me costaría encontrar un poco de descanso en un paseo hasta mi casa.

viernes, 11 de septiembre de 2009

lunes, 31 de agosto de 2009

Irlanda 090814 - 090823

Sin duda acabo de volver de una de las mejores (y más cansadas) vacaciones. La idea de ir a Irlanda nos pareció muy buena a todos, así como la de ir a la aventura y dormir cada día en un sitio. La primera resultó ser buena realmente, la segunda... sí, supongo que también lo fue. El problema es que no conocíamos el estado de algunos albergues antes de reservar. Obviamente si lo hubiésemos sabido habríamos repetido en algunos y no habríamos pasado por otros ni siquiera de cerca.

Salimos el viernes -14 de agosto de 2009 del aeropuerto de Madrid con mucho calor y llegamos a Dublin con amenaza de lluvia. Una semana después volvemos con la idea muy clara de que las nubes en Irlanda cumplen sus amenazas.

Habíamos cenado en el avión, por lo que lo único que tuvimos que hacer fue recoger el coche (odisea los primeros minutos porque conducen con el volante al otro lado) y buscar el hotel. Pasamos la primera noche en unas confortables camas de hotel en la que desgraciadamente no dormí del todo bien.

Hemos visitado el sur de la isla, después el oeste y por último Dublin. La verdad es que aunque hemos pasado mucho tiempo en el coche y llegábamos todos los días muertos al albergue que tocara, ha merecido la pena el esfuerzo. Lo peor ha sido la incertidumbre de los albergues, que hasta que los veíamos pasábamos el día con el corazón en un puño.

La segunda noche dormimos en una granja. Por internet la habían pintado de maravilla. Habitación para los seis con baño. Con animalitos por la granja y con muy buen ambiente. El sitio era más o menos bonito, eso es verdad. Estaba en medio del campo, como debe ser una granja y tenía muchos animalitos ente los que destacaban por su tamaño los mosquitos trompeteros, arañas, mosquitas y... bueno, en general insectos varios. Las camas eran muy variadas también: iban desde las nada cómodas hasta las psss no está mal para una noche. El suelo de moqueta juro que no llegué a tocarlo con los pies descalzos (puaj). La noche la pasé peor que en el hotel, lo cual tampoco era de extrañar.

La tercera y la cuarta noche dormimos en unos apartamentos de lujo en comparación con la granja. Hicimos varias excursiones por la zona porque tenía mucho para ver, entre otras cosas el Anillo de Kerry que aunque no está mal, hay sitios mucho más impresionantes como el cementerio de Glendalough que vimos el primer día o The Rock of Cashel.

El siguiente albergue fue el que más me gustó sin duda. Teléfono a España e Internet gratis, cocina gigante, limpia y bien organizada, habitación y baños limpios. El pueblo se llama Ennis, no es demasiado grande y no tiene muchas cosas, pero a todos nos pareció un sitio con mucho encanto. Por la tarde fuimos a ver los acantilados de Moher y por poco no pudimos verlos por culpa de la niebla que había. Menos mal que esperamos en el coche echándonos la siesta hasta que empezó a levantar. Realmente mereció la pena esperar. Por desgracia las fotos no hacen justicia (ni las mías ni las que he encontrado por Internet) pongo una para que os hagáis una idea, pero ya os digo que tiene poco que ver con la realidad.

El siguiente día para mí fue el peor (que no significa que no me gustara). No dejó de llover en todo el día y nos dedicamos a dar vueltas por la ciudad. El albergue no estaba mal, pero el baño que nos tocó era de lo peor. La verdad es que para mí las duchas son fundamentales y encontrarme una como la que me encontré me hizo dudar de si realmente quería o no ducharme. La ducha consistía en un grifo y una alcafocha pegada a la pared y un desagüe en el suelo. Gracias a una cortina evitabas... nada, en verdad no evitabas nada porque el suelo de TODO el baño acabó como una piscina.

