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jueves, 24 de junio de 2010

Tormenta eléctrica

Mis buenos 10 minutos en la ventana me costó hacer estas fotos. La calidad no es la mejor, pero estamos con lo de siempre... es la cámara del móvil.

Son las 00:00... Feliz cumpleaños

Hace años, muchos años, conocí a un chico en un chat (¡madre mía dónde quedaron las horas perdidas dentro de los chats!!). Fue una conversación agradable fuera del "de dónde?" "edad?" "medidas?" "webcam?" "quedamos?" típico de los chats de antaño. Ahora no sé cómo irá la cosa, pero entonces era así. Es decir, dificilismo encontrar alguien con quien realmente pudieras hablar. Sin embargo alguna vez encontrabas a alguien interesante que te hacía quedarte más rato pegada a la pantalla.

Conocí a Alex un día y empezamos a hablar sobre Nueva York, sobre un sandwich que se quería hacer para cenar y sobre no sé que otras cosas. Estuvimos bastante rato hablando y al final nos intercambiamos las direcciones de messenger. Coincidimos varias veces y terminamos llevándonos bastante bien. Yo me fui un par de meses a Edimburgo y al poco de volver a Madrid él decidió que se iba a vivir a Dublin. El día antes de que se marchara decidimos quedar y conocernos. Dimos una vuelta y tomamos algo. Después mantuvimos el contacto, él desde Dublin y yo desde Madrid. Cuando venía de visita a casa me llamaba y quedábamos a tomar algo y a echarnos unas risas. Era una relación un tanto peculiar la que teníamos porque podíamos pasar meses sin hablarnos o sin escribirnos pero cuando volvíamos a encontrarnos era como si el tiempo no hubiera pasado... Bueno, al menos por mi parte. Sin embargo llegó un día que no me contestó los mensajes que le mandaba, ni me cogía el teléfono cuando le llamaba. Ya ha pasado tanto tiempo desde entonces que parece absurdo seguir dándole vueltas al asunto, pero es algo que no puedo evitar. Ni ahora, ni cada año cuando llegue el día 24 de junio, que es su cumpleaños, podré evitarlo. Me encantaba que llegasen nuestros cumpleaños... Él cumple años el 24 de junio; yo, el 25. Podía hacer meses que no hablábamos, pero el día 23 a las 00:00 siempre le llamaba para felicitarle. 24 horas después era él quien cogía el teléfono y me llamaba a mí y volvíamos a hablar durante un rato como si hiciera meses que no nos poníamos al día de nuestra vida.

Ahora cuando llega la fecha echo de menos esas dos llamadas. Puede que no fuéramos amigos íntimos, ni que nos viéramos a diario, pero teníamos una relación que para mí era especial. Y la echo de menos.

Ya son las 00:17... Felicidades...

martes, 15 de junio de 2010

Hay cosas que se encuentran y no se buscan

Simplemente tienes que estar ahí cuando ocurren...

Madrid, 15 de junio de 2010. Plaza de Callao. 20:45

Quizá no se aprecie del todo bien, pero hay dos arco iris en la foto. En persona se veía mucho mejor pero teniendo en cuenta que la foto la he sacado con un móvil, no está tan mal la hazaña.

martes, 8 de junio de 2010

Sí, soy una cagueta

Antes de montar en el Dragon Khan el otro día me decidí a subir a la Estampida. Parecía más pequeña y ¡qué diablos! por alguna tenía que empezar... Mi hermana me dijo que seguro que me gustaba, que lo único "malo" era la primera bajada, pero que lo demás estaba bien. Eso sí, eso fue sólo un consejo porque subir lo que se dice subir, no subió.

