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domingo, 31 de julio de 2011

Roma - Día 2 (Parte II)

Viernes, 15 de julio de 2011 (por la noche)

En el aeropuerto de Madrid compré la revista Fotogramas en versión mini para entretenernos durante el viaje. El motivo principal de comprar la revista fue un especial de la saga de Harry Potter, a la que soy algo así como adicta, pero aún no he tenido oportunidad de leer nada. Durante el viaje en avión la cotilleé un rato, pero al final preferí el libro que llevaba. Ahora en el camino de vuelta al hostal me entretengo leyéndola y leyéndole a Ana los puntos más divertids-graciosos-curiosos de las películas. El viaje de vuelta del Vaticano se me hace bastante ameno y corto.

Una vez en el hostal nos duchamos, nos cambiamos de ropa, descansamos un rato tiradas en la cama y casi cuando estamos a punto de irnos nos llama el Duende (nuestra hermana mayor que también responde al nombre de Sandra. En este viaje no nos ha podido acompañar por llevar dentro un individuo de nombre Iker que no hace más que crecer y crecer) y le contamos durante un buen rato lo que hemos hecho hoy y lo que hicimos ayer. A Ana y a mí nos da mucha pena que no haya podido venir con nosotras esta vez y nos pasamos el día entero acordándonos de ella. Le preguntamos qué quiere como recuerdo de Roma y nos pide un imán para la nevera. Hace colección.

Una vez finalizada la llamada volvemos a la calle para patear Roma de nuevo. Esta vez de noche.

Cogemos un camino un poco más largo para llegar a la zona turística porque queremos aprovechar para ver la plaza de la república. No es gran cosa de día, pero de noche es bonita. Además, de camino tengo oportunidad de hacer la foto de la señal de prohibido que veis a continuación. Me hizo mucha gracia cuando la vi ayer y hoy no he podido resistirme...


Nuestra primera parada programada es la Fontana di Trevi, que yo aún no he visto. Ana me ha avisado ya de que es una plaza muy pequeña; creo que me dice esto para que no me decepcione. Cuando llegamos a la plaza, ésta no me decepciona, aunque sí que haya tantísimos turistas en mitad de la fuente. Sí, ya sé. Yo también soy turista, pero por supuesto para mí no es lo mismo.

Vamos a comprar pizza al peso (ñam-ñam) para llevar y la cenamos en la Fontana di Trevi. Una cosa que tenemos la mayoría de gente es que comemos con los ojos, así que compramos pizza en cantidades industriales, y aunque al principio parece que no nos la vamos a comer toda, por no llevarla encima en nuestro paseo decidimos comerla.

En la Fontana hay fotógrafos "profesionales" que te hace fotos polaroid. Nosotras pasamos de ellos, pero podemos verles en acción y nos quedamos alucinadas con el resultado. Te hacen la foto y te piden el dinero corriendo (antes de que la foto se pueda ver). Si pueden desaparecen de tu vista antes de que veas la foto, y es que en el ejemplo que vimos (yo vi cómo le pedía el dinero a la turista y Ana la foto una vez que fue visible) le sacaron una foto en la que las dos chicas podrían estar en la Fontana di Trevi o en el cañón del Colorado. No se veía nada del fondo. ¡Ja! ¡Menudo recuerdo de Roma!

El plan de hoy es llegar hasta el Coliseo para allí coger el autobús nº 3 que nos deja en la puerta del hostal. Así pues nos vamos andando a la plaza de Venecia y después al Coliseo.

Nuestra idea es comer un helado también hoy (acordaros del trato que hicimos) pero no nos apetece demasiado en estos momentos. El momento ideal ha sido al salir del Vaticano, pero lo hemos dejado pasar.

La plaza Venecia es espectacular y por supuesto nos hacemos algunas fotos. Miramos la hora y decidimos acelerar un poco el ritmo para llegar al 3 antes de las 00:00 que termina el servicio de autobús. Continuamos hacia el Coliseo y nos hacemos varias fotos.


La verdad es que se está genial porque a parte de nosotras no hay más que algún grupito de turistas de vez en cuando, así que podemos disfrutar del lugar con bastante tranquilidad (cosa harto complicada en Roma).

