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jueves, 24 de enero de 2013

Croacia - Día 6

23 de agosto de 2012

Después de los preparativos varios y de dejar el coche cargado volvemos a la misma zona de ayer para ver si podemos aún contratar una excursión para ver alguna isla. Miramos en una agencia de viajes donde nos dicen que tendríamos que haber llegado antes. A lo largo del puerto hay varios puestos en los que te ofrecen excursiones privadas pero no terminan de convencernos. Parece que la decisión de quedarnos en Zadar no ha sido del todo buena y nos planteamos si ir a otro sitio y avanzar hacia nuestro próximo destino. No tenemos mucha idea de qué hacer y después de ir de un puesto a otro nos encontramos con Diana, una chica de las que ofrecen “cruceros” privados. Habla español y cuando nos ve allí nos pregunta: “¿Qué hacéis en Croacia siendo españoles? ¡Con las playas tan bonitas que tenéis allí vosotros!” A nosotros se nos queda cara de tontos, claro, pero después del shock inicial volvemos a los negocios. Después de pensarlo un poco le decimos que sí, que nos parece bien hacerlo con ella. Nos ha explicado que iríamos en un barquito pequeño con aforo para doce personas con un capitán y que éste nos llevaría a dónde quisiéramos ir. Dice que nos puede llevar a una playa de arena y que podemos hacer snorkel para ver los pececillos. Pinta bien aunque a Ana de primeras no le hace mucha gracia…

Debajo de la sombrilla está Diana negociando con otros guiris.
En la cara de Ana se puede observar muy bien lo convencida que va.

Volvemos al coche a por las cosas (mochilas, bañadores, comida) y de camino paramos a comprar pan. También tenemos que hacer pis porque en el barco en el que vamos a ir no hay baño pero en el bar que entramos nos miran fatal. Al final entramos todas al baño y compartimos una rica botellita de 33cl de agua entre las tres porque el baño es sólo para clientes.

Cuando vemos al capitán y vemos el barco dudamos si hemos hecho bien, pero como ya hemos pagado no nos podemos echar para atrás. De primeras hemos cogido cuatro horas, pero si queremos más podemos pagárselas al capitán después.

Nos ponemos en marcha. Nos sentamos como podemos en el “espacioso” barco con aforo para 12 personas (imagino que lo contaron con 12 hobbits dentro) y hablamos de algunas cosas con el capi. Es un tío simpático. Muy delgado pero fibroso y viste un turbito verde militar que nos provoca algún que otro comentario y posterior ataque de risa. Hay veces que es mejor evitar mirar a la gente que está contigo y cuando vemos su bañador, sin duda, sabemos que ésta es una de esas veces. Ana iba convencida de no bañarse, pero cuando llegamos a la primera parada, entre unas rocas y justo al lado de una orilla se lo piensa de otra manera y al final baja. El capi nos ha dejado unas gafas de bucear a cada uno y un tubo por si queremos probar eso de respirar bajo el agua. Nunca había hecho snorkel así que lo poquito que veo aquí me vale. Son unas roquitas con algunos pececillos de colores dando vueltas por ahí. Si nadas un poco mas adentro dejas de hacer pie y también pierdes cualquier visión. Lo único que se percibe es la inmensidad azul, pero nada más. Un pez perdido puede pasar por delante de ti pero poco más. Lo más bonito está entre las rocas. Cris ve una concha de nácar muy brillante entre las rocas y se encapricha de ella y yo, que soy muy chulita en el agua, le digo que puedo cogerla. Y la cojo, pero me hago una herida en la palma de la mano porque necesito ayuda de las rocas para sujetarme y tirar de mí hacia el fondo. Supongo que desde arriba mis pies darán toda la sensación de ser los pies de alguien que se está ahogando con tanto pataleo, pero bueno, lo importante es que al final consigo coger la concha. Eso sí, le digo que como en algún momento se le ocurra perderla me la cargo. ¡Hombre! ¡Con lo que me ha costado cogerla!