A la mañana siguiente cogimos el coche y nos dirigimos al único claro que había en el cielo rumbo a nuestro siguiente destino: Connemara. Para mí sin duda uno de los sitios más bonitos que he visto en mi vida. Impresionante. Otra vez lástima que las fotos no hagan justicia. También aprovechamos para ver la abadía de Kylemore y convivir con unos mosquitos trompeteros que nada tienen que envidiar a los de la granja. Para algunos fue la peor noche de todas. Como ya he dicho el entorno era inmejorable en lo que a belleza y encanto se refiere, pero la habitación que nos tocó dejaba mucho que desear. Era húmeda, tenía bichitos, era fría y el baño tenía el agua amarronada. El agua era apta para la limpieza e higiene corporal, pero no para el consumo. Por supuesto tenías la opción de comprar agua potable en la recepción.

Al día siguiente fuimos casi directamente a Dublin porque teníamos que dejar las cosas en el albergue antes de despedirnos del coche de alquiler. La habitación y el baño eran pequeños pero acogedores y más o menos conseguimos apañarnos bien los dos días que estuvimos allí. Vimos un poco la ciudad después de dejar el coche y después estuvimos en un bar típico escuchando un concierto. El día siguiente el buen tiempo nos acompañó y pudimos no hacer nada tirados en un parque y dedicarnos a mirar tiendas.

El domingo día 23 de agosto de 2009 por la mañana volvimos a meter todo en las maletas para coger el avión de vuelta a Madrid. La mañana la dedicamos a las compras y el resto del día en el aeropuerto de un lado a otro.

Llegamos cansados, sí... pero sabiendo que ha merecido la pena.

lunes, 24 de agosto de 2009

Quien hace la ley hace la trampa

Los adelantamientos entre peatones dentro de la acera es una de las cosas más absurdas que pueden existir. Pero que sin embargo, existen.

Cuando eres pequeño es algo que está bien, es divertido, y no haces mal a nadie. Pero cuando ya has crecido y tienes la edad que tengo yo y sigues picándote por esas cosas da que pensar.

Cuando era pequeña trataba de alcanzar a la gente andando rápido, muy rápido. Casi rozando lo absurdo puesto que era más pequeña que el señor o señora al que quería adelantar y más parecía que hiciese marcha atlética que otra cosa. Pasó mucho tiempo hasta que volví a verme en una situación así y, cuando me ocurrió, resultó que yo ya había crecido y tenía las piernas largas. Si sumamos a esto que normalmente camino bastante rápido pues nos encontramos con que hay pocas veces que me haya visto en la situación de rivalidad que provocaba cuando era pequeña. Sin embargo hay veces que es inevitable que ocurra y es ahí cuando me pico.

El otro día salí del trabajo con prisa porque tenía que coger un avión esa misma tarde. No es que fuera corriendo, pero no aminoré el paso que suelo llevar por costumbre. Cuando me faltaban unos minutos para llegar al metro vi que había una persona que empezaba a aproximarse por el lateral. Yo mantuve el paso como lo llevaba y tardó un poco en alcanzarme. Sin embargo cuando consiguió ponerse a mi altura no pasó de ahí y nos quedamos andando hombro con hombro hasta que cada uno tiró por su lado. Me dio la sensación incluso de que de vez en cuando me miraba de reojo para ver si conseguía algo de ventaja.

Quizás todo esto sea cosa de mi imaginación. De hecho lo más probable es que así sea porque no creo que la gente vaya echando carreras "mentales" con gente que no sabe que está compitiendo. Aunque ¿quién sabe? A lo mejor no soy tan rara y todo el mundo hace lo mismo. Quizás todos volvamos a nuestra infancia de vez en cuando cuando vemos gente que nos está retando en una acera estrecha a que les adelantemos.

Como he dicho antes ya no suelo encontrarme, ni mucho menos provocar, estas situaciones pero sí que es verdad que cuando me las encuentro las disfruto al máximo. Será porque siempre gano. Y si no gano me basta pensar que al final no estaba compitiendo o que son tonterías de niña pequeña. Al fin y al cabo es una de las muchas ventajas de que nadie sepa que hay una competición. Que nunca saben cuando pierdes.

sábado, 4 de julio de 2009

Al partir un beso y un adiós

Hoy está siendo para mí uno de esos días con los que todos soñamos alguna vez y que luego no resulta tan especial como habíamos imaginado: esto es que no he hecho nada en todo el día.