Miramos la hora y vemos que se nos ha echado el tiempo encima. Salimos corriendo a preguntar dónde para el 3 y nos dicen que justo al otro lado del Coliseo. Tiramos para donde nos han dicho y volvemos a preguntar porque no encontramos la parada. Preguntamos a dos chicos jovencitos que intentan ayudarnos. Uno empieza a decirnos que vayamos a no sé dónde, el otro le corta y le dice que no, que por ahí no. Se ponen a hablar entre ellos y el primero que nos estaba indicando admite su error y nos dice que tenemos que seguir "Avanti, avanti. Siempre avanti" y que ya lo veremos. Les damos las gracias y salimos pintando. Después de unos 5 minutos llegamos a la parada y ¡Oh! ¡Sorpresa! Justo este autobús termina el servicio a las 22:30. No habría llegado de ninguna manera. Los dos chicos jóvenes nos alcanzan y nos dicen que ya hemos llegado, y se aseguran de que estamos donde queremos estar. Cuando desaparecen de nuestra vista nos damos la vuelta y nos vamos a buscar el metro. La verdad es que el metro parece funcionar bien con sus dos únicas líneas, aunque lo vagones a veces dan algo de susto.


Las paradas de metro no están especialmente cerca de nuestro hostal, así que nos toca dar un paseíto para llegar a la habitación. Decidimos coger el camino corto con la posibilidad (real) de volver a perdernos. Sin embargo parece que hemos aprendido bien el camino recto a casa y llegamos directamente. Mientras bajamos por la calle nos caen lagrimillas por el miedo que nos causa lo que estamos viendo: una calle atestada de gente bebiendo y charlando en las aceras, y es que claro, señoras y señores, hoy es viernes y la gente sale. Nos vamos preparando mentalmente para pasar otra noche épica.

Ya en la habitación me pongo el pijama y me doy una ducha de pies y piernas que me dejan casi como nueva. Cerramos la ventana, ponemos el aire acondicionado y colocamos los tapones de los oídos en un sitio estratégico para poder alcanzarlos en caso de necesidad.

sábado, 30 de julio de 2011

Roma - Día 2 (parte I)

Viernes, 15 de julio de 2011

Tiene pinta de que hoy vamos a dormir bien. Tiene pinta de que hoy vamos a dormir bien. ¡JA!

¡Qué ingenua fui cuando dije que parecía que íbamos a dormir bien esta noche! Hemos pasado una noche épica en la que cuando no estaban gritando abajo, estaban riendo; y cuando no estaban riendo, estaban cantando. En cuanto cerramos los ojos empezamos a sentir la sensación de cansancio en todo el cuerpo. Sí, justo esa que te empieza a subir –o a bajar- un hormigueo por las piernas y los pies y piensas: “Dios, estoy molida”, pero que en el fondo siempre piensas que te ayudará a dormir mejor esa noche. Pues bien, ni me ayudó a dormir, ni me ayudó a no oír lo que pasaba en la calle. Una de las veces que pasaba gente por debajo de nuestra ventana, que fue un canteo, por cierto, noté como Ana se levantaba de la cama. Me giré y me la encontré con la ventana abierta de par en par mirando para la calle y diciendo cosas como “No me lo puedo creer” y “¿Cómo pueden hacer tanto ruido?”. No sé cómo, volvimos a quedarnos dormidas, aunque seguimos escuchando la gente pasar. A las siete de la mañana me levanté yo también a mirar quién hacía tanto ruido, y vi a un grupo de gente bajar por la calle, riendo, gritando y casi bailando. Creo que me he vuelto a quedar dormida un rato más hasta que hemos decidido levantarnos.

Hoy tenemos pensado ir al Vaticano, pero antes de eso hay que hacer uso del servicio de desayuno que ofrece el hostal. Salimos al descansillo y ahí, apoyada en la pared, vemos una tabla que hace las veces de mesa, llena de cosas. Tenemos zumo, café, agua caliente, infusiones, leche, bollos, panecillos tostados y mermelada. A mí el café no me gusta. De hecho no lo tomo nunca, y mucho menos para desayunar, pero cuando no hay cola cao, nesquik, cacao o similar, tengo que conformarme con lo que haya porque si algo no puedo hacer es salir a la calle sin desayunar. Así que con las mismas cogemos las cosas y nos metemos en la habitación. Allí comemos tranquilas antes de salir a la calle.

