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martes, 27 de septiembre de 2011

Tanzania - Días 11 y 12

5 de septiembre de 2011 - Último día

Hoy hemos prometido madrugar para poder salir antes al safari, así que salimos del hotel cuando casi no ha amanecido. Desayunamos en el comedor cubierto (a estas horas nada de terracitas, menos mal...) y yo sigo echando de menos mi tostada de casa y mi vaso de leche con nesquick de cada mañana.

Nos ponemos en marcha hacia el Parque Nacional Ngorongoro. Es un volcán con un cráter de alrededor de 20 kilómetros de diámetro en el que podremos ver gran variedad de animales. Por ahora de los cinco grandes, como les llaman, sólo hemos visto al elefante y una leona con dos cachorros muy muy de lejos que yo no cuento porque casi no se distinguían. Nos falta, pues, el leopardo, el rino, el búfalo y por supuesto el rey de la selva: el león.

Lo primero que notamos nada más llegar y abrir el techo es que hace bastante más frío de lo que habíamos pensado en un primer momento, bueno o por lo menos más de lo que yo había pensado. Aprovecho que tenemos las maletas a mano para sacar todo lo que puedo de abrigo de mi mochila.

Nada más llegar nos encontramos con un espectáculo con el que no contábamos en absoluto. Un león cortejando a una leona a apenas unos metros de nuestro coche. O dicho de otra manera, un león persiguiendo a una leona como un perrito faldero para llevársela al huerto. Como se puede ver en la foto el león finalmente triunfó con la leona...

Después vemos muy de lejos una fila de búfalos moviéndose de un lado a otro. Hay tal cantidad que casi parecen de mentira. Más tarde conseguiremos ponernos a solo unos pasos de un grupo muy numeroso así que la foto que pongo es la de los búfalos que están a nuestro lado. Parecen inofensivos desde el coche, pero tienen que ser telita. Nosotros por si a caso no nos aventuramos a abrir si quiera la puerta...

De los cinco grandes hemos visto ya tres, pero no tiene pinta de que vayamos a ver más. Estamos a punto de ir a comer y después de la comida Santi y yo tenemos que marcharnos de vuelta al primer hotel mientras que Sofía y Sarah se irán con Mohamed hacia el Serengueti.

Os dejo con un resumen de las fotos del día de hoy.

Aquí escondido (foto superior) hay un hipo...

Cuando bajamos a comer nuestra última comida a la caja nos avisan de que en esta zona hay pájaros con bastante hambre así que recomiendan que tengamos cuidado. Nos sentamos en unas piedras a comer y cuando sólo le he dado un mordisquito a mi pollo frito seco noto un golpe muy fuerte en la mano. Cuando vuelvo la cabeza para ver qué ha pasado me encuentro con un pájaro gigante que se ha llevado mi pollo y con mis dedos todos juntos en expresión de "capichi". No sé si ha sido con la garra o con el pico, pero el bicho me ha hecho un corte en el dedo y encima me ha dejado sin plato principal. ¡Qué cabreo!

Por supuesto nos metemos en el jeep para disfrutar del resto de los manjares de la caja. Hay chocolate que está muy rico y me hago también un bocadillo de plátano. Podría haber sido peor, supongo...

Me habría gustado poner la foto de mi herida pero no la tengo en estos momento así que tendréis que esperar.

En la foto de abajo podéis ver el lugar del ataque.


Cuando terminamos de comer nos vamos del Parque. Para despedirnos de nuestra aventura paramos en lo alto para hacer una última foto: el cráter del ngorongoro desde arriba.

Sabemos que en algún momento nos vamos a tener que separar, pero no sabemos cuándo. Por eso cuando, aún dentro del Parque, Mohamed para el coche delante de otra furgoneta nos quedamos descolocados.

Bajamos. Nos hacemos una última foto. Pasamos una última vez al "baño". Nos damos un beso. Nos damos un abrazo.

Y cuando nos queremos dar cuenta estamos Santi y yo solos en un coche con dos hombres en la parte delantera del coche que nos piden que nos pongamos los cinturones de seguridad. La primera vez en 10 días que abrochamos uno...

Suena a despedida fría así contada, pero es que hemos tenido tiempo cero de hacernos a la idea y no hemos sabido reaccionar ninguno. Santi y yo lo comentamos ¡Qué raro ha sido! Santi se duerme al poco de salir. Yo me duermo 10 minutillos, pero una vez que me despierto ya no puedo volver a dormir así que me dedico a mi libro.

En principio pensamos que tenemos algo así como 4 horas de viaje hasta llegar al hotel, pero pronto nos damos cuenta de que va a ser más de ese tiempo. Al final son 6 horas de viaje ¡podíamos haber llegado a la playa de Valencia en ese tiempo y haber comenzado la vuelta! En fin...

