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miércoles, 21 de diciembre de 2011

¡He vuelto!

Sí, porque si me descuido se me juntan las vacaciones del 2011 con las del 2012 en el blog. No, no alarmarse aún. No tengo ni fechas ni destino pensado ya. Es sólo una forma de hablar.

Últimamente me había centrado tanto en mis viajes y en vaguear que me he dejado sin contar cosas de vital importancia para mí. Otras no son tan importantes, pero quizás también habría hablado de ellas en su momento. A lo que voy es que parece que he estado desaparecida los últimos meses y no, no he estado desaparecida, sólo un poquito ausente.

Hay ciertas cosas que ocurren a lo largo de nuestra existencia que nos cambia la vida de manera radical e irreversible. En mi caso esa cosa tiene nombre propio. Es, para mí, imposible describir lo que sentí hace dos meses cuando Iker nació y le cogí en brazos por primera vez con ¿cuánto? ¿diez, quince, veinte minutos de vida? De verdad. Imposible describirlo. Después de ese momento es como si Iker hubiera formado parte de mi vida desde siempre. Como si ya no pudiera haber un mundo sin él.

Realmente si se piensa con detenimiento es algo ilógico que sea tan imprescindible si lo único que ha hecho en estos dos meses ha sido dormir, comer y manchar pañales. Pero da igual. La lógica no debe entender de bebés. No puede saber de todo... Yo, por ejemplo, ahora mismo podría decir que estoy locamente enamorada de él sólo por el hecho de existir. Se escapa a la razón. Lo sé. Pero es lo que hay.

Ahora ya todos sabéis porqué he estado un poquito ausente estos meses. He estado vaga, sí. Me he dedicado a los viajes, también. Pero sobre todo, por encima de todas las cosas, ha sido porque he querido y sigo queriendo pasar mis ratos libres con mi sobrinito que no habla, que no sabe jugar, que llora cuando tiene hambre y que duerme cuando está cansado. Me entretiene mirarle y así, sin hacer nada ninguno de los dos, se me pasan las horas volando.

martes, 20 de diciembre de 2011

Turquía - Día 9

Viernes, 24 de septiembre de 2011


Nos levantamos a las tres de la madrugada porque tenemos que coger el avión de las siete. Por fin ha vuelto el agua así que nos duchamos en condiciones y desayunamos (porque aunque sean las tres de la mañana hay que desayunar. No soy persona si no desayuno antes de salir de casa) Terminamos la maleta y bajamos a la calle. Fatih ha bajado a despedirnos (¡¡a las tres de la mañana!!) y a comprobar que no tenemos ningún problema, ni nos falta nada. Su amigo nos lleva en el mismo coche grande a los cuatro.

Estambul está durmiendo en estos momentos y da gusto pasar por sus calles libres de tráfico y ruido. Llegamos de noche y nos marchamos de noche. Parece que queremos pasar desapercibidos, que lo hacemos todo a escondidas para que nadie nos vea. La ciudad duerme pero las luces no. Hay luz en las mezquitas que vemos a lo lejos, hay luz en las calles y hay luz en los edificios. Estambul es muy bonita de noche.

Una vez en el aeropuerto pagamos el coche y entramos por dos controles. En el segundo hay una chica, creo recordar que venezolana, que tiene problemas con su billete porque no tiene visado para pasar por España y su vuelo aterriza en Madrid. Como no habla inglés ni turco el guardia nos viene a pedir que hagamos de traductores. Le explicamos a la chica lo que ocurre pero no parece demasiado nerviosa ni preocupada. Yo en su caso estaría bastante histérica. Al final se la llevan a no sabemos donde.

Hemos facturado las maletas y hemos pasado a la zona de tiendas. Cada uno quiere hacer una cosa diferente así que después de gastar los TL que nos quedan nos separamos durante un rato. Unos van a la puerta de embarque, otros a mirar una u otra tienda. Hay que hacer tiempo hasta entrar en el avión.