Ayer nos dijeron que para ir al Vaticano hay que coger el autobús nº 19. Bajamos a la parada, que está a un minuto andando y le preguntamos a un chico dónde podemos comprar los billetes (Ana me cuenta que en su anterior viaje se coló en el autobús. Según parece es una práctica bastante común entre los turistas porque no puedes abonarle el importe al conductor en el momento. Tienes que comprarlo fuera antes de subir y claro, si esto no te lo cuentan antes de ir, cuando te quieres dar cuenta estás dentro del bus de camino a donde sea y sin haber pagado un euro. ¡OJO! Esto puede ser divertido en plan: “Jaja, nos hemos colado”, pero es bastante peligroso porque han reforzado los controles y la multa es de 100€ (no sé vosotros, pero yo creo que es como para pensárselo) Según descubrimos días después puedes comprar los billetes sencillos en el metro o en tiendas y utilizarlo cuando quieras. Nosotras calculamos los viajes que íbamos a hacer y compramos los billetes de antemano). Una vez comprados los billetes nos vamos a hacer cola a la parada. Cuando llega el 19 nos enteramos de que no es un bus, sino que es un tranvía. Montamos y nos sentamos sabiendo que tenemos un largo camino hasta nuestro destino.

Casi una hora después llegamos a la ciudad del Vaticano. Justo antes de salir de Madrid compramos las entradas para los museos porque queríamos ahorrarnos las colas que se forman para entrar, así que como lo habíamos cogido a las 15:00 horas pensamos que sería buena idea visitar primero la basílica y la cúpula. Para entrar tenemos que esperar una cola como de unos diez o quince minutos (avanza bastante rápido) para el primer control. En esta cola se nos intentan colar un padre con su hijo, pero la familia que llevamos detrás es rápida de reflejos y les dicen que tienen que hacer la cola como todo el mundo. Tenemos que pasar por unos arcos de seguridad y meter las mochilas en la cinta para que lo inspeccionen los rayos x o lo que sea eso. Una vez pasamos ese control llegamos al segundo, donde si no vas vestido para la ocasión no te dejan pasar. A estas alturas creo que todo el mundo sabe ya que no se puede entrar al Vaticano en pantalón corto ni en tirantes. Camiseta de manga corta sí dejan.

Pues bien, aún así, hay gente que después de hacer la cola tienen que darse la vuelta y volver por donde ha venido por no cumplir los requisitos (por cierto, aquí hago un alto para preguntar: ¿Quién en su sano juicio se viste igual para salir de fiesta que para hacer turismo? Y, ¿quién se viste igual para salir de fiesta que para ir al VATICANO? Vamos a ver señoritas y señoritos, que vamos a visitar un lugar de culto, no a pedir tres mojitos en la barra del fondo).

Antes de salir de Madrid mi jefa me pidió que le comprara un rosario a su abuela y ya he estado mirando en la puerta antes de entrar. Cuando comenzamos a hacer la cola para subir a la cúpula vemos que hay tienda de regalos en el recinto y le digo a Ana que luego tenemos que volver para comprar el encargo. Comenzamos a hacer la cola y parece que no avanzamos nada. Nos movemos muy lentamente y no sabemos cuánto tiempo más nos falta para llegar a la entrada y comprar el ticket. Después de casi una hora de cola decidimos dejarla y marcharnos a ver la basílica. Habrá que volver otro día.

Entramos a ver la basílica. Lo más impresionante es La Piedad de Miguel Ángel y el Baldaquino de Bernini. Paseamos durante un rato y nos hacemos fotos (con el baldaquino más de quince seguro) y después salimos para ir a los museos.

De camino a los museos vaticanos nos damos cuenta de que ya sabemos cuál va a ser el plus de pardillos de este viaje (siempre tenemos uno y consiste en pagar por algo que al final no habría hecho falta pagar) y es que a las 15:00 ya no hay nadie que quiera hacer cola para entrar en los museos. Aunque bueno, tampoco es para quejarse porque hemos pagado 4€ de más para asegurarnos entrar directamente y en realidad es lo que hacemos.