Una vez en el hotel nos dan una habitación para ducharnos, descansar y cambiarnos de ropa bastante cutre. Rehacemos las maletas con lo que vamos a llevar encima y con lo que vamos a facturar. La ropa de la montaña es casi radioactiva así que va toda facturada... A ver si se pierde...

Nos duchamos y salimos a cenar. Estamos muy cansados del viaje y nos da pánico pensar en lo que nos espera las próximas 20 horas. La cena es un desastre. Está todo malísimo comparado con lo que cenamos otros días en este mismo restaurante. Comemos por llenar la tripa pero disfrutamos más bien poco con la comida.

Después de cenar nos vamos a intentar dormir un rato. Tenemos que salir hacia el aeropuerto a las 00:00 así que eso nos deja un par de horas para intentar dormir. Lo conseguimos sólo la última media hora. Terrible...

El viaje al aeropuerto es largo también.

Una vez allí facturamos la maleta y esperamos el vuelo a Mombasa. De allí iremos a Addis Abeba. Nos meten en el avión una hora y media antes de la hora. Es un avión pequeño porque somos muy pocos. Como mucho 10 personas. Según parece nadie tiene que subir ni bajar en Mombasa así que vamos directamente a Addis Abeba.

Si echáis cuentas veréis que hemos salido una hora y media antes y no hemos parado a mitad de camino, lo cual quiere decir que en lugar de esperar 5 horas (o las que sean) para el siguiente vuelo a Francfurt, tendremos que esperar esas 5 horas, más todo lo que hemos adelantado durante la noche. Es decir, nos pasamos toda la mañana de brazos cruzados en Etiopía esperando el siguiente vuelo.

El vuelo es tranquilo y creo que consigo dormir algo. Nos dan de desayunar otra vez, de comer y de merendar también. También veo la última película de Los piratas del Caribe. Cuanto más me alejo más me olvido de dónde he estado. De todo lo que he hecho y de todo lo que he visto.

La parada en Francfurt también se nos hace larga aunque en realidad es más corta. Estamos muy cansados los dos y estamos deseando llegar a casa.

Cuando llegamos a Madrid están nuestras familias esperándonos en la puerta. La verdad es que nos hace mucha ilusión, pero estamos tan cansados que contamos lo justo. Nos despedimos todos después de un rato de charla. Estamos reventados. Son las 24:00 de la noche y mañana, como dice mi abuela, es día de escuela.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Tanzania - Día 10

4 de septiembre de 2011

A pesar de sentirme como una reina dentro de la cama me cuesta mucho coger el sueño. He leído durante un rato y después me he levantado para coger música y escucharla entre las sábanas, pero aún así me ha costado mucho dormir. A media noche, cuando ya estaba dormida, me ha parecido oír ruidos fuera de la cabaña. Ramitas quebrándose y pasos pesados justo al lado de mi cama. También he escuchado barritar a un elefante, así que he supuesto que estaban pasando por nuestra cabaña no uno, sino varios elefantes. El resto de la noche he estado entre el sueño y la vigilia. No he dormido mal y he descansado, pero no ha sido un sueño profundo.

Cuando me levanto salgo al porche y veo que tengo los elefantes a 30 metros. Están comiendo y no parecen advertir mi presencia. Le digo a Santi que hay elefantes y no me cree, así que se queda metido en la cama un rato más. La verdad es que este sitio tiene mucho encanto. Es, creo, el sitio más bonito y especial en el que he dormido nunca.

Después de otra súper ducha con gotero recogemos las mochilas y nos llevamos todo al comedor para no tener que volver más tarde a la cabaña. Es muy bonito, sí, pero está lejos del edificio principal, así que hay que optimizar el tiempo. Vamos a buscar a Sarah y Sofía a su cabaña. Con las prisas olvido entrar a ver el cisne gigante que tienen por ducha ellas. Qué se le va a hacer…

Desayunamos tranquilamente en el mismo comedor en el que cenamos ayer. Sofía come algo que le sienta mal y termina su desayuno antes que los demás. Yo sigo sin elegir bien mis desayunos, pero tampoco es plan de quejarme.

Después de desayunar nos lavamos los dientes y vamos a buscar a Mohamed para hacer la excursión de hoy. Los massais salen a despedirnos a la puerta.

A la salida del hotel nos encontramos con más niños que quieren chucherías. Tenemos galletas, frutos secos, bollitos... En la foto se ve como vienen corriendo hacia nuestro coche.

Vamos a ir al Lago Manyara. De camino paramos a echar gasolina y un grupo de chicos se nos echa encima queriendo vendernos todo tipo de souvenirs. Al final es Sofía quien termina comprando (una gran compra, todo sea dicho de paso). Los demás miramos cómo regatea pero no nos atrevemos a comprar nada. Yo me arrepiento nada más arrancar pero ya es demasiado tarde.