Me he despertado por la mañana demasiado pronto como para levantarme un sábado que estoy sola en casa, así que me he dado la vuelta en la cama y me he vuelto a dormir un par de horas. Después me he levantado, he desayunado, me he ido de compras con mi amiga Cristina y he vuelto a casa a tirarme, primero en la cama que seguía sin hacer, y segundo en el sillón a ver la tele toda la tarde. Entre una cosa y otra he cogido el ordenador para "cotillear" el facebook y mi correo y he vuelto al sillón.

De vez en cuando me gusta hacer esto y aprovechar la bastante inusual "soledad" de mi casa. Sin embargo a pesar de disfrutar al máximo de esta situación siempre acabo pensando que al día siguiente lo primero que voy a hacer es salir a la calle y no aparecer por casa en todo el día. Hoy no es diferente y, a pesar de que no me apetece salir ahora mismo, sé que mañana será lo único que me apetecerá hacer desde el momento que me despierte.

Hace unos minutos estaba asomada a la ventana con una copa de vino (llena de coca cola) en la mano y dejándome acariciar por el agradable vientecillo que corre a estas horas de la noche y se me ha ocurrido escribir todo esto. Sé que no es gran cosa pero tampoco tenía por qué serlo.

También mientras estaba asomada a la ventana he viajado varios años en el tiempo y he recordado una noche de un día de diario en invierno. Yo no había podido dormir o, si lo había conseguido en algún momento, me había despertado en mitad de la noche desvelándome después. Estaba mirando por la ventana con las luces apagadas y vi llegar a un chico por la acera de enfrente. Se paró en el portal que está enfrente del mío y silbó dos o tres veces. Al rato una chica se asomó a la ventana desde el último piso y saludó al chico con la mano. Él se llevó los dedos a los labios y le lanzó un beso a su chica para marcharse un segundo después por donde había venido. Aunque no puedo decir que lo vi, estoy segura de que se marchó sonriendo. No sé por qué he recordado esta historia hoy, pero sí sé que no es la primera vez que me viene a la mente y por eso me apetece ponerla por escrito.

Son las 23:17 y el sillón me espera. El día no ha termiado y puedo seguir vagueando.

miércoles, 3 de junio de 2009

¡Y me lo quería perder!

15:45 salgo de la oficina camino de una reunión.

16:15 cojo el autobús que supuestamente me va a dejar en la puerta. A esta hora ya llevo 15 minutos intentando localizar a la persona con la que me voy a reunir para decir que llegaré un poco tarde.

16:40 me bajo del autobús en la parada que me había indicado el callejero de páginas amarillas. En un descampado en medio de la nada. Miro a derecha e izquierda y localizo la calle que buscaba. Tiene chalets en ambos lados pero nada más. Veo a un hombre de mediana edad con una anciana, que más tarde me entero que es su madre, a la que está ayudando a entrar en un coche. Le pregunto por el sitio al que voy y me dice que no sabe dónde está, pero que seguro que muy muy lejos de allí. Tienes que cruzar la M-40 y llegar hasta la Moraleja –me dice el hombre muy amablemente. –Sólo puedes llegar en coche. Me despido de él y al verme la cara me dice: -porque… tienes coche, ¿verdad? No. No tengo coche. Se ofrece a llevarme al metro más cercano (a unos 25 minutos andando si aciertas a la hora de escoger las calles que te llevan a él. Si no puedes estar toda una tarde). Cuando me bajo de su coche le doy las gracias de nuevo y pienso que menos mal que iba con su anciana madre porque si no nunca habría entrado en el coche con él a pesar de ser tan simpático y amable (qué le voy a hacer... soy chica). Me dice, a modo de despedida, que me va a ser casi imposible encontrar un taxi y que la mejor opción es volver a Plaza Castilla y desde allí coger un autobús.