Lo primero que hacemos es ir a buscar la cafetería para comer algo. Mucha hambre no tenemos, pero una vez que nos metamos en el museo no sabemos cuánto vamos a tardar en salir. Comemos unos bocadillos de pavo con queso al que no le habría venido muy mal un poco de mantequilla, y cogemos una pepsi para beber algo fresco. En total pagamos menos de 10€ por la comida. A lo largo de todos los pasillos nos encontramos con tiendas de souvenirs, así que al final me decido por uno de los rosarios que veo y lo compro para la abuela de mi jefa. Creo que es el único souvenir que voy a comprar.

La verdad es que estamos muy cansadas, pero nos ponemos en marcha de nuevo para ir a ver la capilla Sixtina. He de decir que no me lo esperaba así para nada. Había visto fotos, sí, pero me imaginaba algo así como una exposición de cuadros del estilo a lo que tenemos en el Prado, y la verdad es que no era así. Pasas por distintas salas en las que hay pinturas, esculturas, tapices… Seamos francos: la mayoría de gente paga por ver la capilla Sixtina únicamente. Yo, al menos, pagué sólo por ver la capilla Sixtina. Por lo demás no habría pagado nada. De hecho creo que no volvería a pasar por allí aunque fuera gratis. Y no porque no merezca la pena, ¿eh? Jamás se me ocurriría decir algo así, es sólo que no entiendo nada de arte y enseguida me aburro. Eso sí, lo recomiendo y mucho a alguien a quien le guste el arte de cualquier tipo (escultura, pintura, frescos…) yo nunca he sido mucho de estudiar a los distintos artistas, y tampoco soy creyente, así que ver imágenes de santos, vírgenes y demás me parece bien para un rato, pero no para toda una tarde.

Llegamos a la capilla que está abarrotada de gente. Conseguimos sentarnos en uno de los laterales y nos quedamos embobadas durante un buen rato mirando al techo. Justo al lado de Ana hay un chico que al principio no sabemos si está entrando en éxtasis: la boca abierta, los ojos entornados y con la presencia de espíritu perdida. Poco después nos damos cuenta de que el pobre está luchando (con todas sus fuerzas) para no quedarse dormido. Se le cierran los ojillos y cuando se da cuenta de que se ha dormido los abre de par en par con cara de susto hasta que un momento después se le vuelven a cerrar los párpados y vuelve a caer en brazos de Morfeo. El pobre lo pasa realmente mal durante varios minutos.

Nos quedamos un rato más mirando al techo y a la pared donde M.A. pintó el Juicio Final y después continuamos. Después de un par de horas Ana me propone volver a la cúpula para probar suerte con la cola. Recordamos haber leído que cierra a las 18:00 así que nos damos prisa para llegar antes de esa hora.

Llegamos a las 17:30 y vemos que aún está abierto. Compramos nuestros tickets en el acto (creo que no llega a un minuto de cola) y comenzamos a subir. Aquí os diré que la subida mola mucho, pero que no es apta para claustrofóbicos, sobre todo la segunda parte. La primera se puede subir a pie o en ascensor. La segunda sólo andando. Nosotras hacemos todo andando que, si no recuerdo mal, son algo así como 550 escalones. La verdad es que hemos acertado mucho con la elección de salir de la cola por la mañana porque a parte de que no hay cola a las 17:30, podemos subir sin agobios y sin presión por parte de la gente. Subimos prácticamente solas.

El primer tramo de escaleras es ancho y se sube sin mucha dificultad. Después sales al aire libre y te encuentras con la gente que sube en ascensor. A partir de ahí se sube más o menos bien hasta que llegas a la cúpula que ves que la pared empieza a inclinarse un poco. Después un tramo un poco más ancho (en la foto donde sale Ana se ve más o menos bien) se sube en zigzag.



El último tramo de escaleras es una escalera de caracol muy muy estrecha en la que sólo tienes una cuerda colgada arriba del todo para que te puedas sujetar en algún lado. Esa cuerda hace más función psicológica que otra cosa. Eso sí, es una vuelta y media así que llegas enseguida arriba del todo.

A la bajada vemos el cartel de escaleras a un lado y ascensor a otro y nos sentimos tentadas de colarnos en el ascensor. A esta hora no creemos que nos digan nada, pero al final nos lo pensamos mejor y bajamos andando.


Nosotras fuimos por el camino de la izquierda.

Ya en la calle nos hacemos algunas fotos en las columnatas y en la plaza.













Fotos en la que Ana parece que tenga un cuello kilométrico y yo no tenga ni dos centímetros para sujetar mi cabeza.