Primera parada. Los cinco con nuestro barco para 12 personas

Para ir a la siguiente islita (a una playa de arena) hay que volver a subir al barco pero el capi nos dice que ha soltado unas cuerdas y que si alguien quiere ir agarrado a la cuerda que puede hacerlo para ir viendo el fondo. Ana sube al barco y los demás nos quedamos para probar. A Javi y a mí nos apetece ir rápido pero Santi y Cris quieren ir más despacio así que son ellos los que marcan el ritmo. Nos dice que agarremos la cuerda y nos pongamos todo lo estirados que podamos para poder navegar mejor. Cris y yo vamos en una cuerda y Javi y Santi en la otra. Javi y yo al lado uno del otro los primeros delante del barquito y Santi y Cris detrás nuestro.

Javi a la derecha de la imagen y yo a la izquierda. Detrás Santi y Cris. ¡En marcha!

El barco se mueve parece ser que muy despacio, pero a mí me parece que va bastante rápido porque el fondo se ve difuminado. De hecho en cuanto nos retiramos un poco de las rocas y salimos a “mar abierto” el fondo está tan lejos que es difícil verlo. Para mí es todo gris. Yo voy todo lo estirada que puedo junto a la cuerda mirando hacia abajo. Cuando necesito respirar saco la cabeza y con la boca muy abierta cojo aire. Me cuesta más de un trago de agua salá darme cuenta de que las olas hacen más difícil la labor de respirar en una situación así. La velocidad de la barca y el cansancio de las manos por sujetar la cuerda hacen que de vez en cuando me resbale y pierda posiciones en la cuerda. En otras palabras, cada vez estoy más cerca de Cris. De vez en cuando, cuando saco la cabeza para respirar, oigo los comentarios de Cristina diciendo: ¡¿Qué quiere ir más rápido!? ¡Claro, para que directamente me arranque el brazo! y cosas así. Ya os digo, si en una situación así hay algo peligroso es que te entre la risa y no puedas parar de reírte. Como consecuencia trago más agua salada de la que normalmente bebo dulce, pero bueno, el buen rato lo compensa. Después de un rato de esta guisa, tragando agua y sujetando la cuerda con fuerza, Santi pide subir a bordo porque empieza a tener frío. Decidimos que vamos a subir todos pero el capi nos dice a Javi y a mí que si queremos ahora podemos ir más rápido y los dos decimos que sí. Que claro, que ¿por qué no? Nos agarramos con fuerza y pone en marcha el motor. Yo voy en bikini y lo primero que noto es que la braga se va hacia abajo por culpa de la fuerza del agua con lo cual tengo que soltar una de las manos para sujetar la braga en su sitio y que no se me vea el culo desde el barco. Con la otra sujeto la cuerda, ya no con fuerza, sino con furia, porque de la velocidad se me va resbalando mucho más rápido. De vez en cuando suelto la mano del bikini para agarrar la cuerda de nuevo y retomar fuerza, pero no puedo dejar el bikini desatendido mucho tiempo. Las olas ahora son más grandes con lo cual el esfuerzo para sacar la cabeza del agua y coger aire es mayor, pero como sigue siendo un paso fundamental e imprescindible para mantener la vida tengo que hacerlo. El esfuerzo, digo. El fondo marino seguro que es precioso pero ya hace un rato que no le presto atención. No sé si me creeréis si os digo que la situación me está empezando a estresar. Cada vez pierdo más cuerda así que decido que es hora de poner fin a este entretenimiento del demonio y saco la cabeza con brío para decir que quiero parar y subir al barco, pero cuando lo consigo veo que están los cuatro hablando en corro y sin prestar atención a lo que pasa en el agua. Miro hacia la izquierda y me encuentro con Javi, surcando las olas cual delfín en plena hora de juegos. Sigo perdiendo la fuerza en la mano que sujeta la cuerda y trato con más desesperación que nunca sacar la cabeza para que me vean hacer gestos. De pronto ¡pánico! noto el cabo de la cuerda. Acaba en un nudo y no sé si conseguiré sujetarlo mucho rato. Creo que la braga ya ni la sujeto y sujeto la bola que es el nudo final, con la uñas, como si la vida me fuera en ello, cosa que, por cierto, ahora mismo tampoco descarto. Si no me ven de aquí a unos segundos me quedaré tirada en mitad del mar.

Por fin consigo que paren y cuando paro y por fin suelto la cuerda me coloco la braga del bikini. El sujetador se ha abierto tipo cortina con lo cual la tela lo único que tapa son mis axilas. Vaya cuadro.