Después de esperar un buen rato en la sala de embarque, donde aparece otra vez la chica venezolana lista para volar, por fin nos ponemos en marcha. La ventanilla le toca a Santi así que yo voy entre él y un chico turco que nada más verme me saluda con una sonrisa y un "hola". Sólo con eso pienso que habla español perfectamente, pero no. Más tarde me doy cuenta de que no habla ni papa de español. No hace más que tomar notas en un cuaderno y jugar con una agenda electrónica que tiene. El chico parece simpático pero sólo habla a través de sonrisas. Yo estoy leyendo mi libro y cuando lo suelto me acerca la agenda para que vea lo que hay escrito: coger equipaje. Le pregunto si habla inglés y me dice que sí, pero luego en la práctica sólo lo chapurrea. Después de un buen rato de traducir en su agenda me entero de que quiere que le acompañe a recoger su maleta porque le da miedo perderse en Barajas. Le digo que sí, que no hay problema. Más tarde le pregunta a la azafata a que altura estamos volando (en inglés y enseñándole la traducción en español en su agenda) La azafata le dice que lo va a preguntar al capitán y que ahora le dice. Después de un rato le trae un posavasos con la altura en pies y en metros. El chico está súper emocionado con su viaje y se nota. Todo le hace ilusión.

Nosotros cuatro, mientras tanto no hablamos demasiado. Javi y Ana van medio dormidos, igual que Santi, y yo leo mi libro cuando no estoy con el chico turco. En un momento dado haciendo-no-sé-qué con el boli se le destinta y se pone perdidas las manos. Le doy un pañuelo de papel para que se limpie pero no consigue limpiar mucho. En ese momento nos traen el desayuno. Me gusta que den de comer en los aviones. Siempre es lo mismo (y si no es lo mismo siempre sabe igual) pero por lo menos te mantienes entretenido un rato.

Por fin llegamos a Barajas. Bajamos del avión y el chico turco viene con nosotros. Estamos en la T4 satélite que, para quien no lo sepa, es la que más lejos está de todo. Pasamos por el control de pasaportes y me quedo a esperar al chico turco que se ha quedado en otra cola. Está un poco nervioso porque ha quedado con una amiga suya y no consigue localizarla desde su móvil (que parece que ha dejado de funcionar) así que le pregunto si su amiga tiene móvil español y como me dice que sí le dejo el mío para que la llame. La verdad es que el chico me ha caído bien y me da pena que vaya con susto por Madrid así que intento que se sienta lo más a gusto posible aquí. Se le nota agradecido. A la salida nos despedimos de él (su amiga está en la puerta esperando) A nosotros también nos han venido a buscar así que después de un rato de charla nos separamos y nos vamos cada uno para un lado.

Hoy no nos han pasado grandes cosas pero el viaje ha sido ameno. Eso sí, estamos derrotados, exhaustos, muertos de cansancio. No hago otra cosa que pensar que hoy tengo una cena-fiesta familiar. Si aguanto hasta las 23:30 será un milagro…

sábado, 10 de diciembre de 2011

Turquía - Día 8

Jueves, 23 de septiembre de 2011

Hoy ponemos toda la carne en el asador y decidimos levantarnos a las 6:45 de la mañana (o madrugá, mejor dicho) para ir a la isla grande. Hemos echado cuentas y coger el primer barco que sale hacia allí es lo mejor. Cada uno se gestiona el tiempo como mejor estima, primero ducha o primero desayuno. Parece que hay poca agua y el último se queda a medio duchar. Suerte que tenemos agua en un cazo y se puede aclarar a cantarazos.

El barco que tenemos que coger hoy no sale del puerto que conocemos así que salimos con tiempo por si nos perdemos. Por cierto, menos mal que nos hemos levantado pronto porque si no… ¡¡No habríamos tenido que esperar 40 minutos!! Bufff, seguro que si hubiéramos madrugado menos nos habríamos perdido, así que mejor no quejarnos.

De camino al puerto pasamos por la plaza principal donde hay un montón de policías y una zona acordonada. Más concretamente una parada de autobús. Alguien se ha dejado una mochila debajo del asiento y se piensa que puede ser una bomba (ya os adelanto que si había bomba no estalló. Más que nada porque no quiero que os despistéis de la historia de hoy pensando si explota o no explota. Nada más, ya sigo…)

Una vez en el puerto compramos los jetones en la máquina. La foto que puse ayer de las fichas (jetones) es de hoy, así que vuelvo a ponerla. Después pasamos por el torno para ir cogiendo buen sitio para entrar una vez que llegue el barco.


El trayecto hasta la isla grande es de una hora aproximadamente y lo hacemos fuera, con un poco de fresco, pero con unas vistas muy bonitas. Merece la pena pasar un poco de frío. A estas horas no estamos muy charlatanes así que me pongo un poco de musiquita. Es un viajecito agradable.