Llegamos al Lago Manyara poco después. Volvemos a levantar el techo y a coger posiciones dentro del Jeep para comenzar el safari. Hoy estamos a más altura que ayer y la temperatura ha bajado un poco. Aún así hay una temperatura agradable y tenemos que echarnos crema solar para no quemarnos. Santi se ha echado crema por toda la cara pero no se la ha extendido demasiado bien, sin embargo cuando se lo decimos no nos hace caso y nos dice que le da igual así que le dejamos tranquilo. Más tarde al mirarse en el espejo ve que ha estado toda la mañana con la cara blanca. Hemos intentado decírselo pero no ha hecho caso…

Hoy comenzamos viendo monos y elefantes. Poco después encontramos hipopótamos también, una jirafa (un poco lejos) y distintas aves.

A la hora de la comida me regaña un guía por tirarle migas de pan a un pajarito que había por mi mesa, pero bueno, tampoco me importa. Se comerá las sobras más tarde igualmente… Hoy tenemos otra vez comida a la caja; el mismo menú de siempre.



Después del safari subimos a un mirador para ver el Lago Manyara desde lo alto. En cuanto llegamos aparecen dos chicos con un montón de collares en la mano. Después de un rato de regateo me llevo 5 por $9. Me ha timado, lo sé, pero no tengo ganas de regatear. Además se me da fatal y quiero los collares. Es el único souvenir que voy a comprar, me parece.

Después del mirador Mohamed nos lleva al hotel para que pasemos allí la tarde. Tenemos piscina, una gran terraza y muchas horas para no hacer nada de nada. La verdad es que me apetece mucho. El hotel no tiene nada que ver con el de ayer, pero aún así está bien, y lo mejor es que no hay nadie más que nosotros. La piscina y todo el recinto es para nosotros. Nada más llegar me doy una ducha para quitarme el polvo del safari y me bajo con Sofía y Sarah a la piscina. Charlamos, leemos y nos relajamos con un refresco cada una (en mi caso sólo medio debido a un aparatoso accidente con la botella de mi coca cola. He empapado una tumbona, una toalla y he, casi, vaciado mi botella. ¡Qué ridículo más espantoso! Nada más tirarlo ha aparecido un chico con otra toalla para sustituir la que he empapado). Después de un rato Sarah se mete en el agua pero me da pereza seguirla porque tiene pinta de estar muy fría y aún no he terminado el capitulo de mi libro que está muy interesante. Justo cuando decido meterme Sarah sale de la piscina, pero decide acompañarme cuando le digo que me voy a bañar. Nos hacemos varios largos caminando y charlando de distintas cosas. Pasamos un rato agradable en el agua (que por cierto está congelada)

Subo otra vez a cambiarme de ropa porque por la noche refresca un poquillo. Tenemos una importante partida de dados pendiente así que nos sentamos en la terraza antes de la cena para relajarnos mientras tomamos algo.

Después de la partida bajamos a cenar a la piscina. Están las mesas preparadas desde que hemos llegado. Hace frasquete pero no se está mal. El lugar es muy íntimo. Hay unas pocas luces alrededor de la piscina y las mesas tienen unas pequeñas velas que no alumbran demasiado. Las estrellas se ven a la perfección (aunque no tan bien como en las noches del Kilimanjaro) y el ambiente es muy agradable. La cena no es la mejor que hemos tomado, sobre todo si la comparamos con la de ayer. Ceno regular.

Nos encontramos con los chicos españoles de ayer que están con sus chicas (habría jurado que eran pareja) y charlamos un rato con ellos. Mañana harán el mismo recorrido que nosotros así que no descartamos encontrarnos de nuevo con ellos.

Hoy es la última noche que pasamos todos juntos y queremos hacer algo pero estamos tan cansados que no aguantamos nada más que un par de partidas de UNO. Nos vamos a la cama más o menos pronto (otra vez con mosquiteras) Mañana hay que madrugar mucho porque el parque que vamos a ver está más lejos y tenemos poco tiempo; Santi y yo tendremos que volver a la zona del Kilimanjaro para recoger nuestras cosas del hotel antes de emprender el viaje de vuelta.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Tanzania - Día 9

3 de septiembre de 2011

Hoy comenzaremos el safari de tres días (para Santi y para mí, claro. Sofía y Sarah se quedarán unos días más). Cuando me despierto tengo la mosquitera protegiéndome aún de esos bichos malévolos que nos hacen la noche imposible con sus zumbidos. Me fijo en que hay un mosquito muerto enredado en la tela ¡y yo que pensaba que no funcionaban muy bien estas cosas!

Me ducho antes de bajar a desayunar pero sigo sin encontrar verdadero relax en la ducha. ¡Quiero una ducha en condiciones! Esta es una mierda.