 ¡¡Sí, sí, vamos a ir más rápido capi!! 

Vaya idea…

Vista desde el barco. Abandonando la primera isla

La mano que tiene la herida llega sangrando (nada exagerado) Hacer fuerza para sujetar la cuerda no le ha venido muy bien. Cuando consigo subir a bordo Ana me dice que el capi ha dicho que lo he hecho muy bien. Que tenía estilo. Mira tú, no sabía que hiciera falta estilo para morir ahogada.

Por fin llegamos a la playa de arena, aunque realmente no llegamos a la orilla. Hay algún que otro barco por ahí perdido, pero para nada nos molestamos unos a otros. El agua está fresquita y es muy muy muy transparente. Nos llega por la cintura y efectivamente el fondo es arena finita, nada de piedras. Una maravilla. Vamos, como cualquier playa española pero con aguas más claras. Es casi como una piscina. No hay olas. Estamos un rato más en remojo y después subimos al barco a comer. El capi lleva su propia comida pero nosotros le ofrecemos de la nuestra. Pan y embutido, no diréis que no es generoso de nuestra parte darle embutido.

¡Hora de comer!

A la vuelta nos lleva a ver los trozos de un barco hundido hace años. Está bastante profundo y se ve muy oscuro, pero eso no quita para que impresione mucho. ¡Pensar que dentro de ese barco iba gente! Subimos de nuevo y nos sentamos en la parte delantera del barco todos. Nos apiñamos como podemos para que nos dé el solete y de paso fardar un poco a la entrada del puerto. No es mucho nuestro estilo hacer estas cosas, y fardar con un barquito pesquero a lo mejor no es lo más chic, pero oye, que nosotros estamos contentos con lo que tenemos. Bordeamos la primera islita en la que hemos parado y cogemos rumbo al puerto comiendo chocolate que nos da el capitán. Al final nos hemos quedado un poco más de tiempo de lo que habíamos acordado con Diana, pero no porque lo hayamos pedido sino porque así lo ha decidido el capi. Durante un rato le decimos que queremos volver pero nos da una vuelta más larga para volver al puerto. Nos preguntamos si tendremos que darle el dinero extra.

Santi: "No nos merecemos menos"

Una vez en el puerto el capi nos ayuda a bajar y nosotros estamos dubitativos con el tema del pago extra. Deberíamos pagarle 200kn, que tiene que compartir con Diana, pero no nos parece del todo justo; primero que lo comparta con Diana porque el que ha hecho el trabajo ha sido él, no ella, y segundo porque nosotros no le hemos pedido que nos diera una vuelta más larga. Nos despedimos de él sin saber qué hacer. El capi se queda limpiando y recogiendo el barquito y en ningún momento nos pide dinero. De hecho se despide con una sonrisa de nosotros. Nosotros nos sentimos mal por irnos sin pagar así que volvemos para darle las 200kn acordadas. Él dice que no le demos más que ya hemos pagado antes. Después de un par de frases más de negociación  coge 100kn. Las otras 100kn vuelven a nuestro bote y nuestras conciencias se quedan mucho más tranquilas.

Damos una mini vuelta por Zadar y aprovechamos para hacer la compra antes de coger el coche y poner rumbo a nuestro nuevo destino, Slunj. El camino es largo y lo hacemos casi todo de noche. La verdad es que está casi todo el tiempo más oscuro que boca de lobo.

Llegamos a la casa, que no está mal del todo aunque no hay una sala de estar o comedor. Eso sí, hay un cenador al aire libre, donde también está la cocina (cocinar ahí con dos grados debe ser también muy interesante) Así podemos cocinar y cenar en amor y compañía junto con los mosquitos y las arañas.

Nos duchamos y nos damos cuenta de que la ducha está rota. Se sale el agua por abajo así que tenemos que ir a decírselo a la señora de la casa que es muy maja, sin ironías. Mientras los demás se terminan de duchar voy bajando al cenador para preparar nuestra elaborada cena: macarrones con tomate, Javi está también conmigo y nos damos cuenta de que ahora necesitamos a la señora también para que nos explique cómo funciona la cocina. Parece un plato sencillo pero nos lleva un buen rato terminarlo (o ¿más bien empezarlo?) De paso Ana le pide algo para los mosquitos pero nos dice que no tiene.