Cuando llegamos a la isla grande nos damos cuenta de que es un lugar hecho por y para el turismo. Es una isla pequeña donde no hay coches y los únicos transportes que existen son calesas y bicicletas. Contaminación cero. La isla tiene un encanto especial, quizás por este motivo.

Damos una vuelta por los alrededores del puerto. Vemos que la mayoría de gente va directamente a la cola de las calesas pero nosotros queremos ir a cambiar dinero primero, cosa que no se nos da muy bien. Lo intentamos en una oficina de correos y nos dicen que tienen un mínimo para poder cambiar.

Decidimos ir a buscar una calesa para ver la isla y preguntamos precios. Es inútil, todos tienen la misma lista de precios y no hay forma de regatear así que cogemos una calesa por 60TL. Es de los pocos transportes que nos quedaban por coger en Turquía. La isla parece sacada de una película de la época victoriana. No hay ni un coche, las casas son todas enormes y por lo general bonitas, y las calesas y los caballos se ven por todos lados como único medio de transporte (a parte de las bicis que son una pequeña tortura teniendo en cuenta las cuestas que hay por toda la isla). La vista, según vamos subiendo, se hace cada vez más bonita con el mar de fondo y los bosques. Es un sitio de desconexión total. Bueno, total o casi total, porque los jefes son capaces de contactar vía teléfono con nosotros…

Hacemos una parada técnica de 10 minutos al pie de un pequeño monasterio. El cochero nos deja 10 minutos libres antes de volver, a no ser, eso sí, que queramos pagar por un rato de libertad en lo alto de la isla. Contamos el dinero que nos queda y vemos que podemos pagar otros 30 TL así que le decimos que sí. Que vamos a subir hasta arriba. Es un pequeño paseo, todo el tiempo cuesta arriba pero que no es pesado de hacer. Además como tenemos una temperatura agradable lo hacemos encantados. Nos quedamos un rato paseando allí y haciendo fotos al paisaje y a un gatito que anda por allí con su mamá.

Después emprendemos la cuesta abajo donde nos cruzamos con un simpático gatito con ojos de distinto color.

Cuando llegamos abajo nuestro calesero nos está esperando para reanudar la marcha.

Queremos ir a una playa, pero no hace tan bueno como para bañarnos así que cuando llegamos le decimos que preferimos continuar con el paseo. Al llegar al puerto de nuevo le pagamos lo acordado y volvemos a buscar un sitio donde cambiar dinero.


En el establecimiento que está justo al lado de la oficina de correos tampoco tenemos suerte y al final, después de dar varias vueltas por la isla, Javi y Ana se deciden a sacar dinero de un cajero para pasar el día. Estamos todos pelados. Es el último día y las cuentas que hicimos al salir de Madrid se nos han quedado justas, justas.


En la foto de arriba podéis ver lo animados que son los perros y gatos de Turquía. Están tirados por cualquier sitio sin importar si son carreteras o parques.

Buscamos un sitio para comer. Hemos visto un sitio donde hay pollos asados pero cuando nos ponemos en la cola vemos que los pollos están aún casi crudos. Es decir, tendríamos que esperar un buen rato para poder comer así que nos vamos a otro restaurante en el que vemos que también hay pollo asado. Todos comemos lo mismo. Pollo seco con pan (para pasarlo bien en caso de emergencia, en fin) De sabor está rico pero es necesario tener una bebida cerca para evitar sustos y malos ratos.

Lo más divertido de la comida es ver cómo un montón de perros y gatos hacen guardia al lado de nuestra mesa por si les cae algo de comida (que ya os digo yo que sí. Espero no haber sido culpable de la muerte de algún animalito por no haberles ofrecido también bebida)

Los perros se quedan en el jardín todo el tiempo, pero los gatos se atreven a saltar la barrera que separa el jardín del restaurante e incluso se enredan por tu pies mirándote con cara de pena para que les des algo. Como muestra podéis ver la foto del gato que se sentó entre Ana y yo.