De la atracción vi más bien poco desde abajo, por lo que fui con la idea de que después de la primera subida estaba la primera bajada que decía mi hermana. Soy cagueta, ya lo he puesto en el título del post así que no es ningún secreto para nadie, por lo que me dije a mí misma que la primera bajada era mejor hacerla con los ojos cerrados. Mi intención realmente era abrirlos a mitad de camino para después disfrutar de la atracción entera. Aquí quizás sea necesario hacer un alto y explicar que cuando el año pasado estuve en EuroDisney (¡a mi edad!) fue la primera vez que monté en una montaña rusa y me gustó la experiencia. Lo bueno, y al mismo tiempo lo malo, que tienen las atracciones de EuroDisney es que son casi todas cubiertas y no puedes ver cómo es hasta que estás haciendo el recorrido, y para entonces es posible que te parezca que ya es demasiado tarde. Eso me pasó en mi atracción preferida de EuroDisney, el Rock 'n' Roller Coaster, que cuando me quise dar cuenta de lo que era la primera vez ya no podía hacer nada para evitar dar la vuelta entera. Es una atracción que, en una recta, arranca a toda velocidad para después subir y después bajar, girar, volver a subir, volver a bajar... Yo no esperaba la reacción que tuve cuando el coche arrancó después de la cuenta atrás, pero durante un segundo, quizá dos, lo que pasó realmente es que mi cuerpo no obedeció ninguna de las señales que mi cerebro trataba de enviar. La principal: coger aire y gritar.

Pues bien, sabiendo cómo había reaccionado en el Rock 'n' Roller Coaster, decidí que no me volvería a pasar lo mismo, así que cuando estábamos llegando a lo más alto, cerré los ojos y cuando noté que empezábamos a bajar comencé a gritar. ERROR. Debería haber mirado sin duda porque hice el más espantoso de los ridículos. Mis gritos sonaban como si el coche estuviera bajando a 200 km/h pero la realidad era muy diferente. Estábamos en una mini bajada de metro y medio y yo no me di cuenta hasta que mi amigo, sentado a mi derecha, me dijo:

- Pero Fani... ¿qué haces?

Le agradezco la delicadeza en la pregunta porque seguramente por su cabeza estaría pasando algo así:

- Pero Fani, ¿qué coño estás haciendo? Deja de gritar que nos está mirando todo el mundo.

Y no le culpo, bueno ni a él ni a mis cuñados que iban justo detrás nuestra y que también disfrutaron de lo lindo con la situación. Al final, claro está, abrí los ojos justo cuando empezaba la primera bajada que me había comentado mi hermana. Y grité, pero la verdad sea dicha de paso, grité por afición, no porque realmente me hiciera falta desahogarme.

lunes, 7 de junio de 2010

Da igual; te lo pongas como te lo pongas vas a morir igual...

- Buf, ya no hay vuelta atrás -pienso mientras subo en el primer coche- aunque tampoco sé si realmente quiero que la haya.

Me intento abrochar el cinturón de seguridad pero se sale todas las veces que lo intento. Mi cuñado sentado a mi lado intenta ponérmelo también pero yo, que estoy un tanto nerviosa, no dejo de toquetear la hebilla y no somos capaces, ni él ni yo, de abrocharlo. Llega el responsable y le digo que por favor me ayude. Me mira y me dice:

- Da igual; te lo pongas como te lo pongas vas a morir igual...

- Joder, no le digas eso que está cagada -le dice mi cuñado.

- No te preocupes. Mientras no abras la hebilla no habrá problema.

Ya estoy atada y el coche se pone en marcha. Estoy la primera y tengo una vista privilegiada de todo lo que hay a mi alrededor. Primero árboles y hierros, y poco después la ciudad, el mar y el infinito.

Unos segundos más tarde, el vacío, el cielo, la tierra, los árboles, sol y gritos.

Cuando, un minuto después llegamos al punto de partida, me quito el cinturón y salgo del coche.

- He sido buena y no he tocado la hebilla -le digo al chico. -¿Por dónde salimos ahora?

- Por aquí, -dice el responsable- pero espera un momento. Todavía no se puede salir.

Miro hacia atrás y me doy cuenta de que hay gente bajando todavía de los coches.

- Tenemos que hacer el recuento de la gente que llega después del viaje porque casi siempre perdemos a alguien.

- Claro, claro. -Digo yo.

- ¿Perdéis a muchos? -pregunta mi cuñado.

- Una media de entre ocho y diez todos los días. -Después sonríe por primera vez y se echa a un lado para que salgamos. Me tiemblan las piernas cuando doy el primer paso, pero los demás son pasos firmes.

Cuando salimos del recinto miro hacia atrás y veo al Dragón desafiante, pero ya no me da miedo. De hecho ahora dudo si alguna vez le he temido...