Nuestra mesa lista para cenar

Hoy estamos cansados. Muy cansados, de hecho, así que después de cenar charlamos un ratillo y nos vamos a dormir pronto. Esta vez tenemos un apartamento con una cama de matrimonio y una habitación con tres camas individuales al lado. En la habitación de las tres camas hay una pequeña nevera donde guardamos todas nuestras cosas. Cuando me meto en la cama para dormir y apagamos todas las luces nos damos cuenta de que el motor de la nevera hace un ruido que ya quisieran para sí muchos grupos de música rock. Después de unos minutos así no lo soporto más. Cojo todo lo que hay en la nevera y la desenchufo. Cojo algo para "abrigarme" un poco y bajo al cenador con todo. Allí hay una  nevera grande a compartir con otros huéspedes.

Al fondo a la derecha la gran nevera

Antes de subir me distraigo mirando las estrellas. Un espectáculo digno de verse, de verdad. Estamos en el campo, sin luces cerca, sin ciudades cerca y las estrellas se ven perfectamente. No me importaría dormir con un techo de estrellas... si no hiciera tanto fresco fuera.

Fotos: Santi

lunes, 21 de enero de 2013

Croacia - Día 5

22 de agosto de 2012

La cama definitivamente es incómoda. Estoy despierta desde las 6:45 de la madrugá y ya no hay forma de volver a dormir. Realizamos el ritual de las mañanas: desayuno, maletas, duchas… En resumen, prepararnos para salir y cambiar el destino. Hoy vamos a visitar el Parque Nacional de Krka y me toca llevar el coche a mí. Estamos a punto de llegar sin contratiempos pero me salto la salida del parque así que, tras un momento de histeria colectiva porque he parado el coche donde no debía (aunque lo he hecho con total seguridad porque no hay coches por ningún lado, entiendo el histerismo), tenemos que buscar un sitio para dar la vuelta.

Una vez en el parking cogemos las cosas para pasar el día en la naturaleza, no sin antes pasar por el baño Cristina y yo previo pago de 5 kunas. Pagamos las entradas y entramos al recinto donde hay que coger un autobús que te lleva al comienzo de la excursión y donde hay baños gratuitos (plus de pardillas para Cris y para mí, ¿qué le vamos a hacer?) Lo que se ve del parque desde el autobús es bonito, parece que esta visita va a merecer la pena…

Vista desde el bus

Comenzamos la excursión con una visita al baño para ponernos el bañador para que nos vaya dando el solete mientras caminamos y para poder bañarnos cuando lleguemos a las cascadas. Así pues, ataviados cual domingueros, empezamos a andar por el camino de tablas de madera (ojo no salgas de la ruta marcada no sea que dejes de parecer ganado…) junto con un montón de turistas más. Turistas, turistas, turistas. Turistas por todos lados. ¡Deberían prohibirles la entrada al parque! ¡Ay no! Que yo soy turista también…

La cascada vista desde arriba (nótese que el puente está llenito de turistas)

Pues eso, que andamos al paso que nos marca el resto de gente y hacemos las fotos cuando conseguimos camuflar a los turistas detrás de nuestro grupo. Un poco decepcionante, la verdad, y agobiante. El paisaje es muy bonito, pero pierde todo el encanto con tanta gente. Seguimos andando hasta que por fin llegamos a la zona de baño...

-¿Qué…

-Bueno, esto…

-Había imaginado que…

-Pues…

Estado de shock momentáneo.

Cuando nos vamos recuperando del shock (muy poco a poco) vemos que hay más gente que en la guerra y que lejos de ver la explanada idílica de verde césped y sombras refrescantes, el lugar para poner las toallas viene siendo algo así como paja seca y barro seco que se clava por todos lados cuando te sientas encima. Además las sombras libres están lejos de la entrada al agua. Vamos, para que os hagáis una idea de lo que estamos viendo en estos momentos es como ir al parque sindical un domingo de 1990 a las 12:30 de la mañana en un verano de sequía. Sí, justo es eso, una versión gigante del parque sindical en sus mejores días. 