Después de comer nos compramos un helado mientras hacemos tiempo para coger el barco de vuelta. Todos soñamos con un barco grande como el que nos ha traído hasta aquí y tenemos intención de coger buen sitio para disfrutar del paisaje con tranquilidad. Pero una cosa es lo que queremos y otra lo que ocurre realmente. Cuando entramos, en un barco más pequeño, nos encontramos con lo sitios chulos ocupados así que nos tenemos que conformar con un lateral en el exterior. El sitio no estaría mal del todo si no fuera porque está petado de gente y no podemos casi movernos en nuestros sitios. Una pena, teniendo en cuenta que podría haber sido un viaje muy chulo. Tenemos unos adolescentes coñazo especialmente molestos que gritan y se tumban unos encima de otros incordiando al resto del pasaje. Estamos deseando llegar a tierra firme. Mientras tanto nos entretenemos viendo como la gente compra roscas de pan para dar de comer a las gaviotas que cogen los trozos al vuelo.

Ana y Javi quieren mirar algo más en el bazar así que cuando llegamos cogemos un tranvía que nos deja al lado. Sin embargo no compramos gran cosa y nos volvemos pronto a casa ya por nuestro camino de siempre. Puerto, puente, torre Galata, Día%, calle principal y casa.

Ana quiere comprar unos pañuelos para el cuello y nos quedamos mirándolos en la calle principal mientras los chicos se van a casa para imprimir las tarjetas de embarque y pagar la casa. Vamos de tienda en tienda y al final compramos dos. Volvemos a casa recorriendo por última vez el camino iluminado.

Si está así en septiembre, ¿cómo estará en Navidad? Dicen que las luces fomentan las compras. Quizás sea verdad y merezca la pena tenerlas todo el año igual que en Estambul.

En casa seguimos sin agua así que cuando llegamos preparamos la cena y nos acostamos sin fregar los platos y sin ducharnos.

Mañana será otro día y espero que ya haya agua porque nos espera un viaje de cinco horas antes de llegar a Madrid.

Volvemos a cambiar las camas porque anoche no dormimos especialmente bien ninguno. Quizás sea que nos hemos hecho a la cama que originariamente cogimos. Hoy dormiremos sólo 4 horas así que no nos demoramos mucho a la hora de meternos en la cama. Como decía, mañana será otro día… y ese mañana hoy está más cerca de llegar que otros días. Ponemos el despertador a las 3:00.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Turquía - Día 7

Miércoles, 22 de septiembre de 2011

Como ya va siendo costumbre nos levantamos temprano para estar de vacaciones. Nos damos una ducha, desayunamos y nos vamos.

La excursión de hoy es a Eyüp y es una excursión que hay que hacer en barco. Me gustan los barcos. De camino al puerto nos compramos un zumo de naranja recién exprimido en la calle principal que se me ha antojado desde antes de salir de casa.

Los españoles que conocimos en la Torre Galata nos dijeron dónde está el muelle desde el que sale el barco a Eyüp. Hay que dar una vuelta enorme pero vamos con tiempo de sobra así que no pasa nada por andar un poco más. Sacamos los billetes para el barco que no son otra cosa que unas fichas para pasar un torno. No hay ficha, no hay paso, así de simple. Cada ficha, es decir, el viaje a Eyüp, cuesta 2TL (0,80€)


El barco hace varias paradas pero la nuestra es la última así que no nos preocupamos mucho por cuándo bajar. Nos han recomendado que subamos a lo alto del cementerio para poder ver Eyüp desde arriba y ese es nuestro primer destino.

Comenzamos a andar y vemos que hay un teleférico que nos sube hasta el mirador. Desde que hemos llegado a Turquía hemos montado en mini bus, autobús, barco y coche privado. Para no dejar de probar medios de transporte turcos decidimos coger el teleférico por 2TL. Como véis el transporte en Turquía es más barato que en España. Mucho más barato. No hay cola para subir así que en cuanto llegan las cabinas nos montamos. Entramos con una pareja más.

La foto que veis se la he robado a Javi y Ana. Espero que no se molesten...

Cuando llegamos vemos que las vistas merecen la pena. Quizás no tanto como había imaginado pero lo cierto es que no están nada mal.


Después de unos minutos de dar vueltas sobre nosotros mismos y de hacer fotos decidimos sentarnos a tomar un refrigerio y unas patatas en unas mesas que están llenas de turistas y rodeadas de gatos. En Turquía hay gatos por todos lados.