16:55 en la empresa a la que me dirijo siguen sin cogerme el teléfono y yo sigo sin encontrar un taxi. Ha pasado uno hace medio minuto, pero no me ha visto cuando he intentado pararlo. ¡Maldita sea! Sigo andando y de pronto veo dos luces de emergencia encendidas en un coche. Veo la bombilla verde apagada en la parte superior del coche y espero que esté soltando a algún viajero en lugar de recogerle. Si supiese cómo hacerlo, creo que habría rezado porque así fuera. El coche arranca cuando aún no he llegado a él y se enciende la luz. Saco la mano y la luz vuelve a desaparecer. Le pregunto si puedo pagar con tarjeta. Me dice que sí y me dedica una sonrisa que me hace tener más ganas de entrar en el taxi. Dentro se está muy cómodo y hace una temperatura muy agradable. Me da conversación durante un rato e incluso nos echamos unas risas juntos. Me pregunta si sé cómo se sale a la M-40 y le digo que no, pero que por favor sea legal y no me dé vueltas por todo Madrid porque, aunque no sé salir de allí, sí que conozco el lugar al que voy y también por dónde se va. Supongo que decir las cosas con una sonrisa hace que las amenazas no suenen como tales. Seguimos hablando hasta que llegamos a mi destino y me despide con otra sonrisa como la que me ha dedicado cuando he entrado al taxi.

17:15 llego a la oficina y la persona con la que había quedado me dice que tiene que salir porque tenía hora con el médico y que es mejor que nos veamos otro día. Me ofrece su coche para volver casi al mismo sitio del que he salido hace 20 minutos. Le pregunto por otra forma de llegar al centro y me dice que hay un autobús. Me despido de él hasta el día siguiente y me voy. Hasta 30 minutos después no llega el autobús que me lleva, a través de un atasco glorioso, a Plaza Castilla. Llevo toda la tarde andando de un lado a otro, tengo los pies llenos de ampollas por culpa de las sandalias que me he puesto hoy y me siento cansada de todo.

Día siguiente por la mañana

9:30 salgo de la oficina rumbo a la reunión. Nada que ver con lo que pasó ayer. Llego media hora pronto porque el autobús que tengo que coger pasa cada ¡40 MINUTOS! Me siento en una sombra con el ordenador encendido y repaso la presentación. El chico me dice que ayer al ir al médico pasó por delante de la parada del autobús y que me vio esperando. En un primer momento, según me dice, no reacciona y pasa de largo, pero después lo piensa mejor y da la vuelta para ir a buscarme y llevarme a Madrid en coche. Cuando vuelve a pasar yo ya no estoy, pero escuchando su historia se lo agradezco sinceramente.

Puede que simplemente leyendo esto penséis que es todo una tontería, pero ayer y esta mañana mientras lo vivía me pareció que todavía queda gente digna de confianza y que sólo quiere ayudar a los demás. En el caso del taxista, que creo que se llamaba Óscar, era su trabajo llevarme de un sitio a otro, pero fue encantador y eso no era su obligación, así que, después de la tarde que llevaba, también fue muy de agradecer.

martes, 26 de mayo de 2009

Verano = sandalias = heridas en los pies = quiero que vuelva el invierno

Llega el verano. Y digo verano y no primavera porque en Madrid no contamos con tal cosa. Pasamos de tener 10 grados un día a tener 35 el siguiente sin pasar por esos días de transición llamados primavera. Tenemos abrigos y vestidos playeros pero no chorraditas de esas que se llaman ropa de entretiempo. El problema que tenemos es que un día amanece con 30 grados después de haber tenido el día anterior 20 menos y nos ponemos chulos. Guardamos la ropa de invierno y sacamos la de verano. Metemos en el baúl de los recuerdos las botas y rescatamos las sandalias. Aahhh!! (suspiro) Las sandalias… No conozco mayor tortura que empezar a usar sandalias después de haber llevado durante varios meses calzado cómodo y calcetines gordos. Los bolsos se llenan de tiritas, igual que los pies, para evitar (o en el peor de los casos, curar) rozaduras.

Los primeros días de verano, al menos para la mayoría de las chicas, se convierte en un suplicio puesto que cada sandalia o zapato que se utiliza provoca una herida diferente a la que provoca el que usaste el día anterior, lo que causa que nunca se puede repetir el mismo calzado dos días seguidos y tengamos que recurrir a las socorridas deportivas que ya conocemos y que sabemos que no nos hará nuevas heridas... Después de usar deportivas unos días se nos olvida por lo que hemos pasado y volvemos a probar suerte con las sandalias.