No, no es la Gran Vía madrileña. Es la explanada llena de domingueros tipo "parque sindical"

Y como sabemos cómo funciona el parque sindical en los días de aforo completo decidimos hacer turnos para bañarnos. Primero vamos las chicas. Yo entro desde donde están nuestras cosas entre unos juncos y unas piedras. Llevo gafas de bucear, pero si alguien piensa que voy a meter la cabeza en el agua es que está muy equivocado. No hago más que dar dos pasos y ya no toco el fondo. Tampoco veo mis pies. Nado a lo perrito hasta las piedras por donde entran Ana y Cris. Las gafas están donde al principio: colgando del codo. Si digo que cuando llego a las piedras noto cierto alivio estaría mintiendo porque ¡horror! está suave de los líquenes y me da un asco espantoso. No soy una persona asquerosa, pero es tocar esas piedras y… vamos, que prefiero meter la cabeza en el agua. Ana me insta a recuperar la calma porque dice que estoy en estado de shock y es verdad. Estoy bloqueada. No sé para qué lado tirar porque por todos lados hay rocas. Entre las rocas hay sólo agua y casi siempre es más profundo que nuestra altura. Ana no quiere separarse de las rocas y yo no quiero tocarlas. ¡Vaya cuadro! No sé calcular el tiempo que pasamos saltando de roca en roca, resbalones incluidos, claro. Eso sí, reírnos, nos reímos un rato. Poco a poco dejo de sentir asco al tocar las algas y Ana se suelta de vez en cuando para nadar de roca a roca. Si por el camino pierde una hermana ahogada no pasa nada, son daños colaterales. Javi nos saca alguna foto desde el puente y después retomamos el arte de andar por encima de las piedras hasta la orilla. El camino de vuelta por lo menos lo hacemos más rápido.

¡Lo que nos costó llegar!

Se meten los niños y a nosotras nos toca quedarnos en la toalla. Cris se queda haciendo guardia mientras Ana y yo vamos a hacer fotos a los chicos desde el puente. La verdad es que el sitio es muy bonito pero el hecho de que haya tanta gente le quita mucho encanto. Todo el encanto, de hecho.

Si parecen profesionales posando...

Después del chapuzón nos vamos a comer al restaurante que está al lado de la explanada donde comemos sorprendentemente bien y a buen precio. No todo iba a ser malo. Eso sí, nos toca comer intentando esquivar las avispas (que parece que aquí se alimentan de criptonita o algo así porque, madre mía, qué tamaño tienen) Cuando decidimos retomar el camino de tablas de madera para salir vemos un puesto de crepes de chocolate y claro, no podemos decir que no. Lo bueno, ya sabéis, se acaba rápido, menos para Cris que tarda un buen rato en comérselo y le da tantas vueltas que se pone perdida, ella y su pareo, de chocolate. No voy a decir que no nos hace gracia verla cabreada…

 
En esta foto no se aprecia mucho pero el pareo de Cris ya tiene manchas de chocolate, jeje La foto es terrible. Lo sé y lo siento.

Última foto en la cascada antes de marchar

Otra cascada...

Cuando llegamos arriba de nuevo vamos al baño y a la salida nos damos cuenta de que hemos perdido un elemento, más concretamente a Javi, al que por suerte poco después encontramos con cara “de susto”. En el camino en coche hasta Zadar, nuestro próximo destino, nos da un bajón general y Lakristy y Javi se quedan completamente fritos.

Llegamos al apartamento de Zadar que a primera vista no está mal aunque está lejos del centro. Nos recibe la chica del apartamento y una tropa de mosquitos armados que, por su tamaño y las manchas rojizas que dejan al espachurrarlos, se sabe que ya se han cobrado más de una víctima. Las chicas nos quedamos en casa mientras los chicos se van a hacer la compra de los clásicos básicos o, dicho de otra manera, el desayuno.

Para salir a cenar tenemos que coger el coche. Lo dejamos aparcado al lado del puerto y entramos paseando a la ciudad. Tiene también cierto encanto, pero nada que ver con otros sitios que hemos visto estos días. Paseamos durante un rato y al final nos decantamos por un restaurante TripAdvisor y aunque la comida está rica tenemos que decir que quizás las cantidades no son exageradas. Más concretamente la pasta, que podemos contar casi con los dedos una mano los que hay en cada plato de Cris y Ana. Seis en uno de los platos y siete en el otro. Todo un festín, vaya. El cabreo de Cris diciendo que todavía tiene hambre cuando termina es importante (y comprensible) aunque a los demás nos hace mucha gracia. No lo vamos a negar.