Al bajar del barco hemos visto uno de los típicos puestos ambulantes de roscas. Son muy parecidos a los de las mazorcas de maíz pero venden roscas de pan en lugar de mazorcas. Vemos que aquí arriba también las venden así que compramos dos para compartir y un refresco cada uno. Cuando acabamos las roscas seguimos con hambre así que compramos también una bolsa pequeña de patatas fritas para compartir. La historia de cómo y cuánto tardamos en vaciar la bolsa mejor no la cuento para no parecer demasiados ridículos.

Mientras estamos sentados en la terraza oímos cómo llaman a la oración las distintas mezquitas. Cada una llama a sus fieles con cánticos diferentes y termina siendo un poco caótico. Menos mal que Santi empieza a tomárselo con buen humor...

Pagamos las bebidas y nos vamos a pasear por Eyüp. La bajada la hacemos a pie por un camino muy bien señalizado. Vamos, que es una línea recta que va hacia abajo. No tiene pérdida.


Durante la bajada vemos lápidas bonitas (para ser lo que son) y otras que están muy mal conservadas. Una pena.

El resto de la mañana la pasamos paseando. Al entrar en la mezquita Eyup Sultan Camii nos encontramos con un entierro que pasa por delante. Yo entro un momento pero no me muevo de la puerta (que quede claro que el muerto ha pasado de largo la mezquita. Sólo ha pasado por delante, si no no habría entrado). Los demás esperan fuera. A la salida del recinto nos encontramos con una imagen que nos deja un poco sorprendidos. Una señora está repartiendo azucarillos en la puerta. No sabemos si está relacionado con el entierro o si es por otra cosa. Me acuerdo de Selma y estoy segura de que ella nos lo habría explicado.

Buscamos un sitio para comer pero Javi y Santi siguen rechazando todos los sitios si sale alguien a ofrecer el menú. Al final nos sentamos en una pequeña terraza donde comemos un plato de kebab. Pasamos un rato agradable. La comida está rica pero al final se me hace un poco pesada. Noto la carne un poco pastosa y me termina cansando.

Después de comer volvemos a pasar por la plaza y después de ir al baño público (1TL) y de lavarnos las manos con agua de colonia de limón nos dirigimos al barco de nuevo.

La tarde la vamos a pasar en el gran bazar y, quizás si nos convence el aspecto exterior, también en un hamam o, lo que es lo mismo, en unos baños turcos. Yo he de reconocer que a ratos me apetece y a ratos no me apetece. A ver en qué queda al final la tentativa de los baños porque realmente no hay nada claro.

En el gran bazar pasamos un buen rato dando vueltas de un lado a otro. Javi quiere comprar polos y pasa toda la tarde regateando con unos y otros. Yo no tengo intención de comprar nada pero mirar miro. Y me siento tentada de comprar ciertas cosas de utilidad nula o casi nula para mí. Menos mal que al final me dejo llevar por el sentido común y no compro nada inútil.

El gran bazar son más de 4.000 tiendas bajo techo en Estambul. Realmente vale la pena visitarlo pero, a no ser que quieras comprar un montón de cosas, no es como para pasar el día entero allí dentro. Es entretenido, hay teterías, tienen cosas chulas, ropa, complementos, pero una vez visto un pasillo están vistos todos. Nosotros damos vueltas durante más tiempo del que nos gustaría porque estamos buscando algo concreto, pero creo que si no hubiera sido así nos habríamos ido antes. Yo me compro un cuaderno de cuero que en un futuro espero que me sea de utilidad para algún proyecto bonito.

Cuando salimos del bazar buscamos el hamam. Damos alguna vuelta pero al final lo encontramos. En la puerta discutimos sobre qué hacer. ¿Entramos o no entramos? La entrada es un poco cara con lo que esperábamos encontrar pero también es cierto que no vamos a tener muchas más oportunidades de estar en un auténtico baño turco. Quizás nuestro problema es que estamos un poco condicionados por lo que hemos leído en internet. Que si masajistas que te dan azotes en el culo para que te des la vuelta en el masaje, que si la gente va desnuda... No sé. Después de un (buen) rato en la entrada leyendo y viendo en postales lo que nos vamos a encontrar dentro decidimos entrar. Chicas por un lado y chicos por otro, claro. Y voy a decir, casi mejor. No sé si ellos piensan lo mismo pero nosotras no habríamos hecho lo que hicimos estando rodeadas de chicos mirando.

