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martes, 28 de febrero de 2012

Barcelona

Hay veces, ya lo sabéis, que me gusta perderme por cualquier sitio yo sola. Pasear sin seguir un itinerario y sin programar las paradas.

Hace ya unos meses pude disfrutar de una de esas tardes en Barcelona. Mi última reunión fue sobre las 18:00 de la tarde y cuando salí, a parte de disfrutar de una puesta de sol espectacular desde un piso 20 enfrente del mar, pude disfrutar de un agradable paseo por las calles de Barcelona. ¿Qué calles? Ni idea, ya os digo que me gusta perderme por cualquier sitio. No sabía qué visitar o hacia qué lado tirar así que me dejé asesorar por la chica a la que había ido a ver y acabé en una zona que, si bien es cierto que ya conocía de una vez anterior, me sorprendió por la tranquilidad que emanaba a pesar de estar llena de gente. No sé cómo explicarlo, pero baste decir que me gustó.

Hice algunas fotos que quiero enseñaros, pero antes quiero que me prometáis que no las agrandaréis porque entonces se perderá la esencia. Ya sabéis que rara vez llevo cámara encima y el móvil saca las fotos que saca...

Santa María del Mar







jueves, 16 de febrero de 2012

No, no, yo estoy bebiendo Coca Cola...

Ahora mismo estoy escribiendo esto sentada en la cama de un hotel en Valencia pero no lo podré publicar en el momento porque una hora de conexión WI FI en la habitación me cuesta casi tanto como la cena y no estoy por la labor como comprenderéis, así que esto lo publicaré cuando baje a desayunar mañana por la mañana, o sea, hoy.

Este medio día mientras comía sola en un restaurante me he fijado en que en la mesa de al lado a la mía había un hombre y una mujer que por lo que estaban hablando parecía él el jefe de ella. Él no hacía más que hablar y hablar y ella ni siquiera contestaba con monosílabos. Parecía bastante aburrida mientras el hombre, encantado de haberse conocido, seguía hablando y hablando. No sé de qué hablaban pero me ha dado la sensación de que era bastante prepotente. El caso es que en mitad de la comida han pedido que les rellenasen la bebida. Estábamos en el Foster y el acuerdo que tienen en esta cadena es con Pepsi, no con Coca Cola, pues bien el hombre ha pedido otra Coca Cola.
-Otra Pepsi, ahora mismo se la traigo. –Ha dicho la camarera mientras se alejaba de la mesa.
-No, no. –Ha contestado el hombre amablemente. –Yo estoy tomando Coca Cola. No Pepsi.
La camarera cuando ha escuchado esto se ha vuelto a acercar y le ha explicado que ellos no sirven nada más que Pepsi. El hombre ha dicho que no había problema. Que estaba bien. Otra Pepsi entonces. El hombre ha mirado el vaso en el que quedaba nada más que un poco de refresco y mirando a la chica divertido le ha dicho:
-Me lo estaba tomando como si fuera Coca Cola.

No es la primera vez que me encuentro en una situación así. De hecho yo siempre pido Coca Cola Zero, pero dudo que me diera cuenta si me pusieran una diferente o incluso otra marca.

Hay gente que presume de que a ellos no se la cuelan, pero creo que el sabor nos lo da la marca, es decir yo te puedo estar dando Pepsi que si te digo que es Coca Cola te va a saber a Coca Cola. Es curioso como cada uno saborea lo que quiere saborear, igual que el jarabe de Mary Poppins era de un color y de un sabor diferente para cada uno de los personajes. Bueno, vale, quizás no sea bueno el ejemplo, pero me ha venido a la cabeza hablando del tema sabores y lo tenía que poner...

Y vosotros, ¿qué preferís, Coca Cola o Pepsi? ¿Notáis la diferencia entre una y otra marca? ¿Y entre los distintos productos de una misma marca?

jueves, 9 de febrero de 2012

¿Os lo habéis preguntado alguna vez?

Soy incapaz de preguntarme qué sentiría si no tuviera trabajo para ganar dinero ni dinero para pagar mis deudas. Lo que sentiría al verme desahuciada o no poder dar de comer a mis hijos. Vale, son cosas muy hipotéticas, lo sé, pero si yo ahora mismo tuviera una familia, una hipoteca, un coche que mantener y terminar de pagar, y además no encontrara trabajo sé que podría confiar en la ayuda de mi familia. No me imagino lo que tiene que ser no tener a nadie que puedas y quiera ayudarte. Tener que meterte en un tren a pedir a la gente que va dentro unas monedas o un poco de comida para los que tienes en casa. ¿Os lo habéis preguntado alguna vez? ¿Con qué cara os presentaríais en un vagón de metro o tren? ¿En qué momento empezarías a gritar a los cuatro vientos que estás sin blanca y que necesitas de la caridad de otras personas para sobrevivir? ¿Y con qué palabras? Muy duro, desde luego.

El otro día iba en el cercanías de camino a casa de Iker (ha dejado de ser la casa de mi hermana o de mi cuñado, ahora es la casa del niño) cuando entró una chica pidiendo que debía rondar los 40 años. Pero no pidió dinero directamente (aunque si se lo dabas no quitaba la mano); pedía algo de comida que poder llevar a su casa y ropa. Se ofrecía a coger el número de teléfono de quién fuera que tuviera ropa vieja en casa para poder ir a recogerla en otro momento. Lo que fuese de su talla y le hiciera falta se lo quedaría para ella y su familia; lo demás lo vendería para intentar sacar dinero sin necesidad de pedir. Para comer pidió incluso lo que nos hubiera podido sobrar de la comida. Me pareció tan triste llegar a algo así. Pero ¿qué iba a hacer si realmente no tiene qué comer?

No fue lo que pidió sino cómo lo pidió lo que nos hizo saltar el chip a muchos. Habló con una seguridad y una amabilidad fuera de lo común. No quería dar pena, no quería remover los sentimientos de las personas que estábamos allí dentro. Quería ayuda. Ser autosuficiente. Yo no llevaba mucho dinero encima, le di unas monedas sólo, pero cuando llegó a mi lado llevaba comida y latas de bebida en la mano. Y monedas en el puño casi cerrado para que no se le escaparan. Y no penséis que se hizo de oro, no, la mayoría eran monedas pequeñas.

Ha pasado casi una semana desde que la viera y aún me sigo preguntando qué haría yo en su lugar. De verdad que no soy capaz de ponerme en su piel.

Ahora me arrepiento de no haberle dado mi teléfono o haber cogido el suyo porque seguro (seguro, seguro) que en mi casa tengo ropa que no uso. Demasiada diría yo. Le habría sido de más utilidad a ella.