Pidieron un "taper" para las sobras

A la vuelta hemos preguntado por excursiones para el día siguiente pero no nos llaman mucho la atención. La cosa está en coger un ferry por la mañana con cientos de turistas más y esperar a que te dejen en el puerto por la tarde después de haber visitado alguna isla. Mañana lo pensaremos mejor porque hoy no nos convence.

Cuando nos vamos a dormir le digo a Cris que le quite el sonido al móvil porque le ha hecho una perdida a alguien y seguro que se la devuelven en algún momento. Según ella no se la van a devolver y no me hace caso así que cuando el móvil suena cuando ya estoy dormida me hace tanta gracia como si me hubieran dado una patada en la espinilla. Si es que se lo he dicho… Ya está, decidido, es la última vez que comparto habitación con Cris.

El aire acondicionado está en el salón nada más pero lo ponemos a todo trapo y conseguimos que llegue a las habitaciones. Obviamente no vamos a abrir las ventanas no sea que entre algún mosquito de estos. No conocemos qué es capaz de hacer esta raza en los seres humanos.

lunes, 14 de enero de 2013

Postales pasadas y postales futuras

No hace falta ser un lince para darse cuenta de que estos últimos meses el blog ha estado un poquito abandonado. El viaje a Croacia se me ha atragantado un poco y el hecho de no terminarlo hace que no quiera seguir escribiendo, pero es absurdo pensar así, así que seguiré escribiendo y cuando tenga tiempo y ganas haré la crónica del viaje. La terminaré seguro, lo prometo.

Hoy os traigo las nuevas postales de mi pared y, lo que es mejor, las próximas que traeré. Sí, sí, también las próximas.


En solo unos meses he llenado una fila de destinos nuevos. Croacia y Venecia que fueron los destinos de este verano. La postal de Croacia no es la más bonita pero ya no puedo hacer nada para cambiarla. Tendré que vivir el resto de mi vida con ella, ¡qué le vamos a hacer! La de Venecia sin embargo me encanta, me da tranquilidad (una tranquilidad que no sentí allí en ningún momento, todo sea dicho de paso, aunque eso ya lo contaré cuando llegue la crónica del viaje a Venecia)  La siguiente que he traído ha sido la de Londres, en blanco y negro y con un autobús rojo. Me gusta mucho también. La última la he pegado hace solo unos días y es de Segovia, en color sepia. He de decir que hacía mucho que no iba a Segovia y que me gustó mucho. No me acordaba de casi nada de la ciudad. Comimos cochinillo y sopa castellana y paseamos por las calles y plazas bajo un sol de invierno, mientras en Madrid la gente no veía nada de la niebla que había. ¡Genial!

Sin embargo no vengo a hablar sólo de los destinos pasados, sino también de los futuros. Cuando ves en las noticias que hay mucha gente saliendo a trabajar al extranjero no piensas que tú vayas a convertirte en otro número más para las estadísticas, pero ¡ay, amigos! eso no se puede asegurar nunca y yo el mes que viene cogeré un avión rumbo a Chile para pasar un año allí y convertirme en una española más que tiene que salir del país para poder trabajar. Allí hay trabajo y se pueden hacer cosas pero aquí… Aquí la cosa está muy complicada. Trabajo llevo porque me voy con mi empresa así que no tendré que buscarlo allí y empezar de cero, pero por lo demás todo será nuevo para mí: la independencia, la ciudad, los paisajes, la gente, las costumbres. Todo. Me da pena irme, pero también pienso que va a ser una experiencia enriquecedora tanto a nivel personal como profesional que no quiero, ni puedo, desaprovechar. Estaré sola, pero estoy segura de que conoceré gente allí, otros españoles que están como yo, expatriados y con ganas de hacer cosas y conocer gente. Creo que puede ser un gran año.

En cuanto al blog, creo que le va a venir bien este cambio en mi vida para renacer de sus cenizas. Tendré un montón de cosas nuevas para contaros y, en principio, también tiempo para contarlo.

Así que nada, en un año más o menos voy a tener que cambiar de sitio y conseguir una pared más grande porque la que tengo ahora se me va a quedar pequeña. Cada postal que tengo es un recuerdo distinto y pienso volver de Chile con la maleta de llena de postales.