Una vez que pagas tu entrada te separas de los chicos. Vas por una puerta que te dirige a una sala más amplia y luminosa, como si fuera el patio de una corrala, donde hay sillones y una barra de bar para tomar zumos o refrescos. Subes por unas escaleras para llegar a las taquillas donde te dan una bolsita con unas braguitas negras y una toalla de cuadros. Y digo toalla por darle un nombre relacionado con el baño porque parece un trapo de cocina gigante. Eso sí, está limpio. También te dan zapatillas de baño. Una vez que te has cambiado tienes que bajar por la misma escalera y entrar por una de las puertas que hay en la sala.

Yo no sé lo que hay en un baño turco y me llama mucho la atención. Es una sala bastante amplia con una piedra gigante en el centro donde tienes que buscar un hueco para poder tirar tu trapo-toalla y tumbarte a sudar como un pollo. Es decir es una sauna gigante. Nosotras encontramos un trocito de suelo en el centro de la habitación y al tumbarnos vemos que hay una bóveda con pequeñas ventanas con forma de estrella. Hace calor y empezamos a sudar en seguida. La verdad es que Ana y yo pasamos un rato agradable charlando y disfrutando de la intimidad. Al menos yo. Mirando alrededor te das cuenta que las chicas, sólo por ser chicas, no necesitamos ropa para estar cómodas entre nosotras y es que, a pesar de que nos han dado la toalla para llevarla a modo de túnica alrededor del cuerpo ninguna la usa. En las fotos que os pongo a continuación no se ve nada de esto porque están sacadas de su página web, pero la realidad no tiene nada que ver con ellas. Lo cierto es que todas las chicas vamos desnudas excepto por las braguitas negras. Si queréis, podéis ver más fotos oficiales aquí.

La primera foto es de una de las piscinas (los chicos dicen que ellos no tenían) Hay dos. Una pequeña con el agua casi hirviendo y otra más grande (la de la foto) con agua caliente pero soportable. La segunda foto es de uno de los apartados que hay en los que puedes refrescarte con agua fresca y/o templada.

Ana y yo pasamos un buen rato tiradas en la piedra que hemos visto nada más entrar pero llega un momento que nos cuesta manentenernos ahí así que decidimos ir a por un poco de agua para tirarnos por encima. La habitación principal es redonda y tiene varias estancias en las que encuentras varias fuentes con agua fría y caliente. También hay recipientes como el que se ve en la foto para poder coger el agua y echártela por encima. Realmente el cuerpo te pide agua fría, muy fría. No entendemos porqué hay un grifo también con agua caliente. Después de eso vamos a las piscinas. La pequeña está muy caliente y no aguanto nada más que un rato muy corto. Ana no llega a entrar. La otra piscina tiene una temperatura más agradable y nos quedamos en remojo durante varios minutos hablando con unas chicas españolas.

Dentro del haman puedes moverte por donde quieras y el tiempo que quieras. Nosotras hemos quedado con los chicos así que llegada la hora nos tenemos que ir pero salimos de la sala ya duchadas. Nos hemos lavado el cuerpo de arriba a abajo después de haber sudado durante una hora y lo mismo hemos hecho con el pelo. Salimos a la calle relucientes...

A la salida compramos unos zumos naturales para recuperar líquidos y Javi se compra un kebab en el mismo sitio en el que cenamos ayer. Volvemos caminando hacia casa. Pasamos por el puerto primero y después por las callejuelas que nos llevan a Torre Galata y a nuestro Día% de confianza. Siempre hacemos el mismo recorrido.

Pasar por el puerto sin lluvia de noche es bastante bonito. Se ve la ciudad iluminada mires donde mires.

Después compramos la cena para la noche y volvemos cargados hasta casa. Los chicos se van a hablar con Fatih y yo le digo a Ana que podemos ir subiendo para ducharnos y hacer la cena mientras ellos hablan con Fatih y éste les explica la excursión de mañana. A Ana no le parece bien que seamos nosotras las que subamos todas las bolsas pero yo estoy obcecada con el tema cena y digo que no nos cuesta nada subirlas. Cuando estamos a medio camino me doy cuenta de lo que Ana quería decir. Hemos subido cargadas como mulas y los chicos subirán después con las manos en los bolsillos.

Hoy vamos a cambiar las camas y comentamos también la posibilidad de cambiar de pareja en caso necesario para la última noche.
Mañana es nuestro último día en Turquía y hemos decidido madrugar mucho más que de costumbre. De verdad esto no son vacaciones...