Bajamos a desayunar. Esta vez pedimos tortilla pero sigue sin convencerme mucho el tema desayunos. ¡Cómo echo de menos los desayunos de casa! Ayer por la noche conocimos a dos españoles a los que también habían perdido la maleta. Hoy están en el desayuno y según parece les llegó a la 1 de la madrugada. Han tenido suerte.

Volvemos a ir a la recepcion para discutir el paradero de la maleta de Santi. Nos dicen que está viniendo, que un motorista la está trayendo desde el Kilimanjaro. Lo que no sabemos es que leches hace la maleta en el Kilimanjaro. Según parece al llegar al hotel la mandaron a un excursionista que no era Santi. De hecho, ni siquiera la mandaron a la ruta adecuada porque nosotros subimos por una ruta y la maleta por otra. Le han dado tantas excusas ya que no sabemos muy bien si creer o no esta versión, aunque parece tan increíble que no tenemos por más que pensar que esta vez es verdad. Nos dicen que en una hora estará en el hotel.

Volvemos a la habitación para terminar la maleta. Vamos a dejar toda la ropa sucia en el petate y a dejarla en la consigna del hotel hasta que volvamos a por ella. El resto de ropa la llevaremos encima todo el día. Cada día vamos a dormir en un sitio diferente así que por las mañanas cargaremos el coche hasta el próximo destino.

De nuevo en la recepción conocemos a Mohamed, que va a ser nuestro guía en los días del safari. Es un chico grande, negro y bastante optimista. Está seguro de que la maleta llegará y trata de animarnos. Un poco después de la hora acordada llega el motorista con la maleta de Santi (¡por fin!) así que volvemos a la habitación para coger nuestras cosas.

Una hora más tarde de la hora prevista salimos en dirección al safari. Ayer tuvimos un pequeño problema con los dólares y al final pusimos $135 en lugar de los $150 que habíamos dicho para las propinas, así que nos quedamos sin dinero y hoy hay que sacar del cajero. Le pedimos a Mohamed que nos lleve antes de ir a ver los animales. Durante la parada, en la que sólo Sarah y Sofía sacan dinero, nos pregunta Mohamed si estamos casados, si tenemos hijos, si tenemos novio y novia... Vamos que se pone a cotillear nuestra vida privada.

La primera parte del viaje es bastante amena. Vamos charlando y viendo el paisaje.


Paramos a comer antes de llegar a nuestro destino. Hoy tenemos comida a la caja. Zumo de mango, pollo frito seco, frutos secos, un bollo bastante seco también... En fin, comida a la caja, es decir, un montón de pequeñas cosas metidas en una caja de cartón blanca. Después de comer nos dice Santi que está un poco cansado de Mohamed y que además quiere dormir un rato, así que me paso yo a la parte delantera del coche. No cruzamos más de dos palabras y cada uno va a lo suyo. El motivo principal de mi falta de ganas de charla es que no le entiendo cuando habla y él no me entiende a mí, así que cada uno se dedica a lo suyo: Mohamed pendiente de la carretera y yo del paisaje. Los demás van detrás sin hacer demasiado ruido.

Después de otra hora llegamos al Parque Nacional de Taranguire, donde se puede ver gran cantidad de elefantes. Durante el safari propiamente dicho vamos los cuatro detrás, de pie en el coche, con el techo abierto.


Sofía y yo cogemos las dos esquinas traseras y nos subimos en los asientos. La parte superior está acolchada así que vamos de lujo las dos. Bueno, o al menos hasta que comenzamos a coger baches que hace que el coche nos de una paliza en la espalda en 3 segundos que pensamos que no saldremos vivas de ahí. Pero claro, nosotras hemos estado alardeando tanto de lo bien que vamos en nuestro sitio privilegiado que no podemos permitir que piensen que nuestra ubicación no es cómoda. Nos entra la risa nerviosa mientras Sofía me dice con una super sonrisa en la boca y con los dientes apretados "Disimula, disimula" mientras parece que se está riendo de algo super divertido. Sarah y Santi nos miran como si nos hubieramos vuelto locas y acaban con la mosca detrás de la oreja.

A continuación os dejo con varias fotos del safari con elefantes, cebras, impalas, facoqueros (pumba del rey león, para entendernos. Nosotros lo llamamos el bienpeinao) jirafas y ñus.










Quizás no se vea muy bien pero esto último es un paso de cebra.

Después del safari tenemos que trasladarnos hasta el hotel de esta noche. Son camp sites o tented camps, de lo que interpretamos que será un alojamiento modestito. Estamos en marcha otros 15 ó 20 minutos hasta que llegamos al hotel. De camino paramos un par de veces para hacer fotos y para dar galletas a unos niños massai que viven allí. Podéis verlos en la foto. La verdad es que daban mucha lástima.