A eso de las 18:30 cogemos el tranvía de vuelta a casa. Nuestra idea es ir a ducharnos, descansar un rato y después volver a salir para ver los monumentos iluminados. A ver si lo conseguimos…


lunes, 25 de julio de 2011

Roma - Día 1

Jueves, 14 de julio de 2011

Salimos de Madrid a las 7 de la mañana, con lo cual empezamos el viaje con un madrugón de aquí te espero. Cogemos sitio en el avión y por suerte no se sienta nadie con nosotras y tenemos libertad para movernos a nuestro antojo en nuestro pequeño cubículo. Sacamos la guía para preparar la ruta, (aunque he de decir que Ana lo llevaba todo listo ya), y nos damos cuenta de que los bocadillos que llevamos para comer huelen muchisimo a chorizo (¡¡y son de lomo!!) Nos entra la risa de imaginarnos el día que nos va a dar el olor del bocata (menos mal que solo van en su mochila y no los hemos repartido en las dos).

El plan para hoy es llegar y dejar las maletas. Caminar hasta un parque que ha visto Ana por internet para después tumbarnos en la hierba en el rato de más calor y descansar de todo el día. Por la tarde hemos pensado ir a ver la plaza del Popolo, la plaza de España, el cementerio Capuchino y Santa María la Mayor.

Llegamos a la hora prevista a Roma. Cogemos la bolsa de viaje (hemos llevado una única maleta para evitar costes en el billete) y salimos a buscar el tren que nos lleva al centro. Hay dos trenes que te llevan; uno es el turístico, por así decir, y cuesta 14€. Se llama Tren Leonardo y va directamente a la estación de Termini. El otro es el de la gente de a pie, cuesta 8€ y te deja en Tiburtina. Nosotras vamos de turistas, pero no somos tontas, así que cogemos el de Tiburtina que nos viene bien también y sale mucho más económico.

Una vez en el tren, con las maletas casi encima, la espalda torcida y las piernas sin posibilidad de movimiento nos relajamos comiendo un poco de fruta que nuestra mami se ha preocupado en cortarnos para que comamos cosas sanas. Lo que me recuerda que, para poder comer helado a diario en Roma, he llegado a un acuerdo con mi hermana de comer fruta todos los días. Fruta por la mañana y helado por la tarde. Ese es el trato.

Llegamos y nos ponemos en marcha. Nuestra intención es llegar andando al hostal, pero después de un intento fallido y de una charla con un italiano con la boca manchada de grasa por la pizza de chorizo que se está comiendo, decidimos marcharnos al metro y dejamos que nos lleven. Una vez fuera del metro caminamos en la dirección equivocada. Reculamos y volvemos por donde hemos venido. Caminamos bordeando la muralla y cuando llega el momento nos ponemos a callejear. Sabemos que tiene que haber un camino más corto, pero no queremos tentar a la suerte. Ya estamos cansadas y no hemos hecho más que llegar a Italia.

En el hostal nos recibe un chico que parece indio o pakistaní, pero que parece muy simpático. Es pequeño y muy moreno y como no nos entendemos con él no hace más que sonreír. Nos dice que nos está preparando una habitación y se marcha. En ese mismo momento aparece un chico que creemos que es italiano y nos pregunta de nuevo quiénes somos. No tiene nada que ver con el anterior. Ana y yo nos miramos con cara de "no está nada mal" y él nos asigna una habitación. El chico, altísimo y cuadradisimo, coge nuestra bolsa de viaje como si fuera un bebe (no hay ascensor) y la acuna (literal) entre sus brazos mientras la sube escaleras arriba hasta el primer piso. A mí el chico me ha parecido que está muy bien y pienso que si todos los romanos son así voy a tener problemas para concentrarme en los monumentos y visitas que hagamos; Ana, sin embargo me dice que en lo que se ha fijado ella es en que tiene demasiada gomina en el pelo y parece que se le van a quebrar los mechones de pelo. Supongo que es la diferencia entre estar soltera y no estarlo...