Sí, ¡qué bien! ¡ya es verano! y sí, ¡ya he sacado mis sandalias!
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martes, 28 de abril de 2009

lunes, 13 de abril de 2009

Próxima estación... Pensamiento

Estoy dentro de la estación de tren de Vallecas y veo a un chico ciego de unos veinte años chocando un bastón contra un cristal. Obviamente no era un acto de vandalismo, sino que estaba completamente desubicado intentando buscar una salida. Me acerco a él para preguntarle a dónde quiere ir (de la posición que tiene sólo se puede interpretar que acaba de salir del tren y que quiere salir a la calle o entrar en el metro). Sin embargo no puedo evitar sorprenderme cuando me dice que lo que quiere es entrar en la renfe. No sé cuánto tiempo habrá pasado el muchacho allí ni cómo habrá llegado hasta allí, pero sinceramente se ha ganado mi compasión con la triste sonrisa que me ha dedicado al decirme que quería entrar en la renfe cuando estaba completamente dándole la espalda a la entrada.

No creo que a los ciegos les guste que la gente les compadezca, pero es algo que no puedo evitar. Más cuando veo que no se pueden apañar del todo bien. Este chico además tiene algo a parte de la ceguera que le hace parecer más indefenso todavía. Realmente no sé qué es lo que me hace pensar eso, pero es lo que pienso.

No recuerdo cómo va vestido. De hecho creo que no me fijo. Pero lo que sí me llama la atención es que lleva varios piercings negros en la cara. No le quedan mal. También lleva el pelo largo. Le llevo del brazo hasta que introduce el ticket del abono en el torno y sale disparado hacia las escaleras. <<Por fin se ha ubicado>> pienso mientras le miro desde atrás, pero acto seguido salgo corriendo detrás suyo para intentar evitar que se suba en las escaleras mecánicas en dirección contraria. Una chica llega antes que yo y le guía hasta que entra en el tren con dirección a Guadalajara.

Unos minutos después subo en mi tren que va en dirección contraria al del chico ciego. Abro mi libro y empiezo a leer por donde lo había dejado ayer por la noche. Dos chicos extranjeros que están sentados a mi izquierda (yo voy de pie en la puerta) me distraen del libro cuando uno le pide al otro que le traduzca su horóscopo. Vuelvo a mi libro hasta que llego a Recoletos que me bajo del tren y empiezo a seguir a la marabunta hasta la calle. Mientras subo las escaleras (¿o es cuando bajo del tren?) me acuerdo del chico ciego. Me recuerda a un amigo que tengo/tenía hace tiempo. No sé si será por los piercings o por qué. Me acuerdo como otras muchas veces de él, y vuelvo a preguntarme por qué ya no somos amigos. Después de muchos muchos meses echo de menos su risa y su sonrisa. Muchas veces he pensado en él. En lo que le diría si le tuviera delante. En cómo reaccionaría yo. Y en cómo reaccionaría él. Ahora de pronto sólo veo la triste sonrisa del chico ciego que me recuerda a la alegre sonrisa de mi amigo, y la echo de menos. Sigo andando como todos los días hasta que llego a la calle y después hasta que llego a mi oficina.

Ojala vuelva a encontrarme con el chico ciego mañana. Y ojala vuelva a sonreirme.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Peregrino vs turista

En uno de los albergues del Camino de Santiago, concretamente en el de Belorado, me encontré con este cartel.


Seguramente el mensaje tenga mucho sentido para alguien que ha realizado alguna peregrinación y muy poco o ninguno para los que no la han realizado, pero lo cierto es que no pude estar más de acuerdo con el mensaje cuando lo leí en la "recepción" del albergue.