Llegamos al tented camp y nos reciben en la puerta unos massais con lanzas. En la entrada nos dan toallas húmedas para limpiarnos el polvo y nos dan zumo fresquito para darnos la bienvenida. Hay una persona persiguiéndonos todo el tiempo para que pongamos las toallas sucias en la bandeja que lleva en las manos. Hasta que no ponemos la última no se marcha.

El sitio tiene muy buena pinta. Es bonito y tiene mucho encanto. Nos dicen que tenemos dos habitaciones (yo pensaba que dormiríamos los 4 juntos porque vi fotos y había dos camas gigantes de matrimonio en cada habitación), pero nos llevan a distintas cabañas. Sí, señores, tenemos una cabaña para cada dos con bastantes comodidades. Están todas en alto y tienen un porche con una mesa baja y dos sillitas. Las cabañas están en el límite del parque natural y nos dicen que muchas veces se pueden ver elefantes por allí. De hecho nos acompañan los massais a las cabañas y nos dicen que cuando queramos salir que toquemos el silbato que vamos a encontrar en la mesilla para que vengan a buscarnos. No sé realmente el porqué, pero no podemos salir solos de noche nunca. Bueno, sí sé porqué, por los elefantes, claro, pero no sé porqué por la noche tenemos que ir acompañados y por el día no. Supongo que para evitar sustos.

Cuando nos dejan en la cabaña vemos que tenemos las dos camas gigantes que yo recordaba haber visto en las fotos. Son súper mullidas, con un montón de cojines y muy muy cómodas.


El baño es bastante curioso. Tiene una bañera muy grande con forma de hombre-pez. La parte del torso y la cabeza son de hombre, la cola es de pez. Es muy curioso... Eso sí, el baño está separado de la habitación por una cortina así que podemos decir que tenemos intimidad casi cero. La ducha no funciona muy bien y acabo sentada para que el agua no se salga y moje el suelo, o sea, que vuelvo a soñar con una ducha en condiciones. ¡Es tanto pedir un chorro con un poco de fuerza!

Sofía y Sarah están en la cabaña de al lado y hablamos a gritos para quedar y salir juntos a cenar. Me dicen que les falta un par de minutos, pero pasan 10 y seguimos sin tener noticias suyas. Salgo al porche y veo que no hay luz en su habitación. Eso sí, hay un massai esperándonos a Santi y a mí para llevarnos a cenar. Parece que ha habido un malentendido a la hora de quedar...

La cena es, como todo en este sitio, una agradable sorpresa, así como el restaurante. Todo el recinto tiene las luces muy bajas para que los animales no se marchen para otro lado y el ambiente del comedor es inmejorable. He de decir que es un sitio muy recomendable para ir en pareja. Muy romántico y muy idílico todo. La cena, como decía, es una agradable sorpresa. Está todo muy rico, muy bien cocinado y con buena presentación.

Durante la cena vienen a decirnos que hay un elefante bebiendo agua de la piscina por si queremos ir a verlo. Por supuesto nos levantamos corriendo y vamos hasta la piscina. Está todo oscuro, pero se ve perfectamente tanto el elefante como a su cría. Estamos a 20 metros de ellos. Es una pasada.

Después de cenar vamos a la sala de juegos a echar una partida de dados antes de ir a dormir. Es un juego muy entretenido que nos está salvando las sobremesas. A mí, he de reconocer, me da mucha pereza comenzar cualquier juego de mesa, pero una vez que comienzo me engancho bastante. Con este juego me pasa algo parecido.

Volvemos a la habitación los 4 juntos con un sólo massai. En un momento dado el massai se para y nos dice que guardemos silencio porque parece que ha oído algo a nuestra izquierda. Creo que de los nervios de pensar que podamos encontrar un elefante ahora mismo nos entra la risa a todos. Al final, si hay elefante no lo vemos. Llegamos a nuestra habitación y nos encontramos con que nos han tapado las ventanas desde fuera, nos han abierto las camas, quitado los cojines y puesto un caramelo debajo de la almohada. Si ayer parecía una princesa (igual que Sarah y Sofía) con la mosquitera puesta cubriendo mi cama, hoy me siento como una reina en una cama tan grande, rodeada de cojines enormes y suaves y tapada con un nórdico blandito.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Cerrado por vacaciones... Otra vez

No me ha dado tiempo a terminar el diario de viaje de Tanzania. Habrá que esperar a la vuelta de Turquía para leer la parte del safari.

¡Estoy deseando disfrutar de Estambul para poder contarlo después en el blog! Definitivamente se está convirtiendo en un blog de viajes...