Nos damos una ducha rápida, deshacemos las maletas, cogemos la comida (con ese olor tan característico que tiene a chorizo) y nos vamos a buscar el parque. Callejeamos y andamos por inercia. Ella con dolor de espalda, yo con los típicos del primer día de regla (también cuánta mala suerte acumulada). Cuando llegamos al parque, que en el mapa estaba todo verde, se nos cae el alma a los pies. Verde había, pero sólo en la copa de los árboles. El césped casi no era tal. Era más bien paja seca que se te clavaba por todos lados cuando te sentabas. Aún así nos dicidimos por un sitio en la sombra, sacamos nuestros pareos de viaje, los extendemos en la paja y nos sentamos a comer. El bocadillo está bueno, pero tenemos poca agua y empezamos a temer ahogarnos con un trozo de chicha. Terminamos de comer y Ana se tumba sobre el pareo para dormir un rato. Yo tengo más sed que sueño así que cojo la botella y me voy en busca de una fuente, que hemos leído que hay muchas en el parque. Y realmente las hay. Fuentes grandes, pequeñas, con estatuas, sin estatuas, pero ¡todas de adorno! Vuelvo con la botella en la mano y me tumbo yo también a ver si consigo descansar un poco. Hace calor y tenemos una chucha, un cansancio y una sed que nos parece que el momento de volver al hostal está lejísimos. Por suerte en nuestra sombra corre algo de brisa y se está bastante bien. Además, tenemos unas chicharras cerca que nos ayudan a relajarnos, y una alarma de un coche que nos tranquiliza aún más durante los 20 minutos que está sonando. Obviamente decidimos coger nuestras cosas y continuar con nuestro plan del día.

Parece que andando nos animamos un poco y pronto estamos en la plaza del Popolo. Hemos encontrado agua por fin, pero sólo bebemos la justa para quitarnos la sed y refrescarnos porque el sabor no nos gusta. Nos hacemos unas cuantas fotos en la plaza y decidimos ir a ver la plaza de España y después el cementerio.

La plaza de España está a reventar de gente y nos vamos bastante rápido. Eso sí, de camino a la plaza vemos una original petición de matrimonio.

Os dejo la foto, pero como no sé si ve bien o no os comento que hay un billete de avión a Londres con el nombre de un chico. Delante del billete una nota escrita a mano en la que pone en inglés: la auténtica aventura es mi vida contigo. Y justo delante de la nota un anillo. Un simple aro con un brillante encima. Muy bonito el anillo. Y muy bonita la forma de pedir matrimonio a la chica. Espero que dijera que sí.

De camino al cementerio de los capuchinos nos cruzamos con gente comiendo helado y decidimos hacer un alto para descansar. Compramos un helado para mí, un granizado para Ana (uno muy raro por cierto porque te lo ponen con bolas en vez de líquido) y dos botellas de agua que nos bebemos como si fuera el mejor manjar del mundo.


Llegamos justo cuando acaban de cerrar el cementerio de los capuchinos, así que nos damos la vuelta y nos vamos al último de los destino programados para el día: la iglesia de Santa María la Mayor. Para llegar a ella pasamos por la calle de las cuatro fuentes, que se llama así porque hay una fuente en cada esquina del cruce.

Para entrar en Santa María la Mayor te piden ir vestida "decentemente" lo que quiere decir que no puedes entrar en pantalón corto ni en camiseta de tirantes.

Nosotras vamos avisadas y nos tapamos los hombros con un pañuelo, pero justo en la entrada hay una familia (padre, madre y niña pequeña) La madre se está poniendo una especie de trapo de papel alrededor de las piernas para poder entrar y la niña, que va con un vestidito de tirantes no sabe qué hacer. El padre la mira y le dice:

-Ana, tápate tú también.

La niña obediente se empieza a tapar también, a lo que el guardia le contesta.

-No hombre no, la niña no.- Y mirando con cara de desesperación le dice -es una niña...

La niña que está jugando con el pañuelito de papel y envolviéndose con él como si fuera un regalo se queda con cara de no sé qué hacer ahora y el padre, que un minuto antes le estaba diciendo que se tapara, le dice.

-Venga Ana, quitatelo...

Imagino que la niña entra bastante confusa.

Nos sentamos un rato dentro para descansar mientras vemos a la gente pasar por delante nuestra vestidos todos con harapos. Salimos y decidimos hacernos una foto. Se lo pido a un chico que está en la plaza y no podemos evitar reirnos de él al ver la pose que adopta para hacer la foto. Sentado en cuclillas buscando el mejor ángulo. Muertas de risa nos devuelve la cámara y nos vamos.