Posiblemente una de las peores noches que he pasado en mi vida fue en Santo Domingo de la Calzada cuando llegamos demasiado tarde al abergue y ya no quedaban ni albergues, ni hostales, ni pensiones, ni nada que se le pareciera. Ni siquiera nos ofrecieron unos colchones en el suelo dentro del albergue (juro que habría dado cualquier cosa por algo así) Al final dos de mis amigos y yo acabamos en la casa de una señora que se aprovecha de la gente que, como nosotros esa noche, se queda tirada sin un techo bajo el que cobijarse. Nos cobró un pastón para lo que nos ofrecía, pero sin embargo no tuvimos reparos en pagarle lo que nos pedía por dormir a cubierto. Que luego la noche fuera una mierda supongo que no fue culpa de la señora (rara donde las haya, por cierto), pero el caso es que cogimos lo único que nos ofrecieron; así que, después de pensar que íbamos a dormir en la calle, nos pareció una maravilla cuando lo aceptamos.

Hace dos semanas estaba de vacaciones en París. La primera noche que dormimos en el apartamento que habíamos cogido me acordé del cartel de Belorado <<Tengo que escribir un post con esa foto>> -pensé.

Decir que las camas no eran cómodas es ser demasiado amable. Las camas, una sobre todo, eran una auténtica mierda (y que perdonen las mierdas). De hecho, tuvimos que turnarnos para dormir en ella todos los que íbamos para que dos no llegasen a Madrid con el cuello torcido como el burro de Shrek al final de la primera película.
Sin embargo no pude evitar pensar que si durante el Camino de Santiago me hubieran ofrecido esa cama para dormir una noche no le habría encontrado ningún problema. ¿A qué se debe esto? y sobre todo...¿A qué viene todo esto que estoy contando? Supongo que es simplemente porque cuando estás caminando vas predispuesto a dormir mal. De hecho, sabes que vas a dormir mal casi todos los días; sin embargo cuando alquilas un apartamento en París lo último que esperas es encontrarte una cama como la que nos encontramos la primera noche. De verdad que nos pareció una broma de mal gusto cuando la vimos.
También el dinero influye, por supuesto. No tiene nada que ver el dinero que gastas cuando vas de peregrino y el que gastas cuando vas de turista. Y como se supone que cuanto más caro, más cómodo, pues jode saber que has pagado por una mierda.

viernes, 30 de enero de 2009

Pensamientos de todo a 1 €

Uf, mírales. Van como borregos a por la “súper” oferta del euro. No sé como se pueden meter en ese barullo. Menos mal que yo voy a tiro hecho. –Eso fue lo primero que pensé ayer por la tarde nada más entrar en Alcampo y me encontré a un montón de gente revolviendo sin orden ni concierto unas cajas enormes de cartón con un montón de cosas dentro, todas a 1 €.
Ahora cuando llegue a casa tengo que meterme en la ducha y… mmm ¡mira!, mira qué taza más chula para mi hermana… Bueno, tengo que ducharme y preparar la… joder si la tienen en dos colores. Una para mi hermana y otra para mi cuñado que como tienen la casa vacía les va a venir muy bien…A ver esta no que está picada, esta no que tiene… (a ver señora, quítese de en medio que estaba yo primero ) Vale, esta verde me sirve. Ahora voy a elegir la azul… Uf y date prisa Fani, que se está haciendo tarde y tienes que hacer muchas cosas. ¡Ya está! Coge las dos tazas y sal de aquí a buscar las medias –es a lo que iba a comprar a tiro hecho- ¡Por Dios que calor hace aquí! Bueno, espera porque a lo mejor aquí hay medias por un euro, que total para ponérmelas un par de días me da igual cómo sean… Voy a coger una cesta para meter todo esto –voy a coger la cesta para meter todo eso y vuelvo al batiburrillo de cajas de cartón- ¡Perfecto! Aquí están las medias… Bah, pero estas no me sirven. Verdes y de rejilla…mmm no lo veo claro. ¡Anda! Si las hay de rejilla de color carne… pues pueden quedar curiosas. Total por 1 €. Bueno, ahora sí me voy a por las otras medias que tengo que ducharme y preparar la… No, ¿ara que voy a llevarme más plantas al curro? que luego se mueren y que disgusto. Aunque por 1 €… No, venga deja de mirar las plantas y sal de aquí. ¡Por Dios Fani! Has terminado peor que esta gente. (Uy que agobio, señor quítese y no me empuje que yo quiero salir de aquí… Y señora por favor, no cruce el carro en el pasillo que no podemos salir) Ay qué calor… Yo me piro.