Tanzania - Día 8

2 de septiembre de 2011 - Kilimanjaro día 6

Esta noche hemos dormido 10 horas del tirón. No recuerdo ni siquiera haberme dado la vuelta dentro del saco para cambiar de postura. Por supuesto de salir al baño ni hablamos. Lo cierto es que podría haber dormido otras muchas horas, pero he de reconocer que he descansado

Cuando salimos a desayunar lo hacemos con más ganas que ayer. Nos traen tortillas de verduras, que están exquisitas, salchichas, crepes, tostadas... Vamos lo que se dice un desayuno en condiciones... Siguen sin ser como los de casa, pero tenemos Malos... ¿Qué más podemos pedir?

Antes de salir nos dice Deus que nos vamos a hacer una foto con todo el equipo hoy a modo de despedida. Nosotros lo tomamos más por una forma de poder contar los porteadores y calcular las propinas que vamos a dejar. En teoría todas las personas que han subido con nosotros tienen su sueldo, pero es una miseria y sacan mucho más de lo que dan los excursionistas en propinas. Nosotros hemos pensado dar 150 dólares americanos cada uno para repartir entre todo el equipo.


Nada más empezar a bajar nos damos cuenta de que el paisaje ha cambiado por completo. Es mucho más verde y la verdad es que te anima sólo con verlo. Esta ruta es más bonita que la que hemos hecho, pero yo no me arrepiento de haberlo hecho como lo hemos hecho.


Después de un par de horas de bajada me empieza a salir sangre de la nariz. Pensaba que me iba a librar, pero no lo consigo. Tardo unos minutos en cortarlo pero no es importante. Al final se queda en simple anécdota. En estos días Sarah ha notado algo de sangre al sonarse (nada grave tampoco) y Sofía también ha sangrado alguna vez. Yo pensaba que de sangrar sería arriba no a medio camino de la bajada. En fin, que el cuerpo es el que manda...

Deus y James parecen tener prisa y bajan bastante rápido. Nosotros queremos hacer fotos y disfrutar del paisaje y tengo la sensación de aguarles un poco la fiesta.


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Paramos a comer en un campamento con distintas cabañas y comemos, por primera vez desde que empezamos, bajo un techo sólido. Comemos noodles. En la mesa nos encontramos una cámara digital de las grandes y buenas que alguien ha dejado olvidada. No entiendo como alguien puede olvidar algo así. Damos aviso y alguien viene a recogerla. No sé si llegará a manos de su dueño al final.

El resto de la bajada transcurre sin mayores problemas. Cuando llegamos hacemos cola para registrarnos y firmar por última vez. Nos empeñamos en hacernos una última foto (cortesía de Santi la que estáis viendo porque la mía está un poco fea) y después nos metemos en un autobus lleno de gente. Entre porteadores y excursionistas va hasta la bandera.




Llegamos al hotel después de una hora de camino. Nos dan habitación y vamos a por las maletas que habíamos guardado pero la de Santi sigue sin aparecer. No entendemos qué ha pasado porque nos aseguraron que estaba ya en el hotel y ahora nos dicen que ha desaparecido. No entendemos nada.

Nuestra idea es bañarnos en la piscina así que me ducho rápidamente (la ducha no es para nada como me la había imaginado después de seis días sin ducharme. Le falta fuerza y además con el mal rollo de la maleta de Santi no la disfruto nada), me pongo el bikini y salimos a dar las propinas a Deus y James. Santi está bastante enfadado y no quiere salir así que salimos las niñas para despedirnos de ellos y darles el dinero. También agradecen toda la ropa que le podamos dar. Yo no tengo gran cosa que les pueda servir, pero al final les dejo un gorro (muy abrigadito para la cima), un polar y unas polainas. También Sofía les deja algo de lo que traía de Londres. Parecen agradecerlo sinceramente.

Ellos nos dan los diplomas acreditando que hemos llegado a la cima y hacen una mini ceremonia de entrega. Es bastante curioso.

Una vez que nos despedimos de ellos tenemos que ir a buscar al hombre del safari para que nos explique todo. A estas alturas ya hemos renunciado a la piscina otra vez. Sofía, Sarah y yo nos sentamos en una terraza a tomar un refrigerio mientras le esperamos. Coca cola y cerveza (más caliente que fría. Una pena) Santi, mientras, está en la habitación lavando ropa para el safari. Le han dicho que mañana tendrá su maleta con toda la ropa pero no se lo cree demasiado.

Después de hablar con el señor del safari volvemos a preguntar por la maleta y siguen sin decirnos nada claro. No sabemos qué pasa con ella ni dónde está.

A la hora de la cena vamos a buscar a Santi y cenamos algo antes de volver a preguntar por la maleta. Queremos hacer presión, así que después de cenar nos quedamos en la recepción jugando a los dados hasta que nos digan algo. Yo me dedico a mirar nada más. Los ojos se me están cerrando y en cuanto la partida termina nos vamos a la habitación. Mañana será otro día y nos merecemos un descanso...