Vamos a la estación de Termini para comprar la fruta para mañana (si no, no hay helado ya sabéis) y algo para cenar esta noche. Ana quiere yogures, pero yo prefiero leche. Como no hay colacao, ni nesquik ni nada parecido compro choco crispis para que le den sabor a chocolate a la leche. Nos vamos cargando con la compra hasta el hostal un par de kilómetros y decidimos que el próximo día buscaremos una tienda más cerca del alojamiento. Hoy lo hacemos así porque no sabemos hasta que hora abren, pero no pensamos repetir experiencia.

De camino a casa intentamos buscar el camino corto al hostal y terminamos perdidas. Preguntamos a una chica con pinta de haber bebido un par de copas y nos indica cómo llegar. Llegamos destrozadas, pero no tan cansadas como imaginábamos. Nos damos otra ducha, nos ponemos cómodas y cenamos sentadas en la cama viendo la tele. Creo que son poco más de las 22:00 cuando nos metemos en la cama. Abajo tenemos dos bares, pero cuando me asomo a la ventana veo que uno de ellos ya ha cerrado. Como hace buena noche y parece que entra fresco por la ventana la dejamos abierta para dormir bien.

Tiene pinta de que hoy vamos a dormir bien...

miércoles, 20 de julio de 2011

Roma 14 al 18 de julio

Hace unas semanas me dijo Ana, mi hermana pequeña, que a su chico le mandaban a Brasil a trabajar un par de semanas así que decidimos irnos juntas unos días de vacaciones mientras él estuviera fuera. Nuestras opciones eran dos: Londres y Roma. Al final ganó la segunda opción y buscamos vuelos y alojamientos para desconectar unos días. Eso sí, al final a Javi le cambiaron las fechas del viaje y se quedó en casita mientras nosotras nos íbamos por ahí de vacaciones. Menos mal que por lo menos él ya conocía Roma…

Roma me ha gustado, pero quizás no tanto como había esperado en un primer momento. Me he llevado sorpresas agradables y decepciones grandes. Por ejemplo la zona del Coliseo, Palatino y Foro me lo esperaba más espectacular, pero como decía Gila, me encontré con que estaba todo roto. Y sucio. Esto último lo añado yo. Eso sí, me lo he pasado muy bien. Hemos comido pizza, pasta y helados. Nos hemos cansado como hacía tiempo que no nos cansábamos y nos hemos reído de nuestras penas en lugar de llorarlas.

Como os conté antes de marcharme he ido escribiendo en un cuadernito todo lo que nos ha ido pasando, así que en breve (en cuanto me haga con un ordenador) me pondré a escribir mi Diario de viaje a Roma. Por ahora el mío está como Roma: todo roto.

miércoles, 13 de julio de 2011

Roma

En menos de 24 horas estaré cogiendo un avión con destino Roma así que mis blogs vuelven a estar cerrados por vacaciones durante unos días (la verdad es que no muchos, ¡pero me hace ilusión decir que me voy a Italia!) Llegaré a Roma mañana a las 10:00 más o menos y volveré a Madrid el lunes a las 22:00, así que se puede decir que estaré allí casi 5 días enteros. Para unos suficiente; para otros no tanto. Yo personalmente creo que lo principal nos dará tiempo a verlo de sobra, pero nunca se sabe...


Como el Diario del viaje a Egipto fue un éxito (y a mí me encantó hacerlo) me he comprado un (precioso) mini cuaderno que me servirá de Diario de viaje para los tres viajes importantes que tengo este año: Roma, Tanzania y Turquía.

Por lo pronto me lo llevaré a Roma para poder contaros con pelos y señales todo lo que vea y viva allí.

miércoles, 6 de julio de 2011

Cóctel sin alcohol (I)

No sé cuándo ni porqué me empecé a interesar por los cócteles. Quizás sea desde que los pusieron en uno de los bares de mi barrio al que solemos ir y en el que además las chicas tenemos los jueves la primera consumición gratis. Antes entraban los cócteles; ahora ya no. Sí, creo que viene de ahí...

El caso es que el otro día vi una cajita de aluminio con distintas recetas y me decidí a probar en el mundo del cóctel. No todo va a ser la ingesta de mezclas. Alguien tendrá que prepararlas. Vamos, no sé. ¡Digo yo!