Una vez que conseguí salir de esa especie de secta que es la FERIA DE TODO A 1 € fui directa a la sección de moda para coger las medias que iba buscando y marcharme a toda prisa. Entré un momento a la sección de las plantas pero enseguida descarté la idea y volví a salir. En la entrada del pasillo una señora se paró a preguntar algo a un trabajador del supermercado y bloqueó la salida al cruzar su carro. Justo cuando logré mover el carro y pasar por su lado escuché que el trabajador le decía a la señora: “Sinceramente señora, no tengo ni idea” La cara de la señora era todo un poema porque llevaba un buen rato contándole su vida a aquel hombre y éste resultó que no era de la sección que ella quería. Total que bloqueó el pasillo durante un rato para no sacar nada en claro y además para que se rieran en su cara –porque el tipo se echó a reír cuando le dijo que no era de esa sección. A mí me hizo gracia también, pero ya estaba lejos de la señora como para que viera que eran dos personas las que se estaban riendo de ella.

Más de una hora después de haber entrado en Alcampo estaba debajo del agua pensando en cómo me había dejado embaucar por la estrategia de venta, y pensando en la ilusión que les iba a hacer a mi hermana y a mi cuñado dos tazas nuevas en su colección.

miércoles, 28 de enero de 2009

Farolillo

Sé que a veces puedo tener bastante peligro con una cámara en la mano, ya sea de fotos o de vídeo. Por lo general suele ser mi cámara de fotos la que me acompaña a los viajes y la que aguanta foto tras foto hasta que consigo captar la imagen que quiero. Y para conseguir eso puede que pase mucho tiempo.

Hace no mucho me dio por hacer fotos a ventanas y puertas, de estilo rural sobretodo. Y en mi viaje a Córdoba también por las lámparas que encontré por la calle, museos y visitas que realicé. Esta es la foto que menos tardé en conseguir. De hecho creo que fue algo así como: Vini, vidi, vinci. Vamos, que llegué hice la foto y me marché -y si no fue así, hice muchos menos intentos que en otras ocasiones-, lo que sí sé es que tardé mucho menos tiempo que otras veces en hacer la foto que yo quería.

Y la verdad es que no salió mal del todo.


domingo, 25 de enero de 2009

Kung Fu Panda

El ayer es historia, el mañana es un misterio

sin embargo, el hoy es un regalo. Por eso se le llama

"presente"

domingo, 18 de enero de 2009

Adiós pingüino

Y es que hace unos días nos liamos la manta a la cabeza y compramos dos calefactores que nos están dando la vida a mis compañeros de curro y a mí...
... Con lo fácil que era y lo que nos ha costado decidirnos.

lunes, 12 de enero de 2009

Un pingüino en mi oficina

Llevamos varios meses de frío y todos los lunes notamos las consecuencias de tener una calefacción central que se apaga todos los fines de semana (por eso de no hacer mucho gasto) Lo de estos días sin embargo, se aleja de todo eso. Lo de estos días, directamente, no tiene nombre. Trabajamos con varias capas de ropa encima, con guantes sin dedos que nos facilita un poco la labor de presionar las teclas del teclado y de vez en cuando nos paseamos hasta la calefacción para templar las extremidades que se han quedado entumecidas por el frío.

Puede que os parezca exagerado esto que os digo, pero es la pura verdad. Sí, ya lo sé; cualquier persona que me conozca un poco dirá que el hecho de que yo tenga frío no es una novedad, pero sí que lo es que cinco personas coincidan conmigo, entre ellas tres chicos.

En verdad no hay ningún pingüino trabajando conmigo -obviamente-, pero sí es cierto que con la temperatura que tenemos aquí dentro podrían sentirse como en casa. Por lo pronto voy a proponer que un pingüino sea nuestra mascota.

lunes, 5 de enero de 2009

Esto es moda

Después de todo ¿qué es la moda? Desde el punto de

vista artístico una forma de fealdad tan

intolerable
que nos vemos obligados a cambiarla cada

seis meses.