Nuestra habitación parece una tienda de segunda mano con todo colgado en las estanterías y el ventilador dirigido a la ropa mojada. La vez anterior no utilicé la mosquitera de la cama, pero hoy me he encontrado varios mosquitos en la habitación así que decido ser yo también (Sofía y Sarah lo fueron también el primer día) una princesa de cuento dentro de la cama y protegida por la mosquitera.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Tanzania - Día 7

1 de septiembre de 2011 - Kilimanjaro día 5

Nos despiertan a las 23:30 para salir sobre las 00:00. Nos han dicho que no dejemos nada de valor en la tienda así que cojo lo poco que tengo y me lo llevo conmigo. No he traído dinero ni tarjetas de crédito pero sí un MP4 y la cámara de fotos.

Desayunamos y dejamos el petate más o menos recogido para cuando bajemos más tarde.

Antes de salir ya vemos varias filas de luces un poco por encima nuestro.

Estamos listos para subir el último tramo.

Comenzamos a andar. James va delante y Deus detrás. Han invertido el orden para la subida. Recordemos que Deus es el guía "oficial" y James el asistente. Sin embargo nosotros vemos lógico que hagan este cambio porque Deus parece más inexperto que James. Uno de ellos dice que vamos a ir pole pole y yo le digo que "no" que "pole pole no" le digo que "pole pole pole" Parece que les hace gracia pero poco después me doy cuenta de que no me han hecho mucho caso.

La noche es completamente oscura. No hay luna y las estrellas, a pesar de ser muchisimas, no alumbran el camino. Todos llevamos un frontal para poder ver el suelo, pero no se ve mucho más allá de la persona que llevas delante. Lo único que se ve si miras hacia adelante son las luces de otros excursionistas. Mirado desde nuestra perspectiva bien podrían ser estrellas errantes. Si fuera de día tendríamos que echar la cabeza hacia atrás para llegar a ver la parte más alta, pero al estar tan oscuro solo puedes hacerte una idea de lo que hay por delante por estas pequeñas luces.


No me gustan las subidas. Nunca me han gustado y nunca me gustarán. Santi no entiende que me guste más bajar que subir y yo no entiendo que a él le pase lo contrario. Huelga decir que hoy todo son subidas, La primera parte la hacemos sin problemas. Vamos pole pole, pero aún así adelantamos a varios grupos que han empezado antes que nosotros. Antes de empezar la segunda parte alcanzamos los 5.000 metros lo cual ya me parece un mérito. Ya hemos visto a gente dar la vuelta, pero no demasiada. La segunda parte es un poco más complicada porque el terreno es bastante inestable. Está compuesto por arena y piedras que se mueven con cada pisada. En la guía de Sarah pone que das un paso adelante y dos atrás, yo lo veo un poco exagerado pero es una buena manera de explicarlo. El pie se te hunde y es fácil resbalar. Ahora hay más desnivel que cuando hemos salido y cuesta más dar pasos sin cansarte.

A estas alturas ya he pedido parar varias veces para beber agua o simplemente para descansar. Más tarde me entero de que Sarah y Sofía también querían parar pero como sabían que yo lo iba a pedir no dijeron nada. Cada vez que paramos tengo que decidir qué es peor, si el cansancio y la falta de oxigeno o el frío en los dedos de los pies. Hay ratos que no los siento y tengo que obligarme a moverlos cada vez que doy un paso para que entren en calor. Sarah está igual que yo.

Mi bidón de agua hace rato que ha comenzado a tener cristalitos de hielo dentro y Deus al enterarse se lo mete dentro de su polar. Dice que es importante que no se me congele el agua para poder hidratarme así que cada vez que quiero agua tengo que pedírsela a él. Siempre parece encantado de ayudarme.

James ha empezado a darnos ánimos y a decirnos que ya casi no queda nada. Se suponía que íbamos a llegar al amanecer y el cielo sigue igual de negro que cuando hemos salido. Parece que no vamos a llegar nunca pero en un momento dado nos dice que ya hemos llegado. Podemos ver el cartel desde donde estamos. Quedan 10 pasos como mucho.

¡Por fin! ¡Hemos llegado a Gilman's Point! No es el punto más alto, pero casi. Aún nos queda un poco más pero nos han dicho que la parte que falta es mucho más fácil. Yo me lo creo.


Miramos al horizonte, justo a donde está el Mawenzi y vemos que el cielo comienza a clarear. Cogemos nuestras cosas y continuamos camino. Primero un poco hacia abajo y después otra vez hacia arriba. Cuando llegamos a Stela's Point paramos a descansar. Deus y James nos dan agua caliente. Yo bebo unos sorbos pero me revuelve el estómago así que no me la termino. Sarah no se encuentra bien y tiene mucho frío. Ella sí se toma el agua y parece que le ayuda a mejorar un poco. Sofía está subiendo bien, pero está sufriendo de lo lindo. Santi es el único que parece que está completamente bien. Nos queda muy poco para llegar así que volvemos a reanudar el camino. Sarah agarrada a Deus todo el tiempo (nunca olvidaré como Deus le seca un par de lágrimas que se le escapan a Sarah. Con qué mimo y ternura. Por algo Sofía le llama el bomboncito...) y James tirando de Sofía y de mí. Nos paramos por el camino para hacer varias fotos y para recobrar el aliento y al final llegamos de dos en dos. Sarah y Santi llegan con Deus; después llego yo y al momento Sofía y James.