El caso es que ya he probado dos, y ambos sin alcohol, que mi hermana está embarazada y no es muy recomendable en su estado...

Hoy os traigo uno que se llama Sueño escarlata, pero que yo lo he rebautizado con el nombre de Sueño refrescante de mora. Esto ni más ni menos es así porque no encontré el ingrediente principal de Sueño escarlata, que era la frambuesa, pero como yo me emperré en hacerlo igualmente, pues lo hice con un licor de mora.

Esta es la pinta que tiene a medio preparar...


Bueno, os cuento cómo hacerlo que al final me pongo a escribir y no hay quien me pare...

Sueño escarlata
Para dos copas

Ingredientes:

2 cucharaditas de zumo de lima
1 cucharadita de azúcar
1 cl de jarabe de frambuesa
100 ml de agua carbonatada
Frambuesas y menta para decorar

Modo de preparación:

1.- Sumerge el borde de las copas en un platito con agua y después pásalo por un plato con azúcar. Queda súper mono y endulza si bebes directamente del vaso. Yo esto lo hago lo primero de todo para que el azúcar se solidifique.

2.- Mezcla el zumo de lima, el azúcar y el jarabe de frambuesa.

3.- Pasa la mezcla a una coctelera con cubitos de hielo y el agua carbonatada.

4.- Agita la mezcla enérgicamente.

¡OJO! Aquí hay un pequeño inconveniente, y es que si agitas agua con gas lo normal es que el tapón salte y lo ponga todo perdido (esto me pasó a medias) Lo que yo hago es levantar la tapa antes de que salte sola. Es una chapuza pero no se me ocurre otra cosa.

5.- Vierte la mezcla restante (es decir la que no ha salido disparada por la presión del gas) en dos copas o vasos y decóralo con frambuesas y menta.

Sueño refrescante de mora
Para dos copas

Cambiamos el jarabe de frambuesa por licor de moras sin alcohol
Añadimos un poco más de azúcar porque el licor tiene menos azúcar que el jarabe
El resto no cambia.

El cóctel lo he hecho ya dos veces y lo cierto es que es bastante refrescante, de hecho de ahí viene el nombre que le hemos puesto al cóctel mi padre y yo. Mis padres han sido los conejillos de indias en los dos casos y aseguran que está mejor con un poco más de azúcar del que pone en la receta original por eso os pongo que hay que echar más de lo que pone. A mí lo que más me ha gustado, a parte de prepararlo, ha sido la mezcla entre el licor de mora y la lima. ¡Ñam! ¡Qué rico!

En relación a la coctelera os diré que era lo único que me echaba para atrás a la hora de meterme en el mundillo coctelero, pero me lié la manta a la cabeza y me compré una muy normalita por 4.95€ en Alcampo.

Yo he cambiado el jarabe por el licor, pero he encontrado en IKEA un jarabe de arándanos y creo que también puede estar rico así. Quizás lo pruebe... Ya os diré...

Os animo a que lo probéis y me expliquéis después el resultado. ¡Es muy fácil!

Chin-chin

sábado, 2 de julio de 2011

Animalitos

El fin de semana pasado estuve en Cantabria viendo, entre otras muchas cosas, el parque de Cabárceno en el que se pueden ver animales en semi libertad. El parque es una antigua mina y lo cierto es que está en un entorno maravilloso. Desde abajo se ve bonito, pero cuando subes arriba del todo y ves lo que abarca... impresiona.

Yo no llevé cámara porque la tengo un poco pachucha, pero le robé la suya a mi hermana y mi cuñado y saqué alguna fotillo chula. Bueno, por lo menos a mí me gustan, claro.



Hay quien piensa que el parque es un safari y hay quien piensa que es un zoo en toda regla. Yo creo que es algo intermedio, que no es tan salvaje como para llamarlo safari, pero tampoco tan claustróbico como para llamarlo zoo.

A parte de los animales de las fotos pudimos ver de cerca elefantes, osos, antílopes (ya os enseñaré la foto que me hice con uno de ellos porque hoy no la tengo), jaguares, ñus, bisontes, monos, leonas (esta parte fue un poco cutre porque estaban lejos y tumbadas), tigres, gorilas, camellos, hipopótamos, rinocerontes y, por supuesto, el animal más temible de todos...