Sinceramente... ¡SABÍA QUE LLEGARÍA! Lo tenía claro desde antes de salir de Madrid. Supongo que pensaba el típico: "¿Mal de altura? Eso seguro que no me pasa a mí". Pero sí. Confiaba en nuestro grupo. Sabía que llegaríamos todos. Estaba segura. Johnny estaba seguro. Y Johnny no podía estar equivocado... Y yo tampoco...

Las fotos que tengo de la cima no son las mejores pero al menos se ve que soy yo y que estoy en el punto más alto. Con eso me vale. Señoras y señores ¡ESTOY EN EL TECHO DE ÁFRICA!


Tenemos el glaciar tan a mano que no podemos evitar hincharnos a hacerle fotos. Realmente es un momento increíble. El cielo, el hielo, las nubes por debajo nuestro... Supongo que es algo así como irrepetible...


Comenzamos a bajar después de un rato haciendo fotos. En un momento de caos la cámara de Santi se ha ido al suelo y se ha roto por un lado. Parece que por lo menos sigue haciendo fotos. Sarah sigue encontrándose mal y Sofía me dice que tampoco se encuentra bien. Lleva todo el viaje con dolor de estómago y ahora no iba a ser menos. Yo me he estado mejor pero estoy más o menos bien.

La bajada se me hace bastante más pesada de lo que yo había esperado. Tengo bastantes ganas de hacer pis y llevo ¡tres pantalones! y ¡¡cinco partes de arriba!! así que hacer pies en esas circunstancias es como para pensárselo... o hacerlo sin pensar. Yo opto por lo segundo. Veo una piedra grande y me pongo a su lado (absurdo teniendo en cuenta que la gente se encuentra justo enfrente mío) les digo a Santi, Sofía y James que voy a hacer pis un momento, pero no me oyen. Sofía me pilla porque no me habían oído (menos mal que es ella) y da el aviso a los chicos para que no se vuelvan.

Llegamos a Gilman's Point de nuevo. Esta vez con luz. Deus y James nos dan un pequeño desayuno para recuperar fuerzas. El agua comienza a descongelarse y nos recomiendan quitarnos alguna capa de ropa porque vamos a notar calor en la bajada. Yo no les hago caso y bajo con todo puesto...


Continuamos otra vez y al rato volvemos a hacer otra parada para quitarnos ropa. El último tramo se me hace insoportable. Estoy cansada y quiero llegar a la tienda ya. Menos mal que Sofía me coge por banda para hablar un rato y me ameniza lo que nos queda con su charla. Tenemos una conversación muy agradable y cuando me quiero dar cuenta estamos en el campamento.

Nos echamos en la tienda durante una horilla más o menos y consigo dormirme un ratito. Después nos llaman a nuestra tienda-comedor para la hora de la comida pero no conseguimos comer gran cosa. Hemos perdido el apetito y no nos encontramos muy bien ninguno. Yo sólo de pensar en comer algo de una olla me pongo mala...

Tenemos que volver a caminar para llegar al próximo campamento. Nos lleva otras cuatro horas y llegamos que no somos personas...

Seguimos sin hambre pero nos comemos las palomitas que nos ponen de merienda. Esperamos la cena con poca ilusión mientras escribo en mi cuaderno de viaje todo esto que estoy poniendo ahora aquí.

Cenamos Santi, Sofía y yo. Sarah se ha quedado dormida y nos hemos querido despertarla. Deus y James han venido a ver como estamos (como cada noche) y a preguntar por Sarah. Nos dan las buenas noches y se marchan a dormir. Cenamos un poco de sopa y algo de pollo. El campamento de hoy es muy bonito, y es una pena no disfrutarlo un poco más, pero de verdad que estamos derrotados. Seguro que hoy dormimos bien.


Hoy por primera vez tenemos unos baños en los que poder asearnos pero están tan... tan... Bueno, sea lo que se lo están mucho y terminamos aseándonos en la calle porque nos negamos a poner un pie en ese sitio... Creedme, mucho mejor en el campo.

James nos enseñó el primer día a decir "buenas noches" en swahili y le hace mucha ilusión que nos acordemos. Todas las noches se lo repetimos y nos dedica una gran sonrisa por acordarnos. Son las 20:00 y nos vamos a dormir ya. Es pronto pero como es de noche se puede decir: "Lala salama".